Cover of: La traducción y la interpretación de la Biblia. Una disquisición filológico-lingüística | Ruano Faxas, Fernando Antonio

La traducción y la interpretación de la Biblia. Una disquisición filológico-lingüística

Ediciones ЯR

Published by Ediciones ЯR in 2009 .

About the Edition

[...] En torno a la vida de nosotros los habitantes de América se ha dicho que los americanos no procedíamos de los linajes de Adán y Eva, sino de otros seres que fueron hechos por Dios –o lo que es lo mismo Yahvé o Jahbulon– antes o después de Adán y Eva, y que de ahí provenimos (Clavijero, 1987: 427). Que los mexicanos sí procedemos de un hombre como Noé, llamado Coxcox o Teocipactli, que también se salvó del diluvio universal, como Noé, en un madero tipo arca, con su mujer y sus hijos, y animales y comida, y que también usó varias aves para informarse, en particular, primero, a un carroñero llamado aura o zopilote, luego a un zunzún o chupamirto... Otras teorías religiosas acerca de la “génesis novohispana” –porque también están las génesis prehispánicas del tipo del maya Popol Buj, del náhuatl Códice Chimalpopoca y del sincrético maya Chilam Balan– de los mexicanos plantean que éstos, las mexicanas y los mexicanos, provienen de Neftuim, hijo de Mesraim y nieto de Cam... ¡Con Cam y sus descendientes, específicamente con su hijo Canaán, ya estamos en un terrible problema bíblico: la maldición de Noé! Todos conocemos la historia del “hijo maldito”, de la “descendencia maldita”, del “nieto maldito: Canaán”, de la “raza maldita”, de los “esclavos de esclavos”... ¡Pero, en fin...! Por otro lado, se dice que los mexicanos descienden no solamente de Neftuim, sino también de sus otros cinco hermanos, todos hijos de Mesraim, todos nietos de Cam “el maldito”: Ludim, Anamim, Laabim, Petrusim y Casluim (Génesis, Capítulo 10). Así pensaba hasta la gran musa Sor Juana Inés de la Cruz (Clavijero, 1987: 428). Y aquí recomendamos la lectura de estos “génesis” mesoamericanos. Estos textos que tratan la creación del mundo y del hombre, según la visión de los prehispánicos del área, son sencillamente fascinantes. Para los antiguos mesoamericanos el mundo era rectangular, y fue creado después de varios intentos de creación, por ensayo-error. Los límites del mundo estaban establecidos por la salida y el ocaso del sol. Si observamos con deteniendo, podremos apreciar que a imagen de “su” mundo, es decir rectangular, se construyeron los pueblos, las milpas, los templos, los altares domésticos y muchos vestidos o ropas, todos rectangulares. También había colores importantes en esta cosmogonía mesoamericana. Así, por ejemplo, los mayas distinguían el norte con el blanco, el este con el rojo, el sur con el amarillo y el oeste con el negro. Para los antiguos mayas, los monos descienden de unos hombres de madera –criaturas amarillas, secas, sin sangre, sin expresión, ingratos, irrespetuosos con los dioses y de inteligencia limitada– que habitaban los árboles [...]

Había y hay, antes y ahora, en todo el mundo, una gran diferencia entre los “religiosos alfabetizados” o “creyentes preparados” y los “religiosos analfabetos” o “creyentes impreparados”, entre los “feligreses conscientes” y los “feligreses inconscientes”. Una cosa es profesar una religión sabiendo lo que se piensa y lo que se hace y otra cosa es profesar una religión sin conocer de qué se trata en realidad y actuar como acarreado espiritual, en situaciones de desesperación, como última alternativa. Las personas que profesan una religión sin conocer su verdadero sentido, la profesan como pueden profesar cualquier otra religión, o no profesar nada, cuestión de moda, de conveniencia, de beneficio, de necesidad... En estos casos, cualquier vientecillo rompe la rama. En América y en Europa es generalizada la idea –entre otras ideas– de que los cristianos, de que los católicos, de Latinoamérica pocas veces o nunca hemos leído la Biblia, cuestión que también hacen todos los demás, los europeos inclusive, que no leen la Biblia ni ningún texto sagrado, como han afirmado en varias oportunidades muchas celebridades, como por ejemplo el Premio Nobel de Literatura José Saramago: "no esperaba reacciones de los católicos [acerca de este libro mío con título CAÍN] porque ellos [los católicos] no leen la Biblia y se preguntó: '¿Quién va a leer un libro de ese tamaño?'" (según http://www.proceso.com.mx/noticias_articulo.php?articulo=73320 ), y de que si la leemos, no la entendemos o no la entendemos de manera adecuada –creo que tal vez piensen lo mismo en otros lugares de Asia y África, debido a que ahí están las estadísticas acerca de la educación y la alfabetización en América, al alcance de todos. Si no podemos entender lo que se plantea en un periódico local, entonces cómo imaginar que podemos entender un texto tan complejo y grande, tan amplio, como la Biblia–. Y lo que sucede es que el analfabetismo y el analfabetismo funcional ( http://knol.google.com/k/an%C3%B3nimo/analfabetismo-funcional-analfabetismo/19j6x763f3uf8/6# ) en América es pan de cada día. ¡No hablemos ya del analfabetismo teológico, inclusive entre individuos religiosos cristianos con preparación universitaria! ¡Tremendo el problema! ¡Qué impacto! ¡Qué realidad tan compleja y contradictoria! Tal vez sería necesario pensar un poco más detenidamente acerca de la necesidad de abrir cursos especializados, materias, seminarios, postgrados, de Teología y Filosofía de las Religiones, de Sociología de la Religión, en las universidades estatales de los países con alto índice de religiosos, de creyentes, de cristianos, de católicos. Obviamente, se supone que en caso de que estos cursos se abrieran para “la gran masa de la población”, entonces deberían estar muy bien dirigidos y enfocados, cuidadosamente dirigidos, deberían de estar a cargo de personas morales, “realmente y comprobadamente” morales y no “supuestamente” morales o “comprobadamente inmorales”, comprometidas con el pensamiento científico y con el respeto a la historia y a la sociedad. Todos sabemos los grandes problemas del pensamiento en las ciencias sociales, en las humanidades (Ruano y Makoviétsky; 1984, en http://catalog.loc.gov/cgi-bin/Pwebrecon.cgi?DB=local&BBID=2497140&v3=1 ; Ruano, 2002), y justamente por esto creemos que las personas que deciden los destinos de los países, es decir concreta y principalmente el aparato gubernamental, los comunicadores, los periodistas, los intelectuales, los académicos, los docentes, deben tener un fundamento cultural teológico bien estructurado, multidisciplinario, multicultural, egalitario, que les permita tener una “visión acertada” del pensamiento y la conducta religiosos mundial y sobre todo nacional, especialmente de aquellas religiones, sectas y corrientes socioconfesionales que influyen más en la vida moderna. ¡Es admirable lo que sucede en estos casos! ¡Es admirable el desconocimiento que al respecto tiene la masa poblacional y los grupos directivos! [...]

Por fortuna, pude ahí aprender algo acerca de las religiones, y así entender la conducta socioconfesional de mi grupo y de otros grupos, de este grupo tan complejo al que llamamos “latinos”, al que orgullosamente pertenezco. Mi gran agradecimiento es para mi madre, que constantemente me decía que si ibas a leer algo que ya sabías que no ibas a entender, entonces que era mejor dejarlo y disfrutar tu tiempo pensando en “los marañones de la estancia”. Eso hizo que me esforzara en el plano cultural, debido a que con frecuencia yo pasaba horas pensando en esos “marañones”..., ¡y en otras cosas “mundanas” y “riquísimas”!, como buen caribeño, como buen latino. Y mis profesores, mis queridos y respetados maestros, de diferentes nacionalidades e idiomas, que tanto me ayudaron a ver la luz en un mundo tan oscuro y lleno de fanatismos. Nunca, pero nunca, olvidaré a la Dra. Bógasch, a la Dra. Barekamutian, a la Dra. Jardines, a la Dra. Mülller, a la Dra. Cossío, al Dr. Groushínskii, al Dr. Repilado, al Dr. Berschin, al Dr. Zajarián, al Dr. Makoviétsky... Tampoco olvidaré a esos grandes maestros de la Humanidad..., como fue una de las grandes maestras de nosotros los mexicanos: la genial y siempre recordada, con tanto cariño y respeto, Doña Ikram Antaki, maestra de todos, maestra por siempre, maestra sublime... ¡Ésos sí eran maestros! ¡Qué deleite era escucharlos y leer sus textos! ¡Cuánto compromiso pedagógico! ¡Cuánto compromiso social! ¡Cuánto compromiso moral! ¡Cuánto compromiso con las generaciones futuras y el hombre nuevo! ¡Cuánto compromiso con la verdad! ¡Y cómo crecía la mente de uno, sin fronteras! ¡Y cómo se regocijaba el corazón de uno con aquellos conocimientos! También tengo mucho que agradecer en mi formación cultural a los cientos de asesores y escritores del CAME, de tantos países y culturas diversas, con los que trabajé y a los que escuché y leí. Tuve la oportunidad, gracias al destino, de vivir aquellos prolongados debates y discusiones por quince largos años, leer muchas publicaciones en idioma ruso, que eran desconocidas en español o en francés o en inglés o en alemán, y también de participar activamente en aquellas reuniones, como traductor, como imagólogo, como sociolingüista y como filólogo. Así, afortunadamente, conocí la otra cara de la vida de Occidente (?), la “otra cara de la cristiandad”, esa cara desconocida de la cristiandad llamada “ortodoxia”, en especial la ortodoxia griega y la ortodoxia rusa, un tema tan interesante, tan importante para la historia y la cultura de la humanidad, para la cultura de todo aquél que pretenda llamarse “occidental” o “civilizado”, de cualquier parte del mundo, de cualquier continente, un tema, por supuesto, prácticamente desconocido en América:

[...] La ortodoxia. No estamos hablando de una secta, sino de una de las grandes divisiones que sufrió el cristianismo, junto con el catolicismo y al protestantismo. Estamos hablando de una Iglesia que cuenta con doscientos millones de cristianos y muchas subdivisiones. Existe la ortodoxia helénica, que se reúne alrededor del patriarcado de Constantinopla, las Iglesias de Grecia, de Chipre y Creta y que cuenta con doce millones de fieles. A ella sumamos la ortodoxia albanesa con 450 mil personas, en un país esencialmente musulmán. Además, la ortodoxia latina de Rumania con veinte millones de personas. Con la ortodoxia eslava que integra a los ortodoxos de Rusia, Ucrania, Bielorrusia, Bulgaria, Serbia, Macedonia, la República Checa, Eslovaquia, Polonia; así como la Iglesia de Finlandia que es un fragmento de la Iglesia rusa, estaríamos hablando de 160 millones en la antigua URSS. También la Iglesia autocéfala de Belgrado, que cuenta con poco menos de diez millones; la Iglesia de Macedonia con más de un millón; la de Bulgaria que cuenta de ocho a nueve millones, en la otrora Checoslovaquia y Polonia suman entre doscientas a quinientas mil personas. Además de los ortodoxos de Europa occidental, que juntos suman un millón de fieles. A estas se suman las comunidades ortodoxas en Canadá, Estados Unidos, Australia y, por supuesto, los ortodoxos de Levante.

Además de estas iglesias, se puede contar a la Iglesia armenia, la Iglesia de rito oriental (jacobita y copta), la Iglesia católica griega (uniate), etcétera. Los centros de la ortodoxia, también llamados pentarquía, son Estambul, Antioquía, Jerusalén y Alejandría, y dependen del patriarcado de Antioquía.

La ortodoxia se rige por el calendario juliano, establecido bajo Julio César y modificado bajo el reinado de Augusto, que está en desacuerdo con el de Roma. Sus puntos fuertes son las grandes teofanías: el bautismo de Cristo, la transfiguración, pentecostés y, especialmente, la Pascua. Su liturgia es rica y solemne (Antaki, 1997: 57-58).

[...] Fue ahí donde conocí los abruptos caminos de la cristiandad europea, del catolicismo europeo, no solamente los conflictos entre católicos y protestantes, sino también los conflictos ancestrales y grotescos de Roma, del Vaticano, con Grecia y Rusia –o a la inversa, según se quiera ver y convenga–, ¡y hasta dónde puede afectar la diversidad lingüística, ya sea al nivel de los idiomas o al nivel de los dialectos, el entendimiento de los grupos religiosos! Para mí fue una gran ventaja en todo esto el dominio de la lengua rusa, la lengua más hablada en Europa por nativohablantes, que era la lengua de los debates, y el conocimiento del estilo literario, filosófico y socioconfesional del idioma ruso. Como todos sabemos, las traducciones y las interpretaciones, tanto al nivel de la lengua hablada como al nivel de la lengua escrita, tienen sus grandes problemas (Ortega, 1951; Vázquez-Ayora, 1977; Reyes, 1989: 130-144; Chernávina y Ruano, 1987a; Chernávina y Ruano, 1987b; Vega y Martín-Gaitero, 1997; Carbonell, 1999; Schleiermacher, 2000; Comitre y Martín, 2002; Gracia y Bugnot, 2005), y en este caso concreto, en cuestión de religiones, estos históricos y seculares problemas de traducción socioconfesional o traducción monacal (Foz, 2000; Bueno y Adrada, 2002; Bueno, 2004; Vian, 2005; Lozano, 2007) se relacionan, en especial, con las traducciones realizadas por los neófitos e inexpertos, por personas no ideales para realizar este tipo de traducción, sobre todo en las culturas con tradiciones orales y llenas de signos verbales y no verbales –corporales y no corporales– desconocidos o difíciles de interpretar, de mitos e imaginerías populares, con los textos escritos con errores tipográficos y ortográficos, con errores estilísticos, con la renovación de los contenidos espirituales de las cosas que se designan (Porzig, 1986: 354- 357), con los textos que no están dirigidos a la mayoría de la población, con los textos que no se comprenden bien, es decir que crean grandes dudas semánticas, con los textos que dejan malentendidos, interpretaciones polisemánticas e ideosincráticas, lagunas semánticas y “filtraciones” (Ellis y MacClintock, 1993: 60-62) de todo tipo, con la “retraducción de textos” (Zaro y Ruiz, 2007), cuestiones que, por lo general, la “humanidad cultivada” paga a un precio cultural y comunicativo muy caro, porque, finalmente, o no se entienden en lo absoluto esos textos, esos discursos, o no se entienden bien, no se entienden en su totalidad, sólo se entienden, en el mejor de los casos, de manera parcial, alteradamente, muy alteradamente (Schökel y Zurro, 1978; García Yebra, 1986; Vázquez-Ayora, 1977; Meyer, 2005: 43-44; Erdely y otros, 2005: 158, 176, 182; Antaki, 1997: 13-25; Todorov, 1999: 106-136; Ruano, 2004a; Tallet, 1985a, 1985b):

En las traducciones de la Biblia no se permite [o más bien no se debería permitir en la actualidad, en estas situaciones de globalización cultural y supuesto entendimiento internacionalizado] la intervención de los teólogos sino después de realizada la versión por un estilista de menores conocimientos en escrituras y teología, por la sencilla razón de que el teólogo [que con bastante frecuencia desconoce, al parecer y por lo que oímos y vemos frecuentemente, los complejos e intrincadísimos caminos de la filología, de la traductología, de la sociolingüística, de la sicolingüística, de la imagología, de la semiótica, etc.] que no tiene dificultad en compenetrarse en la sustancia dejaría muchas cosas en una completa nebulosidad para el lector medio lo que en América, de la misma manera que en muchos otros lugares, incluyendo a Europa, quiere decir individuos con “experiencias sociales” disfuncionales en cuestiones de lenguajes, verbales y corporales, con marcas de incultura, desajustes educativos, desajustes instruccionales, posibles rasgos de analfabetismo y analfabetismo funcional.

¿No deberá traducirse la Biblia, gran monumento literario, del mismo modo que los otros textos literarios? «Si la Biblia es literatura –pregunta Alonso Schökel–, ¿por qué la instancia literaria no ha de influir en su traducción?». Ni el carácter inspirado del original, ni la incompetencia de muchos traductores, ni los destinatarios de las traducciones bíblicas justifican, a su juicio, la baja calidad literaria de estas traducciones (García Yebra, 1986: 228).

El análisis de los fenómenos lingüísticos y extralingüísticos que atañen al término [a la palabra] y su proceso de formación en las diferentes hablas especializadas ha tomado en nuestros días gran importancia a nivel internacional. Esto queda claro si consideramos, entre otras cosas, la disímil situación en que se encuentran los vocabularios de la gran mayoría de las ciencias no ya al nivel de pueblos y lenguas diferentes, sino al nivel de un mismo país [como México y Brasil, por ejemplo], una misma rama del conocimiento [la teología, la religión, el cristianismo, el catolicismo, por ejemplo], una misma actividad científica [como la lingüística, la sociolingüística, la imagología, la textología, etc.]

Por otro lado, la preparación de especialistas que desempeñan funciones en todo el macromundo de la creación de textos científicos y técnicos es una cuestión que preocupa no sólo a las entidades internacionales reguladoras de esta actividad, sino también a nuestro país a través de los organismos editoriales y de información científica y técnica.

Es conocido por todos que la información que puede aportar un material determinado con frecuencia se ve “bloqueada”, “limitada”, por la no selección adecuada de la terminología pertinente. En nuestro caso abordaremos ciertas particularidades del tratamiento terminológico, lo que presenta interés tanto para los especialistas filólogos como para los redactores, correctores, traductores e intérpretes de ICT, catalogadores y especialistas en información computarizada.

Si bien los estudios terminológicos datan de principios del siglo XX, todo parece indicar que aún existen ciertas imprecisiones a la hora de considerar a esta rama lingüística y al mismo vocablo “término”. En el análisis de palabra y término la situación no se reduce a la simple definición de cada una de ellas, sino a que también en el proceso de su solución se entrelazan diversos aspectos sociales, prácticos y lingüísticos (Ruano, 1989: 21-23).

La ciencia que trata los problemas de la traducción es la teoría de la traducción. Esta es una de las ciencias más jóvenes de la lingüística. A nivel mundial crece constantemente la necesidad de establecer relaciones en determinadas esferas como la ciencia, la cultura, el comercio, etcétera. En la mayoría de los casos esta mutua comunicación se hace posible por medio de la traducción. Es precisamente por esto que en el último decenio ha aparecido un gran interés no solamente por las traducciones artísticas y poéticas, a las cuales se “han consagrado” los críticos literarios, sino también por las traducciones publicísticas, de la literatura científico-técnica y la traducción oral. Surge así la urgente necesidad de pasar de la búsqueda de diferentes procedimientos de traducción a la generalización de aquello que es propio de la traducción en general; darle una determinación a la misma esencia del proceso de traducción. La teoría de la traducción pasó a ser una disciplina lingüística que se apoya en las reglas de la lengua, propias de cualquier proceso de traducción. De esta forma comienzan a elaborarse las teorías particulares de la traducción, dedicadas a la especificidad de la traducción de géneros peculiares de la literatura [véase aquí lo que comento en Ruano, 2005]. En relación con esto se puede determinar el lugar de la teoría de la traducción en la serie de otras disciplinas lingüísticas [...] la teoría de la traducción es una parte de la lingüística comparada, ya que ella aparece con la relación entre las lenguas [...] Debido a que la traducción se realiza en las obras concretas del lenguaje, es decir, en los textos, entonces “la teoría lingüística de la traducción no es otra cosa que la lingüística comparada del texto”, es decir, el estudio comparado de la semántica de textos idénticos en diferentes lenguas.

La tarea de la teoría general de la traducción [...] se resume determinando el carácter y las condiciones de la formación de los equivalentes de traducción (Chernávina y Ruano, 1987a: 43-44) [...]

La traducción [...] no es una transmisión mecánica de todos los elementos del original, sino una selección consciente de variantes de las múltiples posibilidades. Haciendo una exposición de todos los elementos [...] no obtenemos nuestro objetivo y, a veces, para poder transmitir lo deseado, se tiene que prescindir de algunos elementos esenciales del original; precisamente aquí es donde radica la maestría de la traducción (Chernávina y Ruano, 1987a: 62) [...]

Y una de las grandes falsedades –que tantos problemas, tragedias, desastres, tristezas y dolores le ha traído y le sigue trayendo a la Humanidad– es la “fe falsa” o “falsa fe”, que también podría interpretarse como “fe irracional”, “fe confundida”, “fe descontrolada”, “fe ciega”, “fe dogmática”... ¿Hasta dónde puede llegar este tipo de fe? ¡Hasta las últimas consecuencias...! Una persona sin fe, es decir una persona que no tiene creencias, que no tiene confianza, en algo, en lo que sea, en cualquiera cosa, es un alma errante, es un individuo sin rumbo, sin brújula, que no sabe a dónde va, un zombi... Pero un individuo con una falsa fe, con una fe irracional o dogmática, con una fe sólo de fachada y no una fe interna o fe verdadera, tampoco tiene brújula, salvo la brújula del extremismo, del fanatismo, y de la segregación: destruir a todo el que no sea como él; eliminar, liquidar, por el medio que sea, a todo el que no piense como él... ¿¡Ejemplos!?: recuerde la historia y mire a su alrededor, y no vaya muy lejos, haga sus análisis aquí, en América, en su país, en su región, en su colonia o reparto, en estos mismos años, y verá todo lo que salta a la vista, si es que realmente usted quiere “ver” y no es “ciego” o no “se hace el ciego” [...]

Algunos secretos pueden ser develados; otros no, porque las fuentes que podrían revelarlos ya fueron exterminadas: la destrucción de libros en el mundo entero, a través de los siglos, ha sido el atentado más grande contra la historia y la evolución de la Humanidad. Dentro de las grandes tragedias de la desaparición de la historia escrita de la Humanidad están: la Biblioteca Real de Alejandría, la Biblioteca de Pérgamo, la Biblioteca de Constantinopla. Claro está que aquí no podemos dejar de mencionar la destrucción de los textos prehispánicos y de algunas otras destrucciones de todo tipo de material que no fuera del agrado o conveniencia del catolicismo europeo del tiempo de la Conquista de América. Claro está que en este sentido fue México el más ultrajado, y con México toda América y el mundo. En lo que respecta a la destrucción de materiales escritos no convenientes a la “fe” católica, ahí aparece en primer lugar el nombre del inquisidor español Tomás de Torquemada (1420-1498). En realidad, yo no tengo palabras para denominar a esta “persona” y las acciones que él realizó en su época. Yo, repito, no tengo palabras para expresarlas aquí, conste que sólo aquí; pero tal vez usted sí las tenga si conoce un poco su historia. Aquí nada más mencionaré que por algo la palabra “torquemada” ha permanecido en la historia como sinónimo de fanatismo y crueldad. También se destaca aquí el nombre de un hombre colérico, de un verdadero sociópata, cruel: Gian Pietro Caraffa, quien fuera el Papa Pablo IV: ¿Qué maldad no hizo este hombre indigno? ¿Qué libros no mandó a quemar este engendro? ¿Qué acto vil no cometió este criminal contra cualquier heterodoxo o judío y sus discursos hablados o escritos, contra los libros más avanzados del pensamiento de la época y de la historia de la religión judeo-cristiana? Todo lo malo imaginable y no imaginable se relaciona con el nombre de Pablo IV. Y, finalmente, mencionamos el Index Auctorum et Librorum Prohibitorum o Índice de autores y libros prohibidos o Index Expurgatorius, creado por la Iglesia Católica Romana en 1559 y que existió con carácter regulatorio hasta el año de 1966. Hasta algunos de los curas inquisidores y conquistadores se lamentaron por la brutal quemazón de los libros, códices, pinturas y textos en general prehispánicos, como es el caso de fray Diego Durán (Todorov, 1999:213, 220, 219):

Por eso Durán le reprocha a aquellos que, como Diego de Landa o Juan de Zumárraga, primer obispo de México, quemaron los libros antiguos, el haber dificultado todavía más el trabajo de evangelización. “Y sí erraron mucho los que, con buen celo, pero no con mucha prudencia, quemaron y destruyeron al principio todas las pinturas de antiguallas que tenían, pues nos dejaron tan sin luz, que delante de nuestros ojos idolatran y no los entendemos: en los ‘mitotes’, en los mercados, en los baños y en los cantares que cantan, lamentando sus dioses y sus señores antiguos, en las comidas y en los banquetes” (I, “Prólogo”) [...]

Es muy probable que Durán proviniese de una familia de judíos conversos [...]

[Y busca el origen de los indígenas de América a través de las raíces judías] Durán no aguanta mucho la tensión de la duda y, en la época en que escribe su libro de historia [Historia de las Indias de Nueva España e Islas de Tierra Firme], es decir 1580-1581, ya ha tomado una decisión: los aztecas no son sino una de las tribus perdidas de Israel. El primer capítulo de su historia se inicia con esta afirmación: “...podríamos ultimadamente afirmar ser naturalmente judíos y gente hebrea. Y creo no incurriría en capital error el que lo afirmase, si considerado su modo de vivir, sus ceremonias, sus ritos y supersticiones, sus agüeros e hipocresías, tan emparentadas y propias a las de los judíos, que en ninguna cosa difieren” (III, 1) [...]

Mucho le hubiera agradado [a Durán] encontrar pruebas del paso del evangelizar [es decir que el imaginaba que el predicador Santo Tomás habría podido estar en América] un poco más tangibles que esas analogías; a veces le parece que les sigue la pista, pero en el último momento se le van de entre las manos. Le hablan de una cruz grabada en la montaña; por desgracia ya no saben dónde se encuentra. También oye decir que los indios de cierta aldea habían tenido un libro escrito con caracteres que no comprendían; corre a buscarlo, pero sólo averigua que el libro fue quemado hace unos años. “Lo cual me dio pena, porque quizá nos diera satisfacción de nuestra duda, que podría ser el sagrado evangelio en lengua hebrea” (I, 1) [...]

Debido a que la vida está llena de secretos, por eso los lenguajes, cualquiera que sean éstos –animales o no, verbales o corporales...–, están llenos también de secretos, ya sea para unos o para otros, en unos tiempos o en otros:

En nuestro lenguaje diario hay un grupo de palabras prohibidas, secretas, sin contenido claro, y a cuya mágica ambigüedad confiamos la expresión de las brutales o sutiles de nuestras emociones y reacciones. Palabras malditas, que sólo pronunciamos en voz alta cuando no somos dueños de nosotros mismos. Confusamente reflejan nuestra intimidad: las explosiones de nuestra vitalidad las iluminan y las depresiones de nuestro ánimo las obscurecen. Lenguaje sagrado, como el de los niños, la poesía y las sectas. Cada letra y cada sílaba están animadas de una vida doble, al mismo tiempo luminosa y obscura, que nos revela y oculta. Palabras que no dicen nada y dicen todo ....

Una buena cantidad de los secretos de la vida de la Humanidad, se van develando poco a poco, gracias a la mundialización de las comunicaciones, gracias al progreso, gracias a la democracia, y gracias al esfuerzo de cientos y miles de hombres y mujeres, científicos y técnicos, que todos los días, de manera multidisciplinaria, van armando el gran rompecabezas de los silencios y de los acertijos. Otros secretos nunca se sabrán, porque se fueron, por múltiples razones y para siempre, con los hombres, los grupos y los pueblos que los crearon.

En este sentido, tenemos que recordar que los leguajes religiosos, especialmente de las religiones muy antiguas, han atravesado en la historia, en general, por las diferentes etapas de la creación y formación –y deformación (?)– de los lenguajes, lo que habitualmente se relaciona con la misma creación o aparición de un idioma en concreto, de un idioma en particular, y de sus dialectos, y también, además, con la creación del mismo lenguaje religioso, en un dialecto determinado, con toda una serie de particularidades sociales, léxicas, semánticas, sintácticas, morfológicas, lexicogésicas, estilísticas, metafóricas, tropológicas, traslaticias, figurativas, crípticas, secretas, etc. (Ruano, 2003a). Pero, por si esto fuera poco –algo ya de por sí extremadamente complejo en el ámbito sociolingüístico e imagológico–, los lenguajes religiosos, con el paso del tiempo y según la trascendencia, los intereses y la difusión de éstos, se van sometiendo a las etapas de recreaciones, traducciones, interpretaciones o adaptaciones, relecturas, etc., todo lo cual puede tener un final más o menos feliz, en dependencia de la competencia lingüística y cultural de la persona o las personas que hagan esos trabajos de recreación y de las fuentes “mejores” o “peores”, desinformadas o informadas, actualizadas adecuadamente, que consulten en el transcurso de esas recreaciones:

El Nuevo Testamento, al que pertenece el Evangelio de Mateo con su Tu es Petrus, lo constituyen los veintisiete textos escritos en griego que el Tercer Concilio de Cartago del año 397 decidió que fueron inspirados por Dios. Los escogió dentro de un centenar de evangelios, hechos de apóstoles y apocalipsis y millares de epístolas o cartas provenientes del cristianismo que lo precedió. De los veintisiete textos canonizados, así como de toda esa literatura cristiana primitiva, en su mayoría también escrita en griego, no nos quedan copias anteriores al año 200. Los veintisiete textos que escogió el Tercer Concilio de Cartago son los siguientes: los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan o evangelios “canónicos” como se les designa para distinguirlos de los evangelios “apócrifos” que no se consideran inspirados por Dios; más los hechos de los apóstoles, el Apocalipsis y veintiuna epístolas o cartas de las cuales catorce se atribuyen a Pablo, tres a Juan, dos a Pedro, una a Judas y una a Jacobo [...] Tratan de [...] Cristo [...] [que] que habló en arameo, y sin embargo los veintisiete están escritos en griego. ¿No estarán traicionando de entrada a su personaje los venerables autores con el simple hecho de traducir su pensamiento a una lengua tan distinta como es el griego? El arameo es un idioma semítico y el griego es indoeuropeo. Los evangelios, es cierto, tienen aquí o allá unas cuantas palabras arameas, pero son de dar risa. Parecen toque de color local, como cuando las novelas gringas que pasan en México ponen señorita al referirse a una muchacha: “Give me, please, unos tacos, señorita, por favor” [...] A mí las citas arameas y hebreas en el texto griego de los evangelios se me hacen como moscas en la sopa. Cada quien es su idioma [...] Las palabras cambian en sus sonidos y en sus significados y se van transformando en otras y los idiomas en otros y muchas cosas que se pueden decir en el náhuatl de Nezahualcóyotl no se pueden decir en el griego de Platón y viceversa ....

Dios hizo muy mal en dejarnos su palabra sujeta a las incertidumbres humanas [...] La verdad es que no sabemos quiénes escribieron los evangelios, ni cuándo, ni dónde. Para empezar, los cuatro evangelios canónicos (y todos los apócrifos y todos los demás textos del Nuevo Testamento) son pseudoepigráficos, palabra con que designamos los escritos anónimos que se atribuyen a alguien. No sabemos quiénes son Mateo, Marcos, Lucas ni Juan. A lo mejor estos nombres designan grupos o escuelas cristianas y no individuos [...] Además, como no nos ha quedado el original de ningún evangelio ni ninguna de sus primeras copias, no podemos afirmar que tal evangelio fue escrito por un solo autor y no por una serie de autores que sucesivamente lo fueron modificando y aumentando, como se cree que ocurrió con todos los libros de la Biblia hebrea o Antiguo Testamento, que se consideran la obra de varias generaciones [...] [la Iglesia] no tiene forma de fijar los textos. Acabó adoptando la Vulgata o traducción al latín del Antiguo Testamento hebreo y del Nuevo Testamento griego que emprendió Jerónimo [...] en el año 382 y que terminó en el 405. En tiempos de Jerónimo el latín era una lengua viva. Para el siglo XVI de la Reforma protestante ya era una lengua muerta. Una de las causas de la Reforma fue justamente que Lutero tradujera la Vulgata al alemán, desafiando la prohibición de la [Iglesia] de traducirla a las lenguas vivas de la época. Pensaría la [Iglesia] que con eso protegería de los cambios la palabra de Dios, como cuando un río se congela. Sólo que un río congelado es un río muerto. Por lo demás hacía bien la [Iglesia] en limitar la lectura de las Sagradas Escrituras a sus lacayos o clérigos [...] No bien lo pudieron leer libremente los protestantes en los idiomas vernáculos y de inmediato empezaron a cuestionar sus contradicciones [...] Del cuestionamiento pasaron a la burla. Hoy los protestantes son los grandes especialistas en tomarle el pelo a la Biblia. Nosotros los católicos no, la respetamos mucho. Tanto que no sólo no la leemos sino que ¡ni la tocamos! [...]

Una vez que la [Iglesia] decidió el canon bien que mal congeló sus textos y aquí los tenemos, con sus incontables variantes que se arrastran desde su más lejano pasado, para que tratemos de descubrir qué fue en últimas lo que nos quiso decir Dios. El que quiera acceder al agua límpida de la palabra divina que aprenda primero hebreo bíblico y griego de la koiné, y una vez dominadas estas lenguas que pase a establecer el texto auténtico cotejando, de aperitivo, los más viejos papiros y pergaminos que con tanto amor he enumerado arriba, y de plato fuerte el medio millar de copias antiguas que les siguen [...]

Establecido que no sabemos quiénes escribieron los evangelios, pasemos a considerar el asunto de dónde fueron escritos. ¿En Roma? ¿En Alejandría? ¿En Antioquía? Lo único seguro es que no fueron escritos en Palestina, donde nació y por donde anduvo Cristo, pues sus autores no conocen su geografía. No son de ahí, jamás pusieron un pie en Tierra Santa ....

[...] Hoy en día, en muchos lugares encontramos un fenómeno que no es nuevo. Encontramos «relecturas» del Evangelio que son producto de especulaciones teóricas más que de una auténtica meditación sobre la palabra de Dios y un genuino compromiso evangélico. Esas relecturas causan confusión en cuanto a que se apartan de los criterios centrales de la fe de la Iglesia, y algunas personas tienen la temeridad de trasmitirlas como catequesis a comunidades cristianas [...] Hay personas que pretenden describir a Jesús como un activista político, como un luchador contra la dominación romana y las autoridades, e incluso como alguien implicado en la lucha de clases. Esta concepción de Cristo como figura política, como revolucionario, como el subversivo de Nazaret, no concuerda con el catecismo de la Iglesia ... [Y sí, tiene razón Juan Pablo II con respecto a esas “relecturas”... Pero sucede que estamos de acuerdo en que “justamente eso mismo” piensan las otras cientos y miles de religiones y sectas y tendencias y grupos religiosos, y judíos y árabes y griegos y turcos y armenios y alemanes y rusos..., y filósofos y exégetas y paleógrafos y culturólogos y filólogos e imagólogos y traductólogos y antropólogos y etnólogos, etc., etc., etc., es decir que las “relecturas” del Evangelio que han hecho los católicos romanos a través de la historia de más de 20 siglos pueden ser, o son de hecho, las erradas, las equivocadas, las confundidas, las chafas, las malinterpretadas, las inadecuadas, las manipuladoras, las especuladoras, y que en nada tienen que ver con la verdadera “palabra” del Señor, de Cristo, de Jesús, de Dios..., “palabra” que a su vez “fue recogida” no por su autor, es decir Jesús, sino por muy variadas otras personas, en muy variados contextos, en muy variados tiempos y en muy variados idiomas y dialectos... ¿o usted qué cree? Afortunadamente, como vemos, Juan Pablo II no está descubriendo aquí nada nuevo, sino exponiendo, una vez más, “la gran controversia de todos” (y no solamente de los católicos romanos) en torno al Evangelio].

Quienes hemos trabajado con textos religiosos, con discursos religiosos, conocemos muy bien las grandes limitaciones informativas que existen en torno a estos tipos de discursos, hablados y escritos, y las severas limitaciones de expresión en estos ámbitos, los tabúes discursivos. Los lenguajes con limitaciones expresivas verbo-corporales son, sencillamente, lenguajes crípticos, ambiguos, dobles... Sólo la libertad de expresión puede permitirnos entender los discursos especializados, y, como todos sabemos, justamente la “libertad de expresión” está altamente condicionada en una buena parte del mundo de las religiones, especialmente al nivel de la Iglesia católica (Maza, 2006), que mayoritariamente rige, de una u otra manera, la vida espiritual de los pueblos latinoamericanos. Los lenguajes religiosos, hablados y escritos, en su paso por el tiempo y la geografía, se han sometido a “interpretaciones y traducciones” y también a “selecciones“ –por ejemplo, los evangelios “aceptados” y los “evangelios no aceptados”, los “apócrifos”, “los que amenazan la tradición” (Antaki, 1997: 27-56), los evangelios sinópticos o evangelios con afinidades, etc.–, a “compromisos”, debido a que, finalmente, los textos reciben “una versión” que se atiene a las “conveniencias particulares de un grupo”, independientemente de lo bueno (?) o malo (?) que haya resultado traductológicamente el texto de llegada. Las traducciones y las interpretaciones de los discursos, de los textos, religiosos, de la misma manera que las traducciones y las interpretaciones de los discursos, de los textos, artísticos, filosóficos e históricos, siempre han estado rodeadas por “las sombras de la traición” (Frost, 1992; Kundera, 1994). Además, las apariciones de nuevos textos religiosos antiguos, del tipo del “Evangelio de Judas”, un papiro de veintiséis páginas hallado en Egipto en 1978, cuya autenticidad se dio a conocer por los especialistas –no sacerdotes– al mundo en abril de 2006, ponen al descubierto muchas realidades de la antigüedad y echan por tierra muchos mitos, mitoides y mitotes, falsedades y mentiras que habitualmente se le han hecho creer a los devotos o creyentes y al mundo en general. Además, todos sabemos que en las bibliotecas estrictamente privadas del Cristianismo –ya sea al nivel de las instituciones como el Vaticano, las iglesias, los conventos, personas en particular, etc.– se guardan materiales con información histórica valiosísima –¿y comprometedora?– de todos los tiempos, relacionados con todos y cada uno de los sucesos y testimonios de la historia y la actualidad de la Humanidad, algunos de los cuales constituyen verdaderos escándalos (González González, 2006: 37-38). Así fue antes y así sigue siendo. Entre supuestas secrecías (?) y confidencialidades (?), según el aparato dirigente del catolicismo romano, una gran cantidad de materiales comprometedores nunca verán la luz, ¡por ahora! Refiriéndose al gran escándalo de la pederastia católica romana, se expone lo siguiente –que, sobre todo, nos hace recordar el término “pornocracia” o “gobierno romano de las cortesanas”, es decir el “total despapaye en el ejercicio religioso católico”, creado en el siglo XVI por el cardenal César Boronio [...]

¿Qué pasa cuando una religión, la que sea, se extiende en el tiempo y en la geografía? ¿Qué pasa cuando pueblos diferentes, de lenguas diferentes, creen en una misma religión, la que sea? En este caso, pasa todo, como ya saben las personas que leen y escriben, e inclusive los “analfabetos y analfabetos funcionales con iniciativa cultural y comunicativa”:

[Cuando se extienden las religiones a regiones diferentes aparece] un problema complejo, el de la propagación de la fe: una religión singular llega a un lugar lleno de voces: el judaísmo, los cultos iraníes, el paganismo. Se producen las mezclas, los préstamos, y luego surge el problema de los medios de comunicación. La extensión y la comprensión siempre han sido hermanas enemigas, ¿cómo conciliar las dos exigencias: la fidelidad doctrinal y la ampliación del campo misionero? Si la palabra sólo cuida su pureza, se encierra sobre una élite; si viaja, se sustrae a la autoridad fundadora. Y, como no llega a un desierto, sino a un cantón sobrepoblado, las voces se hacen múltiples. Además, los apóstoles se repartieron la tierra habitada en zonas de influencia. Tomás se fue con los partos, Juan se dirigió a Asia, Pedro a Roma, Andrés a Scytia, Felipe a Frigia. La ley se desarrolla, la persecución desata fenómenos de intolerancia, los primeros cristianos tienden a encerrarse, algunos fabrican su evangelio: los apócrifos expresan este regionalismo espiritual. Son pequeños vinos locales. Lástima que la Iglesia sólo admite en su misa el Chateauneuf du Pape, apelación controlada (Antaki, 1997: 38).

¿Y qué pasa cuando una religión es impuesta a un grupo que ya tenía otra religión? ¿Qué pasa cuando una religión se traslada de un lugar a otro, se traslada a otro lugar en donde hay valores, creencias, usos y costumbres profundamente arraigados por siglos de tradición y extremo respeto? ¿Qué pasa cuando una religión se extiende y es impuesta “obligatoriamente” a un grupo, inclusive de sacerdotes católicos por ejemplo, que cree en otras cosas, en otros dioses, en otros valores, a un grupo que se desarrolla en unas ciertas circunstancias ecosistémicas, contextuales, socioculturales y socioeconómicas diferentes, etc.? Al principio hay confusión, desconocimiento, temor, incertidumbre, terror, pánico...; y ya que se impone esa religión, entonces aparece el sincretismo religioso, el mestizaje religioso, en mayor o menor medida, con unos y otros revestimientos verbales y no verbales: “creo en esto nuevo, acepto esto nuevo; pero también creo en aquello viejo y sigo aceptando aquello viejo”. Veamos un ejemplo en donde se pretende acabar con el sincretismo y ciertas prácticas religiosas, resultados de la unión de culturas y tradiciones religiosas diferentes en México, en el Estado de Puebla, concretamente en Tehuacán –del náhuatl "teo" = Dios, "hua" = posesivo, "can" = lugar, es decir que su significado es "lugar de dioses"–, cuando se le pidió al cardenal de México, Norberto Rivera Carrera, “acabar con el seminario” (Santiago, 2008:60):

[...] Poco antes, en una visita al seminario de Tehuacán el nuncio [Girolamo Prigione] supo que ahí se formaban curas en la Teología de la Liberación, y que dos de sus asesores eran enemigos de la ortodoxia: el filósofo argentino Enrique Dussel y el dominico Miguel Concha Malo.

Prigione no iba a ensuciar sus manos con una labor que alertaría a los medios. El delegado de la Santa Sede pidió a Rivera acabar con el seminario, una misión con la que el nuevo obispo podía justificar su salto jerárquico.

En principio Rivera prohibió los libros del peruano Gustavo Gutiérrez Merino y del brasileño Leonardo Boff, ideólogos de la Teología de la Liberación. Ambos –que se cuestionaban qué era ser cristiano en una región lacerada por la injusticia– habían sido condenados por Joseph Ratzinger, hoy Papa y en ese momento prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe [...]

A Rivera le sobraban razones para pulverizar el gran semillero sacerdotal del sur del país. Por ejemplo, los maestros se desviaban de la ortodoxia al honrar valores culturales purépechas, mixtecos, zapotecos, nahuatlacos, pueblos de donde venían muchos de los 105 seminaristas. «No faltó que un alumno colgara al “Che” en su cuarto junto a Cristo. Pero el detalle fue que se impartía filosofía marxista. Esa información llegó a Roma», dice el cura de Zapotitlán, Mario Ordiano, entonces profesor de Historia de la Iglesia.

En 1987 [Norberto] Rivera [Carrera] recibió un oficio basado en el decreto Optatam Totius sobre la formación sacerdotal. El Vaticano le ordenó disolver la dirección del seminario, que inducía una “formación doctrinal confusa”. Uno a uno, los maestros iban cayendo.

Los curas de la institución solían verse en la Sierra Negra para definir sus acciones de respuesta. Rivera irrumpió en una reunión que se realizó en el templo de Santa Ana Coapan en la Pascua de 1989.

–Se juntan a hablar mal del obispo y mis comunicados los meten al bóiler, les reclamó.

–Pero lo que usted está haciendo en el seminario es inhumano, se defendió el padre Anastasio Hidalgo, coordinador de Pastoral Social en la diócesis.

Rivera, sin alterarse, sacó de su maletín un papel que leyó al presbiterio: el seminario, aseguró, era un carnaval; los alumnos ingerían alcohol y salían de las instalaciones para irse de fiesta.

Pero había más. «Cuando nos dijo que en el seminario había homosexualidad –recuerda el sacerdote–, le respondí: “Obispo, si no lo prueba aquí, usted es un mentiroso.» Días más tarde, la diócesis entregó al cura Anastasio la carta de su cese, tras siete años en su cargo.

Abatido, el rector Jesús Mendoza decidió renunciar. Norberto ocupó su puesto. La protesta final de alumnos y maestros fue una jornada de oración en la Catedral de Tehuacán.

Luego el seminario se vació: los jóvenes debían volver a su tierra (Santiago, 2008:60) [...]

Al principio de la imposición de una nueva religión hay desconfianzas, recelos, temores, terrores, pánicos...; pero en cuanto se comprueba que “los dioses”, que “el dios”, que “los demonios”, que “el diablo”, no actúan, que no pasa nada, que no hay castigo, entonces las cosas, las situaciones y los estados nuevos, se aceptan tal y como están, considerando que es mejor aceptar la religión impuesta por el “nuevo amo”, por el “nuevo dueño”, por el “nuevo señor o señora”, que tiene en sus manos el poder y las armas “que matan”. Pero entre ese principio de la imposición y ese final de la aceptación está la mitad, el medio, el “nepantla”, en donde ambas religiones son aceptadas, en donde ambas prácticas religiosas se alternan según las circunstancias y las conveniencias:

[Fray Diego] Durán cuenta cómo había descubierto que un indio perseveraba en sus prácticas paganas. “Y así, riñéndole el mal que había hecho, me respondió: –Padre, no te espantes, pues todavía estamos nepantla, y como entendiese lo que quería decir por aquel vocablo y metáfora, que quiere decir ‘estar en medio’, torné a insistir me dijese qué medio era aquel en que estaban. Me dijo que, como no estaban aún bien arraigados en la fe, que no me espantase; de manera que aún estaban neutros, que ni bien acudían a la una ley, ni a la otra, o por mejor decir, que creían en Dios y que juntamente acudían a sus costumbres antiguas y ritos del demonio” (II, 3) (Todorov, 1999:221).

Aquí la cuestión radica en que si los dioses viejos no actuaron a su debido tiempo, para evitar la imposición de nuevas religiones y nuevos dioses, y que así ellos fueron destronados, desplazados, marginados..., eso quiere decir que, al parecer, no son tan fuertes, tan poderosos, tan importantes, y, si se impuso el dios nuevo, si se impusieron los dioses nuevos, con demonios y diablos y angelitos asexuados y todo, por ejemplo, entonces es porque, al parecer, estos nuevos son más fuertes e importantes que los otros viejos. Esto por un lado, y, por otro lado, si el dios y los dioses viejos no actuaron, “el hombre” y “los ejércitos” que imponen la nueva religión sí pueden actuar, y torturar, y perseguir, y matar, por lo que es mejor “reflexionar” a tiempo que tener que lamentar. Así pasó en América con la imposición del Catolicismo:

Hernán Cortés decidió destruir las enormes figuras pétreas de los dioses aztecas como parte de la conquista espiritual de México y todos los aborígenes corrieron despavoridos creyendo que caería sobre ellos una maldición divina, una venganza sanguinaria de Huitzilopochtli por haber permitido ese atentado. Cuando las estatuas en forma de serpiente y otras tantas fueron despedazadas a marrazos en plena plaza pública y no aconteció nada ni se abrió el cielo ni se produjo un terremoto ni surgió una gran inundación ni una plaga mató a cientos de miles de indígenas y, en cambio, se instaló una cruz en lo alto de los templos sin mayores represalias divinas, entonces Cortés adquirió un respeto reverencial, el poder y la autoridad imprescindibles para intimidar y alcanzar así sus objetivos políticos y militares (Martín, 2006: 38) (Algo semejante se expone en el film estadounidense 10 000 a.C., del director Roland Emmerich). En cuestión de religión y religiones, de credos, de creencias, así siempre ha sido, así sigue siendo, y así será [...]

Y finalmente, ya que un texto religioso ha recibido esa “versión última” de “contenido” y de “forma”, ya sea en el original –creadores– o en las versiones traductológicas –recreadores–, aparecen otros dos problemas: 1. las particularidades sociolingüísticas de los lectores o destinatarios finales y 2. los tipos de lecturas (Ruano, 2005). Y tanto en el primer caso como en el segundo, los problemas son inmensos, ¿o es que acaso existen grupos de individuos que se consideren los “fieles creadores”, los “fieles recreadores”, los “fieles traductores”, los “fieles intérpretes”, los “fieles lectores” y los “fieles conservadores” de la Biblia, de los textos religiosos en general? ¿Es que acaso existe algún grupo de individuos que se considera los herederos exclusivos y los bebedores absolutos del “manantial divino”? ¡Sorpresa...! Los lenguajes, cualquiera que sean éstos, siempre guardan muchos “secretos” (?), “secretos” generalmente para los grupos y personas analfabetos o poco instruidos, generalmente no vinculados de manera directa y actualizada con el desarrollo de la ciencia y la técnica, con marginación cultural y lingüística, con marginación científica y técnica, personas tabuizadas..., todo lo cual ha hecho y sigue haciendo mucho daño al desarrollo de la cultura, al desarrollo del pensamiento, al desarrollo de la ciencia, al análisis de la historia humana y al desarrollo de toda la Humanidad; pero para las personas instruidas, civilizadas, que pueden leer y leen, y que, claro está, quieren conocer “la real verdad” de las cosas, independientemente de la “fe” y de los “mitos”, ésos son “secretos a voces”, y desde hace mucho tiempo ya (Dussel, 2007). Que no se nos olvide que en cuestión de religión y religiones “los secretos” aumentan mucho más en aquellos grupos que “simulando” tener “una sola religión” es evidente, inclusive ante los ojos de los más ignorantes e indiferentes, que profesan “cultos alternativos” (Río, 1992; Río, 2006; Gil, 2008). ¡Y justamente ésta es una característica histórica en América!, debido, ante todo, a la presencia y mezcla de grupos étnicos y socioculturales diferentes: amerindios, europeos, asiáticos, africanos..., con religiones muy diferentes, con sincretismos religiosos varios –y, claro está, también sincretismos lingüísticos, gestuales, protocolares (Escalera, 2005)–, incluyendo al mismo sincretismo cristiano, católico –el Cristianismo aparece en Asia, en un contexto semítico, en Israel, con dioses asiáticos, semitas: Yahvé, Astoret o Asera, Adam, Lilit, Eva, Jesús, María...–, que se produce en el Catolicismo, al ser “interpretado” en “Europa”, en una cultura greco-latina, que ya desde finales del III milenio a.C. comenzó a ser semitizada a través de Jonia o Grecia asiática, a través de los jonios, que son un pueblo de origen griego, al ser interpretado ese cristianismo por católicos, ortodoxos, protestantes, variantes sectarias, cultos relacionados, cultos alternativos, cultos sincréticos... Es muy necesario recordar aquí que, por un lado, la Iglesia católica nunca ha sido ni homogénea ni monolítica, ni en Asia, ni en Europa, ni en África, ni en América, ni en Oceanía, ni en ningún lugar..., ni lo será nunca: si hay variedad de gente, entonces hay variedad de ecosistemas, variedad de lenguajes verbo-corporales, de pensamientos, de ideas, de criterios, de interpretaciones, de protocolos...; si hay revoluciones, conflictos, disturbios y mezclas interculturales, por las vías que sean y por los motivos que sean y en las condiciones que sean, entonces hay también revoluciones del pensamiento, revoluciones lingüísticas y revoluciones de la conducta...; y, por otro lado, una cosa es creer en un sólo dios, en una sola cosa, “SOLA COSA”, y eso, entonces, es monoteísmo. Queda más que claro que el Judaísmo y que el Islam son religiones monoteístas; ¿¡pero el Cristianismo, el Catolicismo, monoteísta con su concepto de Trinidad...!? ¡Por favor...! ¡Será triteísmo, será triteísta, será triteístas! Eso de que “monoteísmo” puede ser el creer en tres cosas que son una misma al mismo tiempo es un cuento tan grande como el de el lobo que se tragó viva a la abuelita de caperucita. O se cree en uno o se cree en dos o se cree en tres o se cree en muchos, y según sea el caso es “monoteísmo”, “”biteísmo o dualismo”, “triteísmo” y “politeísmo”... Lo demás es cuento, embuste, alteración, manipulación, imposición, chantaje, ignorancia, como se le quiera llamar, al gusto del consumidor..., ah y dicen que también puede ser fe..., ¡y allá el que se lo crea!, en fin que para los gustos se han hecho los colores... Esto puede no quedar claro para los que no quieren entender o para los que no pueden entender... Y ambos casos constituyen un gran problema de desarrollo social, de cultura, de civilidad, de evolución...: “Por cuanto a los cristianos [católicos] se refiere, no son monoteístas sino triteístas pues creen en la Santísima Trinidad” (Vallejo, 2007: 316). Las herencias culturales, las tradiciones, los idiomas, los mitos y mitoides de cada lugar, los estados del desarrollo sociocultural y socioeconómico, las políticas, los gobiernos, etc., “condicionan”, “revisten”, “alquimizan”, “enmascaran” las creencias, las religiones, los pensamientos socioconfesionales. Eso es viejo y ha pasado y pasa en todos los lugares del mundo; eso todo el mundo lo ha sabido siempre; siempre ha sido así, y así siempre será:

[...]La alquimia, es decir la “creación” y la “recreación de cosas”, siempre ha estado presente en la historia del hombre.

¿Podemos asegurar que en la actualidad no hay alquimistas, “alquimistas modernos”, es decir gente que siempre anda inventando cosas, inventando hasta lo no inventable? Los temas que afectan la política y la religión, por ejemplo, parece que reafirman la presencia de muchos “alquimistas modernos”.

¿No hemos visto cómo anda la imagen de la gente en la calle, en las entrevistas, en la televisión, en los trabajos, en las religiones, en las escuelas..., en la política de América Latina, en el Derecho y la procuración de justicia en América Latina? Bueno, ésos son los “alquimistas modernos”... ¡Algunos “alquimistas modernos”, que se dedican a la “alquimia negra”, viven inventando, “pa’ ver si es chicle y pega”! Nada más que de sus búsquedas alquímicas con bastante frecuencia no sale ni oro ni plata, obviamente tampoco chicle, sino “cosas raras”...

Pero también está la alquimia buena, la “alquimia blanca”. Esoterismo, religión, astrología, magia, brujería, ocultismo, alquimia..., son temas que gustan mucho en América Latina, en especial entre los jóvenes y los niños. Es parte de nuestra herencia... ¿Acaso se puede ser un niño latino o un niño occidental o un niño de cualquier lugar del mundo sin los cuentos de magos, demonios, hadas, brujas, “merlines y morganas”, ogros, demonios, dragones, duendes, monstruos, fantasmas, gigantes, enanos y gnomos...? ¿Sin Nennius y Geoffrey de Monmouth –El Rey Arturo, y aquí los personajes de Merlín y Morgana–, Perrault, los Hermanos Grimm, Hans Christian Andersen, José Martí, Lewis Carrol, Jonathan Swift, Howard Pyle y ahora Joanne Kathleen Rowling y William Steig, se puede ser un niño “normal” en el mundo occidental? ¿Cómo ser un niño normal sin magia, sin hadas, sin fantasmas, sin gnomos, sin brujería y sin alquimia? ¿En este mundo tan complejo y diverso, tan lleno de conflictos de todo tipo, pero principalmente bélicos, saturado de frustraciones y esperanzas, qué ser humano “normal”, que niño “normal”, no ha tenido en su infancia, en su adolescencia, y en algunas culturas hasta en la juventud y en la vejez, su mundo de El laberinto del fauno? ¡Y todos esos libros como se venden! ¡Y todas estas películas como se ven: una y otra vez, una y otra vez..., y otra vez más, por si quedaron dudas, detalles...! Lees el libro..., ves la película..., aquel primer y viejo libro..., aquella primera y vieja película..., y luego las nuevas versiones literarias, las adaptaciones nuevas, los remakes con todos los adelantos de la cinematografía..., y lo haces de chico, pero después lo vuelves a hacer, ya de adulto, cuando aparecen los hijos, los pequeñitos de la familia... Y aparece aquí el gusto, y la nostalgia, y se mezclan los dos, y se sabe porque hasta puede aparecer por ahí una lágrima confundida, un suspiro delatador de los múltiples maravillosos recuerdos... ¡Qué triste debe ser que en la biblioteca de una casa no estén esos libros! ¡Qué triste debe ser que en la videoteca de un niño no estén esas películas! ¡Qué triste debe ser que los niños del mundo moderno no puedan leer esos libros y ver esas películas!

Bueno, veamos... Partamos de que la imaginación y la fantasía son rasgos muy adecuados y pertinentes del pensamiento científico superior. Creo que hoy, con todos los problemas de imagen que tienen nuestras sociedades, nuestros grupos, nuestras instituciones y organizaciones, nosotros mismos, el trabajo del consultor de imagen social, del consultor de imagen pública, del asesor de imagen, es algo así como el trabajo de un “consultor-alquimista”, es decir, el trabajo de un individuo capaz de transformar a un individuo u objeto o empresa u organización, desde su interior, en alguien o algo que valga oro, que se vea bien, que se vea bonito; y no solamente “que se vea”, sino que además “esté realmente bien”. Y en esta transformación todo puede pasar: oro, plata... El problema radica en que así como el “alquimista” buscaba, entre otras cosas, el “oro”, también buscaba la “plata”... Y sucede que en nuestro trabajo como consultores de imagen social, de imagen pública, de imagen física, de imagen institucional, de imagen política –y aquí tenemos que diferenciar entre “consultor de imagen” y “comecuandohay”–, con mucha frecuencia, luego de grandes esfuerzos, pues ni oro –crisopeya– ni plata –argiropeya–...

¡Afortunadamente, para que no nos traumaticemos, esto de muchos términos para designar cosas semejantes y lo mismo, esta “confusión en el uso de palabras y muchas ideas en torno a algo, no solamente sucede en las ciencias sociales y humanísticas, en la Filología, en la Traductología, en la Comparatística, en la Imagología, en los estudios acerca de las religiones del mundo, en la Antropología, en la Etnología..., sino también en otras muchas ciencias, en muchas otras profesiones!

En la historia de la Humanidad la alquimia ha sido tratada de diversas formas, y enfocada y valorada de múltiples maneras. La alquimia, por supuesto, ha desempeñado un papel tan trascendental, tan decisivo, en la vida y el desarrollo de la Humanidad, que siempre fue considerada por la mayoría de los “pensantes” como una ciencia..., específicamente hasta más o menos el siglo XVIII, y a regañadientes, justamente por la persecución que tuvo esta práctica. Y también recuerda que la alquimia no solamente buscaba “oro” o “plata”, o metales preciosos. La alquimia, la “química-filosófica”, a través de un resultado llamado “piedra filosofal” o “elixir” también buscaba obtener “conocimientos y productos” milagrosos que ayudaran a curar las enfermedades y dolencias de los seres humanos, y en especial una medicina que lo curaba todo que se llamó “panacea universal”... Pero el “conocimiento”, el conocimiento de lo que fuera y en especial el “conocimiento científico”, y más concretamente el conocimiento masificado, al nivel del pueblo, de la gente común, no convenía en aquellos tiempos de las tinieblas, la época medieval, a ciertos grupos, porque, como dice el dicho, “enseña a pensar a los hombres y los harás libres...”: ¡malo! La alquimia buscaba la “creación de la vida humana”, algo así como lo que sucedió con Frankestein, ¡hasta se buscaba la “inmortalidad”!

La alquimia está directamente relacionada, de manera triste y cruel, con la Inquisición, ese largo –creada en 1184, al sur de Francia, y ¿ya terminó la Inquisición? ¿Sabemos realmente lo que significa “inquisición” y para qué fue creada, cómo funcionó?– y oscuro periodo de la historia de la Humanidad que tanto nos ha abochornado, bueno..., más bien que tanto ha abochornado a los “hombres de buena voluntad”. La alquimia está relacionada también con las “profesiones liberales” de los judíos en España, especialmente con la medicina y la farmacopea, es decir profesiones que tenían que desempeñar obligatoriamente los judíos en ciertas partes de Europa, en España, porque no podían tener tierras, porque se les prohibía tener tierras, y debido a estas profesiones liberales tenían que hacer experimentos, investigaciones, que eran vistos por los “supersticiosos” e “ignorantes” como brujería, magia o alquimia.

¿¡Qué la vida eterna es un cuento!? ¡Claro que no! Para los gustos se han hecho los colores. ¡Al parecer...! Unos mueren para llegar a un Paraíso y estar a todo dar... Otros quieren llegar al Paraíso, pero tendrán que hacer su escala en el Purgatorio –¡esa fila es grande y se amplía...!–... Otros hasta aceleran la muerte para “gozar” en el Paraíso, inclusive con “70 vírgenes”... Otros, de plano, como los criogenizados, no se quieren ir de aquí... ¿Por qué no se querrán ir?

Recordemos que hay personas que están hoy congeladas, en lugares especiales, esperando la “resurrección”, las “curas milagrosas” y su Paraíso pero terrenal...

¿Pero qué es la criogenia, criogénica o criónica? ¿Y ahora con los desarrollos de la Nanotecnología? ¿Y ahora con los desarrollos de la Ingeniería de Tejidos? Echemos una mirada, por ejemplo, al negocio de la empresa rusa Kriorus –www.kriorus.ru–, dedicada a congelar cerebros y cuerpos de personas que buscan la “inmortalidad. ¿No parece esto cosas de la alquimia? ¿Se imaginan? ¡Brujería...! Nada más consultemos www.alcor.org., y veremos cosas inconcebibles. ¿Conocemos a la compañía estadounidense ARCOR? ¡Biológicamente, la muerte es un “proceso”, no un “evento”! A eso se dedica esa compañía, y ahí está “congeladito”, por ejemplo, el beisbolista Ted Williams.

No podemos olvidar que hay muchas ciencias y ramas científicas que hoy buscan clonar, crear vida a través de células... ¿Por dónde andan algunas ciencias como la Ingeniería Genética y la Genómica? Por eso también la alquimia y en particular la piedra filosofal –que se decía estaba en el mango de la espada llamada Excalibur– se han asociado, desde La Edad Media, con el “Grial” o “Santo Grial”. Claro que todas estas cosas tienen mil interpretaciones, y de todos estos símbolos alquímicos podemos crear un verdadero “caldero de colores”... ¡Es normal el disentimiento en las ciencias que tratan estos problemas! Por otro lado, quiero que recuerden las ciencias o las protociencias que aparecen en los principios de la química, de la medicina, de la metalurgia, etc. ¿Que ha habido y hay alquimistas charlatanes? ¡Pero claro! ¿Y por qué no habría de haberlos si ésta es la Viña del Señor, si también ha habido y hay políticos charlatanes, funcionarios charlatanes, religiosos charlatanes, matemáticos charlatanes, historiadores charlatanes, economistas charlatanes, administradores charlatanes, filólogos charlatanes, imagólogos charlatanes, antropólogos charlatanes, artistas charlatanes, médicos charlatanes, siquiatras charlatanes, sicólogos charlatanes, sociólogos charlatanes, y hasta consultores de imagen charlatanes...? ¿Que la alquimia ha sido el origen, entre otros orígenes, de la creación de cuentos famosos, de historias famosas, de libros y películas geniales como Harry Potter y The Tales of Beedle the Bard o, en español, Los cuentos de Beedle el Bardo? ¡Claro! Pero estos maravillosos cuentos y películas de ciencia-ficción, de magia, salidos de la imaginería popular, de cerebros exclusivos, de mentes exclusivas, de la historia de la Humanidad, no son nada comparados con los relatos y espectáculos comediescos –históricos y actuales–, y de mal gusto, de muchos –generalmente los protagonistas de doble moral y hasta triple y cuádruple moral; basta leer, ver y oír las noticias, informarse– que critican y que se han opuesto a, por ejemplo, los libros y películas del tipo de Harry Potter. ¿Por qué será? ¿Qué habrá en esos libros y películas que “asusta” a unos cuantos? ¿Por qué no quieren que “ese” pasado de la historia aparezca ante los ojos de la Humanidad? ¿Qué verán de “malo” en ello? ¿No será que, entre otras cosas, esos “asustados” saben que ellos o muchos de ellos son las múltiples y vivas imágenes del malvado Lord Voldemort o, en francés, “Vol de Mort”, es decir “Vuelo de la Muerte”, unos “sangre sucia”? [...]

Y así, dando saltos de un tema a otro, acortando por el tiempo y disfrutando de la divagación, ¿no fue en Gran Bretaña en donde nació la Masonería, que ha estado asociada, entre otras cosas, a historias y mitos que aterran a la Iglesia católica romana? Recordemos que la Masonería ha estado asociada a los Caballeros Templarios, y por lo mismo a ritos y conductas mágico-orgiástico-religiosas... El paso de nuestros “Lord Voldemort” por nuestros países deja mucho más que el paso de Lord Voldemort por la historia de Harry Potter y en Los cuentos de Beedle el Bardo. En nuestros países estos personajes encarnan la ignorancia, el atraso, la corrupción, los robos, el dolor, el hambre, los raptos, la muerte, las violaciones sexuales a menores, la pederastia... ¿Será por eso que no quieren ver “sus” películas nuestros actuales Lord Voldemort? ¿Qué habrá en la magia, en la brujería, en la alquimia, que los asusta? ¿Qué datos históricos se querrán borrar de la mente de la Humanidad? ¿Qué imágenes, signos y símbolos aparecen en libros y películas como Harry Potter –a la manera del libro y la película Código da Vinci, de Dan Brown– que han desatado críticas tan duras, desesperadas y absurdas por parte de ciertos grupos religiosos –que lo único que hacen, como siempre, es elevar las ventas de esos libros y la asistencia a las salas de cine para ver estas películas o las rentas de estos filmes: ¡eso es lo que se llama “todo un programa de marketing especializado gratuito”!, ¡prohíbe algo, y verás cómo actúa la gente!–? ¡Qué terrible esta cuestión de que unos vean moros con tranchetes en donde otros, la mayoría, la gente normal y corriente, los niños y jóvenes, sólo ven diversión, alegría, regocijo, fantasía, pasatiempo...! ¡Harry Potter, ese alquimista, mago y brujo, en cualquiera de sus versiones, tiene récords de venta, de aceptación! ¡Y su autora..., multimillonaria!

La alquimia, por supuesto, ha desempeñado un papel tan trascendental, tan decisivo, en la vida y el desarrollo de la Humanidad, que fue considerada siempre una ciencia..., específicamente hasta más o menos el siglo XVIII, y a regañadientes, justamente por la persecución que tuvo esta práctica y sus practicantes. Fue gracias a la alquimia que aparecieron los sistemas de destilación, de sublimación –transformación directa de un sólido en vapor sin pasar por el estado líquido–. Gracias a la alquimia apareció el “alambique”, tan bueno para hacer vinos, rones, “chupes” –¡eso sí es hacer oro!–. El alambique, al parecer, fue descubierto por los griegos, pero lo describió, y algo así como que “lo patentó”, una judía, María la Judía, gracias a la cual utilizamos el “baño de María” o “baño María”. Ya aquí, en estos momentos, tenemos que hablar de la participación de las mujeres en la alquimia. Esta participación es más grande que lo que cualquiera pudiera pensar. Y no me refiero a las llamadas “brujas”: entre 1560 y 1760 en Europa se asesinaron a más de 100 mil mujeres, la mayoría de las cuales no era otra cosa que magníficas químicas, farmacólogas, médicos, alquimistas, inventoras, innovadoras... ¿Y quién lidereó estos asesinatos y persecuciones? ¡El “episodio” y los “autores” ya se conocen...! ¡Qué bueno que los “autores” no le pudieron echar mano a la polaca Marie Curie, dos veces Premio Nóbel! ¿Se imaginan...?, ¡la habrían quemado por alquimista, por bruja!

Es muy interesante analizar la vida de las mujeres alquimistas. Fueron muchas, cientos. Pero siempre hay alguien “más importante en todo”. Y aquí aparece la primer mujer alquimista de la historia, María la Judía, a la que se le conoce también como “La Eva de la Alquimia”. ¡Tremenda mujer! Y también qué bueno que nació en Alejandría, para el siglo II d.C., de Nuestra Era. ¡De lo que se salvó! De lo contrario, ¡también la habrían quemado por alquimista, por bruja!

Muchos frailes también fueron alquimistas; muchos de ellos lo fueron a escondidas, y gracias a sus trabajos se conocieron, entre otras muchas cosas, los alcoholes que ayudaban a extraer la “quintaesencia” de las plantas, ese quinto elemento que se suponía existía en todos los cuerpos, lo que se podía aplicar en múltiples fórmulas y para muchos efectos. Los alquimistas, perseguidos y relegados, aislados, sin autoridad científica, desaparecieron ya en el siglo XIX. ¡Pero aparecieron con mucho poder hoy, en nuestros días, y ahí están en las librerías y las salas cinematográficas con Harry Potter y otras cintas y programas infantiles, como Los Pitufos, esos seres azules que viven en las setas, perseguidos siempre por el brujo y alquimista Gargamel, y Asterix, con más de 50 años deleitándonos a todos, con sus variados personajes y aquí el druida, el sabio, el mago Panorámix! Cuando vemos estos comics, estos libros de muñequitos, estas películas, ¡y su aceptación en las grandes masas!, entonces podemos asegurar que la desaparición y muerte en la hoguera y las cárceles de tantos alquimistas han sido reivindicadas. ¿Será que reencarnaron esos “espíritus sedientos” en la joven escritora británica Joanne Kathleen Rowling, con tan sólo 40 años, y con tanto dinero y fama hasta en China, Japón y la India, y relaciones y tiempo por delante para seguir escribiendo acerca de magia y alquimia? ¡Es un alcance universal, algo casi nunca visto! ¿Y habrá más libros de alquimia y magia y brujería? ¿Y ahora sobre qué temas tratará esta autora y otros autores que ya “se inspiraron”? ¿Y ahora qué secretos saldrán a la luz? Bueno..., esperemos... ¡Somos cientos de millones, en el mundo entero, los que esperamos ávidos! (Ruano, 2004a).

Los pueblos siempre guardan muchos secretos, secretos de todo tipo. Los pueblos, a través de los “idiomas”, a través de los “lenguajes”, siempre guardan muchos secretos..., el tiempo pasa..., la gente no recuerda... Pero esos “secretos” se conocen a través de las investigaciones de muchas ciencias y de la literatura en general: filología, historia, lingüística, traductología, filosofía, antropología, etnología, lexicogenesia, etimología, semántica, semasiología, simbología, semiótica, folclore, folclife... (Ruano, 1993; Ruano, 2003a; Ruano, 2003b; Ruano, 2003c; Ruano 2004a; Ruano, 2004b):

«La Biblia no nos llegó impuesta desde el cielo.» [...]

–La Biblia es un producto del hombre [...] No de Dios. La Biblia no nos cayó de las nubes. Fue el hombre quien la creó para dejar constancia histórica de unos tiempos tumultuosos, y ha evolucionado a partir de innumerables traducciones, adiciones y revisiones. La historia no ha contado nunca con una versión definitiva del libro [...]

–[...] Para la elaboración del Nuevo Testamento se tuvieron en cuenta más de ochenta evangelios, pero sólo unos pocos acabaron incluyéndose, entre los que estaban los de Mateo, Marcos, Lucas y Juan.

–¿Y quién escogió cuáles debían incluirse? [...] Ya hemos llegado a la ironía básica del cristianismo. La Biblia, tal como la conocemos en nuestros días, fue supervisada por el emperador romano Constantino el Grande, que era pagano.

–Yo creía que Constantino era cristiano [...]

–Sólo un poquito [...] Fue pagano toda su vida y lo bautizaron en su lecho de muerte, cuando ya estaba demasiado débil como para oponerse. En tiempos de Constantino, la religión oficial de Roma era el culto al Sol, al Sol Invictus, el Sol invencible, y Constantino era el sumo sacerdote. Tres siglos después de la crucifixión de Jesús, sus seguidores se habían multiplicado de manera exponencial. Los cristianos y los paganos habían empezado a guerrear, y el conflicto llegó a tal extremo que amenazaba con partir el imperio en dos. Constantino decidió que había que hacer algo. En el año 325 decidió unificar Roma bajo una sola religión: el cristianismo [...]

–¿Y por qué tenía que escoger un emperador pagano el cristianismo como religión oficial? [...]

–Constantino era muy buen empresario. Veía que el cristianismo estaba en expansión y, simplemente, apostó por un caballo ganador. Los historiadores siguen maravillándose de su capacidad para convertir a la nueva religión a unos paganos adoradores del sol. Con la incorporación de símbolos paganos, fechas y rituales a la creciente tradición cristiana, creó una especie de religión híbrida que pudiera ser aceptada por las dos partes.

–Transformación mágica [...]. Los vestigios de la religión pagana en la simbología cristiana son innegables. Los discos solares de los egipcios se convirtieron en las coronillas de los santos católicos. Los pictogramas de Isis amamantando a su hijo Horus, concebidos de manera milagrosa, fueron el modelo de nuestras modernas imágenes de la Virgen María amamantando al niño Jesús. Y prácticamente todos los elementos del ritual católico, la mitra, el altar, la doxología [fórmula de alabanza en honro de la Santísima Trinidad] y la comunión, el acto de «comerse a Dios», se tomaron de ritos mistéricos de anteriores religiones paganas [...]

–Los simbologistas no acabarían nunca de estudiar la iconografía cristiana. Nada en el cristianismo es original. El dios precristiano Mitras, llamado «hijo de Dios y Luz del Mundo», nació el veinticinco de diciembre, fue enterrado en una tumba excavada en la roca y resucitó al tercer día. Por cierto, el veinticinco de diciembre también es el cumpleaños de Osiris, de Adonis y de Dionisos. Al recién nacido Krishna le regalaron oro, incienso y mirra. Hasta el semanal día del Señor de los cristianos es una idea que tomaron prestada de los paganos.

–¿Cómo es eso?

–Originalmente [...], los cristianos respetaban el sabath de los judíos, el sábado, pero Constantino lo modificó para que coincidiera con el día de veneración pagana al sol [...] Hasta nuestros días, la mayoría de feligreses acude a la iglesia los domingos sin saber que están allí para rendir su tributo semanal al dios pagano del sol [...]

–¿Y qué tiene que ver todo esto con el Grial?

–Mucho [...] Durante esa fusión de religiones, a Constantino le hacía falta fortalecer la nueva tradición cristiana, y ordenó la celebración del famoso concilio ecuménico de Nicea [...]

–Durante ese encuentro [...], se debatió y se votó sobre muchos aspectos del cristianismo, la fecha de la Pascua, y el papel de los obispos, la administración de los sacramentos y, por supuesto, la divinidad de Jesús.

–No lo entiendo. ¿Su divinidad?

–[...] hasta ese momento de la historia, Jesús era, para sus seguidores, un profeta mortal... un hombre grande y poderoso, pero un hombre, un ser mortal.

–¿No el Hijo de Dios?

–Exacto. El hecho de que Jesús pasara a considerarse «el Hijo de Dios» se propuso y se votó en el Concilio de Nicea.

–Un momento. ¿Me está diciendo que la divinidad de Jesús fue el resultado de una votación?

–Y de una votación muy ajustada, por cierto [...]. Con todo, establecer la divinidad de Cristo era fundamental para la posterior unificación del imperio y para el establecimiento de la nueva base del poder en el Vaticano. Al proclamar oficialmente a Jesús como Hijo de Dios, Constantino lo convirtió en una divinidad que existía más allá del alcance del mundo humano, en una entidad cuyo poder era incuestionable. Así no sólo se sofocaban posibles amenazas paganas al cristianismo, sino que ahora los seguidores de Cristo sólo podían redimirse a través de un canal sagrado bien establecido: la Iglesia católica apostólica y romana [...]

–En el fondo era todo una cuestión de poder [...] Que Cristo fuera el Mesías era fundamental para el funcionamiento de la Iglesia y el Estado. Son muchos los estudiosos convencidos de que la Iglesia primitiva usurpó literalmente a Jesús de sus seguidores, secuestrando Su verdadero mensaje, cubriéndolo con el manto impenetrable de la divinidad y usándolo para expandir su propio poder [...]

–Y supongo que los cristianos más recalcitrantes no habrán dejado de enviarle mensajes diarios de protesta.

–¿Por qué tendrían que hacerlo? [...] La gran mayoría de los cristianos con formación conoce la historia de su fe. Jesús fue sin duda un hombre muy grande y poderoso. Las maniobras políticas soterradas de Constantino no empequeñecen la grandeza de la vida de Cristo. Nadie dice que fuera un fraude ni niega que haya inspirado a millones de personas para que vivan una vida mejor. Lo único que decimos es que Constantino se aprovechó de la gran influencia e importancia de Jesús y que, al hacerlo, le dio forma al cristianismo, convirtiéndolo en lo que es hoy.

–Pero la cuestión es la siguiente [...] Como Constantino «subió de categoría» a Jesús cuatro siglos después de su muerte, ya existían miles de crónicas sobre Su vida en las que se le consideraba un hombre, un ser mortal. Para poder reescribir los libros de historia, Constantino sabía que tenía que dar un golpe de audacia. Y ese es el momento más trascendental de la historia de la Cristiandad [...] Constantino encargó y financió la redacción de una nueva Biblia que omitiera los evangelios en los que se hablara de los rasgos «humanos» de Cristo y que exagerara los que lo acercaban a la divinidad. Y los evangelios anteriores fueron prohibidos y quemados.

–Un inciso interesante [...] Todo el que prefería los evangelios prohibidos y rechazaba los de Constantino era tachado de hereje. La palabra «herético» con el sentido que conocemos hoy, viene de ese momento de la historia. En latín, hereticus significa «opción». Los que optaron por la historia original de Cristo fueron los primeros «herejes» que hubo en el mundo.

–Por suerte para los historiadores [...] algunos de los evangelios que Constantino pretendió erradicar se salvaron. Los manuscritos del Mar Muerto se encontraron en la década de 1950 en una cueva cercana a Qumrán, en el desierto de Judea. Y también están, claro está, los manuscritos coptos hallado en Nag Hammadi en 1945. Además de contar la verdadera historia del Grial, esos documentos hablan del ministerio de Cristo en términos muy humanos. Evidentemente, el Vaticano, fiel a su tradición oscurantista, intentó por todos los medios evitar la divulgación de esos textos. Y con razón. Porque con ellos se dejaban al descubierto maquinaciones y contradicciones y se confirmaba que la Biblia moderna había sido compilada y editada por hombres que tenían motivaciones políticas; proclamar la divinidad de un hombre, Jesucristo, y usar la influencia de Jesús para fortalecer su poder (Brown, 2003: 287-292).

Por otro lado, en cuestión de religiones, generalmente confiamos en las palabras y los actos de las personas, así que basta que alguien, o que un grupo, se comporte de una u otra manera, o hable de una u otra manera para que lo asociemos con una u otra religión o credo. Claro que esto es lo habitual, pero aquí también tenemos sorpresas, secretos, y en especial porque olvidamos a veces el poder de la traición humana, de la envidia humana, del odio humano. Hay grupos que se han comportado, y se siguen comportando, de una cierta manera no precisamente por cuestiones de “fe” o de “credo”, sino por temor, porque son perseguidos o por evitar cualquier tipo de conflicto, incluyendo la muerte, como ha sido el caso de muchos judíos, conversos o no, en el mundo entero, en América, en México...(The Conquistadores and Crypto-Jews of Monterrey, de David T. Raphael y Rescoldos de Hogueras, de Julio Algazi). En cuestión de religiones encontramos casos extremos en búsqueda de la “verdadera identidad”, de las “verdaderas raíces”: de judíos a marranos o cristianos, “aparentemente”, y de cristianos a judíos otra vez, ¿aparentemente?..., como nos muestra, por ejemplo, el documental Ocho Candelas, de Sandro Halphen. En una rápida reflexión en torno a las religiones, y tomando en cuenta estos datos de individuos que no son aceptados ni “por unos” ni “por otros”, y las situaciones de religiones en contacto y sincretismo religioso, aquí entonces nos haríamos dos preguntas:

  1. ¿En qué creen, sinceramente, los que dicen que no creen?

  2. ¿En qué creen, sinceramente, los que dicen que creen?

La incomprensión lingüística –sociolingüística y sociocultural–, el no tomar en cuenta la condicionalidad histórica y social de los lenguajes, el desconocimiento de la lengua, de los dialectos, de las culturas, de los grupos de feligreses, de los discursos y textos que deciden la vida y la muerte de las religiones, la paz y los conflictos, ha tornado oscuro, a veces muy oscuro, el panorama de las religiones y las relaciones de los hombres; por eso en el cristianismo se han tomado medidas radicales que condicionaban la comunicación lingüística entre sacerdotes y feligreses (Erdely y otros, 2005: 150-151). Así, por ejemplo, ¿cómo entender que el papa Gregorio el Grande –o Gregorio el Magno–, que fue hasta nuncio en Constantinopla entre 579 y 586, no entendiera en sus tiempos el idioma griego (Baynes, 1949: 77; Meyer, 2005: 105)? ¡Y las cosas siguen igual en este siglo XXI! Entendemos que los europeos, en ciertas circunstancias, tradujeran mal, que interpretaran mal, los textos de las culturas indígenas americanas: era un encuentro inesperado, eran culturas muy alejadas en el tiempo y el espacio. ¡Pero qué tiempo hace ya que nosotros los latinoamericanos, los iberoamericanos, de lengua española, somos la inmensa mayoría en el cristianismo mundial, en el catolicismo mundial! ¡Hace siglos! Y ésta es la fecha, en lo que va del siglo XIX al siglo XXI, por lo menos, que no hay un papa que pueda establecer con nosotros los latinoamericanos un discurso claro y fluido en idioma español (Yallop, 2008a:78-80), en ninguno de sus dialectos, en ninguno de los dialectos del español de los cuatro continentes, ni en ninguno de los dialectos mayoritarios, por cantidad de hablantes, del español de América: México, Argentina, Venezuela..., ni en ninguno de los dialectos del español de América relevantes por su trascendencia cultural, literaria: México, Cuba, Chile, Argentina... ¿Cómo entender esta situación lingüística en el cristianismo con un idioma que, de por sí, es gloria de la literatura mundial? Y no me refiero solamente a Cervantes... ¿Dónde están los Lope de Vega, los Tirso, los Góngora, los Juan Ruiz de Alarcón, las Santa Teresa, las Sor Juana...? Y más recientemente, ¿dónde están las Gertrudis, las Gabriela, las Dulce María, las Elena, los Pablo, los Alejo, los Lezama, los Octavio, los Jorge Luís, los Carlos...? ¿Quién que no haya leído nuestra historia latinoamericana –que es decir alegrías (las pocas veces) y pesares (la mayoría de las veces)– a través de nuestros grandes de pura sangre latina, que no haya escuchado nuestras historias a través de nuestra lengua y nuestros dialectos, nos puede entender? ¡No todos los dolores son iguales! ¿Conocer a los demás a través de los traductores y los intérpretes en el ámbito de la religión? Ése es un compromiso muy grande... Yo, como traductor e intérprete por más de treinta años, sé que el dolor del alma y también la alegría del alma, no se pueden traducir, por lo menos con exactitud y ni de manera funcionalmente aproximada, ni en traducciones idiomáticas ni en traducciones dialectales ni en traducciones gestuales o traducciones no verbales... Si en nuestro propio terreno, en América, tenemos problemas para entendernos con una gran cantidad de nuestros guías espirituales, en nuestros propios dialectos... En realidad, a veces creemos que también muchos de nuestros mismos sacerdotes y guías espirituales de América, nativohablantes de lengua española, deben tomar cursos intensivos de “idioma español destinado al pueblo”, cursos intensivos de “cultura popular latinoamericana”, para ver si nos entendemos mejor. ¿No sería bueno ya tener un “gran jefe espiritual” de lengua española o portuguesa –considerando el caso de Brasil– en la silla de Pedro? Pero no solamente “yo” he vivido y oído y constatado “esto”. En este mundo civilizado y globalizado, con tantos adelantos científicos y técnicos, con Internet, “esto” no lo ha vivido o no lo ha oído o no lo ha constatado el que no quiere hacerlo, al que no le conviene tocar el tema o, también, el ignorante [...]

Las diferencias entre las religiones del mundo son inmensas, y no solamente por la cantidad de acólitos o miembros. Las diferencias entre las religiones de Europa –de donde hemos heredado los latinoamericanos la religión católica– son también inmensas –tomando en cuenta que hoy prácticamente no hay una sola religión reconocida y trascendental del mundo que no esté expresada de una u otra manera en ese continente–. Y las diferencias entre los cristianos de Europa son también inmensas. Imaginemos entonces cómo serán las diferencias, en todos los sentidos, entre los cristianos de occidente, y concretamente entre los católicos de occidente, y los cristianos de oriente, concretamente los católicos de oriente. Imaginemos las diferencias del cristianismo europeo con el cristianismo de otros continentes, en especial en este caso con los católicos latinoamericanos, y en concreto en países como Haití, Brasil, México, Cuba... Por otro lado, no podemos olvidar las tradicionales, y hoy todavía habituales, contradicciones entre “lo escrito” y “lo interpretado”, entre lo que se ha escrito en las biblias y concilios religiosos y cómo lo interpretan los humanos y lo ponen en práctica. Y, por si fuera poco todo esto, ahí están, sin resolver, todo lo contrario, los añejos conflictos sectarios, las guerras fratricidas de los grupos religiosos: guerras y más guerras, muertos y más muertos, atentados y más atentados... ¡En la mayoría de los casos esto es, de veras, escandaloso y ofensivo para la mayoría de los creyentes! (Erdely y otros, 2005: 167-170).

Ya al nivel del catolicismo, las diferencias entre los católicos del mundo no solamente están relacionadas con las creencias, con el culto, con la liturgia, con la memoria cultural, con la dirección de la iglesia, con el magisterio religioso, con las etnias o razas... Y recodemos aquí que existen en América hasta países seudocatólicos, malllamados “católicos”, que son marcados en muchas estadísticas como muy católicos o como casi totalmente católicos, cuando, en realidad, las cifras de las religiones que se profesan en esos países dicen lo contrario, ya sean religiones que se profesan abiertamente o, como se dice en lenguaje llano y popular, “en lo oscurito”, como es el caso del llamado “Brasil católico” –¿pero quién es, real y sinceramente, “católico” en Brasil? ¿Cómo se produce el rito católico, el culto católico, la liturgia católica, en un país como Brasil, en donde todo puede pasar en este sentido? ¡Por favor! En Brasil sólo el 57% de los brasileños es católico o “supuestamente” católico; el 41% es protestante o “supuestamente” protestante, y “¿los demás?” profesan otras religiones; pero sabemos, como buenos caribeños, que esto no es cierto. En América Latina, como dice el dicho popular, “el que no tiene de congo, tiene de carabalí”, es decir que de una manera u otra “le tiramos” a las religiones africanas y amerindias– y del “México católico” –un país constitucionalmente y oficialmente laico, desde 1857, con muchos problemas en su historia y actualidad con la Iglesia católica, con el Catolicismo, con sus directivos y líderes (Camp, 1998; Carpizo y Andrade, 2001; Carpizo, 2004; Campo, 2005; Martín, 2006; Martínez, 2007a; Martínez, 2007b; Martínez, 2008; Vallejo, 2007), en donde la realidad religiosa de este país es muy diferente a la que habitualmente se cree (Sánchez, 2006), en especial al nivel de las masas populares y también al nivel de ciertas esferas socioeconómicas altas pero con comprobadas situaciones culturales difíciles o en desventaja–. En el mundo de las religiones siempre hay violencia, conflictos políticos, conflictos sectarios, económicos, sociales, étnicos, de sexo, conflictos de poder...:

Violencia y religión forman una pareja chocante, pero histórica y numéricamente establecida: amenazas divinas proferidas en el Antiguo Testamento en contra de los enemigos de Israel; guerras de religión en el curso de las cuales el Islam y el cristianismo han tratado de conquistar el mundo; bendición de los guerreros antes del combate; guerras civiles que estallan en nombre de la fe; implicaciones en el terrorismo y el asesinato; guerras europeas del siglo XVI; conflicto en Irlanda del Norte en este siglo; fatwa; violencia entre budistas e hindúes ....

Esto también está presente en el catolicismo, lo que sigue siendo un gran problema, después de tantos siglos de desacuerdos, guerras fratricidas y cismas. Los cristianos, los católicos, no conocen la armonía. Ni la conocieron antes ni la conocen ahora: cuestión de matices. Ni en la Biblia, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento, se conoce la armonía; al contrario: guerras, amenazas, desuniones, manipulaciones de todo tipo, violencias... Por eso “hay que evitar seguir alimentando esta visión edificadora de unas iglesias que no se han ahorrado ninguna violencia y que, más bien, la han catalizado” (Antaki, 2000: 195). Las diferencias y desuniones entre los católicos del mundo son “un abismo de violenta incomprensión” (Meyer, 2005: 15). Además, la historia del catolicismo, a nivel mundial, está cargada de “individuos indignos” que han ocupado los más diversos cargos religiosos (Testory, 1949; Erdely y otros, 2005: 115; Kennedy, 2001). La historia del catolicismo, por otro lado, está cargada de groseros anacronismos, de alteraciones de hechos, de atentados contra la misma comunidad católica y contra las demás comunidades religiosas, contra la laicidad, contra los grupos de científicos e intelectuales, contra la cultura, contra el arte, contra la literatura; inclusive es difícil concebir que en pleno siglo XIX la Iglesia Católica Romana se opusiera a la democracia, a la igualdad, a la libertad, a la razón y a la ciencia; que se opusiera a la vacunación, al alumbrado de las calles, a la enseñanza de las ciencias en los seminarios... (Antaki, 2000: 189-213; Vallejo, 2007). ¿Y ahora cómo andan las cosas? ¿Cómo piensa y reacciona la Iglesia Católica Romana ante la vida y la muerte de los seres humanos, ante los tantos y complejos problemas concretos de la Humanidad?: “La estructura jerárquica, casi feudal de la Iglesia católica, hace de ella una instancia potencial de represión; desde el momento en que un hombre, o un grupo de hombres, pretende tener la verdad e imponerla a los demás, los riesgos se vuelven considerables. El Concilio de Trento [1535-1563] proclamó la infalibilidad del Papa, incluso en materia científica” (Antaki, 2000: 199). ¿No llama la atención el porqué la ciencia florece más donde existe el Protestantismo o el Judaísmo? ¿No llama la atención el porqué las religiones orientales ganan tanto terreno, día a día, en Occidente, en nuestros países, entre los católicos del mundo? La explicación es muy sencilla: las religiones orientales evitan por todos los medios enfrentarse a la ciencia, al racionalismo. En algún momento de la historia “La religión cristiana atrajo la ciencia sobre su territorio, trató de controlarla, orientarla, seducirla y, al no lograrlo, la persiguió, combatió y condenó (Antaki, 2000: 197; Robles, 2000: 141-144).

Claro está que en las religiones, y en este caso concreto en la religión judeo-cristiana, se registran cientos de nombres de mujeres y hombres, que como servidores públicos de la fe, de las enseñanzas de Yahvé y de Jesús, se han destacado en el ejercicio del magisterio religioso y también en el ejercicio del magisterio de la verdad, del magisterio del civismo, del magisterio del respeto, del magisterio del honor, del magisterio científico, del magisterio cultural y del magisterio artístico. Esto deberían saberlo los niños ya a temprana edad; esto debería saberlo toda la ciudadanía; esto debería enseñarse y enseñarse bien en las escuelas:

De la misma manera que delante de los alumnos alabamos a los grandes de las Ciencias Sociales, a Jean Jacques Rousseau –precursor y tal vez fundador de las Ciencias Sociales–, a los grandes del pensamiento griego, latino, europeo o americanista, es nuestra obligación, como hombres sensatos y de cultura, como “profesores de ciencias sociales”, también hablar de las religiones, del pensamiento religioso, de las ideas religiosas a través de los tiempos, a un nivel global, mundial, y no partiendo de ideas caducas y enfoques obsoletos, de la mentira, sino partiendo de los análisis y resultados científicos multidisciplinarios de nuestros días; no partiendo de doctrinas grupales que sólo buscan condicionar y mantener por conveniencia en la ignorancia a las masas, sino de aquellos resultados que reporten los análisis y las investigaciones aplicadas de verdaderos científicos, de verdaderos investigadores, comprometidos con el desarrollo de la Humanidad. En este sentido, y en especial para aquellas culturas en donde se observa la presencia de grandes grupos con formación judeo-cristiana, es necesario hablar del Evangelio. Tratar de evadir la filosofía del Evangelio sería un error, impropio de un pedagogo comprometido con la labor educativa, con la formación de los hombres de buena voluntad con los que soñó y por los que murió José Martí, especialmente en países en donde la religión marca decisivamente el comportamiento de las personas, en donde prácticamente todo el mundo profesa una religión o una variante sectaria judeo-cristiana. Pero también sería un gran error, tal vez mayor que el primero, no aclararle a los alumnos de ciencias sociales la función real de las religiones a través de la historia; la relación de la religión con la política, de la Iglesia con el Estado, la situación no propiamente atea –pero sí indiferente– del Estado moderno; la función de las religiones y sus variantes sectarias en los períodos de crisis económicas, sociales, culturales y políticas, en cualquiera de sus formas, en especial las más dudosas, peligrosas e incomprensibles. Es un deber del docente de ciencias sociales, de la misma manera que analiza y critica cualquier forma de dictadura, de humillación, de segregación, también criticar y denunciar los manejos turbios de determinados grupos religiosos que, en un final de cuentas, sólo han tenido como objetivos principales crear profundos traumatismos en la sociedad (Ruano, 2002).

En materia de cultura religiosa, la ignorancia crasa debe ser rechazada. Tenemos que abordar con serenidad el fenómeno religioso. La noción de laicidad se ha edificado sobre una guerra de ideas con la que seguimos traumatizados: para algunos la laicidad significa el silencio. Hoy, tenemos que aprender la tolerancia recíproca. Tenemos que enseñar la historia de las religiones, mirar la Biblia, El Corán [el Popol Buj] y demás textos sacros, con los ojos de un humanista. Ésta es la mejor forma de escapar a los fanatismos y a las sectas. La enseñanza rigurosa debe ser neutral (Antaki, 1997: 24).

Son muchos los religiosos de la cultura judeo-cristiana a los que la Humanidad les venera y les estará eternamente agradecida, por una u otra razón, razones para unos buenas y para otros malas, cuestión de gusto, enfoque, cultura o “luz natural”. Entre las cientos de mujeres famosas de la historia de la religión judeo-cristiana están Lilith, Eva, La Reina de Saba, Ruth, Judith, Esther, Ana –la abuela materna de Jesús–, María –la madre de Jesús–, Magdalena, Teresa de Cepeda y Ahumada –Teresa de Jesús–, Sor Juana Inés de la Cruz, Juana de Arco, Teresa de Calcuta... (Segura, 1998). Entre los cientos de hombres famosos de la historia de la religión judeo-cristiana están Yahvé, Baal, Beelzebub, Adán, Caín, Abel, Moisés, Noé, Abraham, Salomón, Esdras, Nehemías, Jesús –que en la Biblia llega a ser nombrado con quince nombres diferentes y que en el Islam, entre los árabes, es conocido con el nombre de Isa, que nació entre el año 6 y el año 3 a.C. y que tuvo “hermanos” y “hermanas”, a los que quién sabe por qué la Iglesia llamó “primos”. Por lógicas cuestiones atmosféricas, Jesús no pudo haber nacido en diciembre, bilingüe: hablaba arameo y griego (Antaki, 1997)–, Pedro, Pablo, Judas, Caifás, Barrabás, el canónigo polaco Nicolás Copérnico; los hermanos Cirilo y Metodio, de origen greco-eslavo; el monje y naturalista austríaco Gregorio Mendel, el sacerdote y astrofísico belga Georges Henri Lemaître, el teólogo y filósofo escocés Juan Duns Scoto, el sacerdote y filósofo inglés Guillermo de Ockham; el sacerdote, filósofo, astrónomo y matemático italiano Giordano Bruno; el sacerdote, teólogo y reformador alemán Martín Lutero; el queridísimo, respetado, elegante, encantador, hermoso, lingüista, filólogo y padre de la investigación etnohistórica y social en América, el español Bernardino de Sahagún; el sacerdote, naturalista, maestro y célebre historiador mexicano Francisco Javier Clavijero; el sacerdote, teólogo, políglota y revolucionario mexicano, venerado Padre de la Patria, Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga Mondarte Villaseñor; el cura y generalísimo mexicano José María Morelos y Pavón, quien fuera, tal vez, la personalidad más fuerte de toda la insurgencia mexicana; el sacerdote cubano Felix Varela y Morales, quien supo combinar excelentemente el magisterio cristiano con el magisterio intelectual y educativo –Instrucciones sociales y morales para la juventud e Instrucciones morales y sociales para el uso de los niños–, además de ser uno de los más exquisitos escritores del siglo XIX en América. Repito, la Humanidad estará agradecida por los siglos de los siglos con estos verdaderos ejemplos de religiosos. ¿Cómo agradecer este legado que tanto ha servido a la Humanidad? Y los nombres de estas personalidades ilustres son muchos más, y los aportes a la Humanidad de tales personalidades son muchos más (Ruano, 1984; Ruano, 1987).

Tal vez un gran problema –entre los miles de problemas que tenemos– de nosotros los latinoamericanos católicos sea el pensar que el mundo de la cristiandad, que el catolicismo, empieza en Roma y termina en América –considerando que en Roma está la dirección, el aparato gubernamental, del catolicismo occidental–, o al revés, que el catolicismo empieza en América y termina en Roma –considerando que en América se concentra más de la mitad de los católicos de todo el mundo, especialmente en Brasil–. El catolicismo es algo más que esa noción espacial nuestra: el catolicismo y sus variantes, sus grupos, sus sectas, están en el mundo entero. Y en Europa, más allá de las fronteras de Roma hay otros países, como Grecia o Rusia, que han marcado y siguen marcando, de manera decisiva, la actualidad y el futuro del cristianismo, del catolicismo –según convenga la nominación–. ¿Y qué sabemos los latinoamericanos acerca de ellos? ¡Nada! Y en el mejor de los casos ¡algo! Y los latinoamericanos sabemos que en América Latina “algo” significa “nada”, y que “la nada” siempre nos marca en el desesperado camino hacia el desarrollo y la cultura. Los problemas del cristianismo en Europa no se reducen a la tan comentada controversia entre católicos y protestantes. Ahí en Europa hay una guerra fratricida religiosa que es peor aún: la guerra entre católicos y ortodoxos, la guerra de los “iconodulas” –los que veneran imágenes– y de los “iconoclastas” –los que destruyen los iconos o imágenes–, la guerra de los “antropocéntricos” y de los “teoantrópicos”, la guerra de los cristianos de ambos mundos (Meyer, 2005), una guerra, una división, que al parecer, tiene su fecha de inicio, 1054 d.C. y que aún no ha acabado, ni acabará, tal y como andan las cosas.

Las conocidas y marcadas diferencias en el catolicismo mundial las podemos entender en el ámbito de las culturas muy alejadas en el tiempo y el espacio; pero nos preocupa que en un mismo continente, como es el caso de Europa, en donde se encuentran las sedes de la dirección de las dos grandes corrientes del catolicismo mundial: Roma-Grecia, los conflictos religiosos católicos y las fronteras que marcan las diferencias religiosas del catolicismo hoy, se encuentren en la misma situación del siglo XVI. Llama la atención que las altas jerarquías religiosas de la cristiandad mundial no hayan logrado, a estas alturas de la historia de la Humanidad, acuerdos para unir esas dos partes separadas de la cristiandad: católicos y ortodoxos. Veamos las fronteras de la cristiandad en Europa para el siglo XVI (Meyer, 2005: 16) [...]

Además, ¿por qué intentar “aferrarnos” a los “supuestos entendidos” de unas “ciertas versiones traductológicas e interpretativas” de la Biblia, y en este caso de un texto de Pablo, concretamente en el tan cuestionado versículo 16:13? Si a “aferrarnos” vamos, entonces también podríamos aferrarnos a los “clarísimos entendidos” –y no “supuestos entendidos”– de las versiones traductológicas de los textos bíblicos, de los versículos de la Biblia, que hablan acerca del matrimonio, de la relación de pareja, y de una manera clara y explícita, sin dudas, apegados totalmente a las enseñanzas de Jesús, y de su Padre Yahvé a través de él, y en este caso en los textos del Levítico, Capítulo 21, en donde se dice que los “sacerdotes”: “7 No contraerán matrimonio con mala mujer ni con vil ramera, ni con la repudiada de su marido; estando como están consagrados a su Dios [...] 13 Se casará con mujer virgen; 14 mas no con viuda, ni repudiada, ni deshonrada, ni ramera, sino con una doncella de su pueblo. 15 No mezclará la sangre de su linaje con gente plebeya [...]”; en los textos de Ezequiel, Capítulo 44, que registra que los sacerdotes: “22 [...] no se desposarán con viuda, ni con repudiada, sino con una virgen del linaje de la casa de Israel; pero podrán también desposarse con viuda, que lo fuere de otro sacerdote”. En los textos de Timoteo –en donde también interviene directamente Pablo–, que fue alumno de Pablo, que fue instruido y aleccionado por Pablo, se habla del “casamiento de los sacerdotes”. ¿O acaso no?: “2. Por consiguiente es preciso que un obispo sea irreprensible, que no se haya casado sino con una sola mujer, sobrio, prudente, grave, modesto, casto, amante de la hospitalidad, propio y capaz para enseñar” (1 Timoteo). Pero además, el mismo Pablo, que estaba preso en esos momentos, advierte a Timoteo que pueden aparecer “determinadas personas” que intenten prohibir el matrimonio. En el Capítulo 4 de 1 Timoteo dice lo siguiente:

Predice que algunos hombres pérfidos enseñarán varios errores; lo exhorta a la vigilancia pastoral, y a que ejercitándose en la piedad, sea, aunque joven, un perfecto modelo de los demás.

1 Pero el Espíritu Santo dice claramente, que en los venideros tiempos han de apostatar algunos de la fe, dando oídos a espíritus falaces, y a doctrinas diabólicas, 2 enseñadas por impostores llenos de hipocresía, que tendrán la conciencia cauterizada o ennegrecida de crímenes, 3 quienes prohibirán el matrimonio, y el uso de los manjares, que Dios creó para que los tomasen con hacimiento de gracias los fieles, y los que han conocido la verdad

En este caso de celibato y matrimonio al nivel de la religión judeo-cristiana, de la misma manera que acerca de muchas otras cosas que aparecen en el Nuevo Testamento, seguimos pensando que hay que tener mucho cuidado con las ideas, comentarios y recomendaciones que hacen “ciertos individuos con ciertas apariencias de autoridades religiosas”, es decir “falsos profetas”, que no expresan las verdaderas ideas de Jesús y sus apóstoles, que no expresan las verdaderas tradiciones de la religión judeo-cristiana, y para estar prevenidos sería bueno recordar lo que se dice en Colosenses:

Los fieles de Colosas se hallaban turbados por dos clases de seductores: los unos les enseñaban a mezclar con el Evangelio las ceremonias del Judaísmo; los otros a acercarse a Dios, mas no por Jesucristo como Mediador, sino por los ángeles, a los cuales daban ellos esta cualidad u oficio, según los principios de la filosofía platónica. San Pablo desde Roma, donde se hallaba preso, les escribe para desengañarlos de tales errores; y les da después excelentes reglas para su conducta.

Capítulo 2

Exhorta a los colosenses a que se guarden de los sofismas de los filósofos, de la superstición de los herejes, de los ritos del judaísmo, y de falsas visiones.

21 No comáis, se os dice, ni gustéis, ni toquéis esto o aquello. 22 No obstante que todas estas cosas, prescritas por ordenanzas y doctrinas humanas, son tales que se destruyen con el uso mismo que de ellas se hace. [23 Estas cosas no tienen más que una apariencia de sabiduría (o piedad); porque nacen de una falsa piedad, y de una humildad afectada que no cuida del cuerpo privándolo del sustento necesario].

También nos parece que, sin discusión alguna, a Dios Hijo, a Cristo, a Jesús, por lógica –y considerando las enseñanzas de su Padre, Yahvé, que creó a la mujer para el hombre–, le habría agradado en el pasado y le agradaría en la actualidad mucho más una “conducta lógica”, consecuente con esa “imagen y semejanza” y con el Evangelio; una conducta normal, honorable, de sus clérigos y no unas ciertas y humillantes “perversiones de la carne”, entre otras perversiones y desatinos, que así como hoy existen también en la antigüedad existieron, o de lo contrario no aparecerían dos libros: 1 Timoteo y 2 Timoteo, entre otros libros, dirigidos ex profeso a los “gravísimos cargos del ministerio episcopal” y a las “maneras de comportarse”.

Por otro lado, es muy probable que Pablo hubiera sido casado, o que hubiera tenido relaciones sexuales “con mujeres”, y hasta que hubiera tenido descendientes, dado su origen judío: el matrimonio y la procreación, la descendencia, son rasgos característicos del Judaísmo (Wight, 1981; Edersheim, 1990), en donde la edad promedio para el matrimonio en esa época era de entre 18 y 20 años. En la Biblia hebrea no se considera el celibato ni para hombres ni para mujeres como algo bueno, sino todo lo contrario. En el Antiguo Testamento, en la Biblia, en los textos originales en lengua hebrea sobre todo, aparece claramente expuesto, con sus palabras, lo relacionado con el sexo, la sexualidad, la pasión, el erotismo:

Una lectura cuidadosa de las Escrituras Hebreas en cualquier traducción seria, pone en relieve, en primer lugar, que las narrativas y el lenguaje que tienen que ver con el sexo, la pasión, y el cuerpo humano, son generalmente explícitos. La lectura del original en hebreo lo es todavía más, pues evita algunos eufemismos introducidos en varias traducciones contemporáneas.

Por ejemplo, en el célebre Cantar de los cantares, obra maestra de poesía semítica que combina romance y erotismo en un formato contemplativo mutuo de la belleza física humana en una relación heterosexual, en el original la descripción de pies a cabeza del cuerpo desnudo de la mujer incluye la palabra vulva con la mayor naturalidad. Y viceversa, la descripción que hace la contraparte femenina del cuerpo desnudo de su amado utiliza una metáfora explícita para describir sus genitales, pasando por las piernas bien torneadas, los labios entreabiertos... «y todo él (es) codiciable», cierra en 5:14. En otro pasaje, El Cantar de los cantares dice así con metáforas fácilmente comprensibles:

Yo dije: Subiré a la palmera, asiré sus ramas. Deja que tus pechos sean como racimos de vid, y el olor de tu boca como de manzanas (Cantares 7:8)

De la descripción franca en lenguaje poético elevado, el texto transita hacia el deseo sexual de manera franca y describe a lo largo del capítulo distintos encuentros físico-eróticos. El hecho de que un poema erótico tan explícito sea simultáneamente considerado parte del canon inspirado hebreo es significativo, aunque no es su erotismo lo que lo califica como inspirado –su fin es representar la relación pasional entre Israel y su Dios YHWH–, el erotismo gráfico tampoco lo desautoriza. Esto es una expresión de la cosmovisión semítica de la sexualidad y el cuerpo humano en la era postsalomónica. Hace 2900 años prevalecía una percepción mucho más naturalista y sana que en el represivo medioevo monacal, en el que textos como éstos fueron censurados para imponer los prejuicios del ascetismo que ganó ascendencia (Erdely y otros, 2005: 182-183).

Y si “El cantar de los cantares” no tiene un contenido erótico, entonces por qué se le prohibía a los judíos leer este pasaje bíblico hasta la mayoría de edad, es decir, los 13 años para esa cultura. Por otro lado, también en Jeremías (Capítulo 2, Versículos 23 y 24), en Ezequiel (Capítulo 16, Versículo 23, 24, 25, y 26; Capítulo 23, Versículo 3, 20 y 21) y en Proverbios (Capítulo 5, Versículo 19) se emplea un léxico sexual y unas metáforas sexuales dando a entender varias y “policrómicas” imágenes sexuales.

El caso del “supuesto” celibato de Jesús –porque sabemos que hay otras interpretaciones acerca de su vida sexual (Baigent y otros, 1996; Picknett, 2005)– se puede explicar, además, dada la vida azarosa que llevaba El Galileo: una vida en condiciones inciertas, en la semiclandestinidad, perseguido, asediado, con varios conatos de violencia, en peligro constante hasta de perder la vida, algo que con frecuencia él mismo le comunica, le advierte, a sus discípulos... ¿Así alguien se puede casar? ¿Así alguien se debe casar? ¿Así alguien puede establecer un hogar? ¡Claro que no! ¡Sería ilógico e irresponsable! (Erdely y otros, 2005: 177-179).

¿Acaso once de los apóstoles no eran casados? ¿No tenían esposas y familias? (Erdely y otros, 2005: 83). ¿Acaso Pedro, también, no era casado? (Erdely y otros, 2005: 104, 132):

El apóstol Pedro, arquetipo mítico del papado, era casado y de eso dan cuenta al menos cuatro pasajes del Nuevo Testamento. Con base en los mismos documentos, se puede afirmar que la Biblia jamás condena per se el disfrute sexual, ni mucho menos; tampoco demoniza el placer ni representa negativamente el cuerpo humano, derribando la fábula que considera a las relaciones sexuales como pecaminosas cuando su fin no es exclusivamente reproductivo (Erdely y otros, 2005: 157-158).

Revisemos esos cuatro pasajes bíblicos:

14 Habiendo después Jesús ido a casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con calentura (Mateo, Capítulo 8).

30 Se hallaba la suegra de Simón en cama con calentura, y le hablaron luego a ella (Marcos, Capítulo 1).

38 Y saliendo Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón. Se hallaba la suegra de Simón con una fuerte calentura; y le suplicaron por su alivio (Lucas, Capítulo 4).

5 ¿Por ventura no tenemos también facultad de llevar en los viajes alguna mujer hermana en Jesucristo, para que nos asista, como hacen los demás Apóstoles, y los hermanos o parientes del Señor, y el mismo Cefas o Pedro? (1 Corintios, Capítulo 9).

Suponiendo que Jesús hubiera decidido que el celibato y la castidad eran los estados ideales de los apóstoles y sacerdotes, de las monjas, de sus seguidores..., entonces por qué escogió justamente a ese pescador galileo llamado Pedro (Erdely y otros, 2005: 180), que estaba casado –que fue uno de los tres apóstoles que en la intimidad vieron la transfiguración de Jesús, que fue el apóstol “preferido”, el primer Papa, la cabeza de la Iglesia, a quien encarga Jesús la dirección, el liderazgo, del resto de su Iglesia, que era ese hombre privilegiado que ya había tenido comunicación con el Dios Padre; pero que también traiciona tres veces al Señor–:

17 Y Jesús respondiendo, le dijo: Bienaventurado eres, Simón hijo de Joná: porque no te ha revelado eso la carne y sangre u hombre alguno, sino mi Padre, que está en los cielos. 18 Y yo te digo que tú eres Pedro, y que sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas o poder del infierno no prevalecerán contra ella. 19 Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos. Y todo lo que atares sobre la tierra, será también atado en los cielos; y todo lo que desatares sobre la tierra, será también desatado en los cielos (Mateo, Capítulo 16).

¿No sería esto una paradoja, un contrasentido, un absurdo, una incongruencia, una controversia? Solamente a un disfuncional cultural –también a un loco o un tonto– se le ocurriría hoy –se supone que ya no estamos en el medieval– analizar tajante y exclusivamente las personalidades y las conductas de los judíos de Israel, la tradición de los judíos de Israel –y en la mayoría de los casos también de los judíos de fuera de Israel–, es decir también de Yahvé o Dios Padre o Jahbulon, de Jesús, de Pedro, de Pablo, de Judas, etc., etc., etc., fuera del contexto cultural tradicional de los judíos, según las diferentes etapas de su historia, en especial en enfoques y tratamientos traductológicos, es decir sin tomar en cuenta los grandes problemas de las traducciones a los que me he referido más arriba.

En la Biblia hebrea sólo una vez se le aconseja el celibato, la abstinencia sexual –y temporal y circunstancialmente– a una persona, al profeta Jeremías, quien corría muchos riesgos, en todos los sentidos, inclusive de ser robado, asesinado, traicionado o violado sexualmente por hombres o mujeres, por estar entre personas con corazones depravados. Justamente por eso Dios le aconseja y le previene con mucho cuidado, y le precisa:

10 Y cuando hayas anunciado a ese pueblo todas estas cosas, y ellos te digan: ¿Por qué ha pronunciado el Señor contra nosotros estos grandes males o calamidades? ¿Cuál es nuestra maldad? ¿Y qué pecado es el que nosotros hemos cometido contra el Señor Dios nuestro? 11 Tú le responderás: Porque vuestros padres me abandonaron, dice el Señor, y se fueron en pos de los dioses extraños, y les sirvieron y los adoraron, me abandonaron a mí, y no guardaron mi Ley. 12 Y todavía vosotros lo habéis hecho peor que vuestros padres; pues está visto cada uno sigue la corrupción de su corazón depravado, por no obedecerme a mí (Jeremías, Capítulo 16).

Por estas causas muy concretas Jeremías no debía tener ni relaciones ni descendientes en Judea –en otro lugar sí–. Justamente debido a los desórdenes y las inmoralidades que allí en Judea imperaban, que, como se pueden ver, eran terribles, es que Dios le dice a Jeremías:

1 Me habló después el Señor diciéndome: 2 No tomarás mujer, y no tendrás hijos ni hijas en este lugar o país de Judea. 3 Porque esto dice el Señor acerca de los hijos e hijas que nacerán en este lugar, y acerca de las madres que los parirán, y acerca de los padres que los engendrarán en este país: 4 Morirán de varias enfermedades, y no serán plañidos, ni enterrados, yacerán como estiércol sobre la superficie de la tierra, y serán consumidos por la espada y el hambre, y sus cadáveres serán pasto de las aves del cielo y de las bestias de la tierra. 5 Porque esto dice el Señor: No entrarás tú en la casa del convite mortuorio, ni vayas a dar el pésame, ni a consolar; porque yo, dice el Señor, he desterrado de este pueblo mi paz, mi misericordia y mis piedades. 6 Y morirán los grandes y los chicos en este país, no serán enterrados ni plañidos; ni habrá quien en señal de luto se haga sajaduras en su cuerpo, ni se corte de raíz el cabello. 7 Ni entre ellos habrá nadie que parta el pan, para consolar al que está llorando por su difunto; ni a los que lloran la pérdida de su padre y de su madre les darán alguna bebida para su consuelo. 8 Tampoco entrarás en casa en que hay banquete, para sentarte con ellos a comer y beber; 9 porque esto dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: Sábete que yo a vuestros ojos, y en vuestros días, desterraré de este lugar la voz del gozo y la voz de la alegría, la voz del esposo y la voz o cantares de la esposa (Jeremías, Capítulo 16).

Como sabemos, en todas las religiones “los dioses y los ángeles y las divinidades lo saben todo” –tomemos en cuenta, por ejemplo, la compleja e inmensa variedad religiosa de América Latina, en especial el caso de Brasil, México, Perú, Venezuela, Cuba y Haití, en donde aparecen religiones europeas, asiáticas, amerindias y africanas, además de los mestizajes religiosos, de los sincretismos religiosos (Ruano, 2003a)– y, si quieren, los dioses también “pueden prevenir las cosas, evitar las cosas”. Así, en la religión judeo-cristiana, Dios, que también lo sabe todo, previno a tiempo a Jeremías acerca de lo que le podía pasar en Judea. Recordemos que en Judea, en el antiguo Israel, existieron dos ciudades famosas por la corrupción, por la prostitución, por la homosexualidad. En esas ciudades, llamadas Sodoma y Gomorra, la práctica de la homosexualidad había llegado a tal punto que en cierto momento los ciudadanos de Sodoma, el pueblo completo, hasta querían violar a los ángeles enviados por Dios... ¡Ni los ángeles escapaban a los “gustos” de los sodomitas, de los sométicos!, así como sucede hoy, que ni los niños, esos angelitos del Señor y de la Humanidad, escapan de las garras de los religiosos prostitutos. Afortunadamente, aquellos ángeles salieron a tiempo de Sodoma. ¡De lo que se salvaron...! Desgraciadamente, la mayoría de nuestros angelitos, es decir los niños, en situación de riesgo no pueden escapar de las persecuciones sexuales de los “adultos enfermos”:

1 Entre tanto los dos ángeles [los ángeles enviados por Dios fueron tres; pero sólo dos se dirigieron a Sodoma (Génesis, Capítulo 18)] llegaron al caer de la tarde a Sodoma, y al tiempo que Lot estaba sentado a la puerta de la ciudad. El cual luego que los vio, se levantó, y les salió al encuentro: y los adoró inclinándose hacia el suelo. Y dijo: Os ruego, señores, que vengáis a la casa de vuestro ciervo, y os hospedéis en ella: lavaréis vuestros pies, y de madrugada proseguiréis vuestro viaje: ellos respondieron: No, pues nos quedaremos a descansar en la plaza. 3 A puras instancias en fin los obligó a que se encaminasen a su casa; y entrados que fueron en ella les dispuso un banquete, y coció panes sin levadura, y cenaron. 4 Pero antes que se fuesen a acostar, cercaron la casa los vecinos de la ciudad, todo el pueblo junto, desde el más muchacho hasta el más viejo. 5 Y llamando a Lot, le dijeron: ¿En dónde están aquellos hombres que al anochecer han entrado en tu casa?; sácalos acá afuera, para que los conozcamos. 6. Salió a ellos Lot, y cerrando tras sí la puerta, les dijo: 7. No queráis, os ruego, hermanos míos, no queráis cometer esta maldad. 8 Dos hijas tengo, que todavía son doncellas: éstas os las sacaré afuera, y haced de ellas lo que gustareis: con tal que no hagáis mal alguno a estos hombres, ya que se acogieron a la sombra de mi techo. 9 Mas ellos respondieron: Quita allá. Y aún añadieron: Viniste poco ha a vivir entre nosotros como extranjero: ¿y quieres ya gobernar? pues a ti te trataremos peor que a ellos. Y forcejeaban contra Lot con grandísima violencia; y ya estaban a punto de forzar la puerta. 10 Cuando he aquí que los huéspedes [los ángeles] alargaron la mano, y metieron a Lot dentro, y cerraron otra vez la puerta. 11 Y a los de afuera, del menor hasta el mayor hirieron de una especie de ceguera, que no pudieron atinar más con la puerta (Génesis, Capítulo 19).

Como podemos ver, hasta el pobre, sufrido, bueno y “justo” de Lot (2 San Pedro, Capítulo 2, Versículos 7-9) iba a ser violado sexualmente por el pueblo de Sodoma.

¡Qué capacidad de ese pueblo para desde el “Bereshit”, desde “El comienzo”, desde “El Inicio”, desde “Los Primeros Tiempos”, desde el “Génesis”, comportarse de esa manera tan aberrada y corrupta! Si consideramos los “gustos pederastas” de los violadores religiosos actuales, entonces podemos inferir, imaginar, que los ángeles que iban a ser violados en Sodoma eran: “rubios, güeritos, galleguitos (en Cuba, “gallego” significa ‘blanco’, ‘rubio’), bonitos, hermosos, agraciados, galanes, lechuguinos, con ciertas dotes...” Como sabemos, los religiosos pederastas, herederos de los sodomitas, tienen “sus exquisitos gustos”, no todos los niños y niñas son violados; generalmente los niños feos (?) no son violados, sólo los “escogidos”, como demuestran algunos testimonios y declaraciones de personas violadas, familiares de violados, autoridades nacionales e internacionales, escritores y periodistas que han investigado estos actos descompuestos. Pero, como se dice en Cuba, todo parece indicar que los pederastas y violadores “a falta de pan, casabe” (el “casabe” es como una tortilla de maíz, pero de yuca), es decir, que cuando no disponen una cosa, pues agarran la otra, como sucedió cuando los sodomitas, al no poder someter y violar a los ángeles, se dirigieron contra Lot. Lot, ese personaje bíblico tan importante, que vivió aproximadamente para el siglo XIX a.C., era, en esos momentos, un anciano (Génesis, Capítulo 19, Versículo 31). ¡Qué bueno, también, que Lot pudo escapar a tiempo! ¡Lo que le esperaba!

Volviendo a Pablo, también es probable que éste considerara que en esos “momentos concretos”, en los que expresó sus comentarios acerca del celibato opcional, en Efeso para aproximadamente el año 56 de Nuestra Era –me refiero a los comentarios de Pablo que expuse más arriba–, no era necesario tener familia, descendientes, casarse, debido a, según la creencia de aquellos tiempos, la “inminente” llegada de Dios. Y si el Señor iba a llegar de un momento a otro, ¿qué razón tendría formar una familia?, lo que puede ser considerado desde varios puntos de vista.

A todos los “no clérigos” y “ciegos devotos” –pero sí ciudadanos y religiosos respetuosos de las leyes, de nuestra religión, de las religiones, de nuestra familias y del prójimo– nos queda muy claro que todos estos decretos y leyes acerca del celibato en la Iglesia Católica Romana están rodeados de absurdos e incoherencias, algunas de las cuales han sido la implantación definitiva, por parte del papa Paulo III (1468-1549, papa entre los años 1534-1549), de los edictos disciplinarios de Letrán y del establecimiento definitorio por parte de él de que se le prohibiera en la Iglesia Católica Romana el ordenamiento a hombres casados. Como sabemos ya, Paulo III o Alessandro Farnese, quien restableció la Inquisición en 1542 y marcado por el nepotismo, llevó una vida “llena de alegres pasatiempos”, es decir disoluta, tuvo varios hijos “naturales” y sus riquezas y títulos eran incontables.

Creemos que sería bueno reflexionar cuidadosamente, de manera respetuosa –tanto las autoridades gubernamentales como las autoridades religiosas como las familias como las instituciones educativas– y con mucho cuidado acerca del tradicional celibato obligatorio impuesto en el medieval por la Iglesia Católica Romana. ¡No queda de otra! ¡Hay que buscar opciones para este terrible problema de la correlación celibato-instintos sexuales y su repercusión, que afecta a miles y miles de personas, en especial a los niños! Y así, al lograr soluciones prácticas y civilizadas, muchos niños y jóvenes se verían libres de las depredaciones sexuales de los sacerdotes contaminados, y los sacerdotes contaminados podrían llevar una vida menos convulsa, menos traumática, menos inmoral; no tendrían que vivir en el sobresalto de las depresiones socio-sicológicas generadas por sus delitos sexuales y en el sobresalto de la espera de la evidencia del delito que más tarde o más temprano llega, ¡claro que llega!, ¡no tendrían que vivir escondidos y huyendo por esos caminos del Señor!, ¡no tendrían que pagar sumas millonarias para “aplacar” muchedumbres enardecidas y tratar de evadir las leyes de los hombres!, ¡no tendrían que prohibir muchos libros en las bibliotecas de las instituciones religiosas y educativas que dirigen!, y podrían dedicarse con mayor devoción y piedad ardiente al ejercicio religioso, algo que sería muy meritorio no en las áreas urbanas rodeadas de dinero, lujo, bienestar y relaciones de todo tipo –incluyendo las “dudosas”–, sino en los pueblos presociales de África y en las selvas latinoamericanas. ¡Upsssss, problemas! Recordemos que estos delitos de perversión sexual generados por clérigos o líderes religiosos, de cualquier religión, son perseguidos y sancionados, tanto en los países civilizados como en las organizaciones religiosas no corruptas. Es más, en la Biblia aparecen señalados estos actos de perversión, y en algunos casos esos actos se sancionan con la muerte misma del violador o con la prohibición de entrada al Reino de Dios –¡qué suerte que ya sabemos que esos “violadores” no podrán entrar al Reino de Dios! ¿¡Se imaginan lo contrario!? ¡De poder entrar “ellos” al Reino de Dios, se harían patentes las palabras, otra vez, del cacique Hatuey!: “si ellos entran en el Paraíso, entonces yo no quiero estar ahí.” ¡Qué maravilloso es saber que allí, en el Reino de Dios, no estarán todos estos clérigos violadores, ya fueran los “meros-meros” dirigentes y líderes de congregaciones (¡es que allí en el Paraíso no se puede dar “mordidas”!) o los pobres clérigos descastados y humillados por su raza, por su color, por su nacionalidad, por su físico, por sus limitaciones culturales, protocolares, por sus rústicas etiquetas, porque “se les sale el cobre” y por el desconocimiento de los “idiomas de cultura y caché”–:

22 No cometas pecado de sodomía, porque es una abominación (Levítico, Capítulo 18).

13 El que pecare con varón como si éste fuera una hembra, los dos hicieron cosa nefanda: mueran sin remisión, caiga su sangre sobre ellos (Levítico, Capítulo 20).

27 Del mismo modo también los varones, desechado el uso natural de la hembra, se abrasaron en amores brutales de unos con otros, cometiendo torpezas nefandas varones con varones, y recibiendo en sí mismos la paga merecida de su obcecación (Romanos, Capítulo 1).

9 ¿No sabéis que los injustos no poseerán el reino de Dios? No queráis cegaros, hermanos míos: ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, 10 ni los afeminados, ni los sodomitas, ni los ladrones, ni los avarientos, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los que viven de rapiña han de poseer el reino de Dios (1 Corintios, Capítulo 6).

8 Ya sabemos (tan bien como ellos) que la Ley es buena, para el que usa bien de ella; 9 reconociendo que no se puso la Ley o sus penas para el justo, sino para los injustos, y para los desobedientes, para los impíos y pecadores, para los facinerosos y profanos, para los parricidas, y matricidas, para los homicidas, 10 para los fornicarios, para los sodomitas, para los que hurtan hombres, para los embusteros, y perjuros, y para cuantos son enemigos de la sana doctrina (Timoteo, Capítulo 1) [...]

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