Cover of: “Comunicación no Verbal”, en Colectivo de Autores. Imagología. Todo lo que necesita saber para crear su Imagen Pública. México, Random House Mondadori-Grijalbo, pp. 139-161 | Ruano Faxas, Fernando Antonio

“Comunicación no Verbal”, en Colectivo de Autores. Imagología. Todo lo que necesita saber para crear su Imagen Pública. México, Random House Mondadori-Grijalbo, pp. 139-161

Published by Editorial Random House Mondadori-Grijalbo in 2003 .

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LA COMUNICACIÓN NO VERBAL. GENERALIDADES.

Qué es comunicación no verbal.

 Es la comunicación que se produce por cualquier medio que no sea la palabra.

 Esta comunicación se realiza:

• Entre los seres humanos: A través de:

 Cabeza, cara y cuello.
 Contacto visual.
 Postura corporal.
 Gestos.
 Piernas y pies.
 Orientación del cuerpo.
 Boca.
 Voz.
 Pelo.
 Distancia corporal.
 Olfato.
 Tacto o piel.

• Entre los seres humanos y el medio circundante. Aquí intervienen:

 Ecosistemas.
 Animales.
 Floras.
 Faunas.
 Tiempo, horario.
 Cortesías.
 Protocolos.
 Gastronomías.
 Músicas.
 Bailes.
 Vestuarios.
 Signos especializados.

Qué estudia la comunicación no verbal.

 Los mensajes que envía el cuerpo humano, a lo que se llama lenguaje corporal.

 Los signos y símbolos del medio circundante, especialmente los llamados signos internacionales, como las señales de advertencia, la información pública, las marcas de control de calidad, los símbolos matemáticos, físicos y químicos, las notas musicales, los signos de las organizaciones internacionales, los escudos y banderas, los signos deportivos, las etiquetas de lavado y planchado que aparecen en toda la ropa, y los signos y símbolos generados por las ciencias y las técnicas en general. Esta es la comunicación no verbal sígnica especializada.

En la comunicación habitual decimos más con la COMUNICACIÓN NO VERBAL que con la COMUNICACIÓN VERBAL

 A través de la comunicación no verbal decimos un................................ 93%

 A través de la comunicación verbal decimos un..................................... 7%

Tanto la comunicación no verbal de tipo corporal como la comunicación no verbal especializada, están estrechamente relacionadas con la comunicación verbal.

 Es imposible “hablar normalmente” sin hacer gestos, sin emplear la comunicación corporal. Aquí vemos claramente comunicación verbal + comunicación corporal (Ruano, 2001).

 En los lenguajes especializados científicos y técnicos aparece la estrecha relación entre las palabras especializadas, a las que les llamamos términos, y los signos o símbolos. Es de tal manera que se forman ciertas unidades especializadas, ciertas estructuras lingüísticas especializadas, del tipo Monitor en color MV740 de Compaq, MAK-500, Sistema MX 902 A, PHC Loran, en donde vemos una “nomenclatura”, unas combinaciones de palabras con letras-símbolos, de combinaciones de palabras con cifras-símbolos, de nombres de dispositivos, equipos, aparatos, firmas, sistemas, medicamentos, etc. Estas estructuras especiales del vocabulario científico y técnico se llaman nomenas –de nomenclatura–. Aquí vemos claramente comunicación verbal + comunicación no verbal sígnica especializada (Ruano, 1989).

Dentro de la comunicación no verbal de tipo sígnica especializada hay que destacar algunos códigos, dada la trascendental importancia que tienen en la vida diaria de los seres humanos. Los signos no verbales de las ciencias exactas –de la misma manera que los signos verbales de esta área–, como los de la matemática o la física, tienden a la universalidad, se entienden fácilmente por el grupo de individuos conocedores de esta ciencia o estas ciencias; pero los signos no verbales de las ciencias o las esferas sociales, del arte, de la cultura –de la misma manera que sucede con los signos verbales de las ciencias sociales y las humanidades– tienden a la confusión, a la ambigüedad, a veces no son entendidos acertadamente ni por los mismos especialistas del área. Esto es bastante frecuente en el tratamiento de los signos que se relacionan con los ámbitos sociales, humanísticos y artísticos y deportivos (Ruano y Makoviétsky, 1984).

Es por esto que ha sido necesario clasificar de manera práctica los tipos de signos, para que las personas no especializadas en el tema, pero que trabajan de una u otra manera los signos, verbales o no verbales, y sus implicaciones, puedan entender los problemas y matices sígnicos. La siguiente clasificación nos brinda un panorama funcional de los tipos de signos y códigos:

  1. Sistemas de signos lógicos o códigos lógicos (Guiraud, 1994: 61-86; Aicher y Krampen, 1991: 14). Deben proporcionar una descripción, explicación y pronóstico racionales del entorno y una efectiva regularización de los modelos de comportamiento y operaciones, así como un aumento de la función lingüística.

    Algunos ejemplos de sistema de signos al servicio de la comprensión del entorno son los procedentes del campo científico, pero también los pre-científicos –por ejemplo la astrología, la fisionomía, etc.–. Los sistemas de signos “prácticos” cuyo fin es la regularización de los modelos de comportamiento con las “señales” –en el sentido del lenguaje corriente–, las instrucciones para el manejo y los programas –por ejemplo, programas de computadoras, planos como programas de construcción y montaje, etc.–, así como los sistemas de signos que deben procurar un aumento del rendimiento de la lengua que ésta, por sí misma, no sería capaz de alcanzar. A estos sistemas pertenecen, por ejemplo, los códigos para la transmisión de lo hablado con independencia del tiempo y del espacio –escritura morse, alfabeto de las banderas, Braille–, traducciones de la lengua a otras modalidades sensoriales –en casos en que se carece de las capacidades sensoriales normales en el hombre: Braille, el lenguaje de los sordomudos con los dedos–, o los métodos auxiliares de la lengua como la gesticulación y la mímica. Cuando hablamos de “signos lógicos” o “códigos lógicos” o “señales lógicas” o “señas lógicas” o “gestos lógicos”, etc., en la comunicación humana, tenemos que recordar que “la lógica” y “lo lógico” se consideran a partir de toda una serie de circunstancias socio-lingüísticas, contextuales y espacio-temporales concretas de los grupos de usuarios de los signos, de los códigos, de las palabras, de las señales, de las señas, de los gestos, etc.... De tal manera, así como una palabra puede tener muchos significados según los dialectos sociales, geográficos y profesionales, “según los contextos”, también los signos, los dibujos, las señales, los gestos, etc., tendrán muchos significados según sean los grupos de usuarios y sus contextos. Veamos a continuación algunos signos empleados por delincuentes y por vagabundos y sus significados:

Signos de delincuentes para robar en las casas: (aparece imagen).

Signos de vagabundos : (aparece una imagen).

  1. Sistemas de signos que se utilizan como fórmulas de comportamiento en el marco de las relaciones sociales o códigos sociales (Guiraud, 1994: 107-126; Aicher y Krampen, 1991: 14). Éstos podrían denominarse códigos socio-lógicos. Con frecuencia toman las formas de modelos de comportamiento en los cuales es imprescindible la presencia física del “emisor” del mensaje. Son generalmente muy limitados en su radio de acción. Están ligados a grupos, clases, naciones, entorpeciendo, por tanto, el entendimiento internacional. En países pluriculturales y plurilingües, como es el caso de Rusia, Francia, España, México y Brasil, por mencionar solamente algunos, esta situación se complica extremadamente. También es bastante frecuente ver rupturas de estos códigos en áreas laborales, en empresas, en instituciones en donde conviven individuos de muy diversas esferas socioculturales (Ruano y Rendón, 1997; Ruano, 2003a). Recordemos los códigos de protocolo, la etiqueta, la gastronomía, especialmente las variantes de modales en la mesa y las formas en que los vivos se relacionan con los muertos, tanto en la historia como en la actualidad, en los cinco continentes.

    Debido al papel que ha desempeñado y desempeña la política en el marco del comportamiento de las masas humanas y del individuo en particular, es necesario recordar aquí la función de los símbolos a través de las culturas en el plano político-gubernamental. La “política simbólica”, que se refiere tanto a las palabras como a los gestos, a los protocolos, y también a la publicidad, la escultura, la pintura, la arquitectura, etc., se relaciona con los gobiernos, con los partidos, con los sindicatos, con los ejércitos, con las batallas, con las religiones, con los credos, etc. (Silva, 1975; Cirici, 1977; Jelin y Langland, 2003; Sala, 2003; Serrano y Pascual, 2003; Sanz, 2006):

Nada tiene de excepcional la tendencia del Franquismo a la proliferación de símbolos y al levantamiento de monumentos y estatuas, ya que es común a la mayor parte de las dictaduras habidas y por haber. Dos cuestiones principales favorecen esta circunstancia: por un lado, la ausencia de legitimidad democrática, que impulsa la búsqueda de legitimidades alternativas de corte carismático y, como consecuencia de ello, la necesidad de ensalzar simbólicamente a los detentadores del poder; por otro, la falta de pluralismo, que, junto con la ausencia de crítica interna, fomenta el culto al líder y a lo que representa, tanto por él mismo como por los que le rodean. Hasta tal punto la representación escultórica de un dictador en un espacio público está cargada de simbolismo que, no pocas veces, el derribo de su estatua significa la caída del régimen al que representa. Por el contrario, la permanencia de los símbolos, monumentos, esculturas y demás lugares de memoria de una dictadura tras su desaparición puede ser entendida por diversos grupos sociales como claro ejemplo de la subsistencia de su ideario, memoria y valores. Para estos grupos, la continuidad de los símbolos se convertiría asimismo en signo de persistencia del régimen anterior, por haber logrado uno de los objetivos para el que fueron creados: perdurar. Independientemente del grado de acuerdo con este juicio, la ocupación del espacio público por símbolos políticos de una dictadura reciente convierte a éstos en memoria histórica viva, llamada al desencuentro y a la discordia. Cuando un régimen sucede a otro violentamente, por lo general, los símbolos políticos ubicados en el ámbito urbano son retirados de inmediato. La toma de una localidad por las fuerzas franquistas durante la Guerra Civil, por ejemplo, era seguida inmediatamente por la retirada de aquellos rótulos callejeros cuyos nombres recordaban a personajes o hechos relacionados con el régimen republicano. Incluso cuando el cambio no se produce de forma violenta, como ocurrió unos años antes con la llegada de la II República, los lugares de memoria, en este caso de memoria monárquica, pueden verse afectados. Sin embargo, cuando las dictaduras no caen estrepitosamente, sino que desaparecen fruto de un proceso de transición democrática, hay cuestiones delicadas, como las relacionadas con la memoria, que no sólo no son tratadas por ser necesario atender a otras prioridades (la configuración de un nuevo marco político e institucional), sino por evitar males mayores (la involución de los sectores más reacios a las reformas, la amenaza de un golpe de Estado o el enfrentamiento civil). No obstante, los problemas aplazados siguen sin estar resueltos y, tranquilizadas las convulsas aguas de la transición y de la consolidación democráticas, al cabo del tiempo vuelven a aflorar. La retirada de los símbolos puede aplazarse estratégicamente, e incluso es posible que en un primer momento, al iniciarse la transición, ni tan siquiera se plantee qué hacer con ellos, pero una vez desactivado el peligro involucionista y consolidado el nuevo sistema político, su presencia incómoda abrirá la discusión sobre lo adecuado o no de su permanencia. Su carga simbólica, su contradicción con el nuevo sistema y, especialmente, su encarnación de la memoria representada, a la que su presencia dota de lo que podemos denominar “razón histórica”, inevitablemente convoca a partidarios y detractores a un enfrentamiento más o menos definido. Precisamente, como he señalado al comienzo, la discusión (y las propuestas realizadas en torno a ella), por producirse la disputa en un terreno simbólico, suele ser poco moderada. Para sus defensores, la supervivencia de los símbolos será sinónimo de victoria; para los contrarios a su presencia, la retirada saldará las cuentas, eliminando con ellos un pasado y una memoria indeseables. En cualquier caso, cuatro son las cuestiones básicas que confluyen en el estudio de los símbolos políticos, y que, por tanto, son susceptibles de ser estudiadas en este o en cualquier otro caso: la representación simbólica del poder; las políticas públicas de implantación de símbolos y de creación de una memoria (en el caso que nos ocupa, tanto las del Franquismo como las llevadas a cabo durante la Transición); la formación de identidades políticas y los fenómenos de socialización política e ideologización ciudadana; y determinados procesos de movilización social (Sanz, 2006) [...]

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