Agradecimiento
Quiero expresar un agradecimiento especial a mi esposa, María Bienvenida Fernández Martínez, Katty, por su compañía y su apoyo en cada paso del camino. Mi gratitud a nuestros hijos, Francisco José, María José y José Manuel Guerrero Fernández, quienes son mi más grande orgullo y alegría. A nuestros nietos, Olivia Marie y Nabil José Guerrero Chahín; a Vivianne Sophie Guerrero Bouchard, quienes representan la continuidad familiar.
A Milagros Esther De Los Santos Encarnación, no lleva mi sangre, pero tiene un lugar enorme en mi corazón.
Un sentido homenaje póstumo y mi eterna gratitud hacia mis padres Juan Francisco Guerrero Castillo y Petronila Castro Garrido; a mis abuelos Octavio Guerrero Rijo y Lauriana Castillo Cordero, Esteban Castro Richiez y Liberata Garrido Reyes; todos difuntos y cuyo amor y enseñanzas, convertidos en legado, han guíado mis pasos.
Dedicatoria
A ese ser que se atrevió a explorar los laberintos de la memoria y enfrentar la incertidumbre del pasado. A quien, pese a las dudas y los silencios, encontró en cada página un motivo para seguir adelante y hacer de la búsqueda una razón de vida. Este trabajo es testimonio de mi propio viaje, de las preguntas que me impulsaron y de la pasión que convirtió la historia en un compromiso personal.
A los Excelentísimos Monseñores: Ramón Benito de la Rosa y Carpio, Gregorio Nicanor Peña Rodríguez, y Jesús Castro Marte. Por su labor en el pastoreo de la fe y la preservación de nuestra memoria histórica.
A la eterna memoria de Monseñor Juan Félix Pepén Solimán y Monseñor Hugo Eduardo Polanco Brito, pilares fundamentales de la Iglesia y custodios de la identidad dominicana.
Prólogo
En el extremo oriental de la isla, Higüey no es solo un punto cardinal; es el latido espiritual de la nación dominicana. Su historia no puede escribirse sin mencionar a su más grande símbolo: Nuestra Señora de la Altagracia. Ella es, por excelencia, el icono viviente de la identidad higüeyana. A través de los siglos, la devoción ha trascendido el mero fervor religioso para convertirse en el pilar fundamental de la cultura, la resistencia y el alma de sus habitantes. Desde que los hermanos Trejo trajeron el lienzo milagroso en los albores de la colonización, hasta la imponente sombra de la actual Basílica de Nuestra Señora de la Altagracia, su figura ha sido el refugio, la promesa y el consuelo de generaciones enteras.
La identidad higüeyana se esculpe bajo su manto. Es un pueblo que peregrina, que respira bajo el símbolo del naranjo milagroso, y que encuentra en la mirada de la Virgen una manifestación de su propia resiliencia. Hablar de La Altagracia es hablar de la historia profunda de Higüey, donde las tradiciones taínas se entrelazaron con la fe cristiana para dar a luz una espiritualidad auténticamente criolla. Este texto es una invitación a contemplar esa sombra protectora. Una mirada hacia el lienzo que ha visto crecer a la antigua villa de Higüey hasta convertirla en el epicentro religioso del país. Nuestra Señora de La Altagracia es una fuente de inspiración del pueblo, que trabaja unido y esperanzado, para superar las dificultades; es el origen de la Fe que ilumina la República, fortaleciendo su identidad y proyectando sus valores al país.
Francisco Guerrero Castro
El Autor
Epígrafe
A Higüey, tierra de fe y tradición, donde la Virgen de La Altagracia une corazones y despierta la esperanza; a quienes buscan en su manto un refugio eterno, y a todos los que, generación tras generación, han encontrado en su devoción el sentido profundo de nuestra identidad.
Francisco Guerrero Castro
El Autor
| Edition | Availability |
|---|---|
|
1
Nuestra Señora de La Altagracia Icono de la identidad Higüeyana
Junio 2026, Editora Búho
9945305107 9789945305104
|
aaaa
|
