Cover of: Algunos recursos para valorar la comunicación a través del lenguaje oral, del lenguaje escrito y del lenguaje corporal: El área geográfica y los climas, Esferas socioculturales, Los estilos, La edad, El sexo, El tabú y la Comunicación no verbal | Ruano Faxas, Fernando Antonio

Algunos recursos para valorar la comunicación a través del lenguaje oral, del lenguaje escrito y del lenguaje corporal: El área geográfica y los climas, Esferas socioculturales, Los estilos, La edad, El sexo, El tabú y la Comunicación no verbal

Ediciones ЯR

Published by Ediciones ЯR in 2006 .

About the Edition

Introducción................................................................... 4
1. El área geográfica y los climas.......................................... 9
2. Esferas socioculturales...................................................... 226
3. Los estilos........................................................................... 300
4. La edad................................................................................ 303
5. El sexo................................................................................. 308
6. El tabú................................................................................. 497
7. La Comunicación no verbal.................................................... 505
Bibliografía.............................................................................. 540

[...] Luego de unas ciertas y desafortunadas “reflexiones”..., comenzaron los problemas de clasificación racial, de clasificación grupal: “Al observarse por primera vez en la historia del género humano la presencia de una cuarta raza, la americana, que ponía en crisis la tradicional creencia de un mundo rigurosamente jerárquico habitado también por la triple herencia, asimismo jerarquizada, del Padre Noé [...], la jánica cara del nuevo ente histórico aparece primero como la del noble y buen salvaje, que casi de inmediato se trueca en su contrario: la del mal salvaje, no ya tan sólo bárbaro, mal menor, sino de naturaleza bestial” (Ortega, 1987:17). “Al verificarse el cruzamiento de estas tres poblaciones [indios, europeos y negros] se presentó el problema de colocar a los productos en alguno de los tres casilleros antecedentes, y en ocasiones esto no era fácil” (Aguirre, 1984: 153). También tenemos que destacar aquí que “la raza indígena”, que muchos grupos indios de América, fueron vistos como hermosos, como “de magnífica presencia”, y hasta fueron vistos “deificadamente”, con rasgos apolíneos (de Apolo) y venusinos (de Venus), y así lo hicieron constar muchos historiadores, pintores de la época de la Conquista, y ciertos códices posthispánicos (Ortega, 1987:20-21). Pero la realidad es que la dicotomía “salvajes de América” / “civilizados de Europa” nunca cambió en aquellas épocas, y que en la actualidad ¿han cambiado estos conceptos por allá por Europa, por España...? (Bitterli, 1982), ¿y hasta en los mismos Estados Unidos de Norteamérica...?
Después de varias conjeturas bíblicas y eurocentristas, obviamente hechas por los conquistadores “blancos” –que parece que olvidaron que ellos, a su vez, también fueron multiconquistados–, acerca de cómo fue que aparecimos en la tierra los “indios” de América, se generó una serie de historias fantásticas sobre el nacimiento de nuestra raza, sólo que ninguna de aquellas historias nos beneficiaba a los americanos. Muy por el contrario. Para ilustrar esta parte traemos, a modo de ejemplo, las palabras del filósofo prusiano Cornelius Paw en su libro Investigaciones filosóficas sobre los americanos, recogidas de manera crítica por Francisco Javier Clavijero:

Todos los de América son más pequeños, más deformes y más débiles, más cobardes y más estúpidos que los del Antiguo Mundo, y los que se trasladaron a ella de otra parte, inmediatamente degeneraron, así como todas las plantas de Europa trasplantadas a América.

Los hombres apenas se diferencian de las bestias; pero aun en ésta se descubren muchas señales de su degeneración: el color trigueño, la cabeza muy dura y armada de gruesos cabellos, y todo el cuerpo privado enteramente de pelo. Son brutos y débiles y están sujetos a muchas enfermedades extravagantes, causadas por el clima insalubre. Pero aun siendo así sus cuerpos, todavía son más imperfectas sus almas. Carecen de memoria, al punto que hoy no recuerdan lo que hicieron ayer. No saben reflexionar ni ordenar sus ideas, ni son capaces de mejorarlas, ni aun de pensar, porque en sus cerebros sólo circulan humores gruesos y viscosos. Su voluntad es insensible a los estímulos del amor y de cualquier otra pasión. Su pereza los tiene sumergidos en la vida salvaje. Su cobardía se manifestó en la Conquista.

Sus vicios morales corresponden a estos defectos físicos. La embriaguez, la mentira y la sodomía eran comunes en las islas, México, el Perú y en todo el Nuevo Continente. Vivían sin leyes. Las pocas artes que conocían eran muy groseras. La agricultura estaba entre ellos enteramente abandonada, su arquitectura muy mezquina, y más imperfectos todavía sus instrumentos. En todo el Nuevo Mundo no había más que dos ciudades: Cuzco, en la América Meridional, y México en la septentrional, y estas dos no eran más que dos míseras aldeas (Clavijero, 1987: 422-423).

Y ésta es solamente una de las tantas muestras de desprecio hacia América y los americanos. Al respecto hay mucho más (Clavijero, 1987; Alexander, 2008; Moreno, 1977; Moreno, 1997; Aguirre, 1984; Moore, 2008).

La historia nuestra, de los americanos, es compleja. Veamos:

  1. Población de América y particularmente la de México.

Apenas se encontrará en la Historia un problema de más difícil solución que el de la población de América, ni en cuestión en que haya habido una variedad más grande de opiniones. Puede decirse que son tantas como las de los antiguos filósofos en orden al Sumo Bien. No quiero examinarlas todas porque sería un trabajo infructuoso (Clavijero, 1987: 424).

Se ha dicho que nosotros los americanos no procedíamos de los linajes de Adán y Eva, sino de otros seres que fueron hechos por Dios –o lo que es lo mismo Yahvé o Jahbulon– antes o después de Adán y Eva, y que de ahí provenimos (Clavijero, 1987: 427). Que los mexicanos sí procedemos de un hombre como Noé, llamado Coxcox o Teocipactli, que también se salvó del diluvio universal, como Noé, en un madero tipo arca, con su mujer y sus hijos, y animales y comida, y que también usó varias aves para informarse, en particular, primero, a un carroñero llamado aura o zopilote, luego a un zunzún o chupamirto... Otras teorías religiosas acerca del “génesis novohispano” –porque también están los génesis prehispánicos del tipo del maya Popol Buj, del náhuatl Códice Chimalpopoca y del sincrético maya Chilam Balan – de los mexicanos plantean que éstos, las mexicanas y los mexicanos, provienen de Neftuim, hijo de Mesraim y nieto de Cam... ¡Con Cam y sus descendientes, específicamente con su hijo Canaán, ya estamos en un terrible problema bíblico: la maldición de Noé! Todos conocemos la historia del “hijo maldito”, de la “descendencia maldita”, del “nieto maldito: Canaán”, de la “raza maldita”, de los “esclavos de esclavos”... ¡Pero, en fin...! Por otro lado, se dice que los mexicanos descienden no solamente de Neftuim, sino también de sus otros cinco hermanos, todos hijos de Mesraim, todos nietos de Cam “el maldito”: Ludim, Anamim, Laabim, Petrusim y Casluim (Génesis, Capítulo 10). Así pensaba hasta la gran musa Sor Juana Inés de la Cruz (Clavijero, 1987: 428).
Creo que a los cubanos en esto del génesis a partir de la Colonia, nos fue peor. En una de las tantas y habituales “alucinaciones” de los “blancos” (?) conquistadores, se dice que cuando le preguntaban a los indios cubanos que de dónde ellos provenían, contestaban que “un viejo” había presentido que el mundo se iba a inundar porque Dios quería castigar los pecados de los humanos, y que entonces “el viejo” fabricó una “gran canoa” y ahí metió a la familia y a muchos animales (Clavijero, 1987: 427). Como no se cuenta en estas historias que los cubanos, que “el viejo”, echaran comida en la “gran canoa” –como hicieron los mexicanos–, imagino que con todo el tiempo que duró el diluvio y la “flojera”, la “güeba” o el “majaseo” por estar tanto tiempo en el mar, “el viejo” y su familia se habrán comido a los animales que estaban en la gran canoa, ¿o cómo fue que subsistimos entonces los cubanos?–. En esta historia sí aparece el cuervo y la paloma. No obstante, recuerdo aquí que tanto el cuervo como la paloma tuvieron mucha suerte, porque en Cuba decimos que “todo lo que camina, vuela o nada va pa’ adentro”... ¿Se imaginan lo que pudo haberle sucedido al pobre cuervo y a la pobre palomita conviviendo con esos cubanos en la “gran canoa”, en medio del mar y con ese estrés?
Claro que hay más... También dicen que cuando “el viejo” logró desembarcar, y que vio que él y su familia se habían salvado, agarró “el pomo”, empezó a “chupar”, y “se puso hasta la madre”, “se encurdó”... –dicen que con “vino”. No sé cómo sería en aquellos tiempos, pero creo que debió haber sido con algún tipo de “guárfara”, de “alcolifai”, o “chispaetren”, que es lo que generalmente tomamos los cubanos en Cuba–. Dicen que “el viejo” estuvo borracho por varios días, cosa que creo totalmente –yo, luego de un diluvio así, si me salvo, pues me pongo también hasta las chanclas, me encurdo, y no por varios días, sino ¡hasta la eternidad!–. Finalmente, cuentan que como “el viejo” se emborrachó y se despelotó, es decir se quitó toda la ropa, pues se quedó totalmente dormido, y que entonces uno de sus hijos lo vio y se rió de él, y que otro hijo lo tapó con una ropa... Entonces “el viejo”, al despertar, bendijo al que lo tapó y maldijo al que se rió de él...
Creo que ya se han percatado de que esta historia es casi la misma que la de la Biblia, pero al estilo caribeño, en donde se narra el problema de Noé, el padre, con Cam, el hijo:

18 Eran pues los hijos de Noé, que salieron del arca, Sem, Cam, y Jafet: este mismo Cam es el padre de Canaán. 19 Dichos tres son los hijos de Noé: y de ésos se propagó todo el género humano sobre la tierra. 20 y Noé que era labrador comenzó a labrar la tierra, y plantó una viña. 21 Y bebiendo de su vino, quedó embriagado y se echó desnudo en medio de su tienda. 22 Lo cual como hubiese visto Cam, padre de Canaán, esto es, la desnudez vergonzosa de su padre, salió fuera a contárselo a sus hermanos. 23 Pero Sem y Jafet echándose una capa o manta sobre sus hombros y caminando hacia atrás cubrieron la desnudez de su padre, teniendo vueltos sus rostros; y así no vieron las vergüenzas del padre. 24 Luego que despertó Noé de la embriaguez, sabido lo que había hecho con él su hijo menor, 25 dijo: Maldito sea Canaán, esclavo será de los esclavos de sus hermanos. 26 Y añadió: Bendito el Señor Dios de Sem, sea Canaán esclavo suyo. 27 Dilate Dios a Jafet, y habite en las tiendas de Sem, y sea Canaán su esclavo.

28 En fin, Noé vivió después del diluvio trescientos cincuenta años. 29 Y así todos los días que vivió fueron novecientos cincuentas años; y murió.

Es decir, que nosotros los nativos de América, que somos descendientes de asiáticos según las investigaciones científicas, no somos descendientes de Sem, que es el padre de los asiáticos según la Biblia, sino de Cam, que es el padre de los africanos, de los negros, de “la raza maldita”, según también la Biblia. ¡Qué contradicción! Veamos un poco más acerca de los descendientes de Cam y hasta dónde llegó esto, dado que ya no solamente eran los negros de África los descendientes del “maldito Cam”, sino también los indios de América. Y tanto indios como negros, es decir mongoloides y negroides, junto a los europeos, es decir caucasoides, conforman las raíces de la población americana, incluyendo la población de México (Aguirre, 1984; Rojas, 1990; Ruano, 2003a; Ramírez, 2008; Moreno, 1977; Moreno, 1997).
Pero los negros, mulatos e indios de América, los mestizos, no se quedaron con los brazos cruzados ante los insultos y las degradaciones de los blancos. Los negros respondieron a los blancos, “cuando se pudo”, por supuesto. Es así que, por ejemplo, un jamaiquino negro, Marcus Garvey, quien fuera un gran líder de su época, funda la UNIA, Universal Negro Improvement Association o Asociación Universal para el Adelanto del Negro, y entre sus escritos, especialmente en Philosophie and Opinions, aparecen interesantes comentarios y notas en donde plantea que los blancos sabían perfectamente que los egipcios eran “negros” y que habían sido célebres en la historia de la Humanidad, no obstante esos blancos callaban esto a su conveniencia, para rebajar a los negros en su condición humana y social, y que, además: “En la época en que Europa estaba habitada por una raza de caníbales, una raza de salvajes odiables y paganos, África estaba poblada de hombres negros cultivados que dominaban las artes, las ciencias y la literatura, de hombres instruidos y refinados, de hombres que parecían dioses”.
En Europa hasta el siglo XVII no existe un marcado desprecio por los negros. La imagen del negro se desvalora en el Viejo Continente en ese siglo. ¡Había que buscar una explicación funcional para legitimar la esclavitud! Bastaba con el hecho de que Noé sentenciara en la Biblia que los descendientes de Cam serían los “servidores de servidores”, los “esclavos de esclavos”, y que los estudiosos (?) del cristianismo dijeran, posteriormente, que esos “esclavos de esclavos” eran los africanos, y de paso los indios, dos grupos marcados con el estigma de naturaleza. Lo que no nos queda claro –o, más bien, ¡nos queda más que claro!– es si, a partir de ciertos discursos sociales, políticos y religiosos, “ahora ya” se tendría que suponer que las cosas cambiaron en este mundo tradicionalmente racista, escisionista, apartheidista, y que los negros y los indios –además de, por supuesto y de paso, muchos asiáticos, australianos y europeos–, “ahora ya” no viven una condición de esclavitud física, esclavitud moral, esclavitud sexual y esclavitud intelectual: ¿qué acaso se nos olvidó esta vergüenza internacional llamada “trata de personas”, “tráfico humano”, “tráfico ilegal de migrantes”, “explotación infantil”, “trabajo infantil”, “trabajo esclavo”, “taller de trabajo esclavo o taller de explotación laboral”, “explotación de grupos desplazados”, “mercado negro o economía subterránea”, “limpieza étnica”...?:

La esclavitud no es un horror felizmente relegado al olvido, sino que sigue existiendo en todo el mundo, incluso en países desarrollados como Francia y Estados Unidos. A lo largo y ancho del planeta, los esclavos trabajan, sudan y sufren. Probablemente, los zapatos que llevas puestos y la alfombra que estás pisando han sido fabricados por esclavos en Pakistán. Probablemente, los esclavos del Caribe han puesto el azúcar en tu cocina y los juguetes en las manos de tus hijos. En la India, probablemente han confeccionado la camisa que luces y han pulido el anillo que llevas en el dedo. Su trabajo no es remunerado.

Los esclavos influyen también indirectamente en tu vida. Ellos fabricaron los ladrillos para la empresa que fabricó tu aparato de televisión. En Brasil, los esclavos elaboraron el carbón vegetal que templó el acero que se utilizó para fabricar los amortiguadores de tu coche y las cuchillas de tu cortacesped. Los esclavos cultivaron el arroz con el que se alimentó la mujer que tejió la hermosa tela de tus cortinas. Tu cartera de valores y tu fondo de pensiones poseen acciones en compañías que utilizan esclavos en los países en vías de desarrollo. Los esclavos hacen posible que tus gastos se reduzcan y que aumente el valor de tus inversiones. La esclavitud es un negocio floreciente y el número de esclavos va en aumento. La gente se hace rica utilizando esclavos. Y, cuando ya no les hacen falta, los echan a la calle. Ésta es la nueva esclavitud, que se basa en los grandes beneficios y las vidas baratas. No se trata de poseer personas en el sentido tradicional de la antigua esclavitud, sino de controlarlos por completo. Las personas se convierten en herramientas desechables para hacer dinero [...]

Se podría decir que la esclavitud es una cuestión de propiedad, pero eso depende de lo que entendamos por propiedad. Antiguamente, la esclavitud consistía en que una persona poseía legalmente a otra, pero la esclavitud moderna es diferente. Hoy en día la esclavitud es ilegal en todas partes y ya no existe la propiedad legal de seres humanos. Cuando se compran esclavos en la actualidad, no se pide un recibo o un documento de propiedad, pero se adquiere el control sobre esos esclavos y se utiliza la violencia para mantenerlo. Los propietarios de esclavos disfrutan de todas las ventajas de la propiedad sin asumir ningún deber. De hecho, la falta de propiedad legal es un privilegio para los propietarios de esclavos, quienes, adquiriendo el control absoluto de lo que poseen, quedan exentos de cualquier responsabilidad (Bales, 2000).

Para dar conclusiones al respecto tal vez nos ayude el echarle una mirada a la situación que presentan estos dos grupos en la América actual, es decir a los negros y a los indios –y de paso a los mestizos y hasta a los blancos, a los que obviamente no les va mucho mejor–. En América, mientras las políticas raciales no cambien en países como Estados Unidos, Haití, Bolivia, Brasil, México, Colombia, Guatemala, Cuba, Panamá, Perú, Puerto Rico, Venezuela, Nicaragua..., entonces nada ha cambiado, todo sigue igual, y hay que buscar el cambio, por las buenas de ser posible –aunque, como muestra la historia, estos cambios sólo se logran por las malas, ¡qué pena!
El “trauma racial” ha llegado a ser tan grande en América que los esclavistas y racistas de origen peninsular, españoles y portugueses, que se consideraban a sí mismos “blancos” –pero que a los ojos de “la otra Europa” no lo eran, debido al conocido enigma étnico de Hispania– también fueron mal vistos y rechazados por otros “blancos” (?) en el Nuevo Mundo: “El mito del hombre blanco llegó a estar tan fuertemente arraigado en el pensamiento de los intelectuales latinoamericanos de orientación positivista del siglo XIX, que aun el tipo español y latino llegó a ser subestimado” (Jaramillo, 1993: 37). Pero, peor aún, este “trauma racial” de América Latina se mantuvo durante todo el siglo XX y sigue en pie con una fuerza brutal y estúpidamente desmesurada en el siglo XXI. En el siglo XX, por ejemplo, es inconcebible que en la América Latina apareciera una tan marcada preferencia por el nazismo, por el fascismo, por la Alemania hitleriana y sus aliados... ¡Háganme el favor: mestizos, los de “raza no pura”, los “no arios”...! Y sí, como ya he dicho otras veces: en esta América Latina, tan atrasada, desorientada, confundida, fanática, analfabeta, dismorfóbica, con tan poca autoestima y tan poco respeto por sí misma, como en Macondo, el pueblo ficticio de Cien Años de Soledad, la gente se levanta todo los días buscando ver a qué coño le tira para sentirse más personas, más seres humanos, menos anormales, menos burros, menos feos, menos prietos, menos pobres y menos sulacranes o tracatanes o achichincles o gatos... ¡Qué tremenda falta de respeto hacia sí mismos...! ¿Pero qué habrían pensado y qué pensarán estos tarados, estos jodidos del coco, estos cabezas huecas, estos alucinados, estos acomplejados, estos eugenésicos mestizos y traseros oscuros, prietos y deformes de la cabeza, que a ellos los nazis no los iban a confinar en campos de concentración, en campos de exterminio, que no los iban a asfixiar en las cámaras de gas...? ¡Pobre gente tarada estos nazis prietos y mestizos latinos...!:

[...] En las naciones latinoamericanas una muy buena parte de la tribuna aplaudía las acciones nazis. En México se vitoreaban las noticias favorables a Alemania y se abucheaba la información referente a los triunfos aliados.

En los albores de la década de los cuarenta, ni siquiera los gobiernos del tercer mundo ocultaban su preferencia por los nazis. En México, el propio [Manuel] Ávila Camacho [54o presidente de México, entre 1940 y 1946] presumía ser miembro del club Hípico Germánico: “le gustaba la cerveza alemana y admiraba la marcialidad y pomposidad de los desfiles militares en Berlín” [...]

Entre la sociedad civil latinoamericana se reproducían y multiplicaban las organizaciones de corte fascista [...] Todas estas agrupaciones [latinoamericanas] llevaban a cabo campañas de propaganda y emprendían acciones contra los judíos en sus respectivos países [...]

Reconociendo la importancia de la radio y las posibilidades que tenían de generar simpatías en nuestro continente [América], el aparato de inteligencia nazi tomó la decisión de utilizar a México como plataforma para la penetración ideológica de Latinoamérica. Nuestro país contaba con una ventaja fundamental: sus estaciones de radio cubrían casi todo el continente, sobresaliendo por su cobertura la XEW.

Durante los años previos a la Segunda Guerra Mundial la propaganda alemana se centró en diatribas antisemitas y en la urgencia de lograr la “higiene racial”. Para los seguidores del Führer la raza aria representaba lo mejor de la humanidad, por su parte, los teóricos del Partido Nacional Socialista, aseguraban que la decadencia de la civilización era resultado de que los arios se hubieran mezclado con otros grupos raciales. La contraposición a los arios eran los gitanos y los judíos [nada más y nada menos que el pueblo y la raza del “Jesús” o “Cristo” que tanto invocaban los nazis] Desde que Adolfo Hitler arribara al poder, convirtió a estos pueblos en el enemigo número uno de Alemania, culpándolos de todos los males económicos, políticos y culturales [...]

[Y en México, los Camisas Doradas, que eran resultado de Acción Revolucionaria Mexicanista, tenían como consigna] “Sangre judía, sangre judía y cada día más sangre judía debe fluir si deseamos salvar a nuestra patria amada [México], por esta razón deben llevarse a cabo campañas de exterminio contra los 30,000 judíos de México [en los años de 1930-1940] [...]

[...] Los servicios de inteligencia de los países del Eje [es decir los aliados de la Alemania hitleriana] utilizaron diversas posiciones en la frontera de México con Estados Unidos [...] A partir de 1940 [...] los agentes nazis y japoneses profundizaron sus acciones en nuestro territorio [en México] Una de las estrategias que recibió mayores impulsos y recursos económicos fue la dirigida a fortalecer el movimiento sinarquista mexicano.[ ] Los nazis consideraban a esta organización [es decir a la Unión Nacional Sinarquista, de México] como su aliada, por el corte fascista de la misma [...] Durante mucho tiempo, el sinarquismo [mexicano] fue controlado por una organización secreta denominada La Base, que impuso como dirigente principal, hacia los años cuarenta, a Salvador Abascal [Infante][ ]

[...] Por desgracia, así como el imperialismo inglés y norteamericano había dejado heridas en la piel de los pueblos latinos, los prejuicios, el catolicismo fanático y un mal comprendido sentimiento de desventaja económica servía la mesa para que se sentara un incomprensible e insensato odio racial. La prensa mexicana comenzaría a publicar artículos contra la comunidad judía y en defensa del movimiento nazi a partir de 1936 [...]

La campaña eugenésica promovida por los nazis también recorrió el país [de México] alcanzando su punto más alto en 1941, cuando Alfredo Saavedra, uno de los fundadores de la Sociedad Mexicana de Eugenesia[ ] recomendó al gobierno crear el Departamento de Higiene Racial. Aunque Saavedra argumentara la necesidad de que “se estudiara medidas socialmente benéficas” para el país [de México], la verdad era que su propuesta pretendía replicar a los Tribunales de Sanidad Hereditaria que operaban en Alemania desde 1934 y que eran los responsables de esterilizar, obligatoriamente, a todos los retrasados mentales, incapacitados, enfermos congénitos, alcohólicos, esquizofrénicos y cualquier otra persona que sufriera alguna de “las doce enfermedades”, determinadas por los médicos nazis como adversas al desarrollo de la raza aria [...]

La Comunidad del Pueblo Alemán en México se fundó en enero de 1935, bajo el control de Wilhelm Wirtz y Arthur Dietrich. No pasó mucho tiempo antes de que esta organización se convirtiera en la más grande del país. El trabajo de esta agrupación estaba hermanado con la labor que llevaba a cabo el entonces respetado Colegio Alemán, que a partir de 1933 fue dirigido por un miembro del partido nazi: Friedrich W. Schröter, quien abrió las puertas de la escuela a todos los niños alemanes, sin importar su clase social, con el objetivo de difundir las ideas nacionalsocialistas. Gracias a esta política, el número de alumnos se duplicó entre 1936 y 1940 [...]

[Y en México, a los alemanes “tibios” que en su momento no querían colaborar con los nazis se les intimidó con un] “terrorismo en frío” ....

¿Qué se suponía que querían los “eugenesistas” mexicanos, acabar con todos los mexicanos, dejar a México sin mexicanos? ¿Quién se suponía que iba a poblar a México: los “blancos puros de verdad”, de dónde, cuáles, on’ tan...? ¿Es que acaso los mexicanos no son, como siempre lo han sido, desde la llegada de los europeos a México, el resultado de la mezcla de tres grandes razas: asiáticos o mongoloides o amerindios o semitas o como se les quiera llamar por un lado, caucásicos o europeos o jafitas o como se les quiera llamar por otro lado y, finalmente, negros o negroides o africanos o cananeos o como se les quiera llamar? Esta gente, los eugenesistas mexicanos, o estaba en la loca total o de plano padecían “pendejitis aguda”. ¡Imaginen, nada más y nada menos que un mexicano promedio, habitual, tan mestizo como todos nosotros los latinos –y si algún latino duda lo de su mestizaje, entonces que se mire el trasero; pero que se lo mire bien, detenidamente...– hablando de “eugenesia” y de “higiene racial”...! ¡Por favor...!
Los negros, mulatos y jabados, etc., de la misma manera que los indígenas y los individuos “marcadamente mestizos”, “evidentemente mestizos”, tanto al nivel racial como al nivel lingüístico, son muy sensibles en cuanto a los temas de los conflictos étnicos, las razas, los mestizajes y sus ideas afines (Moreno, 1977; Moreno, 1997; Rojas, 1990; Bastide, 1967; Aguirre, 1984; Banton, 1983; Brady, 1965; Campos, 1998; Capotorti, 1979; Castillo, 2000; García, 1989; Goden, 1994; Ramírez, 2008; Moore, 2008). ¿Por qué? Por muy variadas razones (Stavenhagen, 2000; Stavenhagen, 2007; Moore, 2008), porque en la historia de las Américas mestizas, en la historia de las Américas negras, “casi todo” se superpone de manera triste, cruel, grotesca y hasta estúpida (Lewontin y Steven, 2003), y esta superposición en ese “casi todo” se refiere, más que nada, a la superposición de “lo terrible” y “lo peor”. Los negros, los afromestizos –y claro está que también los indios– siempre han sido, antes y ahora, los más afectados en este aspecto en América:

[...] los libros tradicionalmente refieren únicamente la saga española en el Nuevo Mundo, y en esta saga queda insumida la historicidad indígena. Se trata de una interpretación unilateral donde el indio pasa a ser el problema indio, del mismo modo que años más tarde los negros serán estudiados como el problema negro. El indio es el otro: de ahí el enorme esfuerzo de alteridad que debemos hacer para verlos en su propio devenir (Moreno, 1996: 25).

Respecto a la historia de las sociedades negras confrontamos la misma dificultad que con los indios: las fuentes no las tratan como sujetos con historicidad propia, sino integrando comunidades en función de..., que terminan constituyendo el problema negro [...] Conformando una comunidad con más hombres que mujeres, los negros, al igual que los blancos, buscaron en las indias la canalización de su vida sexual. La corona trató de evitar estas uniones que resultaban peligrosas como relación entre dos sectores sociales dominados, aunque separados entre sí, y cada uno de ellos respecto a los blancos, por las diferentes líneas de color establecidas [...] Como promedio dichos africanos tenían un nivel cultural superior al de los indios cubanos [y al de otros grupos de indios de América, salvo las conocidas excepciones en México y Perú, que prueban que en algunos casos, dentro de estos dos grupos, había comunidades con una cultura igual o superior a la de muchos conquistadores] preagroalfareros que no habían rebasado la etapa cazadora-pescadora y, sobre todo, recolectora (Moreno, 1996: 58-59).

Mala Raza. El afromestizo, de todos los resultantes de mezcla, era el que se encontraba en una situación de mayor indeseabilidad [pero que, al parecer, llegó a tener en Cuba mejores niveles de vida que el indio (Moreno, 1996: 59)]. Obligado al pago de una capitación, considerado legalmente nefando por la presencia de sus características negroides, buscaba en todas formas ocultar estos elementos. Cuando el color obscuro de la piel impedía pasar a la casta euromestiza, procuraba salir de su casillero entrando a formar parte de la casta indígena. Las características culturales heredadas de la madre facilitaban su aceptación del grupo indígena. Ocurría esto principalmente con los mulatos lobos, con los mulatos alobados y con los indios alobados que en no raras ocasiones se hacían pasar por indios puros. En los archivos de la Inquisición se encuentran expedientes relativos a estas mezclas que se hacían pasar como de “mejor casta”, intentando con ello no solamente escapar a la calificación de infamia y mala raza que sobre ellas pesaba, sino también gozar de las relativamente mejores condiciones económicas en que el indígena se movía, ya que aunque sujeto como el mulato al pago de la capitación, disfrutaba del derecho a la tierra, beneficio de que carecía el individuo de mezcla. En el Padrón de Jalapa quedó asentado el frecuente cruce de la línea de color con rumbo a la casta indígena. El funcionario no menciona, probablemente por olvido, al mulato, mas era éste, y no el mestizo o el españolo, el único interesado en realizar el pase, puesto que los últimos ni por razones de prestigio o de mejoramiento económico podían desear el cambio de casta [...]

Esta tendencia del afromestizo a ocultar su calidad influyó notablemente en el resultado de los censos [como sigue sucediendo actualmente en Cuba, Perú y Brasil, por ejemplo] que en todos los casos deben ser considerados como anotando un número mucho menor de individuos de los que en realidad existían. Hechos siempre contradictorios se presentan al investigador cuando de esta casta se trata (Aguirre, 1984: 271-272).

Pero todo esto es así, principalmente, por la forma inadecuada en que se han abordado y se siguen abordando, en que “hemos” abordado, estos “ciertos temas” complejos y estas “ciertas leyes” complejas –basados en una “relación por la conquista y la fuerza” y no en una “relación por la igualdad y la amistad”– en torno a la vida y la suerte de las razas por parte de los blancos, y también por parte de los mismos negros, mulatos, indios y mestizos (Gamio, 1993; Ramírez, 2008), por la forma inadecuada en que tradicionalmente se han enfocado, manejado y llevado a la práctica estos temas de las diferencias raciales, por los estereotipos relacionales negativos en el discurso entre unas razas y otras, entre unas comunidades y otras, entre unos grupos y otros, por no haber considerado en el pasado e inclusive ahora que en América, como en todos los demás continentes, hay “comunidades” que están llenas de “grupos”. América y sus diferentes partes: Norte, Centro, Sur, islas, etc., está plagada de comunidades con cientos y miles de grupos diferentes, muy diferentes, entre ellos, en todos los sentidos.

En el tratamiento de cuestiones raciales y mestizas frecuentemente hay juegos de palabras, giros de palabras, palabras de doble sentido, asociaciones, albures, jaranas, cuentos, dichos, adivinanzas, que no son convenientes, que son de mal gusto, que pueden herir la sensibilidad... Sí, se pueden abordar estos temas con desinhibición y apertura..., ¡al parecer y en apariencia! ¡La realidad es otra! “Unos” siempre están a la ofensiva; “otros” a la defensiva; a veces con razón, otras veces no. Sí, en el tratamiento de estos temas pueden aparecer rostros gratos, joviales, apacibles, sonrisas, risas, pueden aparecer discursos verbo-corporales “normales” (?), todo pura fachada; pero cuidado, en estos asuntos de razas y mestizajes cualquier chispa puede crear un fuego. Inclusive en Cuba, un país en donde se ha luchado tanto para eliminar el racismo y todos los problemas que de él se derivan, con leyes prácticas y tajantes al respecto, el racismo y el mestizaje tienen rostros mucho más complejos que lo cualquiera pudiera imaginar (Pérez, 1996). Hace poco, en mayo del 2005, el Señor Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, Vicente Fox, se refirió a determinadas actividades laborales que “ni los negros” querían hacer en Estados Unidos. ¡Suficiente! Se creó todo un conflicto con los negros estadounidenses. ¡Los negros de Estados Unidos querían que hasta quitaran de circulación unos sellos o estampillas que tienen a un negrito, llamado Memín Pinguín!, que es la creación artística más bonita y simpática, a imagen y semejanza de un negrito cubano, pero en México, que ha sido y sigue siendo un querido personaje de la tradición de los comics o muñequitos en los Estados Unidos Mexicanos. ¡Yo, siendo cubano, todavía no puedo creer que esto haya llegado a tal nivel! Claro que todos sabemos que la gente sabe con quién se mete. Si estas palabras que se refirieron a los negros estadounidenses las hubieran dicho el Señor Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, o el Señor Mandatario de Cuba, Fidel Castro, ¿ustedes creen que los negros de Estados Unidos habrían rezongado? En Cuba, por ejemplo, en vez de decirle “güero” –es decir “blanco” o “gallego” en Cuba– a todo el mundo, se dice “negro”, “mi negro”, “negrito”. Lo que sucede es que los negros de Estados Unidos sabían que había alguien que iba a contestar. Pero si hubiera sido con Chávez o Castro este asunto, todavía estarían esperando la contestación o ya habrían recibido una contestación, pero ya sabemos en qué términos.

El poeta cubano Nicolás Guillén le ha cantado a los negros.

NEGRO BEMBÓN.

¿Po qué te pone tan brabo,
cuando te dicen negro bembón,
si tiene la boca santa,
negro bembón?

Bembón así como ere
tiene de tó;
Caridá te mantiene, te lo dá tó.

Te queja todavía,
negro bembón;
sin pega y con harina,
negro bembón,
majagua de drí blanco,
negro bembón;
sapato de dó tono,
negro bembón.
Bembón así como ere
tiene de tó;
Caridá te mantiene, te lo dá tó.

MULATA.

Ya yo me enteré, mulata,
mulata, ya sé que dise
que yo tengo la narise
como nudo de cobbata.

Y fíjate bien que tú
no ere tan adelantá,
poqque tu boca e bien grande,
y tu pasa, colorá.
Tanto tren con tu cueppo,
tanto tren;
tanto tren con tu boca,
tanto tren;
tanto tren con tu sojo,
tanto tren.

Si tu supiera, mulata,
la vedda,
¡que yo con mi negra tengo,
y no te quiero pa na!

SI TÚ SUPIERA...

¡Ay, negra,
si tú supiera!
Anoche te bi pasá
y no quise que me biera.

A é tú le hará como a mí,
que cuando no tube plata
te corrite de bachata,
sin acoddadte de mí.
Sóngoro cosongo,
songo bé;
sóngoro cosongo
de mamey;
sóngoro, la negra
baila bien;
sóngoro de uno
sóngoro de tre.

Aé,
bengan a be;
aé,
bamo pa be;
bengan, sóngoro cosongo,
sóngoro cosongo de mamey!

BÚCATE PLATA

Búcate plata,
búcate plata,
poqque no doy un paso má:
etoy a arró con galleta,
na ma.

Yo bien sé cómo etá to,
pero biejo, hay que comé:
búcate plata,
búcate plata,
poqque me hoy a corré.

Depué dirán que soy mala,
y no me quedrán tratá,
pero amó con hambre, biejo,
¡qué ba!

Con tanto sapato nuebo,
¡qué ba!
Con tanto reló, compadre,
¡qué ba!
Con tanto lujo, mi negro,
¡qué ba!

MI CHIQUITA

La chiquita que yo tengo,
tan negra como e,
no la cambio po ninguna,
po ninguna otra mujé.
Ella laba, plancha, cose,
y sobre to, caballero,
¡como cosina!
Si la bienen a bucá
pa bailá,
pa comé,
ella me tiene que llebá,
o traé.

Ella me dise: mi santo,
tú no me puede dejá;
bucamé,
bucamé,
bucamé,
pa gosá.

TÚ NO SABE INGLÉ.

Con tanto inglé que tú sabía,
Bito Manué,
con tanto inglé, no sabe ahora
desí ye.

La mericana te buca,
y tú le tiene que huí:
tu inglé era de etrái guan,
de etrái guan y guan tu tri.

Bito Manué, tú no sabe inglé,
tú no sabe inglé,
tú no sabe inglé.

No te namore ma nunca.
Bito Manué,
si no sabe inglé,
si no sabe inglé.

PROBLEMAS DEL SUBDESARROLLO.

Monsieur Dupont te llama inculto,
porque ignoras cuál era el nieto
preferido de Victor Hugo.

Herr Müller se ha puesto a gritar,
porque no sabes el día
(exacto) en que murió Bismark.

Tu amigo Mr. Smith,
inglés o yanqui, yo no lo sé,
se subleva cuando escribes shell.
(Parece que ahorras una ele,
y que además pronuncias chel.)

Bueno ¿y qué?
Cuando te toque a ti,
mándales decir cacarajícara
y que donde está el Aconcagua,
y que quién era Sucre,
y que en qué lugar de este planeta
murió Martí.
Un favor:
que te hablen siempre en español.

Recomiendo además, leer o escuchar el poema “Esa Negra Fuló”, del escritor brasileño Jorge de Lima. Si es posible, entonces escuchar este poema en boca del actor y declamador cubano Luis Carbonell.

La poetisa mexicana Sor Juana Inés de la Cruz, “La Divina”, le ha cantado a los negros.

NEGRILLO.

–¿Ah, Siñol Andlea?
–¿Ah, Siñol Tomé?
–¿Tenemo guitarra?
–Guitarra tenemo.
–¿Sabemo tocaya?
–Tocaya sabemo.
–¿Qué me contá?
–Lo que ve.
–Pue vamo turu a Belé,
y a lan Dioso que sa yorando
le cantemo la salabanda.
–Paléceme ben.
–Y a mí tambén.
–Toca, plimo, pol tu fe.
–¡Así, así, que lo pe se me anda!
–¡Así, así, que me buye lo pe!
–Cantémole al Redentole
la bienvinira y yegara.
–Sando ronca y resfriara,
cantalemo mal, siñole.
–Récipe de la mendole
porque tengamo voz clara:
de botica un cucharara
cuanto baste a su mecé.
–Paléceme ben.
–De los branco nos guardemo,
que tosemo a lo billaco.
–Debe de tomal tabaco,
pue tanto a neglo tosemo.
A lo Pesebre yeguemo
y a lo són de trumentiyo,
guitarriya y panderiyo,
hagamo fiesta en Belé.
–Paléceme ben.
–Y a mí tambén.
–Toca, plimo, pol tu fe.
–¡Así, así, que lo pe se me anda!
–¡Así, así, que me buye lo pe!

También “Cri Cri”, es decir el célebre y encantador compositor mexicano, veracruzano, Francisco Gabilondo Soler (1907-1990), le ha cantado a los negros, al miedo creado por el racismo, a la dismorfobia, al deseo de ser blanco, a través de su linda –y triste a la vez– y muy conocida canción “Cucurumbé”: http://www.cri-cri.net/mp3/ca026.mp3 :

La Negrita Cucurumbé
se fue a bañar al mar
para ver si en las blancas olas
su carita podía blanquear.

La Negrita Cucurumbé
a la playa se acercó
envidiando a las conchitas
por su pálido color.

Quería ser blanca
como la Luna,
como la espuma
que tiene el Mar.

Un pescado con bombín
se le acercó,
y quitándose la bomba
la saludó:
¡Pero válgame Señor!
¿Pues qué no ves
que así negra estás bonita,
Negrita Cucurumbé?

Un pescado con bombín
se le acercó,
y moviendo la colita
le preguntó:
¡Pero válgame mujer!
¿Pues qué no ves
que bonita es tu carita,
Negrita Cucurumbé?

Las “confusiones de identidad” debido a factores raciales es un tema que ha sido tratado ampliamente en la cinematografía mundial, y en el cine latinoamericano son famosas películas como Honrarás a tu madre (1948) –más conocida con el nombre de Angelitos Negros–, del director Joselito Rodríguez y con la participación de Pedro Infante y Rita Montaner; Angelitos Negros (1970), del director Antulio Jiménez Pons, con la actuación de Silvia Derbez y Manuel López Ochoa; Negro es mi color (1951), del director Tito Davison, con la participación de Marga López y Rita Montaner; La Última Cena (1976), del director Tomás Gutiérrez Alea; La India Blanca (1982), del director Alberto Mariscal; Hairspray (2007), del director Adam Shankman... Las confusiones de identidad aparecen también en la mayoría de los individuos que han tenido que vivir en situaciones de totalitarismo, y aquí los signos que expresan esta confusión son, entre otros, los complejos de inferioridad, los resentimientos, las disimulaciones, las desconfianzas, los fingimientos, las hipocresías, las traiciones, pero en especial los desmedidos servilismos, las desmedidas adulaciones, los desmedidos “barbeos” –al decir de los mexicanos; es decir “guataqueos”– en todas sus manifestaciones, lo que nos recuerda el cuento o “episodio nacional en salsa verde” intitulado “El baile de los cojos”, de Marco A. Almazán, la simpática –¿o triste?– producción Los invasores de Marte, del caricaturista mexicano Trino, o el personaje “Agamenón”, el sirviente de la serie televisiva cubana “San Nicolás del Peladero” [...]

  1. El sexo.

En nuestros días es muy fácil saber acerca de la sexualidad y sus múltiples temas, en especial a través de todos los medios de comunicación masiva: radio, televisión, cine, teatro, Internet, periódicos, revistas, libros... Todo el mundo está interesado en el sexo y la sexualidad, ¡y qué bueno que esto es así! De otra manera, se correrían muchos riesgos: separaciones, divorcios, embarazos no deseados, no ser lo suficientemente atractivo o atractiva ante los ojos de la persona deseada, ser insípido o insípida en el amor y el sexo y crear así todas las condiciones para la infidelidad, no crear a tiempo las condiciones efectivo-amorosas cuando llega la etapa del cansancio y el hastío en el matrimonio o en las relaciones de pareja... Los éxitos que han tenido en todas las culturas e idiomas libros como Por qué los hombres aman a las cabronas, de Sherry Argov, demuestran que el sexo, la sexualidad, los lenguajes del amor, del erotismo y todos sus problemas y mitos son una constante en la vida de jóvenes, adultos, ¡y hasta niños! Hoy disponemos de mucha información en torno a la idea que tienen nuestros niños y jóvenes acerca de la sexualidad y de la práctica del sexo; pero es una gran tristeza, una gran pena que pagaremos muy caro, que tanto padres y familiares, como maestros, gobiernos y organizaciones religiosas prejuiciadas y prejuiciantes no accesen, por los motivos que sean, que casi siempre son ignorancia, tabú y pobreza, a esta información. Por ejemplo, es inconcebible que con los terribles datos que se tienen hoy, en pleno siglo XXI a nivel internacional acerca del VIH-SIDA, y a más de 25 años de la lucha contra esta pandemia, todavía haya que batallar encarnizadamente con algunas religiones y sus líderes para que entiendan que esta terrible enfermedad no sólo ataca a todos por igual, y en especial a los grupos vulnerables, desprotegidos, desorientados, ignorantes de los riesgos de la sexualidad descontrolada, sino que existe dentro de los mismos grupos religiosos, en especial dentro de los grupos religiosos en donde es más que conocida, y diariamente publicada a través de todos los medios de difusión masiva, la práctica sexual prostituida, homosexual descontrolada y pederasta, como es el caso de la Iglesia Católica Romana, tema que trato detalladamente más abajo.
En muchos países y culturas se han creado programas científico-educativos que tratan la sexualidad y los lenguajes del amor en todos los niveles, programas que están destinados a todo tipo de centro educativo, incluyendo aquí a las escuelas primarias y, principalmente, a los orfanatos. Sólo en las sociedades e instituciones educativas con “ciertas limitaciones de todo tipo” no existen programas avanzados de cultura sexual: ¡qué error y cuánto daño para niños y jóvenes! ¡Cuán vulnerables se hacen estos niños y jóvenes al desconocer las trampas de la sexualidad y las redes de violadores, pederastas, depredadores sexuales y caníbales sexuales, que están al acecho inclusive dentro de los mismos hogares, en la misma familia, en las escuelas, en los centros religiosos de cualquier tipo pero principalmente en las escuelas y en los seminarios religiosos, al nivel de los gobiernos y los grupos militares y policíacos, en las redes de Internet (Cacho, 2006a; Cacho, 2007; Rodríguez, 1995; Rodríguez, 2002; Guerrero, 2004; Erdely y otros, 2005; Chávez, 2006; Erdely, 2008; González, 2006a, 2006b y 2006c; Ricky Martin Foundation; PROTÉGELES; STOP PEDOFILIA; PRODENI; AFESIP; Lammoglia, 1999; Gómez Tagle, 2005; Echeburúa y Guerricachevarría, 2000; Villamil, 2006; Vera, 2008b; Cisneros, 2008; http://www.navegaprotegido.org.mx/site/03/Seguridad_ninos.aspx)! ¡Cuánta desorientación y desconocimiento en los grupos sexualmente activos acerca de la belleza y el disfrute de un sexo protegido! En todo el mundo civilizado –personas que sepan leer– existen excelentes materiales didácticos que han sido creados por especialistas reconocidos en múltiples ciencias y ramas del conocimiento, y adaptados a todos los niveles culturales y edades: infancia, adolescencia, juventud y vejez. Los pueblos, grupos, organizaciones, instituciones educativas y familias que no desarrollan adecuados programas de orientación sexual –de la misma manera que, también, adecuados programas de civismo y moralidad en situaciones de globalización–, en especial dirigidos a los grupos de riesgo, es decir niños y jóvenes, exponen a sus miembros a futuros inciertos, a traumas biológicos y afectaciones corporales y a grandes riesgos sico-sociales –incertidumbre, desconocimiento, ignorancia, desorientación, confusión, frustración, alto nivel de vulnerabilidad, desajustes cognoscitivos y culturales en relación con otros grupos sociales del mundo competitivo, minusvalía psíquica, minusvalía social, desórdenes emocionales, falta de motivación, conductas paranoicas, abusos mentales, pérdida de autoestima, trastornos de personalidad, ocultamiento de emociones, represión de los placeres, Síndrome de Peter Pan, desinterés en los desempeños, temores sociales, ausentismo escolar, disminución del aprovechamiento escolar, etc.– y riesgos socio-biológicos –manipulaciones sexuales corporales, explotación sexual, ultrajes sexuales, violaciones a hembras y varones, embarazos no deseados y no programados, enfermedades venéreas, infecciones sexuales, etc.–. Además de todos estos efectos negativos que pueden aparecer en los grupos de riesgo sexual debido a conductas sexuales negativas como son la pederastia, el abuso sexual y el acoso sexual, también pueden aparecer otras afectaciones colaterales –algunas de ellas letales– en las víctimas como gastritis, úlceras, colitis y enfermedades sexuales de todo género. Justamente debido a los conocidos alcances de las redes de explotación sexual, abuso sexual, acoso sexual y pederastia (Ricky Martin Foundation; PROTÉGELES; PRODENI; AFESIP; Cacho, 2006a; Rodríguez, 1995; Rodríguez, 2002; Guerrero, 2004; Chávez, 2006; González, 2006a, 2006b y 2006c; Vargas y Rosado, 2006: 270-274; Alcayaga, 2007; http://en.wikipedia.org/wiki/Pederasty , http://www.navegaprotegido.org.mx/site/03/Seguridad_ninos.aspx ), redes en las que aparecen involucrados estados, gobiernos, organizaciones, instituciones y personalidades de todo tipo, al nivel internacional y al nivel nacional, hombres y mujeres, desde funcionarios gubernamentales y policíacos hasta empresarios, ejecutivos, docentes, religiosos, etc., es que el trabajo del maestro, del docente, no solamente debe estar dirigido en nuestros días a la formación científica, sino también y de manera urgente, a la orientación de la sexualidad en todos los sentidos. El acoso sexual, el abuso sexual, la explotación sexual, los ultrajes sexuales, la pederastia, se producen de hombres hacia mujeres, de mujeres hacia hombres, de hombres hacia hombres, de mujeres hacia mujeres y de hombres hacia mujeres y también hacia hombres. La situación del abuso sexual a varones y la pederastia en general tiene, desgraciadamente, tales alcances en América, que autores no especializados en este difícil, complejo y penoso tema, como la conocida empresaria e imagóloga mexicana Gaby Vargas y el actor, conductor y comunicólogo mexicano Yordi Rosado han considerado “necesario” y “urgente” incluirlo en sus textos de asesoría a mujeres y hombres, en su “Manual de Supervivencia para Hombres” (Op. cit., 2006):

PELIGROS EN LA SEXUALIDAD

[...] Que no te pase

Mucha gente piensa que los abusos de tipo sexual les suceden sólo a las mujeres. Desafortunadamente, también les pasa a los hombres, sobre todo cuando son niños o adolescentes.

Actualmente el número de hombres que han sido abusados sexualmente es casi igual al de las mujeres [...]

¿Qué es el abuso sexual?

Es obligarte a realizar alguna actividad sexual que va contra tu voluntad; además, es una de las cosas más humillantes que existen. Te hace sentir culpable y vulnerable. Generalmente se convierte en el secreto más grande tu vida, pero si aún eres víctima debes decirlo para terminar con el abuso [...]

¿Qué debes hacer en caso de abuso sexual?

Hablar. Toda la solución está en hablar. No lo dudes ni un segundo. Esta pesadilla acaba cuando decides contarlo.

Para fortuna de los niños y jóvenes mexicanos y sus familiares, aunque en realidad tarde, ya se han comenzado a dar pasos firmes en la educación sexual de los estudiantes mexicanos, y de una manera científica, respetuosa, comprometida y clara. Así, por ejemplo, el Gobierno del Distrito Federal –que es la capital y además la sede de los poderes federales de los Estados Unidos Mexicanos, en donde se ha llegado a considerar que puede haber hasta más de 20 millones de ciudadanos conviviendo diariamente, por una razón u otra– ha lanzado de manera gratuita y a través de Internet el libro Tu futuro en libertad. Por una sexualidad y salud reproductiva con responsabilidad, disponible en http://www.educacion.df.gob.mx/images/libros/tufuturoenlibertad.pdf .

La sexualidad de los seres humanos está condicionada principalmente por la herencia genética, por los factores genéticos: son los factores biológicos los que determinan el deseo sexual, la excitación sexual y la actividad sexual. Y también todo esto está condicionado por los factores medioambientales, sociales y culturales: los individuos que están afectados por cargas negativas de estreses, por fuertes afectaciones y traumatismos físicos pero principalmente espirituales, los individuos marcadamente tabuizados por medios sociales y religiosos que limitan los placeres humanos normales, la incongruencia con las leyes humanas genéticamente programadas, los individuos que viven la vida, en una escala de 1 a 10, siempre por debajo del 6, los individuos con trastornos genitales, o “supuestos” trastornos genitales, que constituyen un impedimento para la sexualidad “normal” –para decirlo de alguna manera y claramente “órganos sexuales defectuosos” y también, especialmente en el caso de los hombres “un pene pequeño” que puede ser causa de traumatismo social–, los individuos que por un motivo u otro constantemente reprimen la canalización positiva y armoniosa de los placeres, los individuos con constantemente experimentan desmotivación afectivo-sexual y social, los individuos con “relojes biológicos descompuestos”... Todo esto, y mucho más, está en la base de la sexualidad normal humana.

A qué llamamos generalmente “sexo”:

El sexo es un carácter físico permanente del individuo humano, vegetal o animal, que permite distinguir, en cada especie, individuos machos e individuos hembras. La existencia de una diferenciación del sexo es uno de los caracteres más típicos de los seres vivos de organización más compleja. La diferenciación sexual determina, en lo referente a la reproducción, un tipo de funciones para cada individuo, macho o hembra. La vida sexual de los animales es un campo amplio, diverso y muy interesante (Ruano, 2004; Arnott, 2003).

El sexo, y todo lo relacionado con el sexo, siempre ha llamado la atención de los hombres en todas las culturas y a través de todos los tiempos, y también siempre, además, ha sido celebrado, festejado, y se ha relacionado directamente con la satisfacción y la felicidad humanas: “El asunto del sexo nos preocupa. Es la fuente de nuestros placeres más intensos. Frecuentemente es, también, causa de tristeza, gran parte de la cual surge de conflictos internos entre los papeles evolucionados de hombres y mujeres” (Diamond, 2000: 9). El interés de los humanos por el sexo y todo lo relacionado con éste lo demuestra el culto fálico. La vida sexual, el acto sexual y las formas de éste, han sido un constante tabú en algunas culturas, y en especial en la cultura judeo-cristiana: “Prácticamente en todas las culturas de oriente y occidente la sexualidad humana tiene, incluso en pleno siglo XXI, una carga tabú que le permite sostenerse sobre argumentos biologicistas anacrónicos” (Cacho, 2006a: 173). Todos sabemos que hoy, por lo menos en Occidente, en la mayoría de nuestros países, en América, todo lo relacionado con las conductas frívolas o sensuales o sexuales en las áreas públicas y en los centros de trabajo y los centros de estudio es visto con preocupación, y también con una cierta carga de morbosidad. En nuestros días este asunto del acto sexual y la sexualidad ha llegado a tal nivel de cuestionamiento y tratamiento que en países como Rusia han aparecido instituciones especializadas en el acto sexual en áreas no íntimas –y también íntimas–, y con nombres sugestivos, como el de “coitología”, “coitólogo”, “investigaciones y tratamientos coitológicos”, “coitología etnográfica”, “coitología práctica”, “coitología lingüística” e “Instituto de Coitología”, abordan la sexualidad desde los más inverosímiles puntos de vista. La sexualidad es tratada ampliamente por la mercadología, por la mercadotecnia, en todos los sentidos, y ejemplo de ello son las investigaciones, los resultados y los enfoques que abordan la sexualidad masculina desde el ámbito de los “metrosexuales” y los “übersexuales” (Ruano, 2003a). Investigaciones recientes acerca de la sexualidad, los cultos de la sexualidad y la sexualidad relacionada a ciertos personajes sagrados o mítico-religiosos, han expuesto, de manera clara y documentada, la otra cara de la moneda en cuanto a este tema.

¿Siempre ha existido la idea que tenemos hoy acerca de los “dos sexos”: macho y hembra, hombre y mujer? Claro que no. De la misma manera que no ha existido ni existe un único orden sociocultural que valore y establezca qué son, cómo son y para qué sirven los hombres (Lomas, 2003) y qué son, cómo son y para qué sirven las mujeres, de la misma manera que no existe un sólo sistema simbólico para clasificar a hombres y mujeres, sino que, más bien, existen múltiples mosaicos socio-culturales, en el tiempo y en el espacio, que estereotipan, identifican y dictan las normas que juzgan al hombre y a la mujer, así también la valoración de los sexos humanos tiene su larga y compleja historia:

Antes que nada, refirió Platón, tenemos que conocer la naturaleza humana y sus vicisitudes, porque nuestra índole primitiva no era como la conocida, sino diferente. En primer lugar, eran tres y no dos los géneros de los hombres. El andrógino, aunque participaba de lo masculino y femenino, era una sola cosa, como forma y nombre, príncipe de ambos sexos, masculino y femenino, y no sumido en el oprobio, según se le consideró después.

En segundo lugar, la forma de cada individuo era en su totalidad redonda, su espalda y sus costados formaban un círculo. Tenía cuatro brazos y cuatro piernas, así como dos órganos sexuales, dos rostros distintos y opuestos con sus respectivas orejas en una sola cabeza, sobre un cuello circular. Caminaba en posición erecta, hacia adelante o hacia atrás; pero si deseaba correr giraba en forma de campana, al modo de los acróbatas, con brazos y piernas al piso hasta caer en posición vertical, lo que le daba gran velocidad, semejante a la rueda.

Eran tres los géneros así constituidos, porque el macho fue en un principio descendiente del Sol, la hembra de la Tierra y el que participaba de ambos sexos provenía de la Luna, inseparable de los anteriores. Los hombres fueron circulares a semejanza de sus creadores, terribles por su vigor. Su gran arrogancia los llevó a intentar una escalada del Olimpo para desafiar a los dioses, quienes, en la duda de fulminarlos con un rayo y extirpar su linaje, como lo hicieron los gigantes, o modificarlos para no quedarse sin los sacrificios con los que los honraban, acudieron a Zeus en busca de una respuesta. Agudo, el Padre del Cielo discurrió separarlos en dos para debilitarlos, segar sus licencias y multiplicarlos en número para adquirir más devotos: “Caminarán erectos sobre las piernas –dijo ante los olímpicos– y si persisten en su arrogancia, de nuevo les cortaré en dos, para que en lo sucesivo anden en una pierna, saltando a la pata coja”.

A todo hombre que Zeus iba fragmentando, Apolo le daba vuelta al rostro a la mitad del cuello, en el sentido del corte, y lo curaba de sus heridas. Luego, a estirones, el dios sanador jalaba la piel de arriba abajo y de lado a lado para juntarla en el vientre y, como si anudara una bolsa, sellaba el sobrante en lo que llamamos ombligo. En su mayor parte, alisaba las arrugas que le quedaban y al final moldeaba sus pechos con escalpelo. Con ser laboriosa, descubrieron los inmortales que su obra fracasaba porque cada parte, al reparar en su soledad y sentirse perdida sin el cobijo faltante, emprendía la aventura de buscar su otra mitad. Parchadas, pariendo como cigarras, con los genitales hacia atrás y la cabeza adelante, aquellas criaturas sufrieron la soledad más profunda. Desasistidas, se abrazaban con tal ansiedad que no comían ni hacían nada para no separarse. Cuando una de las mitades moría de tristeza o inanición, la restante buscaba otra cualquiera y volvía a enlazarse, sin reparar en que la elegida fuera varón o lo que ahora llamamos mujer. Los seres que triunfaban sobre el hambre dejaban de reproducirse porque no hacían sino sufrir añoranza y estrecharse entre sí imbuidos de miedo; así, aquella humanidad incipiente comenzó a extinguirse en vez de multiplicarse.

Compadecido de este antecedente trágico del humano destino, Zeus discurrió otra traza para que, si en el abrazo sexual tropezaba el varón con la mujer, engendraran y perpetuaran su raza; y, si se unía macho con macho, hubiera al menos hartura, tomaran reposo y centraran su atención en el trabajo y las demás cosas de la existencia. Mudó entonces las vergüenzas de los hombres hacia adelante e hizo que mediante ellas tuviera lugar la generación en sí mismos, a través del macho en la hembra, lo que los obligaba a moverse y contraer responsabilidades

¿Cuál es la idea que tenemos hoy acerca de la sexuación? Los tiempos cambian, la ciencia y la técnica se desarrollan vertiginosamente, y de ahí que las nuevas culturas, las nuevas sociedades, necesiten forzosamente enterarse, actualizarse, acerca del “verdadero mundo” que les rodea, en todos los sentidos, y que dejen atrás “el mundo imaginario, ficticio, tabuizado y atrasado” que por herencia cultural han conocido. ¿No es justo que estos nuevos tiempos de globalización y desarrollo informativo exijan, también, del conocimiento de una “nueva política del cuerpo humano” (Boff y Muraro, 2004)?:

Cualquier mujer nacida antes del 1959 les dirá que el mayor evento de las ciencias biológicas y médicas para su generación fue el “descubrimiento” de la píldora. Ésta ha cambiado radicalmente la vida de las mujeres. Tienen la posibilidad de controlar su fecundidad y disociar la sexualidad de la procreación. Las relaciones entre hombres y mujeres cambiaron. Luego, los endocrinólogos y los bioquímicos han tenido que abandonar la idea de que sólo había dos hormonas sexuales, la masculina y la femenina, producidas por órganos específicos, el testículo y el ovario, que tienen una función específica: la diferenciación sexual. Los ovarios y los testículos producen los dos tipos de hormonas, las glándulas suprarrenales las fabricas también; estrógenos y andrógenos son muy vecinos en el plano químico y derivan del mismo metabolismo. Se ha descubierto que, en el nivel hormonal, hombres y mujeres sólo se distinguen por la relación entre esas hormonas. El sexo es así definido a partir de tasas hormonales, que son muy variables según los individuos y las edades. Además, hay una variabilidad hormonal individual.

Siempre han coexistido dos concepciones del sexo: la de un sexo único, y la que hace aparecer a los dos sexos como radicalmente diferentes. La primera concepción viene de la antigüedad; sólo hay un sexo, el masculino, representado por sus órganos genitales externos visibles. Para Aristóteles, los roles sociales de los hombres y de las mujeres, así como su cuerpo, son verdades naturales que no necesitan ser justificadas. El macho trae el principio creador y la hembra la materia. Aristóteles funda la inferioridad de la mujer respecto del hombre en una jerarquía natural. Este es el modelo “unisex”, en el cual el sexo femenino está visto como el estado inacabado del sexo masculino. Posteriormente, el siglo XVIII hace aparecer los dos sexos como radicalmente opuestos. Ya se deja de considerar los ovarios como unos testículos femeninos, se le da su nombre a la vagina, y no se piensa más que la menstruación es un medio para evacuar los humores. Hoy se necesita muy poco sexo para fabricar un embrión; la clonación es la reproducción exacta del conjunto de los caracteres hereditarios. Se trata de reproducción asexuada. La reproducción, que por fin merece ese nombre que significa una repetición de lo mismo, ya no requiere de dos sexos, le basta un solo individuo, cuyo sexo mismo importa poco ya que no necesita del otro. En el estado actual de las cosas, este sexo insignificante es necesariamente femenino, ya que un ovocito es aún indispensable para obtener un huevo, luego un embrión. Un útero es igualmente indispensable para la gestación. Cada vez menos sexo, y cada vez más tecnología. La confusión de los géneros se convierte en la prolongación, en el plano social, de la falta de relación entre sexualidad y reproducción. Estamos muy lejos de la sentencia de Simone de Beauvoir: “una no nace mujer, una se vuelve mujer” (Antaki, 2001: 82-83).

¿Y cómo se entiende lo relacionado con “el sexo” y “el género” en el uso idiomático, en los idiomas o lenguas, en los dialectos? Los criterios en torno a la “sexuación” y cómo se concibe y entiende el sexo y los géneros en los idiomas, en las lenguas, es algo antiquísimo. Los filólogos y lingüistas han tratado este tema con los puntos de vista más ingenuos, fantasiosos y también acertados (Martínez, 1974: 655-666). Los problemas de sexo y género en el uso lingüístico nos pueden quedar más claros si recordamos que en las lenguas más importantes del mundo, en las más conocidas, en las lenguas internacionales, existen tres géneros: masculino, femenino y neutro. Entonces, si a los hablantes de las lenguas, según las particularidades sociolingüísticas de cada lengua, las tradiciones, los tiempos, las influencias de otras culturas y lenguas, etc., les queda claro lo que pertenece al género masculino y lo que pertenece al género femenino, cómo y porqué existe y funciona un tercer género, que, en apariencias, indica, de entrada, la ausencia de una “categoría masculina” y de otra “categoría femenina”, la “imparcialidad entre lo femenino y lo masculino”, la acomodación entre “lo hombre” y “lo mujer”, entre “lo macho” y “lo hembra”, “lo ambiguo” –según Andrés Bello–, el “equilibrio genérico”, y de aquí la existencia de una “otra categoría” que no posee ni la primera exclusivamente: lo masculino, ni la segunda exclusivamente: lo femenino, sino que posee las dos categorías de manera integrada: lo masculino y lo femenino al mismo tiempo, lo que sería el “género neutro”:

[En idioma español] El término mismo «género» proviene del latín y era originalmente una expresión de comprensión bastante amplia con el significado de «clase» o «tipo». Los tres géneros del griego y del latín [así como también en ruso y en otros idiomas] correspondían, pues a las tres clases fundamentales en que dividía la gramática a los nombres. Las designaciones tradicionales para los tres géneros en las lenguas clásicas indoeuropeas, esto es «masculino», «femenino» y «neutro» son testimonio del nexo que vio la gramática tradicional entre sexo y género.

Está demostrado empíricamente que en la mayoría de las lenguas que tienen una categoría de género (definido como la clasificación de los sustantivos respecto a la referencia pronominal o la concordancia) esta clasificación responde a una cierta base semántica «natural».

Llámase género a un accidente gramatical, por lo común inaplicable al verbo [en hebreo y en ruso sí se aplica. Por ejemplo, para el verbo llegar: llegó > para el masculino sería prishól, para el femenino sería prishlá y para el neutro sería prishló] que «sirve para indicar el sexo de las personas y de los animales y el que se atribuye a las cosas, o bien para indicar que no se les atribuye ninguno [o que se les atribuye “el neutro”]».

Neutro. (Latín neuter ‘ni uno ni otro’, es decir, ni masculino ni femenino). a). En la gramática tradicional, el género de una clase de nombres que no es ni masculino ni femenino [...] b) Ocasionalmente, término genérico que equivale a ‘no marcado, carente de características distintivas’, etc. [...]

Neutro. (Latín neutrum, ni uno ni otro) 1 [...] En español, género gramatical opuesto al masculino y al femenino y conservado en formas específicas e invariables como el artículo lo y los pronombres ello, esto, eso, aquello [...]

[...] Dentro del género natural [...] son masculinos los nombres de macho, femeninos los de hembra y neutros los que pueden ser considerados como indiferentes, desde el punto de vista sexual [...]

En el idioma ruso [el idioma ruso es el más hablado en Europa por cantidad de hablantes nativos, y es uno de los idiomas más célebres del mundo debido a su expansión y a su trascendental literatura artística, histórica, científica y técnica. El ruso es uno de los 6 idiomas oficiales de la Organización de Naciones Unidas] los substantivos tienen tres géneros: masculino (мужской), femenino (женский) y neutro (средний).

Hay que saber distinguir el género de los substantivos, ya que los adjetivos, ciertos pronombres, los numerales ordinales y los verbos en pasado concuerdan en género con el substantivo a que se refieren, es decir, modifican la terminación según el género del substantivo a que se refieren.

En la evolución de la lengua española como lengua descendiente del latín, como dialecto del latín, las palabras del género neutro del latín se transformaron en español en palabras del género masculino: mancipium > mancebo, tempus > tiempo..., y en palabras del género femenino: sagma > jalma. Pero, de todas maneras e independientemente de los recursos que hayan adoptado los hablantes para realizar tales clasificaciones, sigue habiendo dudas, ambigüedades, en la clasificación y la nominación, como muestran algunos susbtantivos de género “epiceno” –según la Gramática tradicional– o “mezclados” –según el gran Nebrija –, asunto que también ha tratado en detalles el excelso Bello : ¿masculino o femenino, o da igual, cualquiera de los dos géneros funciona?: mare > el mar o la mar,
En la lengua española, ante “la duda” del “verdadero género” o para “aclarar” ciertas particularidades o preferencias en cuanto a género o sexo, no nos queda más que precisar. Así decimos, por ejemplo: éste sí es un hombre-“hombre”, ella es una mujer “en todos los sentidos”, Juan dijo que era un macho “macho”, Ser un macho “de a de veras”, Andrés es un hombre “muy fino”, María es “machorra”..., lo que sucede también a la hora de referirnos a ciertos animales: la rana macho, el buitre hembra, el avestruz macho, la jutía hembra, la tonina macho, la codorniz hembra, el curiel macho, el corí hembra, el leopardo macho, la cabra macho... Existe, además, la “masculinización” de nombres femeninos, es decir atribuir a hombres nombres de mujer: Guadalupe y su variante Lupe (Guadalupe Victoria, político mexicano; José Guadalupe de Anda, escritor mexicano), María (José María Arguedas, escritor peruano; José María Aznar, político español), Asunción (José Asunción Silva, poeta colombiano), Encarnación (José Encarnación "Pachencho" Romero, futbolista venezolano), Margarito (Margarito Ramírez, gobernador interino de Jalisco 1927-1929), Eulalio (Eulalio Gutiérrez, presidente de México 1914-1915), Noro (Noro Morales, músico puertorriqueño), Candelario, Eduvigio, Magdaleno...; y la “feminización” de nombres masculinos, es decir atribuir a mujeres nombres de hombre: Jesusa (Jesusa Rodríguez, actriz y directora de teatro mexicana), Petra, Camila, Pánfila... Aquí es necesario destacar, también, las extravagancias de algunas regiones, países, pueblos, comunidades religiosas y familias a la hora de poner nombres a la gente: ¡tremendo el asunto!
El sexo, la actividad sexual, normalmente implica la existencia de una pareja o unas parejas. De aquí que consideremos en la actividad sexual tres variantes relacionales o formas de relacionarse con el sexo:

  1. Relación biológica. Es un acto que realizan los seres vivos, cualquiera que sean éstos: animales o vegetales. Aquí no interviene necesariamente la parte social, no se refiere exclusivamente a los “humanos”.

  2. Relación social. Es un acto que realizan los seres vivos humanos, como mínimo entre dos seres, que “posiblemente” se realiza con amor, con una relación afectiva, con ciertas normas establecidas por los códigos sociales que van apareciendo en los tiempos históricos, en las épocas, en las diferentes culturas y áreas geográficas. Entre los seres humanos, a diferencia de los demás mamíferos –existen unas 4300 especies de mamíferos–, el acto sexual se realiza más con fines recreativos –por diversión, por el gusto, por el deseo, por las ganas– que con fines procreativos o de inseminación, independientemente de la edad y de los ciclos reproductivos de los individuos. En esta variante relacional sexual de los seres humanos se observan estilos sexuales grupales y estilos sexuales individuales. Generalmente consideramos en esta relación a la “pareja”; pero, como sabemos, existen las culturas o sociedades polígamas –más de una pareja para un sólo hombre o una sola mujer–, en donde aparece la poliginia, es decir cuando un hombre tiene más de una pareja sexual –muy común en el mundo musulmán; normal en áreas como Arabia Saudita, Emiratos Árabes y entre los musulmanes de la India, y rara en lugares como el Líbano o en países musulmanes no árabes como Turquía y Malasia. También se observa entre huicholes y coras, que son etnias descendientes de los chichimecas; entre los nahuas de Veracruz y algunos aborígenes de Norteamérica–, que generalmente son mujeres, pero que también pueden ser otros hombres con sus características sico-socio-corporales peculiares, la poliandria, es decir cuando una mujer tiene varias parejas sexuales –como en el Tíbet, los inuit o esquimales y los mosso, que es una etnia cercana al Tíbet, entre los antiguos del Hindu Kush y sus zonas adyacentes–, que generalmente son hombres, pero que también pueden ser mujeres con sus características sico-socio-corporales peculiares. Recordamos aquí que tanto la poligamia en general, como la poliginia y la poliandria en particular, presentan particularidades y matices varios según los grupos que la practican, la bigamia, término legal que se refiere a las personas que contraen más de un matrimonio, de manera ilegal o prohibida por ciertas leyes. La poliamoría, por su parte, se refiere a las relaciones íntimas, sexuales, duraderas y conscientes que se producen entre varias personas, generalmente un hombre y varias mujeres o una mujer y varios hombres; pero que puede incluir relaciones de un hombre con otras mujeres y otros hombres, y de una mujer con otros hombres y otras mujeres. El matrimonio grupal o círculo matrimonial, también llamado poligiandria –de “poliginia” y “poliandria”– es un tipo de relación afectivo-sexual en la que varios hombres y varias mujeres comparten relaciones de parentesco y se atienen por igual a las leyes establecidas para tales efectos. Al parecer, este tipo de relación ha sido común en las culturas tradicionales. Algunos ejemplos son la Comunidad Oneida, de Estados Unidos, fundada por el ministro congregacionista John Humphrey Noyes en 1848; la comuna Kerista, también estadounidense, fundada por John Presmont, llamado “Brother Jud”, al inicio de los años 60. Además, existe un tipo de matrimonio llamado “matrimonio entre personas del mismo sexo”, “matrimonio homosexual” o “matrimonio gay”, que ha existido desde la antigüedad, en diferentes países, de manera legal, con rasgos disímiles según la región, las tradiciones y las leyes. En la actualidad, este tipo de matrimonio es legal en muchos países, y tiene como patronos de esponsales a dos santos cristianos militares del siglo IV, que fueron amantes hasta la muerte: San Sergio y a San Baco (Boswell, 1992; Boswell, 1996). En otros países, como México, algunos grupos homosexuales o grupos lésbico-gay han elegido como santo patrono o santo patrón protector a San Elredo de Rievaulx o San Elredo de Rieval, monje inglés del siglo XII (Proceso, 2008, No. 1652:25-26).
    El acto sexual entre los seres humanos civilizados, generalmente y salvo raras excepciones, se realiza en privado, a diferencia de los demás animales, que lo realizan a la vista de los demás animales, en público. El acto sexual o práctica sexual entre los humanos se produce con penetración y sin penetración. Cuando el acto sexual y la eyaculación se producen por cualquier medio en donde no interviene la penetración o coito, ya sea vaginal o anal, entonces hablamos de “petting” o “faje” o “agarre”, etc.
    Existen cientos y miles de investigaciones y de textos acerca de la sexualidad y de los mecanismos de la sexualidad entre los humanos. Sencillamente las mismas posturas o formas para realizar el acto sexual, los diferentes tipos de relaciones sexuales, como: relación heterosexual, relación homosexual, ménage à trois, intercambio de parejas, relación zoofílica, sexo en grupo, relación sexual sin coito, necrofilia, paidofilia o pedofilia..., nos hablan de protocolos en extremo variados y altamente creativos, imaginativos y tabuizados o satanizados o prohibidos. Pero la mayoría de estas investigaciones, por un motivo u otro, no reflejan, por ejemplo, las estrategias verdaderas, sinceras y reales del galanteo y la sexualidad entre los humanos de áreas tan relevantes como el Caribe, de donde ha salido y sigue saliendo el mayor por ciento de mujeres ganadoras de los certámenes internacionales de belleza, y de hombres con evidentes atributos masculinos, competitivos a nivel mundial. La realidad de la sexualidad y el galanteo en el Caribe no es en lo absoluto lo que se refleja en la mayoría de los manuales occidentales que tratan los lenguajes corporales, la sexualidad y la sociología, la psicología y la imagología de la sexualidad. Esos manuales parecen cuentos infantiles a los ojos de los caribeños. ¡Nada que ver! ¡La sexualidad humana en el Caribe –de la misma manera que en otros muchos lugares del planeta– es otra realidad, totalmente diferente, desinhibida, exclusiva, explosiva, multimatizada y ardiente! ¿No hemos reflexionado acaso acerca de los cambios que produce, por ejemplo, una revolución cultural y política en las ideas y los hábitos sexuales de una comunidad?

  3. Relación individual. Es un acto que lo realiza un animal solo, un individuo solo, hombre o mujer, que se relaciona consigo mismo, y puede emplear muchos medios –objetos, animales, etc.– de satisfacción sexual que no incluyan a otro individuo humano. Aquí se destaca sobre todo el estilo relacional sexual individual, particular, sui generis, tanto por el mismo acto sexual como por todo el complejo de ideas y estímulos que lo generan. Este acto sexual consigo mismo, como el tocamiento, el amasamiento, la masturbación, la lamezón o la autosucción o chupamiento de los genitales lo realizan los seres humanos y también otros animales, como los perros, los monos, los leones, los gatos, los chivos, etc.

Todos los animales emiten, de una u otra forma, “señales sexuales”, lanzan mensajes y se comunican con lenguaje sexuales según las especies, los ecosistemas, las circunstancias concretas de apareamiento y los momentos oportunos para la reproducción, “en contexto”. En la actualidad existen por lo menos tres teorías importantes que explican de manera científica cómo se producen y qué significan las señales sexuales entre los animales, incluyendo a los humanos (Diamond, 2000: 171-195). Los animales comunican sus “mensajes sexuales” a través de su cuerpo, con su cuerpo, con su imagen corporal, con sus sonidos: el tamaño grande de un león o un hipopótamo..., una cola grande y hermosa como la del pavo real..., el olor de los desechos corporales como la orina o las heces fecales..., la pelambre..., los sonidos y colores corporales... ¡Nosotros los humanos también! Los animales son competitivos, emulativos; los humanos también. La ornamentación, la belleza, el verse bien, es importante para animales y humanos. Los animales siempre quieren mostrar sus mejores atributos. Nosotros los humanos también. Las mujeres, por ejemplo, se preocupan mucho por mostrar de manera atractiva, según el tiempo y la cultura, la cara, el pelo, los senos, la boca, la nalga... –el “eso” multiasociado y multinominado (Gortari, 1988; Laguna, 1988; Ruano, 1993), es decir la vagina, es decir el “estuche”, la “vaina”, la “envoltura”, no se ve; pero se imagina...–; y por eso llegan a gastar una fortuna en la cirugía estética del rostro, en tratamientos corporales y en toda arte de “vestimenta correctiva”... Los hombres –o una buena parte de los hombres– se preocupan también por la figura en general; pero en especial por el tamaño de sus genitales, por el tamaño del pene –que puede medir en erección en el humano entre 6 cm. y más de 25 cm., lo que al parecer favorece primeramente a negros y latinos, luego a caucásicos o europeos y finalmente a asiáticos. El tamaño del pene, especialmente en erección, sí se nota por encima de la ropa, y si no se nota, pues entonces se busca hacer notar, por variados medios–. ¿Qué hombre no se ha preocupado por el tamaño de “el mandao”, de “el paquete”, de “el bicho”, de “el travieso”, de “pepito”, de “eso” que científicamente se llama “pene” o “falo”? ¿Qué hombre no ha reflexionado acerca de las dimensiones de su “miembro”, popularmente multiasociado y multinominado (Gortari, 1988; Laguna, 1988; Ruano, 1993)? ¡Basta observar “las miraditas ahí” de los mismos hombres en los vestidores de los gimnasios, en las escuelas, en los baños o duchas o regaderas, en las “competencias de los chorros” para ver quién llega más lejos con el chorro de orina, para “comparar tamaños”! ¡El “más grande” gana! Como hacen los pájaros tejedores. Los “bien dotados” muestran sin pena, con orgullo, se exhiben; los “mal dotados” no se dejan ver... Claro que la cuestión no solamente se refiere a “tamaño”, sino también al “buen estado y funcionamiento”. Esto no solamente sucede en las sociedades modernas, civilizadas; así también se comportan los hombres de muchas tribus, que viven en total desnudez, pero que llegan a diseñar exclusivas “vestimentas” variadas y adornadas para el pene, como el falocarpo (Diamond, 2000). Los científicos llevan siglos estudiando todo esto, y los resultados son varios y controvertidos. Lo que sí queda claro es que, basándonos en la información internacional, de comunidades desarrolladas y de comunidades prealfabéticas, y basándonos también en nuestra misma experiencia científica y comunitaria, todos los hombres quisieran tener una tal “fortuna”, para deleite de las mujeres... Todos los días mencionamos al pene. ¿Qué estamos diciendo cuando pronunciamos “caramba”, “caracoles”, “canastos”, “carámbanos”, “caracho” o “caray”? Estas palabras, estas interjecciones, son los eufemismos, las formas bonitas, de decir “carajo”, que es una forma vulgar en idioma catalán para denominar al pene. Existe una rama del conocimiento y la cultura, una ciencia, llamada Falología, que se dedica al estudio científico del falo o pene. En el museo de penes de Islandia, único en su tipo en el mundo, llamado “Faloteca Islandesa”, se muestran más de 151 tipos de pene de unas 42 especies de animales... ¡Cuánta variedad de “bichitos”! ¿No estará ahí el pene perdido del dios egipcio Osiris?:

Después del deporte, como era obligatorio, nos duchábamos todos en los largos, fríos y solitarios baños de la escuela. Al contrario de las escuelas de monjas, donde las alumnas deben lavarse vestidas con ropones que las convierten en estatuas de cartón, en el colegio masculino ducharse desnudos era normal y a nadie le llamaba la atención. Un código no escrito dictaminaba que en la ducha los hombres mantendríamos las miradas a nivel de nuestros rostros y que nadie, so pena de sospecha, curiosidad malsana o simple vulgaridad, miraría el sexo de un compañero. Naturalmente, esta regla era vigilada por quien menos la observaba, el tímido impertinente, el padre Soler, quien solía recorrer el salón de baño con una mirada mixta de águila y serpiente –muy propia de la nación–[ ] y con una amenazante y simbólica vara en la mano que jamás, hasta donde sepamos, utilizó contra las empapadas espaldas y lustrosas nalgas de los alumnos.

Quienes aún viven y me leen soportarán que les cuente algo insólito para ellos como lo fue para nosotros. Jericó decidió que la tentación de mirarnos desnudos existía pero que la manera de superarla no consistía en esforzarse físicamente sino en expresarse intelectualmente. Para ello, dijo, vamos a escoger dos pensamientos opuestos y por ello complementarios para invocarlos bajo la regadera [ducha] –que era helada, advierto a quienes aún gozan de sus sentidos, pues así lo exigía el código de rigor físico y aspiración a la santidad de nuestros rectores (Fuentes, 2008:48-49).

Si consideramos que, por ejemplo, en las relaciones afectivo-sexuales de los humanos en las sociedades tradicionales el 95% de las mujeres se casa, y que obviamente no todas las mujeres son físicamente bonitas –de la misma manera que sucede con los hombres–, entonces queda claro, o así parece, que bonitas y feas, físicamente hablando, consiguen maridos, consiguen esposos, es decir que “siempre hay un roto para un descocido”, o lo que es lo mismo, que siempre una fea conseguirá, sin tanto esfuerzo, a su feo. Pero esto no es tan sencillo, ésta no es la realidad de este asunto: siempre habrá competencias, porque competimos para tener, primeramente, una pareja, un matrimonio ideal, “de calidad”, que nos represente, que nos quiera, que nos respete, que nos acompañe a las reuniones sociales, etc., etc., etc., ¡y que funcione! –y de ser posible, ¡qué funcione a las mil maravillas!–; pero luego también competimos en las “relaciones extramatrimoniales”, en “la canita al aire”, que son relaciones que se producen fuera del matrimonio por diferentes causas, de muy diversas maneras, generalmente al nivel heterosexual y, de manera extraordinaria al nivel homosexual, con matices sicológicos muy peculiares: “con las relaciones extramatrimoniales se busca lo que en casa no hay” –algo que con frecuencia nunca hubo desde el principio de la relación matrimonial–... El cornudo y la cornuda, el tarrú y la tarrúa, son como los glotones, que saben que con tanta comida se pueden indigestar –pensemos aquí en los inconvenientes de una relación extramatrimonial, que en algunos casos puede llegar a la sanción social, a la persecución y el hostigamiento, a la sanción jurídica, al asesinato, al crimen, al divorcio, a la humillación–, pero se atragantan... Si el objetivo principal de los humanos fuera nada más conseguir la “pareja bella ideal”, entonces ¿por qué, una vez obtenida esa pareja bella ideal, se producen las habituales relaciones extramatrimoniales?, ¿por qué mujeres que han logrado obtener los primeros lugares de la belleza internacional en certámenes como Miss Universo y Miss Mundo, o en el cine y la televisión, son engañadas y abandonadas por sus parejas masculinas, a veces por mujeres “feas” (?)?, ¿por qué reconocidos hombres hermosos del cine, de la televisión y de certámenes internacionales de belleza masculina son engañados y abandonados por sus parejas mujeres, a veces por hombres feos (?)? Lo que sucede es que el comportamiento humano, la conducta humana, la genética, y en especial la conducta sexual, son complejos e imprevisibles, ¡y dan unas sorpresas! En los grupos humanos occidentales, por motivos varios, pero en especial por cuestiones sociales, por cuestión de imagen, por el qué dirán, los feos no quieren feas, las feas tampoco quieren feos, aquél no quiere a aquélla, aquélla no quiere al otro, el de este color no quiera a la del otro color, la de este color no quiere al del otro color, la que tiene esta educación no quiere al que tiene aquella educación, el que tiene esta educación no quiere a la que tiene aquella educación, la que tiene este status no quiere al de aquel status, el de este status no quiere a aquélla de aquel status, la “familia” de éste no quiere a la “familia” de aquélla, la “familia” de aquélla no quiere a la “familia” de éste, etc... Y por si fuera poco todo esto, ¡ahora nadie quiere a los gordos! ¡Pero tampoco se quiere a los enclenques! ¿Es que acaso se ha pensado que en las relaciones de pareja y en las relaciones matrimoniales hay “pedidos a la carta”? Claro que no. Es posible que hoy, en los primeros momentos de las relaciones de la pareja, embullados, animados, contentos, ilusionados –y también “necesitados”, debido a que a muchas personas, en especial a las mujeres ya entradas en años (ya sea por el social qué dirán o por cuestiones biológicas, es decir el tiempo establecido para poder concebir, para poder embarazarse) les urge, desesperadamente, formar una pareja o tener un hijo. Aquí “el tiempo” no perdona– no aparezcan “ciertos rasgos de personalidad y conducta” en la pareja, o que no se quiera o no se pueda ver esos rasgos. El no ver a tiempo “ciertos rasgos” en la pareja no son más que bombas de tiempo. ¡De que explotan, explotan! Sólo falta tiempo.
Por todo lo antes mencionado es que tenemos que disfrazarnos –ponernos disfraces–, que enmascararnos –ponernos máscaras– (Fast, 1999; Goffman, 1981), que enfacharnos –ponernos fachas–, que encaretarnos –ponernos caretas– con “aquello que nos falta” –o quitarnos “aquello que nos sobra”– para ser potencialmente atractivos y aceptables para un grupo u otro, para una cultura u otra, para una raza u otra, para una persona u otra, para una empresa u otra, como también hacen otros animales... A veces también tenemos que ponernos disfraces, máscaras y caretas para que no reconozcan nuestra verdadera personalidad, para que no nos conozcan, para pasar inadvertidos o para dar una idea diferente de lo que en realidad somos y de lo que en realidad queremos o a lo que en realidad aspiramos, para evitar que se muestren nuestras verdaderas intenciones. Y de los que estamos plenamente seguros es de que, como dijo Mark Twain, “Todo hombre tiene una cara oscura que a nadie enseña”, hasta que se la descubren... Nos disfrazamos o encaretamos con trajes, con maquillajes, con apariencias físicas, con protocolos, con etiquetas o marcas, con gestos, con muecas, con ciertas reglas de demostración y con nombres y apellidos. Así, por ejemplo, cuando nuestro nombre o nuestro apellido no nos gustan, no nos convienen o no nos sirven para determinados fines, los cambiamos por otros, por seudónimos (Ruiz, 1985), algo que es muy común en el mundo artístico, en el mundo literario, en el mundo radiofónico, en el mundo cinematográfico, en el mundo televisivo. Recordemos, a modo de ejemplo, que en América Latina, de la misma manera que en muchos otros lugares del mundo, los miembros de la pareja deben “caer bien” a las respectivas familias. Los esposos no solamente se casan “entre ellos”, sino también con las respectivas familias. Lo que obviamente tiene sus ventajas, principalmente en situaciones de necesidad económica, problemas de salud y ayuda en la atención a los niños, en donde generalmente son los abuelos los que dan el paso al frente; pero también sus enormes desventajas: conflictos familiares, desacuerdos familiares. No por casualidad existe el dicho popular: ¡de la familia y el sol, mientras más lejos mejor!
Los gobiernos, los estados, los ministerios, las asociaciones, las empresas, las instituciones, las religiones, las escuelas, las instituciones educativas..., también se enmascaran, con lenguajes verbales y con lenguajes no verbales, con signos y símbolos, es decir con lo que dicen, con lo que profesan, con lo que hacen, con lo que portan, con lo que muestran, con cosas tangibles y con cosas intangibles, buscando aparentar lo que no son, y evitar así rechazos, represiones, represalias, sanciones y hostigamientos (Ruano, 2001; Ruano y Rendón, 2006; Ruano y Rendón, 2007). ¿Qué hace, por ejemplo, una tienda, un mercado, un negocio, cuando maquila, cuando compra, cuando importa, mercancía de otros países, producidas por extranjeros, y le pone la marca de su país, de su línea, etc.? ¡Enmascararse! ¿Qué hace una persona cuando regala un producto de una tienda común, de un mercado común, de un tianguis, de un timbiriche, y lo envuelve o pone en una caja o bolsa de producto de marca? ¡Está enmascarando, está encaretando ese producto! ¡Cuidado con actos de este tipo! En ese mismo momento usted estará enmascarando la mercancía, estará enmascarando el producto; pero, sin duda alguna, usted se estará poniendo la marca inconfundible del naco, del cheo, del rústico, del mentiroso, del dismorfóbico. ¡Aguas!

Decíamos que los humanos, en especial los humanos de las áreas modernas, civilizadas, llenas de protocolos y etiquetas, teníamos que disfrazarnos, que enmascararnos, constantemente, para lograr a través de las apariencias el equilibrio social y espiritual deseado, anhelado, y necesitado. ¡Y qué bueno que esto es así!; lo contrario sería un gran problema, porque los choques sociales, los enfrentamientos sociales, las rupturas sociales serían muchas y constantes: “Esta actitud de total desprecio de los elementos corrientes de enmascaramiento como los vestidos, el abandono del cuidado y la apariencia personal, [el uso de protocolos y etiquetas, a veces vetustos y un poco “estirados” o “abitongados”, anacrónicos] es a menudo una de las más evidentes señales de que se acerca una conducta psicótica” (Fast, 1999: 62). ¡Por eso unos tenemos que disfrazarnos de una cosa y otros de otra! Pero no olvidemos que una cosa es “el disfraz”, “la máscara”, “la careta”, y otra cosa es la realidad... ¡Cuidado, la máscara puede caer en cualquier momento y aparecer el verdadero rostro, la verdadera conducta! Casi siempre esa máscara desaparece cuando hay festejos o reuniones en las que se come y se bebe, en los festejos que duran bastante tiempo. Cuando las personas comen y beben todo aparece, ése es un momento importantísimo en el que afloran las verdaderas identidades, en todos los sentidos. Y siempre comemos y bebemos: en la vida pública, en el trabajo y en la familia o intimidad.

El uso de las máscaras para ocultar el verdadero rostro data de cientos de miles de años:

La ocultación del rostro con una máscara, generalmente con forma monstruosa, constituía un recurso mediante el cual las culturas primitivas ahuyentaban mágicamente a los enemigos y se apropiaban así de las fuerzas de los animales o personas a que hacían alusión. No debemos pensar que este significado es sólo simbólico. Aún hoy en día algunos pueblos del Índico (con desarrollos culturales semejantes a los del Paleolítico y que habitan territorios aislados de la influencia de las grandes civilizaciones de su entorno) basan su fuerza militar en este tipo de estratagemas.

Pero con el desarrollo de las grandes sociedades, el sentido de las máscaras quedó ya relegado a aspectos meramente simbólicos. En Oriente, por ejemplo, se emplearon frecuentemente con fines funerarios, pretendiendo mantener el rostro del difunto tras la muerte para que en la reencarnación siguiese ese modelo.

En la cultura grecorromana fueron un recurso constante en las presentaciones teatrales, ya fueran cómicas o dramáticas. Pese a ello, no debemos interpretarlas como algo frívolo o meramente decorativo, sino que con ellas se pretendió capturar realidades y sensibilidades metafísicas.

El uso actual de las máscaras, sobre todo en los carnavales, viene a simbolizar una pérdida de la propia identidad para pasar a convertirse, durante unos momentos, en otra persona o ser, escapando así de la monotonía en un ambiente de fiesta y alegría, y participando también en la pervivencia de antiguos ritos de inversión de las relaciones sociales (Serrano y Pascual, 2003: 207-208).

En nuestros días, al nivel social, ya sea en el ámbito público o en el ámbito laboral o en el ámbito íntimo, el uso de las máscaras tiene ventajas; pero también desventajas. Con las máscaras –y concretamente con las máscaras que exigen los grupos sociales en particular, según los tiempos, las migraciones, las razas, los imagotipos, las modas, la vida pública, la vida laboral y la vida familiar, etc.– podemos dar la impresión deseada, podemos “dar el gatazo”, podemos pasar por ser “el otro”, “un otro cualquiera”, “un otro deseado y necesario”, a veces “un otro” imprescindible y vital, como sucede en situaciones de guerras, de persecuciones y de conflictos, cuestión de “apariencias”:

CÉSAR. –Todo el mundo aquí vive de apariencias, de gestos. Yo he dicho que soy el otro César Rubio... ¿a quién perjudica eso? Mira a los que llevan águila de general sin haber peleado en una batalla; a los que se dicen amigos del pueblo y lo roban; a los demagogos que agitan a los obreros y los llaman camaradas sin haber trabajado en su vida con sus manos; a los profesores que no saben enseñar, a los estudiantes que no estudian. Mira a Navarro, el precandidato... yo sé que no es más que un bandido, y de eso sí tengo pruebas, y lo tienen por un héroe, un gran hombre nacional. Y ellos sí hacen daño y viven de su mentira. Yo soy mejor que muchos de ellos. ¿Por qué no...?

CÉSAR. –[...] Pero ¿quién eres tú? ¿Quién es cada uno en México? Dondequiera encuentras impostores, impersonadores, simuladores; asesinos disfrazados de héroes, burgueses disfrazados de líderes; ladrones disfrazados de diputados, ministros disfrazados de sabios, caciques disfrazados de demócratas, charlatanes disfrazados de licenciados, demagogos disfrazados de hombres. ¿Quién les pide cuentas? Todos son unos gesticuladores hipócritas.

NAVARRO. –Ninguno ha robado, como tú, personalidad de otro.

CÉSAR. –¿No? Todos usan ideas que no son suyas; todos son como las botellas que se usan en el teatro: con etiqueta de coñac, y rellenas de limonada; otros son rábanos o guayabas: un color por fuera y otro por dentro. Es una cosa del país. Está en toda la historia, que tú no conoces [...]

MIGUEL. –¿No te das cuenta de que quiero la verdad para vivir; de que tengo hambre y sed de verdad, de que no puedo respirar ya en esta atmósfera de mentira?

MIGUEL. – [...] Si yo tuviera un hijo le daría la verdad como leche, como aire.

Pero también las máscaras tienen sus efectos social y sicológico contraproducentes; con la máscara se deja de ser “el yo”, “un yo”, para ser “el otro”, “un otro”. ¿Acaso un individuo y una sociedad que viven utilizando máscaras constantemente pueden desarrollarse, pueden crecer, pueden evolucionar, de manera sana? Claro que no. En estos casos sólo puede haber individuos de ficción, sociedades de ficción, regidas y controladas por la ficción, por la artificialidad, por la irrealidad, por las ilusiones, por el engaño, por la mentira, por la banalidad, por la envidia, por el rencor, por el odio... ¡Y por eso morimos de desengaño!
Las máscaras son múltiples y las personas tienen que enmascararse a veces de manera obligatoria. El enmascaramiento permite “disimular” y “simular”: [...] disimular es hacer creer que no se tiene eso que sí se posee, o fingir que no se es lo que en realidad sí forma parte sustancial del sujeto; y [...] simular es dar a entender que se tiene eso de lo que se carece .... Entonces ¿quién, por el motivo que sea, no ha disimulado o simulado alguna vez en su vida? Entonces, por ende, ¿quién no se ha enmascarado alguna vez en su vida? El problema no es haberlo hecho “una vez en la vida”. El problema radica en cuando tenemos que vivir disimulando o simulando “toda la vida” y la trascendencia de esa “disimulación” y “simulación”. ¡Terrible problema éste! En muchos lugares, el enmascaramiento forma parte de los hábitos sociales cotidianos, de los protocolos cotidianos, de las organizaciones familiares, y ciertas violaciones a estos enmascaramientos tienen castigos severos, inclusive la muerte (Freud, 1981). De tal manera: ¡Los feos tenemos que disfrazarnos de lindos...! ¡Los viejos, de jóvenes! ¡Y los de unos colores, de otros colores! ¡Los brutos, de inteligentes! ¡Y los lindos tenemos que disfrazarnos, además, de inteligentes...! ¡Y los lindos e inteligentes tenemos que disfrazarnos de potentes sexuales y cachondos, de “mataores”...! ¡Y los maleducados o rústicos tenemos que disfrazarnos de educados y finos...! ¡Y los “chistositos” o “sangrones” o “plomitos”, de acomedidos, comedidos o correctos! ¡El desagradable, de agradable! ¡Y los nacos o cheos tenemos que disfrazarnos de fresas y bitongos! ¡Y los pobres, de ricos! ¡Y los sucios y mugrosos tenemos que disfrazarnos de limpios y aseados! ¡Y los cuatreros, gandayas y ladrones tenemos que disfrazarnos de honestos! ¡Y los inmorales tenemos que disfrazarnos de morales! ¡Y los gatos, lambiscones, guatacas o tracatanes, de serviciales y correctos trabajadores, de trabajadores con perfecto desempeño! ¡Y los ateos, de creyentes; y los creyentes, de ateos; y los creyentes de unas religiones, en creyentes de otras religiones! ¡Y los curas pederastas y abusadores sexuales se disfrazan de “santos e inmaculados padres”!..., según los tiempos, los contextos, las situaciones, etc. Todo esto, claro está, aparece condicionado por las exigencias de los grupos imperantes, de la sociedad en el poder, y de quien, consciente o inconscientemente, crea en el “disfraz”, en la “disimulación”, en la “simulación”. ¿Y los masoquistas, los sádicos y los pederastas, de qué se disfrazan? ¡Mire nada más a su alrededor, recuerde los acontecimientos actuales, difundidos ampliamente por la radio, la televisión, Internet, los periódicos, las revistas...! ¿Ya vio? ¡Así es...! Entonces usted ya sabe perfectamente cuál es el disfraz de estos “simbólicos personajes”. Queda claro que las mejores (?) mascaradas, a nivel internacional y concretamente en América, se producen en las esferas de la política y la religión, por separado, y en la interrelación política-religión, o, lo que es lo mismo, interrelación estado-iglesia (Antaki, 1997: 125-134), incluyendo aquí, por supuesto, la reconocida y tradicional “relación a discreción” y “relación abierta” ejército-iglesia-religión (Goldhagen , 2003; Carrasco, 2007; Vera, 2007) y dictadura-iglesia-religión (Huxley, 1945): "Los políticos totalitarios exigen obediencia y conformidad en todas las esferas de la vida, incluso, por supuesto, la religiosa. Su propósito es utilizar la religión como instrumento de consolidación social, como una contribución a la mayor eficiencia militar del país. Por este motivo, la única clase de religión que fomentan es estrictamente antropocéntrica, excluyente y nacionalista."
Las máscaras han sido y siguen siendo muy empleadas en las migraciones. Los individuos que migran, generalmente tienen que emplear máscaras para reajustarse a las nuevas condiciones de vida: máscaras físicas, máscaras sociales, máscaras protocolares, máscaras religiosas, máscaras sexuales... Se puede ser “uno mismo” pero aparentando “ser otro”:

Para la recluta de estos hombres de España [se refiere a los hombres que se reclutaban en España para la Conquista en América, para poblar América] se había acudido a todo tipo de ardid propagandístico. Se sabe que cuando Rodrigo de Bastidas [sevillano, corrupto, muerto en Santiago de Cuba en 1527] regresó a España, los reyes dispusieron que por las villas y ciudades que transitase en su camino rumbo a la corte mostrara el oro y las riquezas traídas de la Indias. Se conoce también de los grandes incentivos que brindaron los reyes en la primera etapa conquistadora/colonizadora, que incluyó tierras, soldadas especiales, la quinta parte y después la tercera parte del oro que encontrasen. Inclusive se permitió que los homicidas pasasen a América a cumplir penas de destierro y en 1511 se abrió la puerta a hijos de quemados [es decir de negros de España; no es lo mismo ser un “negro de África” que ser un “negro de España”], con la única restricción de que no desempeñasen en las Indias oficios públicos. Estas pragmáticas atrajeron hacia la empresa conquistadora hombres de las más diversas escalas sociales, pero todos con la misma ansia de triunfo y una disposición a hacer lo posible, o imposible, para lograrlo [...]

Quienes sí se quedan [se refiere a los conquistadores que venían de Europa a América] son los pocos que por su edad, condiciones físicas u otras razones personalísimas deciden permanecer en la villa: a ellos se une gente marginal y dispersa, marinos desertores, condenados que huyen de España, Canarias u otros lugares de las propias Indias, judíos que ponen mar por medio a la persecución religiosa y, en fin, todos aquellos que decidieron ser ellos mismos, aparentando ser otros. Así, en sus inicios la sociedad blanca habanera y, en cierta forma, la de las otras villas, fue una sociedad residual: la sociedad de los que se quedaron ....

En las negociaciones las máscaras desempeñan un papel fundamental:

Máscara o espontaneidad

Para los clásicos, el negociador debe llevar una máscara. Nada de emociones, nada de expresiones, nada que muestre la turbación o la incertidumbre interior. Siguiendo esta forma de pensar, el general Charles de Gaulle afirmaba al recordar sus alocuciones televisivas: «La sobriedad de la actitud acentúa el relieve del discurso». Cada palabra se enriquece entonces con el contraste que logra con respecto a la naturalidad de la expresión, mientras que la acción del «control de sí mismo» actúa en sentido inverso: la sobriedad del gesto supone casi naturalmente una moderación del lenguaje y una economía de palabras, de metáforas, etc.

Los modernos, por su parte, prefieren la espontaneidad. Desgraciadamente, no resulta fácil quedarse impasible, sobre todo si el acompañante se esfuerza por hacerle salir de sus casillas. Por otra parte, y esta es la objeción más seria, la «máscara» limita en gran manera el poder de comunicación del cuerpo, incluso las propias facultades intelectuales, puesto que exige una atención constante dirigida hacia uno mismo. ¿Cómo mantener la máscara en el rostro en un consejo de administración, en el que se afrontan diversos proyectos divergentes, en medio de exclamaciones, elevaciones de tono, de propuestas contradictorias? La evolución de las relaciones humanas, que se hacen cada vez más directas y funcionales, ha llevado a los negociadores a la adopción de un comportamiento más espontáneo, más natural, en donde los gestos y las actitudes toman sin esfuerzo el relevo de las palabras y viceversa. Es evidente que expresa uno con mayor elegancia y convicción aquello que piensa; desligados de cualquier prejuicio, de todo cálculo, podemos dedicarnos por entero a la labor de la persuasión. Toda la fuerza empleada en dominar las propias reacciones puede ser puesta al servicio de la expresión, al igual que un actor que conozca perfectamente su libreto.

Las instituciones, organizaciones, empresas, transnacionales, bancos, negocios, gobiernos, estados, ministerios, religiones, universidades, escuelas, medios de comunicación: televisoras, radioemisoras, editoriales, periódicos, revistas, etc., también se disfrazan, se enmascaran, se enfachan, al emplear países, ciudades, zonas, colonias o repartos, locales, estructuras arquitectónicas, amueblados, ambientaciones, decoraciones, sonidos, músicas, nombres, imágenes, personalidades, dioses y diosas y vírgenes y religiones, colores, signos, banderas, escudos, consignas, ideales, programas, lemas, títulos, temas de análisis y debate, etc., atrayentes, llamativos, interesantes, gratos, de caché, de élite, históricos, modernos, de moda, supuestamente actualizados, sagrados, estimulantes, álgidos, conflictivos, etc., con el objetivo de dar una buena impresión y así lograr sus metas, buenas o malas. De esta manera, por ejemplo, muchas organizaciones se enmascaran con “organismos de fachada” o pseudoorganismos, para desviar la atención, para no llamar la atención, para vivir en la clandestinidad, sin controles, en las sombras (Delgado, 2005). También podemos enmascararnos con los “prestanombres”, y así adquirir, generalmente mediante negocios turbios y vías ilícitas, es decir ilegalmente, cuantiosos bienes y ganancias, que con frecuencia pertenecen a la comunidad, al erario público, al estado, etc. Esta actividad de “prestanombres” es tan frecuente en América Latina, y la practican tan abierta y descaradamente en las altas esferas sociales y gubernamentales, que ya es parte de nuestra vida diaria y “normal”, ¡y aquí no ha pasado nada!; bueno..., hasta ahora...
Volviendo a nuestro tema de la sexualidad, y en últimas consecuencias, y ya entrados en apuros, está claro que en cuestiones de relaciones afectivo-sexuales entre parejas heterosexuales –y también homosexuales– hay que conformarse con lo que, finalmente, aparece en el camino y está disponible, con lo que le toque a cada cual, con máscaras o sin máscaras. ¡Así es la vida animal! ¡Así es la vida de los humanos! Y cuando vemos o creemos que algunas de nuestras “señales sexuales” no están bien, no son las adecuadas, las correctas, por defecto congénito o debido a la evolución –el paso a la vejez–, entonces acudimos corriendo a las “máscaras”... Cuando vemos que el aspecto que tenemos de manera natural no es el deseado, no es el conveniente, no es el que se acepta en el grupo, intentamos por todos los medios conseguir la imagen deseada, la imagen de moda, la imagen que atrae, intentamos conseguir una máscara, un arreglo, un nuevo aspecto, ya sea a través de la visita al maxilofacial o dentista para que nos corrija o arregle algo de la cara o la dentadura, al logopeda o foniatra para que nos cambie la voz, del ejercicio corporal para estar en forma o entrar en talla, o la dieta –la obesidad ya es una pandemia–, o la visita al cirujano plástico, o el uso de zapatos con doble suela o plataforma para ganar un poco más de altura, o el uso de determinado vestuario que agranda por aquí y reduce por allá o viceversa, que sube por aquí o baja por allá o viceversa, con ciertos colores que lanzan mensajes en contexto, según los protocolos cromáticos de las diferentes culturas, maquillamos y pintamos nuestro cuerpo para “disimular defectos”, “engañar”, “atraer”, “seducir”, nos peinamos de ciertas maneras y nos ponemos casquetes, apliques y pelucas, de unos tonos y otros, nos ponemos unos perfumes con ciertos olores que funcionan como “ganchos olfativos”, como “ganchos sexuales”, con olor a “sexo”, con feromonas, para aumentar el atractivo erótico en las potenciales parejas... ¡Todo eso y más hacemos los humanos! Sólo que aquí queremos recordar que en esta vida todo, absolutamente todo, tiene un límite y un costo. ¡Y traspasar indebidamente los límites también tiene su costo negativo! La falta de cuidado y buen gusto, según los contextos sociales y culturales, en ciertas correcciones corporales, del tipo que sean, pero en especial al nivel de las cirugías plásticas, puede convertir al “ser humano” en un “ser híbrido de otro mundo”, en algo antiestético, desordenado, carnavalesco y enfermizo. Sencillamente eche una mirada a su alrededor. ¡No todo el mundo tiene la suerte –y el dinero y los excelentes y exclusivos asesores de imagen– de la cantante y actriz norteamericana Cher! ¡Cuidado y usted no vaya a transformar un supuesto “atractivo social” o “atractivo sexual” en el hazmerreír o la lástima del grupo! Esto por un lado, y, por otro lado, en el mundo moderno, civilizado y globalizado, en los parámetros que miden a un “triunfador” no solamente aparece la “belleza física”, conseguida por nacimiento o a como dé lugar, sino también la belleza espiritual, la educación, la instrucción, el conocimiento y destreza en los protocolos y las etiquetas, la simpatía, el carisma, la inteligencia verbal-lingüística, la inteligencia interpersonal, la inteligencia corporal-quinestésica, la inteligencia espiritual, etc. (Ruano, 2003a; Ruano y Rendón, 2006).
La vida sexual de la pareja humana, del matrimonio, ha sido diferente en el tiempo, según las variadas etapas de la evolución de la humanidad y según las geografías y las culturas. Todos los tiempos han tenido sus comportamientos afectivo-sexuales particulares. Todos los países tienen sus características sexuales. Así, México también tiene sus particularidades sexuales (Szasz y Lerner, 1998). La vida sexual de la pareja humana tiene sus momentos “biológicos” difíciles, especialmente para la mujer, cuando, a partir aproximadamente de los cuarenta años, se produce una disminución de la fertilidad hasta llegar a la infertilidad, algo que entre nosotros los seres humanos es común y normal, pero que biológicamente hablando es una aberración, debido a que la mayoría de los animales, incluyendo al “macho humano”, sigue siendo fértil hasta su muerte. La menopausia es una etapa triste de la mujer, es un hecho doloroso y traumático, por múltiples cuestiones –en especial debido a los trastornos y molestias corporales y sicológicos de la mujer y a la alteración de las relaciones afectivo-sexuales con la pareja; pero, principalmente, porque la mujer ya no es fértil, ya no puede concebir, a lo que muchas mujeres en el mundo popular llaman “ya no servir”–, y justamente por eso sería ideal que los hombres conocieran más, o algo, al respecto, tanto en cuanto a las reacciones sicológicas y corporales de las mujeres que padecen la menopausia como acerca de los posibles tratamientos sicoterapéuticos y las tecnologías médicas que ayudan a las pacientes, y a sus parejas, a sobrellevar esta situación. Aquí lo terrible radica en que muchas mujeres, inclusive de clase económica media y alta, no saben que la menopausia puede ser más llevadera, menos compleja, con una adecuada asesoría médica y sicológica. ¡No hablemos ya de los hombres!
Uno de los temas más interesantes en el tratamiento de la sexualidad humana es cómo se produce la atracción sexual de los individuos.
La vida sexual plena está relacionada directamente con la salud de los individuos. La “sexualidad normal o habitual” de los seres humanos tiene ciertos rasgos: 1. Asociaciones sexuales a largo plazo, 2. Coparentela, 3. Proximidad a la asociación sexual de otros, 4. Sexo en privado, 5. Ovulación oculta, 6. Prolongada receptividad femenina, 7. Sexo por diversión, 8. Menopausia femenina (Diamond, 2000: 20). Los individuos que por una razón u otra no desarrollan actos sexuales –especialmente en las etapas del desarrollo humano en la que estos actos deben realizarse, tienen que realizarse, como se puede observar en todas las comunidades y grupos humanos normales–, tienden a manifestar con toda seguridad comportamientos biológicos, comportamientos sociales y comportamientos sicológicos alterados, desviados, anormales, patológicos o aberrados, según los casos “particulares” y “grupales”. La actividad sexual de los humanos se considera a partir de las conductas sexuales normales –con las variantes lógicas de “normalidad”– y de las conductas sexuales anormales o desviaciones sexuales de la norma sexual común de una cultura determinada, más conocidas por parafilias, es decir comportamientos sexuales en situaciones no comunes y con objetos inusuales, a los que a veces se les ha llamado “perversiones”. Dentro de las parafilias más comunes están la paidofilia o pedofilia, la necrofilia, el voyerismo, el sadismo, el fetichismo, la necrofilia, la urofilia, la clismafilia, la gerontofilia, la zoofilia o bestialismo, el froteurismo, la hipoxifilia o asfixiofilia, la escatología telefónica, la coprofilia y el exhibicionismo.

En la actualidad, en las “culturas y grupos conocidos”, es muy fácil establecer los parámetros de “masculinidad” y “feminidad”, pero no siempre ha sido así, ni es así en estos momentos en muchos lugares del mundo. Incluso cuando se realizan ciertas valoraciones o análisis de culturas, de grupos humanos, que no conocemos bien –a veces hasta de nuestro mismo país y cultura–, podemos errar nuestros comentarios acerca de la sexualidad, del verdadero sexo, por lo que recomendamos investigar cuidadosamente el área sociocultural que vamos a tratar en este sentido. Por ejemplo, en nuestros días, en el área deportiva, específicamente en la modalidad de halterofilia femenina, existen sus grandes dudas, para el público y también para muchos críticos y especialistas en deporte, en torno al verdadero sexo de algunas –¿o algunos?– halterofilistas chinas –¿o chinos?–. Cosas semejantes ocurrieron en el deporte de la ex Alemania del Este o Alemania Oriental o República Democrática Alemana. Recordemos que cuando dos culturas diferentes se encuentran, conviven en un área común, se juntan, las confusiones son múltiples. Una de esas confusiones se relaciona con el sexo y la sexualidad, tanto al nivel conceptual como al nivel práctico. Así, por ejemplo, el encuentro de las culturas amerindia, europea y negra en América creó un verdadero impacto sexual, en especial en el área conquistada por Gran Bretaña. Si queremos leer, interpretar, a las sociedades a través de los géneros sexuales y la sexualidad, entonces tenemos que considerar que muchas culturas han tenido y tienen como normal la presencia de un tercer sexo o preferencia sexual o identidad sexual, activa o pasiva, y no presentan la homofobia –rechazo a la homosexualidad y a los rasgos que se le asocian– característica de las áreas machistas, falócratas, marianistas y sexistas... Inclusive en muchas sociedades, regímenes, etnias, culturas, grupos sociales, religiones, etc., tal pareciera que está altamente prohibida la homosexualidad, que se niega la existencia de la homosexualidad, que la homosexualidad, el homoherotismo y el travestismo están prohibidos y que son perseguidos; pero la verdadera historia y la verdadera actualidad de la homosexualidad y el travestismo en esas regiones son otras, totalmente diferentes (puede consultarse además el film A Jihad for Love: http://en.wikipedia.org/wiki/A_Jihad_for_Love , http://www.youtube.com/watch?v=dZ3X8LKrHgQ , del director Parvez Sharma: http://www.youtube.com/watch?v=ipYpzWMnXi4 ), como sucede, por ejemplo, en el mundo árabe, en el mundo judío, en China, en Cuba (para considerar algunos criterios en torno a la homosexualidad, el homoherotismo y el travestismo en la Cuba del siglo XXI, véase, por ejemplo, el siguiente video: Soy travesti, ¿y qué?, disponible en http://www.youtube.com/watch?v=Cvz3HS_dVcU&feature=related . Consúltese también el documental Conducta Impropia, de Néstor Almendros y Orlando Jiménez Leal, del año 1984, disponible en http://z11.invisionfree.com/Basta_de_opresion/index.php?showtopic=2278 y en http://www.arrebatus.com/revista/view_video.php?ID_MM=39 , y el libro Del otro lado del espejo. La sexualidad en la construcción de la nación cubana, del autor Abel Sierra Cruz, publicado en el año 2006 en La Habana, por El Fondo Editorial Casa de las Américas), etc., pero sobre todo en el contexto de la Iglesia Católica Romana. El tema de la homosexualidad sigue siendo en nuestros días un asunto de muy amplio interés, de alto impacto social, en las más diversas sociedades y entre los grupos culturales menos imaginables, y eso queda más que demostrado en, por ejemplo, la aceptación a nivel internacional de filmes de corte homosexual como The Adventures of Priscilla, Queen of the Desert ( http://en.wikipedia.org/wiki/The_Adventures_of_Priscilla,_Queen_of_the_Desert ) o, en español, Las aventuras de Priscilla, reina del desierto ( http://es.wikipedia.org/wiki/Las_aventuras_de_Priscilla,_reina_del_desierto ); Brokeback Mountain ( http://en.wikipedia.org/wiki/Brokeback_Mountain ) o en español Secreto en la montaña o En terreno vedado ( http://es.wikipedia.org/wiki/Brokeback_Mountain ); La ley del deseo ( http://es.wikipedia.org/wiki/La_ley_del_deseo ); Segunda piel ( http://es.wikipedia.org/wiki/Segunda_piel ) y Brüno ( http://en.wikipedia.org/wiki/Br%C3%BCno_(film) ), producido por el artista anglo-judío Sacha Noam Baron Cohen. El caso de este último film puede tratarse como todo un súper éxito de taquilla: ¡inconcebible y sorprendente...! ¿Pero cómo “intentar” negar la homosexualidad cuando ésta, la homosexualidad, está presente en absolutamente todos los animales, cuando esto es algo común en absolutamente todo el reino animal, en absolutamente todas las especies? La homosexualidad está presente en todas las especies: http://www.bbc.co.uk/mundo/ciencia_tecnologia/2009/06/090618_animales_gay_men.shtml , http://es.wikipedia.org/wiki/Homosexualidad_en_animales , http://www.bbc.co.uk/mundo/ciencia_tecnologia/2009/06/090603_0126_pinguinos_gay_adoptan_gm.shtml , http://anima-blog.blogspot.com/2009/06/analizan-las-ventajas-de-los.html , http://www.science-direct.com/science?_ob=ArticleURL&_udi=B6VJ1-4WJ8FG7-1&_user=10&_coverDate=06%2F17%2F2009&_rdoc=1&_fmt=high&_orig=browse&_srch=doc-info(%23toc%236081%239999%23999999999%2399999%23FLA%23display%23Articles)&_cdi=6081&_sort=d&_docanchor=&view=c&_ct=15&_acct=C000050221&_version=1&_urlVersion=0&_userid=10&md5=29b1b0eb21839a871f177f81ed6a4402 [...] Por los motivos que sean, y desempeñando diferentes roles y funciones sociales y sexuales, los hombres-mujeres y las mujeres-hombres, es decir la bisexualidad –y en un cierto sentido la homosexualidad–, han existido y existen en diversas culturas, y han estado presente en América desde antes de la llegada de los europeos (Raquena, 1945). La vida, la conducta social, la psicología y la sexualidad de los hombres-mujeres y de las mujeres-hombres, de las personas llamadas antiguamente “sométicos”, se estudia, se analiza, transgenéricamente –transgéneros– y transexualmente. Así, por ejemplo, los hombres-mujeres o mujeres-hombres, los hermafroditas, los andróginos, han sido considerados como la perfección humana por muchas religiones y grupos socioconfesionales, en especial por los gnósticos –que son los que practican el gnosticismo, es decir un sistema filosófico religioso que considera poseer un conocimiento completo y trascendental de la naturaleza y los atributos de Dios– y otros grupos heréticos, como los alquimistas místicos. La idea de “lo masculino” –¿el lado derecho del cuerpo humano?– y “lo femenino” –¿el lado izquierdo del cuerpo humano?– en un mismo individuo ha estado presente constantemente en la historia de la Humanidad, y en el arte aparece representado en el cuadro más famoso del mundo: “La Mona Lisa” o “La Giaconda” o ¿”Amon L’Isa”? (Brown, 2003). Estos hombres-mujeres o individuos con conductas sexuales masculinas y femeninas, han sido llamados de diferentes formas: en la Roma antigua, gallae; en la India, hijira; entre los indios navajos del sur, en EE. UU., nadle; entre los indios siux de EE. UU., winkte; en Kenya, pokot; en Omán, xanith; en Tahití, mahú; en Madagascar, sekrata y, en México, muxe, especialmente en el Istmo de Tehuantepec, al sur del estado de Oaxaca, y entre los zapotecas. En el México prehispánico existían los homosexuales masculinos y femeninos (Sahagún, 1999: 557 y 563) [...]

Hoy ya conocemos los “procesos de reasignación de sexo”, en donde un hombre se somete a tratamientos corporales quirúrgicos y llega a poseer una vagina, y una mujer, a través de estos tratamientos, también llega a poseer un pene. Se supone que estas reasignaciones de sexo se deben tratar con mucho cuidado, y casi siempre luego de profundos estudios y diagnósticos de “disforia de género” y de “género sicológico”. Como es sabido, la homosexualidad y la bisexualidad son cosas comunes en todo el reino animal, por lo que es inexplicable que en pleno siglo XXI algunas culturas, inclusive siendo reconocidas a nivel internacional por sus elevados niveles de perversión sexual en el seno religioso, tanto al nivel de los grupos que rodean directamente a los sacerdotes como al nivel de los mismos sacerdotes, pero mucho más en las encumbradas cúpulas sacerdotales, “supuestamente y doblemoralmente” ultraconservadoras y ortodoxas, intenten negar la homosexualidad y la bisexualidad de una considerable parte de la población, especialmente masculina, y sobre todo en ciertas esferas, como en el ámbito artístico, el ámbito político, el ámbito militar, el ámbito deportivo, el ámbito magisterial, el ámbito carcelario y, sobre todo, el ámbito religioso-monacal católico, más concretamente al nivel de los curas o sacerdotes. Es inconcebible que, por ejemplo, ciertos países, ciertos gobiernos, ciertas autoridades, ciertas instituciones, intenten negar la homosexualidad carcelaria, la homosexualidad entre reos, entre presos y presas, cuestión que no solamente se relaciona con los conocidos, absurdos y cómplices tabúes y pruritos sociales, sino que, peor aún, se relaciona con toda una inmensa cantidad de riesgos para toda la sanidad poblacional, de riesgos de enfermedades infecto-contagiosas, como son las enfermedades por contagio sexual, el VIH-SIDA, etc., cuestión que ya he comentado en otro de mis libros (Ruano, 2009):

Entre los tantos y complejos problemas que presenta la medicina y la salud pública en México se encuentra la presencia del VIH o SIDA, tema que puede tratarse más detalladamente en http://www.salud.gob.mx/conasida/ . En América llama mucho la atención el hecho de que México y Brasil ocupen el primer lugar en Latinoamérica en lo concerniente a personas infectadas con VIH o SIDA. Al respecto pueden consultarse los informes que ha presentado en 2008 el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH-SIDA, con 361 páginas, disponible en http://www.unaids.org/es/KnowledgeCentre/HIVData/GlobalReport/2008/2008_Global_report.asp . No podemos olvidar las espeluznantes y progresivas cifras internacionales de personas infectadas con VIH:

Latinoamérica ocupa el tercer lugar en el ránking mundial de habitantes infectados con el VIH.

De los 33 millones de personas seropositivas del mundo, 22 millones viven en África subsahariana, 4,2 millones en Asia meridional y sudoriental, 1,7 millones en Latinoamérica, 1,5 millones en Europa oriental y Asia central y 1,2 en América del Norte.

El resto son habitantes de Asia oriental (740.000), Europa occidental y central (730.000), África del norte y Oriente Medio (380.000), Caribe (230.000) y Oceanía (74.000) [...]

El número total de latinoamericanos que conviven con este mal se eleva a 1.700.000. De ellos, 730.000 (el 40 por ciento del total) son brasileños y 200.000 mexicanos.

Las causas que han puesto a Brasil y a México en este terrible primer lugar en enfermos de VIH en el continente Americano son muy variadas. Veamos, por ejemplo, una de estas causas, que se expone en este mismo Programa 2008, en la página 56:

La investigación ha develado epidemias ocultas de VIH entre hombres que tienen relaciones sexuales con hombres en varios países centroamericanos, incluidos Belice, México, Nicaragua y Panamá (Magis et al., 2006; Soto et al., 2007). Más de la mitad (57%) de los diagnósticos de VIH realizados hasta la fecha en México han sido atribuidos a las relaciones sexuales sin protección entre hombres (Bravo-García, Magis-Rodríguez y Saavedra, 2006). En esos países (a excepción de Panamá), entre un cuarto y un tercio de los hombres que tienen relaciones sexuales con hombres también tienen relaciones sexuales con mujeres y, entre el 30% y el 40% de esos hombres manifestaron que habían tenido relaciones sexuales sin protección tanto con hombres como con mujeres durante el mes anterior (Soto et al., 2007).

Véase, además, revista mexicana Proceso, 2008, agosto, No. 1657; agosto, No. 1658, e International AIDS Society, en: http://www.iasociety.org/

Habitualmente, cuando se habla de VIH-SIDA en México, se olvidan las cárceles, de hombres y de mujeres, y la realidad carcelaria mexicana. Al respecto se ha planteado en, por ejemplo, http://noticias.prodigy.msn.com/landing.aspx?cp-documentid=9737759 , el día 27 de agosto de 2008:

SE LEVANTA EL VELO DEL SIDA EN UNA PRISION MEXICANA

CIUDAD DE MEXICO -- Oficialmente, no hay sexo entre los varones internos en la sobrepoblada prisión Oriente, en las afueras de la capital mexicana. Sin embargo, si se habla con los presos, un grupo de 11,300 ladrones, asesinos y otros presos que cometieron delitos, emerge otra realidad.

CIUDAD DE MEXICO -- Oficialmente, no hay sexo entre los varones internos en la sobrepoblada prisión Oriente, en las afueras de la capital mexicana. Las únicas relaciones sexuales en el segmento masculino de las instalaciones, dicen los administradores, ocurren en cuartos especiales, apartados para las visitas conyugales de parejas heterosexuales.

Sin embargo, si se habla con los presos, un grupo de 11,300 ladrones, asesinos y otros presos que cometieron delitos, emerge otra realidad.

"Somos una población de hombres, y es normal que los hombres tengan sexo con quien ande cerca", dijo Guillermo, de 32 años, un preso y educador de sus compañeros que es portador del VIH, el virus que causa el sida. "Hay quienes no quieren verlo".

Aun cuando no hay estudios científicos sobre los índices de sida en las prisiones mexicanas, son pronunciados los mitos asociados con la epidemia entre los prisioneros, y el sexo que se lleva a cabo es con frecuencia inseguro, dicen las defensorías. El riesgo es lo suficientemente significativo como para que Servicios Internacionales a la Población, una organización estadounidense, estableciera un programa de conciencia del sida dentro de esta y otras cuatro cárceles mexicanas.

Los hechos sobre la enfermedad son tan escasos, dijo Ricardo Román Vergara, quien ayuda a coordinar las sesiones de capacitación, que algunos internos piensan que el VIH se transmite por mosquitos, besos o compartir los cepillos de dientes.

Tan solo lograr tener acceso a las prisiones es una hazaña nada fácil, ya que las autoridades carcelarias vacilan en reconocer que hay un problema. Las cifras oficiales establecen que los internos positivos en las cárceles de la capital son 62, seis mujeres y el resto hombres. Sin embargo, no se hacen pruebas generalizadas entre las decenas de miles de internos, así es que los expertos consideran que la cifra subestima sustancialmente el peligro.

En el caso del Reclusorio Preventivo Oriente, un lugar duro que es una de las prisiones más grandes de América Latina, Rubén Fernández Lima, el director, permitió las sesiones de concientización a pesar de minimizar la magnitud de las infecciones.

"Desconozco el nivel del VIH en esta prisión", dijo durante un recorrido que coincidió con la 17 Conferencia Internacional sobre el Sida, que se llevó a cabo en la Ciudad de México a principios de agosto. "Creo que es mínimo. Prácticamente es nada".

Sin embargo, las posibilidades de adquirir el virus dentro de los muros de la prisión son muchas, como lo supo un grupo de internos, todos vestidos de marrón claro, este mes durante una sesión educativa en un salón comunitario.

Están las jeringas que se usan para inyectarse drogas, otra actividad que minimizan las autoridades carcelarias. Están las agujas que usan los artistas del tatuaje para marcar a los internos o perforarles el cuerpo. Y también está el sexo que sucede dentro y fuera de las áreas designadas para la "visita íntima", algunas con prostitutas, tanto varones como mujeres, que ejercen su oficio dentro de los muros de la prisión.

En efecto, se realizan todo tipo de actividades supuestamente prohibidas en las cárceles de México, los expertos dicen que gran parte de ellas son el resultado de los sobornos que se les pasan a los guardias mal pagados. Durante el recorrido, se observó a un preso hablando por un teléfono celular, lo que está prohibido en las penitenciarías de todo el país debido a la historia de que los jefes criminales continúan con sus actividades ilegales mientras están recluidos.

Es frecuente que Oriente aparezca en las primeras planas de los periódicos de México. Ahí enviaron a José Luis Calva Zepeda, un presunto asesino serial que se comía a sus víctimas y después escribía poemas sobre ellas. Después, se encontró ahorcado en su celda al Caníbal Poeta. Las circunstancias sospechosas de la muerte provocaron una conmoción en la dirigencia carcelaria.

Entonces, en julio, un narcotraficante notorio se las arregló para salir sigilosamente de la cárcel, por lo que se hizo una investigación en cuanto a si las autoridades, incluido el director, podrían haberle concedido privilegios que ayudaron a su escape.

Al parecer, se permitía que varias mujeres asistieran a la visita conyugal de Luis Gonzaga Castro Flores, el narcotraficante. Usó a una de ellas para cambiarse la ropa en el área de visitas y escapar, dicen las autoridades.

Parecía que se habían impuesto las reglas más estrictas en una parte de la prisión separada para los drogadictos. Para conseguir que dejaran las drogas, en gran medida la cocaína, los funcionarios los hacían marchar al estilo militar y les prohibían tener visitas externas, en ocasiones la fuente del contrabando.

Se les dice a las visitas que no usen ropa color marrón claro para que no se las confunda con un preso. Al entrar, se las registra rápidamente y se les coloca una tinta especial en las manos para diferenciarlas de los internos.

Guillermo, un ladrón convicto que pidió no publicar su apellido por razones de seguridad, dijo que la mayoría de los presos a los que enseña en la prisión dudan en hablar de sus parejas sexuales cuando se acerca a ellos la primera vez. Sin embargo, debido a que es abierto en cuanto al hecho de ser bisexual, dijo que los presos pronto empiezan a hablar.
"En un lugar como este, la vulnerabilidad de infectarse con el VIH es muy alta", explicó.

Uno de los que aprecia el acercamiento es Héctor, de 32 años, quien lleva la mitad de una sentencia de seis años por robo. Tiene esposa e hijos afuera y una pareja sexual masculina adentro. "No sé si lo tengo o no", dijo sobre el virus. "Lo hago sin condón pero ahora estoy aprendiendo que no debe ser así".

Acerca del VIH-SIDA en las cárceles mexicanas y las realidades carcelarias latinoamericanas, consúltense también: “Preocupan obstáculos para combatir sida en cárceles mexicanas [...] Es muy difícil trabajar en centros penitenciarios porque muchos directivos quisieran negar que hay drogas dentro de los centros, que se usan drogas inyectables y que hay sexo dentro de las cárceles y que hay sexualidad entre hombres [...]”, con fecha 14 de julio de 2008, en http://www.milenio.com/node/47117 ; “México permite visitas conyugales gays”, con fecha 30 de julio de 2007, en http://www.cnnexpansion.com/actualidad/2007/7/30/carceles-del-df-permitiran-vistas-gay/view ; SIDA y sexo entre hombres en América Latina: Vulnerabilidades, fortalezas y propuestas para la acción, Perspectivas y reflexiones desde la salud pública, las ciencias sociales y el activismo, de los editores Carlos F. Cáceres, Mario Pecheny y Veriano Terto Júnior , 2002, disponible en http://www.ciudadaniasexual.org/publicaciones/SIDA_y_sexo_entre_hombres.pdf ; el libro Hombres sin mujer, publicado en 1937, del autor Carlos Montenegro, disponible en http://www.cubaliteraria.cu/libro/online/descarga/E00033.pdf ; “Recientes observaciones sobre las prisiones mexicanas”, de Norman S. Hayner and Oscar T. Richter, en Revista Mexicana de Sociología, 1942, Vol. 4, No. 1:73-83.

Si recordamos un poco la historia de la Humanidad, podremos observar que todas las naciones tienen a sus primeros dioses, o a ciertos dioses, como andróginos, a inmortales y mortales andróginos, es decir seres que tienen a la misma vez los dos sexos: masculino y femenino. Históricamente, muchas sociedades han tolerado y toleran hoy la homosexualidad.

¿Pero por qué y cómo se producen las relaciones entre dos hombres, de la misma manera que entre dos mujeres? Esto no es un secreto, por el contrario, porque lo podemos observar en cualquier lugar, en las calles y hasta en los lugares menos esperados, pero evidentemente imaginables: “cuando el río suena, es porque agua trae”, sobre todo hoy con tanta difusión de la información y de los “gustos”: sólo abres tu computadora, pones una palabra para buscar en Internet, y ya, en cuestión de segundos aparece la información que quieres y mucho más, y en el idioma que quieras... Aquí podemos decir que hoy el adulto que nunca haya visto una tal situación, sencillamente no vive en este mundo, es extraterrestre. ¿En dónde no están, claramente expresadas, las relaciones homosexuales? En dondequiera aparecen, pero en especial en donde hay o sólo hombres o sólo mujeres. Así es. No obstante, consideremos el asunto según el parecer de dos estudiosos del tema, por ejemplo, del clásico Platón y de la conocida mexicana Martha Robles: novelista, ensayista y estudiosa de la Antigüedad:

Equivocarse en la contraseña implícita al elegir mujer o varón ha provocado el más profundo desasosiego. Lejos de ser curativas, las malas alianzas engendran odios y multiplican la injusticia ancestral. Por encima de su obvia infecundidad, los enlaces entre varones afines crearon, al decir de Platón, una maravillosa sensación de amistad, de intimidad y de amor que les dejaba fuera de sí y les impedía separarse siquiera un instante, tal vez porque en ellos quedaba un remanente de turbación o de espera angustiosa superior al surgimiento de una luz propia que les permitiera vencer su estado de postración. Éstos eran los que pasaban su vida entera en mutua compañía, consolándose de su nostalgia inmemorial por el otro yo y apegados, en cierto modo, al temor de la soledad que sintieron las unidades recién fragmentadas que andaban como perdidas, inmersas en su desconcierto imperioso, sin rumbo preciso ni clara conciencia de su sentido de ser ....

En lo tocante al panorama lingüístico ligado al sexo, tenemos que destacar que desde hace mucho tiempo a los investigadores les ha llamado la atención la cuestión de que hombres y mujeres hablen y gesticulen de manera diferente. Es cierto que en nuestros días las mujeres han ocupado un lugar muy destacado en la sociedad, la ciencia, la cultura, la economía, la política, la religión, etc., y que siguen luchando en todos los frentes por la equidad de géneros, por la igualdad de los géneros, por el respeto a su género, a sus derechos y a su trabajo y remuneración; pero también es verdad que, en la actualidad, las diferencias entre hombres y mujeres son todavía muy grandes, terribles y humillantes, en niveles inconcebibles, en todos los aspectos, cuestión que podemos comprobar no ya solamente en las sociedades y países tercermundistas, atrasados, fanáticos, limitados y llenos de tabúes e ignorancias de todo tipo, sino también, y peor aún, en las sociedades y países altamente desarrollados, con elevados Índices de Desarrollo Humano o IDH, como Noruega, Islandia, Australia, Luxemburgo, Canadá, Suecia, Suiza, Irlanda, Bélgica, Nueva Zelanda...: aquí, en estos países, es mínimo el por ciento de mujeres vinculadas a puestos directivos, a altos cargos, en todas las esferas de la actividad humana, y, por supuesto, en el caso en que desempeñen altos cargos, entonces sus prestigios, remuneraciones y prestaciones son menores a las de los hombres en situaciones laborales idénticas. Los grandes problemas que han enfrentado las mujeres en la historia y que siguen enfrentando en la actualidad se pueden considerar también a través del Índice de Potenciación de Género o IPG, que considera las posibilidades reales que tienen las mujeres en las diferentes sociedades y al nivel internacional, de la misma manera que la desigualdad entre hombres y mujeres en cuanto a su participación y toma de decisiones en la política, en la economía y en los ingresos económicos o salarios. El Índice de Desarrollo Humano Relativo al Género o IDG es otro indicador de las diferencias entre hombres y mujeres, y se fundamenta en la educación y la cultura, en la vida prolongada y basada en la salud y también en el nivel de vida que se considera como digno para el ser humano. ¡Así están las cosas en pleno siglo XXI! Digamos que la existencia de muchas de estas diferencias sociales, culturales, económicas, científicas, políticas, religiosas, etc., entre hombres y mujeres depende de la forma en que se manejen las relaciones culturales o familiares, educativas, entre los miembros de ciertas sociedades. Todo parece indicar que el mundo, todavía, no está preparado para aceptar el trascendental papel de la mujer en el orden internacional, en los órdenes nacionales, empresariales, científicos, técnicos, educativos, morales y relacionados con los principios, artísticos, etc.:

Para considerar algunos de los problemas que enfrentan las mujeres en el mundo, y concretamente en América, se puede consultar la información que arroja UNIFEM –United Nations Development Fund for Women o Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer–, cuyas páginas en Internet son: www.unifem.org y www.unifem.org.mx

La vida de la mujer en el mundo y a través de la historia ha sido muy difícil, terrible en la mayoría de los casos. Basta abrir, por ejemplo, cualquiera de las tantas versiones de los textos religiosos de la cultura judeo-cristiana. Así, la mujer latina, tanto en el periodo prehispánico, como en la Colonia como en la actualidad, ha tenido y tiene que enfrentarse a los tradicionales vejaciones, humillaciones, atropellos y violencias, en unas áreas geográficas más y en otras áreas geográficas menos, si se quiere, pero humillaciones al fin. Estas vejaciones, humillaciones, atropellos, sufrimientos y violencias hacia la mujer han sido registrados desde hace mucho tiempo. En el mundo de la latinidad, en este macrocontexto, existen muchas diferencias, que hacen a hombres y mujeres disímiles, por fuera y por dentro. Y cada grupo de seres humanos tiene, a su vez, sus ciertas características grupales. En el caso concreto de América, y más concretamente en México, las infamias y los maltratos hacia la mujer, hacia esa “mujer mexicana” que tiene sus particulares psicológicas regionales (Alegría, 1978), los han reflejado, entre otros muchos autores, desde principios del siglo XVI, Bernardino de Sahagún, en su trascendental obra Historia general de las cosas de Nueva España, y José Joaquín Fernández de Lizardi, en 1819, en su novela La educación de las mujeres o la Quijotita y su prima: historia muy cierta con apariencias de novela. Es decir que los problemas que enfrenta la mujer en la actualidad son en una buena parte los mismos problemas de décadas, de siglos: agonías tras agonías, incertidumbres tras incertidumbres..., como nos muestran los resultados de las investigaciones que llevan por nombre en México Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares; pero pregúntele a cualquiera de nuestros legisladores, de nuestros gobernantes, a los funcionarios de la procuración de justicia y el derecho acerca de estos documentos, vea los programas de estudio de los centros de educación superior, de las universidades, para considerar si estos textos aparecen como material obligatorio de consulta docente-educativa: ¡muy pocos los conocen!, y no solamente me refiero a los alumnos... ¿¡Y los profesores qué...!? ¿¡Y los directivos qué...!? ¡Cuánta pena, cuánta ignorancia, cuánto atraso...! ¡Qué tremendo error de nuestros dirigentes políticos y gubernamentales, de nuestros diputados y senadores, de nuestros directivos de la educación y de la instrucción! Pero, eso sí, hasta abril de 2007 en México se leía en los actos matrimoniales civiles la tan conocida Epístola del abogado michoacano Melchor Ocampo, creada en julio de 1859: ¡más de 147 años de humillación! Así anda nuestra América en este sentido de “los tan sonados derechos de la mujer”. Así anda una parte de México en “los tan sonados derechos de la mujer”. Y digo “una buena parte de México” porque sabemos que en el mismo México actual hay lugares, como el Istmo de Tehuantepec, en donde esto es muy diferente, en donde el rostro y la imagen de la mujer son muy diferentes, en donde el papel de la mujer en la comunidad es muy diferente, en donde la idea de los “derechos de la mujer” podría sonar como sueño, como ideal o utopía, para los demás mexicanas y mexicanos, para los demás latinas y latinos, para los demás indígenas. El Istmo de Tehuantepec es una extensa región que en México la comprenden los estados de Oaxaca, Chiapas, Tabasco y Veracruz (Dalton, 2000).

Para tratar el papel de la mujer en el México actual, especialmente en cuanto al liderazgo femenino en el ámbito laboral, véase, por ejemplo: “Las 50 mujeres + poderosas en los negocios. Quiénes son, dónde están y cómo llegaron a la cima”, en la revista mexicana Expansión, noviembre 1, 2006, año XXXVII, No. 952 (Ruano, 2007a).

Si se establecen fuertes diferencias desde el principio de la niñez entre hombres y mujeres, entre mujeres y "machos", estará claro que aparecerán grandes diferencias lingüísticas y gestuales. Además, en los grupos donde existen divisiones en el trabajo también aparecen divisiones en el aspecto lingüístico y comportamental. Si en cierto grupo los hombres son los cazadores, los guerreros, los pescadores, los mecánicos, los labradores, los agricultores, los sacerdotes, los filósofos, los tejedores, los escultores, los pintores, los políticos, etc., entonces ellos serán los que dominen esos lenguajes "especiales", "técnicos", del área. Si las mujeres son las que confeccionan los tejidos, hacen los artículos de barro, cuidan del ganado menor –chivos, cabras, ovejas–, hacen las comidas, compran los productos en las tiendas, decoran las casas y hacen los partos, entonces ellas serán las que dominen ese tipo de lenguaje, ese léxico y sus marcas, sus clases.
Independientemente de las tantas mujeres que han logrado desempeñar papeles muy importantes en el ámbito político internacional y en los ámbitos político-gubernamentales-administrativos concretos de cada país y región geográfica, en la historia y en la actualidad –no podemos olvidar, entre muchas trascendentales, a mujeres como Cleopatra, Catalina La Grande, Isabel La Católica, Isabel de Inglaterra, Sirimavo Bandaranaike (ex primer ministra de Sri Lanka en tres ocasiones, primer mujer en el mundo en llegar al puesto de primer ministro), Indira Gandhi, Golda Meír, Tansu Çiller, Margaret Thatcher, Ángela Merkel, Wu Yi (vicepresidenta de China)...–, creo que hay que destacar en estos momentos, años 2006, 2007, 2008 y 2009, los trascendentales papeles que están desempeñando en la política gala e internacional la francesa Ségolène Royal, “El Terremoto Ségolène” –para más detalles acerca de la vida y obra de Ségolène Royal, consúltese, por ejemplo: Anne Marie Mergier (2006). “EL terremoto Ségolène”, en Proceso, No. 1570, 3 de diciembre: 60-63, –; Wu Yi, vicepresidenta de China; la singapurense Ho Ching, directora de la firma estatal de inversiones Temasek Holdings y esposa del primer ministro de Singapur; Gloria Arroyo, presidenta de Filipinas, y en América la presidenta chilena Michelle Bachelet.
Pero en nuestros días, indudablemente, entre los logros más trascendentales alcanzados por una mujer en el ámbito político-gubernamental-administrativo en el plano internacional, y concretamente al nivel de América, están los de la norteamericana Nancy Pelosi, los de la norteamericana Hillary Clinton, los de la guatemalteca Rigoberta Menchú Tum, los de la norteamericana Geraldine Anne Ferraro y los de la también norteamericana Sarah Palin Louise.
Nancy Patricia D’Alesandro Pelosi –de ascendencia italiana, una latina, una mujer educada en la política y en el lujo exquisito, con una fortuna familiar de cerca de los 30 millones de euros. Se le conoce como “La Thatcher de la Izquierda”– llegó a nada más y a nada menos que al puesto de Presidenta de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos –Cámara Baja–, lo que la convierte en la primer mujer en ocupar este cargo en la historia de ese complejo país, y en, claro está y desde ciertos ángulos, la mujer más poderosa de todo Estados Unidos –¿y del mundo?– y en la segunda en la línea de sucesión presidencial de los Estados Unidos de Norteamérica, luego del vicepresidente, según lo estipulan las leyes de ese país.
Para considerar las particularidades de la vida de la más que conocida Hillary Diane Rodham Clinton, véase: http://en.wikipedia.org/wiki/Hillary_clinton .
Rigoberta Menchú Tum es una indígena plurilingüe –quiché, cachiquel, zutujil, español, y un poco de inglés y francés– descendiente del grupo étnico-cultural maya-quiché, Embajadora de Buena Voluntad de la UNESCO, Premio Nobel de la Paz, Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional y con varios Doctorados Honoris Causa otorgados por universidades como: Columbia (EE.UU.), Saskatchewan (Canadá), Sevilla (España), Universidad Autónoma de Madrid (España), Universidad de San Carlos (Guatemala), Cochabamba (Bolivia), UCA (Nicaragua), Universidad Nacional (Costa Rica), Meiji Gakuin (Japón), entre otras. En las Elecciones Presidenciales Guatemala 2007, Rigoberta se registra como la primera candidata indígena a la presidencia de Guatemala, única mujer entre 14 participantes, y se ubica más o menos entre el 4 y el 5 lugar de preferencias electorales, según las encuestas que se consulten. ¿Hasta dónde puede llegar Rigoberta en estas elecciones 2007? No sabemos, pero hay que tomar en cuenta que más del 40% de los guatemaltecos son indígenas con un elevado por ciento en situación de pobreza, independientemente de que más del 51% de los aproximadamente 14 millones de guatemaltecos están en reconocido estado de pobreza y que la mayoría de la población guatemalteca es de tipo rural, rústico o periférico, de donde se desprende que puede haber algunas sorpresas. Esta Premio Nobel ha escrito varios libros. Cualquiera que oye hablar, que escucha y ve el lenguaje verbo-corporal de la Dra. Menchú Tum, queda extasiado. ¡Así de sencillo! La claridad, la transparencia de su discurso es modelo discursivo y no solamente para la lengua española, es un ejemplo a seguir tanto para novatos de la política como para los que se consideran “experimentados” (?) en este campo. Cuando vemos a esta Premio Nobel discursar no podemos decir otra cosa que: “¡Ya quisieran muchos por un día de fiesta!”
Geraldine Anne Ferraro es una estadounidense, hija de italianos, que fue la primer mujer en la historia de Estados Unidos en llegar a la candidatura para vicepresidente de los Estados Unidos, y esto fue en las elecciones de 1984, por el partido demócrata. Al respecto véase: http://en.wikipedia.org/wiki/Geraldine_Ferraro .
Sarah Palin Louise es la segunda mujer en la historia de Estados Unidos en llegar a la candidatura para vicepresidente de este país, en las elecciones de Estados Unidos de 2008, y por el partido republicano. Al respecto véase: http://en.wikipedia.org/wiki/Sarah_Palin .
Obviamente, a la hora de la valorar la trascendencia de las mujeres consideradas como personalidades más relevantes del mundo, puede haber muchas sorpresas. Para tratar este tema en detalles véase, por ejemplo “In Pictures: The 100 Most Powerful Women”, de Forbes, en:

http://www.forbes.com/business/2007/08/28/biz-07women_all_slide.html

http://www.forbes.com/lists/2008/11/biz_powerwomen08_The-100-Most-Powerful-Women_Rank.html

La lucha de las mujeres por lograr la igualdad de derechos en el seno de la Iglesia católica es vieja, y está bien documentada. En todos los tiempos, como ahora, mucha gente se ha preguntado: “¿por qué las mujeres en el Catolicismo no pueden ser sacerdotes?” Y dentro de esa “mucha gente” que se hace esta pregunta están personalidades célebres, reconocidísimas mundialmente, probadas en el orden intelectual y moral, como es el caso del escritor y filósofo italiano Umberto Eco:

Pero voy a mi pregunta. No he logrado aún encontrar en la doctrina de las razones persuasivas, la razón por la que las mujeres deban ser excluidas del sacerdocio. Si la Iglesia quiere excluirlas, lo respeto, tomo nota y respeto su autonomía en materias tan delicadas. Si fuera una mujer y quisiera a toda costa convertirme en sacerdotisa, me pasaría al culto de Isis, sin forzarle la mano al Papa [lo que le daría al Papa y al Vaticano todo el derecho para establecer definitivamente “la ley” en una religión que “es de todos”, y “no sólo del Papa, del Vaticano y del Catolicismo romano”. ¡Para nada! El Cristianismo es de todos los cristianos, independientemente de la variante o secta, por eso “todos los cristianos” decidiremos lo que pasa con el Cristianismo, dentro del Cristianismo y también fuera del Cristianismo, es decir en lo tocante a la relación del Cristianismo con todo lo demás]. Pero como intelectual, como lector, desde hace mucho tiempo, de las Escrituras, cultivo perplejidades que quisiera fueran esclarecidas [...]

En vista de que es indudable que Cristo se sacrificó por los hombres y por las mujeres y que, en menosprecio de las costumbres de sus tiempos, confirió privilegios altísimos a sus seguidoras de sexo femenino; visto que la única criatura humana nacida inmune al pecado es una mujer; en vista de que Cristo se le apareció por primera vez después de la resurrección a las mujeres y no a los hombres, ¿no sería ésta una clara indicación de que él, en polémica con las leyes de su tiempo, y en la medida en que podía razonablemente violarlas, quiso dar algunas indicaciones claras acerca de la paridad de los sexos, si no frente a las leyes y a las costumbres históricas, al menos respecto del plan de Salvación [...]

El argumento simbólico no me satisface. Ni tampoco me satisface el argumento arcaico por el cual la mujer, en ciertos momentos de su vida, secreta [emana] impureza (aunque el argumento ha sido sostenido en el pasado, como si una mujer que tiene su menstruación o da a luz en la sangre, fuera más impura que un sacerdote con Sida) [...]

He aquí mis perplejidades. ¿Cuáles son las razones doctrinales para prohibir el sacerdocio a las mujeres? (Eco y Martini, 1999: 68-72).

Los logros de las mujeres en nuestros días en el ámbito de la religión están claramente marcados por la “ordenación” de sacerdotisas y obispas católicas.
No obstante a las advertencias y amenazas de excomunión por parte del Vaticano y al no reconocimiento de sus investiduras por parte de su jerarquía “masculina”, muchas mujeres se han ordenado sacerdotisas católicas, como sucedió, por ejemplo, con 7 mujeres en el 2002, en el río Danubio, entre Austria y Alemania; en junio de 2006, en el lago Constanza, Suiza, con 3 mujeres; y en Canadá en julio de 2006, sobre el río Saint Laurent, en donde 9 mujeres estadounidenses se ordenaron. Existen hasta “mujeres obispas” en el Catolicismo, como es el caso de la austriaca Christine Mayr-Lumetzberger, la alemana Gisela Forster y la sudafricana Patricia Fresen.
Para tratar este tema de la “ordenación como sacerdotisa católica” y el papel, en general, de la mujer en la actual Iglesia católica, recomendamos consultar, por ejemplo, los siguientes sitios de Internet:

http://www.wow2005.org/
http://www.womenpriests.org
http://www.ordenaciondelamujer.org
http://www.sosj.org.au/about/western_australia/i_mccormack.html
http://www.iol.ie/~duacon/wompr.htm
http://prodpr.com/estolapurpura/
http://www.catherineofsiena.net/
http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_letters/documents/hf_jp-ii_apl_22051994_ordinatio-sacerdotalis_sp.html
http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/international/newsid_4122000/4122708.stm

En la actualidad sabemos que en "nuestra educación", específicamente en el mundo de lengua española, en América Latina, en México, en el D. F., específicamente entre los grupos "con educación", se dicta que los hombres deben referirse a las mujeres de una "manera educada", empleando las palabras correctas, sin groserías, con ciertos gestos, y viceversa. Pero esto depende del grupo social, de la etnia, de la cultura y de las relaciones sociales o filiales de que se trate. Por ejemplo, en México y según el abogado yucateco Carlos Alberto Echánove Trujillo (1907-1976):

[...] entre los tarahumares [o tarahumaras, grupo aborigen o tribu de la familia uto-azteca, que se denomina a sí mismo rarámuri –los de los pies ligeros–, asentados en aproximadamente la cuarta parte, 50 000 km2, del territorio del estado de Chihuahua, y que son unos 69 916, es decir, uno de los mayores grupos étnicos de México] existe otra clase de parentesco, más curioso todavía, y es el que suele establecerse con un cuñado o cuñada a quien se trata en forma chancera y deshonesta. Llámasele mutcímuli y puede en cierto modo considerársele como una expresión de los instintos de juego y de sexualidad. En efecto, tal relación es chancera y consiste en pláticas y juegos más bien obscenos, cuya osadía aumenta durante las tesgüinadas, que son reuniones para ejecutar trabajos en común y en las que se liba tesgüino en abundancia. Dichos juegos consisten en bromas obscenas, intentos de levantar la ropa a la mujer, tocamiento de sus partes pudendas, quitamiento de las ropas, luchas y otros muchos atrevimientos que no se tolerarían en otra clase de relaciones, incluso entre marido y mujer... Son también los tarahumares los que establecen un parentesco especial entre abuelos y nietos, el cual implica relaciones semejantes a las del mutcímuli, aunque, debido a la diferencia de edad, no son atrevidas.

El comportamiento sexual de los humanos atraviesa por tres fases:

  1. Formación de la pareja. Normalmente llamada galanteo. A veces muy prolongada. Aquí aparece un comportamiento experimental y ambivalente en donde hay conflictos, miedo, agresión, atracción sexual, nerviosismo. Aparecen expresiones faciales complejas. Generalmente se desarrolla en público. Hay manifestaciones infantiles.

  2. Actividad precopulativa. Se busca la soledad. El contacto de los cuerpos aumenta en intensidad y duración. Las señales visuales y vocales pierden gradualmente importancia y se hacen más frecuentes las señales táctiles. La pareja se despoja parcial o totalmente de la ropa y el estímulo táctil de piel a piel es aumentado en una zona lo mayor posible. Los contactos boca a boca alcanzan su mayor frecuencia y duración, y la presión ejercida por los labios varía desde una suavidad extrema a una extrema violencia. La lengua se introduce en la boca del compañero. Los labios y la lengua se aplican también a muchas zonas del cuerpo del compañero, especialmente a los lóbulos de las orejas, el cuello y los órganos genitales. El macho presta atención particular a los senos y los pezones de la hembra, y el contacto de los labios y la lengua se convierten en más complicadas lamidas y chupetones. Se muerde. Los estímulos sexuales practicados en el compañero durante los arranques de la actividad precopulativa producen una agitación fisiológica sexual suficiente para que se produzca la cópula.

  3. Cópula. Se inserta el pene en la vagina o en el ano. Ordinariamente la cópula se realiza cara a cara, ambos en posición horizontal y teniendo la hembra las piernas separadas. Es una fase mucho más breve que la precopulativa (Morris, 1996).

También podemos decir que el comportamiento sexual o acto sexual tiene cuatro etapas, que son las mismas en hombres y mujeres:

  1. Deseo.
  2. Excitación.
  3. Orgasmo.
  4. Resolución.

Cada una de estas etapas o fases está matizada por determinados rasgos comportamentales biológicos, sociológicos y sicológicos, que evidentemente aparecen en la comunicación verbo-corporal de los individuos. Un gran error es pensar que los deseos y los gustos sexuales son “sentimientos secretos”. ¡Claro que no! Cuando los individuos viven en sociedad, esos sentimientos y sensaciones siempre son descubiertos, de una u otra manera, aquí las “máscaras” no funcionan. Lo que la gente no descubre por las palabras, por el lenguaje verbal, lo descubre por los gestos, por los ademanes, por los ojos, por la piel, por los protocolos, etc., es decir por el lenguaje corporal, por el lenguaje no verbal. ¡Justamente por eso, aguas, cuidado, especialmente en los centros de trabajo y en las fiestas, en las reuniones sociales, con el consumo de alcohol y otras drogas! ¡”Eso” siempre se descubre! Así funciona la comunicación humana, porque la comunicación humana dispone de muchos y complejos mecanismos para enviar mensajes, no solamente la palabra, el gesto y el ademán. Y lo peor de todo es cuando se producen las conocidas “confusiones de sentimientos”, en especial cuando el grupo está compuesto sólo por hombres o sólo por mujeres. Ciertos gestos y ademanes masculinos o ciertos gestos y ademanes femeninos, reforzados con “ciertas palabras claves”, pueden confundir los sentimientos y, por consiguiente, las relaciones entre las personas. Queda claro también que en ciertas circunstancias, especialmente en situaciones de promiscuidad y desespero espiritual o social, en centros de trabajo, en colegios, empresas, etc., existen personas que “necesitan” confundir algunos mensajes verbo-corporales, que necesitan “malinterpretar” la comunicación de otras personas, porque “necesitan” llamar la atención, necesitan ser consideradas, necesitan ser tomadas en cuenta. Y al no ser tomados en cuenta por las vías normales y habituales de la comunicación social, entonces acuden a estas otras desafortunadas vías de la comunicación social.
Estas personas, generalmente frustradas en el amor, frustradas en las relaciones sociales, con frecuencias frustradas en sus noviazgos y matrimonios, con frecuencia marcadas por ciertos tipos de divorcios, con frecuencia rechazados por sus familiares, que necesitan “armar sus mitotes” –al decir de los mexicanos–, que necesitan “armar sus petates” –al decir de los cubanos–, por la vía que sea, en contra de las personas que desarrollan su sexualidad de manera respetuosa pero divertida, creativa, imaginativa, fantasiosa, es decir que “tienen sexo” con gusto, con pasión, y no sexo big-bang –es decir, un tipo de sexo que se realiza exclusivamente para “procreación”, un sexo fatuo, mustio–, lo que buscan en realidad es que el mundo se entere que ellos existen y además, obviamente, desviar la atención de los demás de un hecho concreto, real y triste, que es su frustración, su desespero y su soledad. ¡En realidad una tal persona con una tal conducta es un “verdadero problema”! ¡Cuidado con este tipo de persona, es decir los rechazados sociales, los rechazados espirituales, los rechazados afectivos, los disfuncionales sexuales! Es una pena una tal situación, es una tristeza que existan personas así, pero más pena es todavía la forma en que ellos se comportan ante los demás y los daños que pueden causar en la vida familiar y laboral de los demás y hasta en la suya propia. Este tipo de individuos, que ve moros con tranchetes en la sexualidad y en las relaciones sociales afectivo-amistosas, en los autores, libros, revistas y periódicos, programas de televisión y cine, que tratan la conducta sexual humana y los lenguajes del amor, de una manera científica, artística, respetuosa y educativa, generalmente “guardan muchos secretos turbios, convulsiones del alma y conductas dudosas”. ¿Qué deben hacer estos especímenes sociales? ¡Un terapeuta sicólogo y sexólogo! Aunque, en algunos casos conocidos, ¡pobre del terapeuta que los atienda!
Las “confusiones” en la sexualidad o relaciones sexuales nos presenta otra cara: los encuentros semisexuales, es decir situaciones en las que las personas entran en contacto, públicamente, laboralmente o familiarmente, y aparecen determinadas “confusiones” en las que uno de los participantes del contacto se confunde con los mensajes que llegan hasta él por parte de determinados emisores:

Estos encuentros semisexuales ocurren con tanta frecuencia que pueden considerarse una parte innata de nuestra cultura. No ocurren sólo fuera de casa, sino también entre padres e hijos, dueños de casa y huéspedes, aún entre dos mujeres y dos hombres. Lo que hay que comprender claramente en esta relación sexual/no-sexual es que se trata de un juego. Desde el comienzo, está presente la descalificación del hecho. Si todo se hace como es debido, no debe haber la posibilidad de que uno de los oponentes de golpe despierte y diga: «Pero yo pensé que su intención era...»; y el otro se vea en la necesidad de declarar: «Oh, no. No había nada de eso» (Fast, 1999: 101).

Esto en realidad es un problema. Este tipo de “confusión” ha creado muchas situaciones difíciles, malentendidos, malestares, y desenlaces en extremo desagradables, que han culminado, por ejemplo, en discordias familiares, juicios, prisión, etc., y en el ámbito laboral con el despido de excelentes trabajadores, hombres y mujeres, pero no buenos decodificadores, lectores, de los lenguajes corporales humanos. Estos “malentendidos” aparecen con más frecuencia en las empresas globalizadas, debido a que las personas que ahí laboran tienen diferentes códigos de conducta, o semejantes códigos de conducta pero con matices especiales, que al ser observados detalladamente son interpretados de otra manera y no de la manera que en realidad el emisor habría querido que se entendiera. Estos malentendidos difícilmente afectan a las personas “normales”, porque siempre hay muchas formas de que las cosas queden claras desde un principio, de que las señales sexuales, que siempre están presentes de una u otra manera en nuestros comportamientos habituales, no se tomen al pie de la letra. Las señales sexuales no siempre aparecen de la misma manera; aparecen incluidas en todo un paquete de señales. Si lanzamos ese paquete de señales de manera incompleta, si omitimos ciertos detalles en ese paquete, entonces el “malpensado” o “malpensada” queda desconcertado o desconcertada y tendrá que atenerse a las consecuencias si a fuerza quiere decodificar como sexual lo que en realidad no es expresamente sexual o en lo absoluto es sexual:

Lo importante en todo ello es conocer las señales, conocer las señales limitativas y determinantes que separan las verdaderas insinuaciones sexuales de las no sexuales. Las dos [...] son fáciles de confundir. En realidad hay personas que constantemente confunden el envío y la recepción de estas señales sexuales y sus matices [...] Estas personas no sólo provocan insinuaciones sexuales sino que las imaginan en otros cuando no existen. Es la típica «provocación» que todos conocemos o la chica que está convencida de que todos tienen intenciones sexuales a su respecto (Fast, 1999: 102-103).

Por otro lado, existen grupos, empresas, instituciones y personas en particular que implantan rigurosos y seudomoralistas códigos de conducta, que rechazan o sancionan –por lo menos aparentemente– cualquier signo de sexualidad –limitativo o determinante–. Es más, algunos grupos humanos, empresariales, institucionales, parece que solamente aceptan en su núcleo laboral a individuos con fuertes traumatismos biológicos, sicológicos, sociales, físicos, en donde el signo más evidente en ellos es la asexualidad, la carencia de esos maravillosos detalles que todo animal normal, en especial el animal humano, desearía portar. Este es un problema mayor que el anterior; es, en realidad, una gran desgracia. Hay empresas e instituciones que parecen verdaderos zoológicos, sólo que en estos zoológicos en vez de haber animalitos simpáticos, chistosos y juguetones hay animalitos tristes, frustrados, dañados por la vida, y llenos de traumas de todos tipos. ¡Basta observar sus físicos, sus atuendos, sus gestos y ademanes! ¡Basta ver sus reuniones y oír sus temas de conversación, sus “palabras clave” por tan sólo un minuto, no más, y de lejos, porque la frustración y el complejo, como la gripe y la sarna, también se contagian!
A través del “sexo”, ya sea masculino o femenino, o el llamado tercer sexo (Morris, 1993: 141-147), podemos conocer a las personas en general –especialmente si pertenecen a nuestra cultura “occidental”–, sus expectativas, criterios, hábitos, predecir sus conductas posibles, especialmente debido a sus lenguajes corporales. Pero en situaciones de globalización, de análisis de un mundo tan grande y complejo como el nuestro, aparte de interactivo, la situación se presenta con matices extremadamente diferentes, debido a que acerca del sexo y la sexualidad los criterios y las tradiciones no solamente son complejos en un mismo país, como puede ser, por ejemplo, Estados Unidos o México o Brasil o India o China o África o la misma Cuba, sino que debido a las distancias culturales que existen entre los países que interactúan en el mundo moderno, algunas culturas pueden valorar a otras como sencillamente aberrantes, justamente debido al panorama como se concibe el sexo y la sexualidad. La aceptación o el rechazo de estos criterios y conductas, con sus visiones, son el resultado de las mayores o menores distancias culturales entre los pueblos y la entronización de la cultura occidental, con sus aciertos y desaciertos, como medio para valorar a todas las otras culturas, como medio para establecer “lo bueno” y “lo malo”. Algo que llama tristemente la atención es la forma en que muchos grupos y personas mayores, de la “tercera edad”, tratan la sexualidad, su sexualidad, con miedos y tabúes propios de la época medieval, cuando hace mucho tiempo ya que el mundo civilizado tiene maravillosas soluciones para la mayoría de los trastornos y las disfunciones sexuales, que por supuesto son propios de la edad. Si los indios o los chinos, o los rusos o los hotentones o los mandingas africanos tienen tales o cuales criterios o conductas sexuales..., es cuestión de esos países, sus pueblos y sus autoridades; y de nosotros, los occidentales (?), un aspecto a considerar, por si anduviéramos por allá, no valla a ser que “la guerra nos atrape inadvertidos”. Me parece que en este sentido tenemos que distinguir, por ejemplo, lo que es el sexo en sí y lo que es el sexo en el sentido del cristianismo occidental o romano –no del cristianismo oriental u ortodoxo y de otros grupos sectarios–, que son, en realidad, dos enfoques sociales y filosóficos diferentes (Arnott, 2003: 243-247).
Otro asunto a considerar aquí es el análisis de este tema de “comunicación, imagen y sexualidad” dentro de nuestra propia cultura “occidental”, en nuestros “países occidentales”, con los reales y concretos matices que el tratamiento de la “comunicación” y el tratamiento de la “sexualidad” demandan en el ámbito de la Comunicología, la Sociología, la Criminología y la Victimología. Me refiero aquí, concretamente, a ciertos comportamientos sexuales complejos y de alto riesgo. Como habíamos dicho anteriormente, lo masculino, lo femenino y lo homosexual siempre han existido. Unas culturas y grupos han aceptado o tolerado ciertos comportamientos sexuales, ciertos códigos sexuales, y su expresión abierta y pública; otras culturas y grupos no, “al parecer”, pero, de repente, se producen ciertos eventos o escándalos sexuales, que salen a la luz pública, que “mueven el tapete” de la cultura sexual de los pueblos y de su verdadera moralidad, de su escala de valores, debido a que tal parece que esos eventos se producen con la complacencia de todos los componentes del grupo, o con una buena cantidad de ellos. En la vida moderna y globalizada no hay de dos: o estás a favor o estás en contra, o afirmas o niegas, o estás de un lado o estás del otro, y esto se produce con tus palabras de aceptación o de negación y protesta, y con tus manifestaciones corporales de aceptación o de negación y rechazo. En estos casos extremos el que se abstiene entonces “está a favor”, como sabemos ya por la experiencia de años en la vida de las culturas civilizadas. Para ser más claro, me refiero aquí a ciertas culturas y grupos, que se consideran altamente moralistas y conservadores, pero que admiten la presencia y liderazgo de prostitutos y prostitutas, de pederastas, violadores y masoquistas, inclusive en el seno de las más altas esferas de la política, la religión, la educación, el gobierno y los clubes sociales.
En ciertas culturas y grupos de nuestros días se registran códigos comunicativos verbo-corporales del ámbito de la sexualidad que, al parecer, están prohibidos, vetados, por las “leyes de los hombres” y por las “leyes de Dios”; pero que, de repente, al ver y oír la información noticiosa nacional e internacional, al ver un film que recrea estas escenas –y que en los últimos años han aparecido ya unos cuantos, inclusive cintas que han sido multipremiadas por las academias cinematográficas–, al salir del “letargo”, al considerar los hechos con “sus palabras” y con “sus imágenes”, caes en la cuenta de que “todo se vale”, si consideramos las actitudes de complacencia de ciertos grupos determinantes, que deciden, de una manera u otra, la suerte de las comunidades, de los países, de los continentes y del mundo en general, que han sido los verdaderos y auténticos generadores y protagonistas de esas escenas. Basta ver cómo se comportan algunos pueblos y gobiernos ante el acoso sexual y el acoso moral. ¿Cómo es posible que comunidades y países que pretenden llamarse civilizados y morales no consideren este cáncer social?
En los países occidentales lo masculino y sus actos derivados, lo femenino y sus actos derivados, y lo homosexual –considerando aquí como conducta homosexual la observada por “adultos”, mayores de edad, con pleno conocimiento de causa, y sin impedimentos o restricciones religiosas, políticas o sociales, que le indiquen o que le obliguen a lo contrario, es decir a no practicar por ningún motivo la homosexualidad– y sus actos derivados, tienen sus leyes, sus normas, sus códigos, sanciones –claro que no para todos, depende del status y las relaciones del infractor–, etc. No así en muchos pueblos incivilizados en donde cualquiera puede hacer cualquier cosa y, si alguien se entera del delito, en el caso en que lo sea, con un soborno, un regalo, una prebenda, un favor, todo queda arreglado, con el consecuente deterioro moral, sicológico y social, del afectado.
En este sentido, no podemos olvidar algo que en nuestros días ya conocemos perfectamente, gracias a los medios de comunicación y a la denuncia de muchas personas y familias sensatas: las redes de la pederastia, las violaciones sexuales a menores, el abuso sexual de menores:

La mayoría de los expertos coincide en afirmar que entre el 20 y el 30% de las niñas, y la mitad de los varones, al cumplir los diecisiete años ya han sido víctimas de alguna forma de abuso sexual. No existe un único perfil del niño que es particularmente vulnerable al abuso sexual, pero casi todos se sienten desprotegidos, incapaces de resistir por sí solos, y aislados por lo que les ha sucedido [...] Un informe sobre el conductor de un ómnibus escolar y sobre un profesor de computación de escuela secundaria [no quiero mencionar aquí los recientes escándalos en Estados Unidos, México y Brasil, por ejemplo, que realmente dan asco], reveló que habían abusado, entre los dos, de trescientos niños por año, pero que ninguno de los niños lo había informado [...] No es suficiente que un niño conozca la diferencia entre caricias ‘buenas’ y ‘malas’: los niños necesitan tener conciencia de la sensación de que algo malo ocurre antes de que comiencen las caricias” (Goleman, 2001: 295-300).

En los medios de comunicación de todo el mundo, cuando se trata el asunto de los delitos sexuales cometidos por sacerdotes contra menores, se usa habitualmente la palabra «pederastia» para definir tales conductas, pero, tal como veremos a continuación, la mayoría de esos sacerdotes no son pederastas, sino abusadores sexuales.

Esta distinción no sólo es necesaria para aclarar conceptos, sino que resulta fundamental a los efectos de poder valorar la causa básica y entorno del delito sexual. Un pederasta está sumido en una psicopatología que domina sus impulsos –aunque en nada nubla su entendimiento y comprensión del daño que causa–, pero un abusador sexual de menores puede controlar perfectamente sus impulsos y no lo hace; no es, por tanto, como el pederasta, un enfermo –que delinque conscientemente–, sino un sinvergüenza que delinque buscando placer sexual con un menor por no atreverse a buscarlo con un adulto.

La pederastia, denominada pedofilia en términos clínicos, es una parafilia o comportamiento sexual patológico [...]

[...] La mayoría del clero que abusa de menores está conformado por sujetos que, por condicionantes psicosociales y eclesiásticos diversos, se lanzan a buscar esporádicos desahogos sexuales con aquellos objetos que menos se les pueden resistir, eso es, menores, deficientes psíquicos y adultos de ambos sexos con personalidad débil (Rodríguez, 2002: 60-63).

La pederastia, la paidofilia, la efebofilia, el Síndrome de Lolita o Complejo de Lolita, los abusos sexuales, en fin, las violaciones a menores, constituyen un problema tan grande y tan antiguo (Flaceliere, 1959; http://en.wikipedia.org/wiki/Pederasty) que se ha transformado en nuestros días de supuesta civilidad y supuesta globalización en una pesadilla social en Occidente, en Asia, en África, en América, en todo el mundo, que aumenta cada vez más, con la complacencia y encubrimiento inclusive de muchos “grupos morales” (?). Y a los pederastas, especialmente a los pederastas que violan a niños varones, creo que queda claro, no se le puede tratar, ni socialmente ni sicológicamente ni penalmente, de la misma que a los homosexuales “mayores de edad” –recordemos que la edad del consentimiento sexual ha variado y varía según las épocas, los países y las leyes: http://es.wikipedia.org/wiki/Edad_del_consentimiento –, que establecen sus relaciones por consenso entre ellos mismos, entre individuos “adultos”, “conscientes” –y no “inconscientes”– de sus actos. Los continuos escándalos de violaciones a menores, hembras o varones, parece no amedrentar a ciertos grupos de violadores reincidentes, que actúan con la complacencia, la complicidad y ¡hasta el apoyo! de determinadas esferas “muy poderosas” y “en extremo influyentes en todos los sentidos” (Cacho, 2006a; Cacho 2006b; Cacho, 2007; Ricky Martin Foundation; STOP PEDOFILIA; PRODENI; AFESIP; Islas, 2007; Rodríguez, 1995; Rodríguez, 2002; Guerrero, 2004; Erdely y otros, 2005; Erdely, 2008; Chávez, 2006; González, 2006a, 2006b y 2006c; Martín, 2006; Vallejo, 2007; Martínez 2007a; Martínez, 2007b; Martínez, 2008; Proceso, No. 1616 de 2007; Granados, 2007a; Granados, 2007b; Verbitsky, 2005; Alcayaga, 2007; Martínez, 2002; Zepeda, 2007:246-249; Cisneros, 2008; http://es.wikipedia.org/wiki/Casos_de_pederastia_por_miembros_de_la_Iglesia_Cat%C3%B3lica ...), esferas prácticamente dueñas de países enteros (Zepeda, 2007), esferas nacionales, regionales, continentales y mundiales, involucradas en todo tipo de ilícito, que han sido internacionalmente descubiertas y señaladas por muy variados medios masivos de comunicación (Naím, 2007), esferas que, también, a través de los tiempos, han estado rodeadas de los escándalos más impactantes, e inclusive degradantes y asquerosos, de la historia de la Humanidad. ¡Los acontecimientos de este tipo en los últimos tiempos en América, en los Estados Unidos, México, Brasil, Argentina y otros países del área, lo dicen todo! ¡No obstante, “no se dice nada” o se dice muy poco; “no se hace nada” o se hace muy poco! ¿Por qué será...? ¿Qué habrá, realmente, detrás de todo esto? ¿Qué “pejes tan gordos” estarán detrás de toda esta inmundicia? ¿Qué efecto dominó se produciría al caer una de las tantas y reconocidas “fichas claves” –porque como sabemos a estas “fichas claves” nada más les hace falta tantito cranque, es decir un empujoncito, una “apretadita”, y “sueltan toda la sopa”, o sea que lo dicen todo sin tanta insistencia– de este macabro, asqueroso y detestable rejuego de la pederastia? ¡Ah, cará, todo lo que puede pasar con las sociedades sin memoria histórica, con doble moral, moral selectiva, moralina y moral a discreción...!
Pero veamos cómo funciona y en qué consiste este cáncer social llamado “pederastia”, “paidofilia”, “violación a menores”, “violación sexual”. La violación sexual está condicionada por ciertas particularidades de conducta y falsa moralidad del violador:

La empatía [el poder sentir el estado de ánimo, el dolor y los problemas del “otro”, está] típica y trágicamente ausente en aquellos que cometen los crímenes más viles. La actitud psicológicamente errónea es común a los violadores, abusadores de niños [...]: son incapaces de experimentar empatía. Esta incapacidad para sentir el dolor de sus víctimas les permite decir mentiras que estimulan su crimen [...]; en el caso de los abusadores de niños, las mentiras pueden ser: “No estoy haciéndole daño a la criatura, sólo mostrándole amor”, o “esto sólo es otra forma de afecto” [...]

La supresión de la empatía mientras estas personas inflingen daño a sus víctimas es casi siempre parte de un ciclo emocional que precipita sus crueles actos. Lo que da prueba de la secuencia emocional que conduce típicamente a un crimen sexual como el abuso de niños. El ciclo comienza cuando el abusador se siente perturbado: furioso, deprimido, solitario. Estos sentimientos podrían ser activados, por ejemplo, al ver parejas felices en televisión y a continuación sentirse deprimido por estar solo. Entonces el abusador busca solaz en una fantasía favorita, que suele ser de una cálida amistad con un niño [...] el abusador ve a la criatura a través de la lente de la fantasía perversa, y sin empatía por lo que un niño real sentiría en esa situación. Ese desapego emocional caracteriza todo lo que sigue [...] Esta absoluta falta de empatía con sus víctimas es uno de los focos principales de los nuevos tratamientos concebidos para abusadores de niños (Goleman, 2001: 134-135).

Las violaciones a menores, hembras y varones, que se han producido –y se siguen produciendo– en los conocidos núcleos socioconfesionales o religiosos constituyen la escala más elevada de la aberración sexual, debido a que justamente “la más conocida de las normas universales es el tabú contra el incesto: los ‘padres’ [y en este caso los “clérigos”] no deben tener relación con sus hijos [...] y aunque esta norma es violada con frecuencia, existe una desaprobación universal hacia el incesto”. Los violadores, los incestuosos, los pederastas, no se pueden comparar ni con los humanos presociales de las culturas más atrasadas de la Humanidad, a los que Sigmund Freud ha llamado “miserables caníbales desnudos”, porque en esas culturas tan atrasadas está muy presente el horror al incesto, a las violaciones, y cualquier relación incestuosa o violatoria ahí, en esos grupos en situación de prehistoria, se paga con la muerte. Existen varias categorías de violadores sexuales religiosos (Fortune, 1992). En todos estos violadores se observa un patrón de conducta marcado por “patrones de la desvergüenza”, por rasgos y actitudes muy definidos y ciertas particularidades en torno al “todo se vale”, fácilmente reconocibles (Erdely y otros, 2005: 42-45; Martínez, 2007b; http://es.wikipedia.org/wiki/Casos_de_pederastia_por_miembros_de_la_Iglesia_Cat%C3%B3lica ). La protección a las redes de pederastas, a los pederastas, a los violadores en general y a sus “fieles devotos” o “leales devotos” o cómplices, y a los pederastas y violadores religiosos en particular, y las frecuentes complicidades de autoridades, grupos administrativos, trabajadores y maestros de organizaciones, instituciones y escuelas religiosas (Erdely y otros, 2005; Erdely, 2008; Cacho, 2006; Cacho, 2007; Martínez, 2007a; Martínez, 2007b; Martínez, 2008; Campos y Rodríguez, 2008; Cisneros, 2008; http://es.wikipedia.org/wiki/Casos_de_pederastia_por_miembros_de_la_Iglesia_Cat%C3%B3lica ) y hasta de reyes y nobles (Gutiérrez, 2008) también se han documentado: “¿Qué me dices de los que ven la crueldad del mundo y se preguntan dónde está Dios? ¿Y de los que saben de los escándalos de la Iglesia y se preguntan quiénes son esos hombres que afirman tener la verdad sobre Cristo y aun así mienten y encubren los abusos sexuales a niños cometidos por sus propios sacerdotes?” (Brown, 2003: 331). Estas complicidades están dadas a partir de complicidades pasivas y complicidades activas, generadas por varios factores, todos ellos negativos, desajustados y patológicos en las situaciones del mundo moderno y la cultura de la globalización. Las complicidades y las protecciones a estos tipos de transgresores sexuales se producen en situaciones de adaptación y en situaciones de sumisión:

La adaptación podría describirse como una voluntad de adoptar las mismas conductas y actitudes que se ven en los demás. Para experimentar el sentimiento de “pertenecer” a un grupo particular, un individuo puede desear adoptar los valores y conductas del grupo. También hay que destacar que algunas veces adaptarse no es solamente “lo correcto”, debido a que parece que a muchos seres humanos no les gusta destacar en una multitud o parecer diferente de los que les rodean, sino también “necesario”, como en el caso de la adaptación a los códigos de circulación. No obstante, recordemos que ni en las llamadas “sociedades democráticas” funcionan perfectamente las reglas de la mayoría. En la adaptación de los hombres a unos u otros medios hay que tomar en cuenta lo social, pero también lo biológico y lo síquico: “Lo social, lo biológico y lo síquico en el hombre no está dividido estructuralmente; ello constituye un todo indestructible. El hombre es un ser tridimensional; él es el único sistema dinámico de estructura biológica, síquica y social”.

A veces demostramos “adaptación” sin identificarnos realmente con las actitudes que expresamos. En este caso, la adaptación proviene del miedo a un castigo o de la esperanza de una recompensa sin ir acompañada de un deseo de aceptación de los valores y actitudes que subyacen a tal conducta. Esto se llama sumisión. En su nivel más simple, la sumisión se produce cuando tenemos que obedecer a alguien que tiene autoridad sobre nosotros incluso aunque no estemos de acuerdo con las reglas. La sumisión se da también si consideramos que la otra persona es una autoridad de confianza (Ruano y Rendón, 2006).

De la misma manera que los violadores de menores, que los pederastas y abusadores sexuales, en general y en particular, según las épocas y los contextos socioculturales, sociopolíticos y religiosos, tienen comportamientos verbo-corporales con rasgos sociopáticos y sicopáticos marcados, registrados, analizados e investigados suficientemente (Hammel-Zabin, 2005), así también los comportamientos de los cómplices y protectores de los violadores y pederastas religiosos, llamados también “fieles devotos de curas pederastas”, tienen sus particulares rasgos sociopáticos y sicopáticos, sus particulares conductas instintivas, sus particulares desajustes relacionales y comunicacionales, es decir sus rasgos entrópicos, sus particulares rasgos de malfuncionamiento de la sincronía interaccional, entre otras cosas. La más elemental mirada a la comunicación verbo-corporal de estos individuos lo dice todo (Ruano, 2003a; Dimitrius y Mazarela, 1999; Rosetree, 2005; Bellack y Sinclair, 1991; Argyle, 1975; Axtell, 1933; Axtell, 1993). ¿Pero, entonces, si no es difícil detectar la conducta de estos cómplices y protectores de pederastas, acaso ellos mismos, entre ellos, no se dan cuenta de lo que pasa en sus grupos, del deterioro de la imagen grupal, de la imagen social, de la imagen pública; no se dan cuenta de sus fechorías? ¡Claro que sí se dan cuenta! ¡Claro que saben perfectamente lo que está pasando y que los demás, con los que conviven diariamente en este mundo lleno de medios masivos de comunicación, de una u otra forma, saben de su complicidad! Nada más que recordemos que los grupos humanos, especialmente los educados e instruidos en la cultura occidental, que han llegado a un tal nivel de deterioro de la imagen pública, de la moral, del prestigio y de la ética (?), están marcados por la presencia en sus miembros humanos, en sus componentes humanos, de fuertes frustraciones espirituales de todo tipo, de poca o ninguna autoestima, de conductas y actitudes marcadas por los sentimientos de inferioridad, de anhelos insatisfechos, de aberraciones enmascaradas, de “limitaciones físicas” socialmente y sexualmente invalidantes, de fuertes complejos: esos sentimientos irracionales que atormentan a la mente y al cuerpo humanos, y, en resumen, toda esta gama de rasgos y sentimientos negativos presentes en este tipo de grupo es tan variada y compleja como las cartas de un juego de naipes, y “entre gitanos, no se leen las cartas”.
Los cómplices y encubridores de los violadores y pederastas religiosos –que por supuesto incurren en graves delitos perseguidos por las leyes nacionales e internacionales (Vera, 2008a: 7), http://www.proceso.com.mx/noticia.html?sec=1&nta=56617, con penas de hasta 7 años de prisión para el caso de México– son de dos tipos, en general: 1. Individuos instruidos o semiinstruidos, con dinero, poder, reconocimiento e influencias de todo tipo (Zepeda, 2007:22-23) y 2. Individuos analfabetos o semianalfabetos, o instruidos o semiinstruidos, sin dinero, sin poder y sin reconocimiento, necesitados del pan de cada día, de algún tipo de protección y de cualquier tipo de reconocimiento social, el que sea, al costo que sea. Estos son individuos que generalmente buscan alcanzar un lugar en la vida y sacar adelante, por la vía que sea, inclusive la de la humillación –algo a lo que están ya habituados, desde la infancia–, a su familia y a sus hijos, siendo común la búsqueda de becas educativas, a modo de limosnas, en “instituciones educativas de prestigio” (?). Pero en ambos casos, tanto los religiosos violadores como sus instituciones, exigen a los cómplices la conocida “lealtad devota”, esa “vitalicia fidelidad canina”, al decir del respetado internacionalmente Manuel Gamio. Los cómplices, aliados y protectores de los pederastas de alto rango, ya sea al nivel de la religión, de la política, de la actividad empresarial, del ámbito económico, etc., no siempre tienen una fidelidad canina hacia estos tipos de delincuentes, sino que la fidelidad y la relación dependen del poder y la estabilidad económica que tienen tanto los protectores y los aliados como los protegidos, es decir que esta fidelidad canina es “temporal”: “mientras Tin tenga, Tin vale; cuando Tin no tenga, ‘ni Tin vale’”, al decir del dicho popular cubano. De tal manera, mientras no tienen poder ni rango ni dinero, los cómplices y aliados de los pederastas tienen que someterse a ellos, inclusive sabiendo perfectamente lo que sucede con sus inmoralidades: si hablan o protestan, sencillamente los cómplices son eliminados del grupo que recibe los beneficios de los pederastas, que casi siempre se traduce en dinero y relaciones. Pero si el cómplice, protector o aliado del pederasta llega a obtener un “puesto clave” o a tener una “posición social comprometida”, entonces sí puede hablar, y si se le cuestiona aclara y trata de quitarse de arriba, por el medio que sea, incluyendo los ardides y las mentiras más infantiloides, las obscuras sombras de una relación que a la luz de la “sociedad realmente moral e ilustrada del mundo” es comprometedora, molesta e incómoda, y evita que se le asocie con el pederasta, como siempre sucede en los casos de involucramiento en “ciertos asuntos turbios” :
–Fui su tesorera, pero esto no quiere decir que esté de acuerdo con todas sus ideas [Palabras de Martha Sahagún de Fox acerca de Marcial Maciel] [...]

Aunque en México se considere otra cosa totalmente diferente a la que dice Martha Sahagún, como plantea el conocido analista mexicano Bernardo Barranco. Según muchos mexicanos, Martha Sahagún no solamente fue “su tesorera”, sino mucho más que “tesorera” (Vera, 2008a):

Para el analista Bernardo Barranco, Marta [Sahagún de Fox] –fundadora en Celaya del Regnum Christi, el brazo laico de la legión [Legión de Cristo]– fue “la puerta de entrada de los Legionarios de Cristo al equipo foxista”; ella es la “prototípica legionaria: una militante que no profundiza mucho en las cosas. Se va más por el lado asistencialista, le encanta el aspecto de la promoción y de la foto con los pobres”.

Lo mismo sucede con el padre de Martha Sahagún... Ahora resulta que “siempre no”, como se dice en México:

[...] yo era muy amigo de dos hermanos de Marcial [Maciel], pero él jamás salía con nosotros. Era una persona extraña, introvertida y con una autoestima baja. No le conocí una novia, se la pasaba rezando. Creo que esa inseguridad y una desesperada necesidad por sobresalir ante su familia lo impulsaron a meterse al seminario y luego marcharse para fundar la congregación. Creo que por ese tiempo se forjó esa misteriosa personalidad y su homosexualidad. No creo que haya hecho tantas barbaridades como dicen, pero de que algo pasó, pasó. Cuando el río suena... Palabras de Alberto Sahagún de la Parra, padre de Martha Sahagún, acerca de Marcial Maciel.

Loa actores de las atrocidades más grandes de la historia de la Humanidad, de la misma manera que los grupos cómplices y colaboradores de estos actores atroces, tienen sus rasgos psicosociales bien delimitados. Ciertos estudios, como los de Jonathan Glover (2001) por ejemplo, acerca de las atrocidades cometidas entre los grupos humanos nos ayudan a entender la génesis y el desarrollo de estas atrocidades. Así, los rasgos negativos que se observan en las comportamientos sociales y sicológicos de los grupos cómplices –por una razón u otra, específicamente por las razones expuestas de manera clara por Erdely y otros, 2005: 40-46, por Erdely, 2008, por Cacho, 2006a, 2006b y 2007, por González González, 2006, por Torres, 2001, por Martínez, 2007a, por Martínez, 2007b, por Martínez, 2008, por Cisneros, 2008; por Gutiérrez, 2008 y por http://es.wikipedia.org/wiki/Casos_de_pederastia_por_miembros_de_la_Iglesia_Cat%C3%B3lica – de los pederastas religiosos y no religiosos, están muy marcados, muy arraigados, en la cultura latinoamericana, en la cultura iberoamericana (Azaola y Estes, 2004). Eso no es nada nuevo, y tenemos que recordar que este vergonzoso problema de la pederastia religiosa o pederastia clerical no se pudo erradicar ni en la Colonia ni tampoco con la Independencia (Juan, 2002: 471, 498; Erdely y otros, 2005: 86-92; Kennedy, 2001), debido a que, y entre otras cosas, el mercado de la sexualidad infantil, es decir el emplear a niños y niñas para propósitos sexuales, tiene una larga historia y se registra, documentadamente, en las más variadas culturas y en los más variados tiempos, incluyendo por supuesto los tiempos actuales (Azaola y Estes, 2004); pero destacando, lógicamente, los lugares en donde la pornografía en general, y la pornografía infantil en particular, han tenido mayor auge y desarrollo: Grecia, Roma, Francia, Italia, Inglaterra... (Azaola y Estes, 2004). Los cómplices de los violadores sexuales religiosos, de los pederastas religiosos, tienen “un particular perfil” educacional, instruccional, sicológico, sexual, comunicativo verbo-corporal y laboral. ¿Ha pensado usted cuál es la “escala de valores” (?) de los abusadores sexuales, de los violadores y de los pederastas y cuál es la “escala de valores” de sus cómplices? ¿Ha reflexionado usted acerca de cómo se produce la comunicación verbal y la comunicación no verbal de los violadores y pederastas y de los cómplices? ¡Sólo tiene que ver y oír los programas televisivos y radiofónicos! ¡Sólo tiene que accesar a Internet y leer los periódicos y las revistas! ¿No recuerda usted que en el mundo civilizado, como plantea el dicho popular, “tanta culpa tiene el que mata la vaca como el que le sujeta la pata”?
Existen muchos factores antropológicos, psicológicos, sociológicos, socioculturales, sociolingüísticos, imagológicos, genéticos, protocolares, políticos, legislativos, criminológicos, victimológicos, laborales, tabuizantes, que condicionan el comportamiento de los grupos humanos en general, y en este caso concreto la psicología, la conducta, la comunicación, la expresividad y la sinceridad de los cómplices de los violadores y pederastas religiosos. El largo silencio, el letargo secular, el no poner un hasta aquí en tiempo y forma, de las víctimas y de los cómplices han llevado a este tipo de violación sexual a la degradante situación que hoy presenta a nivel internacional, y al vertiginoso engrosamiento de las filas de violados y ultrajados sexuales, con su consiguiente e inherente deterioro moral, frustraciones sociales y traumatismos de personalidad y conducta. En todo esto el silencio ha sido fatal:

Con bastante frecuencia se ha pensado que en la sociedad occidental, que en nuestros países, la calma (?) y el silencio (?) de los que nos rodean, ya sea de los grupos en general o de los individuos es particular, son un signo indiscutible de aceptación de la ley, de las normas, de lo planteado, de lo expresado, o que también son un signo de subordinación incondicional y absoluta al mensaje que lanza el emisor –gobierno, institución, asociación, empresa, grupo, autoridad o persona–, ya sea mediante la palabra o el gesto. ¡Cuidado...!: la calma y el silencio también tienen sus violencias latentes, tiempo al tiempo. Sería bueno recordar, por ejemplo, que el silencio, entre otras cosas, puede significar “abstención de hablar” por muchas circunstancias y “represión de los sentimientos”, “inhibición”. Si consideramos al “silencio” como un mensaje no verbal, entonces cabría tomar en cuenta que “Los mensajes no verbales son importantes porque en general tienen más credibilidad que la comunicación verbal y porque son la forma primaria de expresar emociones, crear y manejar impresiones y comunicar mensajes de atracción, aceptación, distancia, [rechazo, indiferencia] y dominación [...] Aproximadamente entre el 60 y el 65% del significado social se deriva de conductas no verbales. Diversos estudios han revelado que las personas interpretan mensajes basándose más en claves de comunicación no verbal que en claves verbales. Por ejemplo, puedes inferir lo que tu jefe piensa y siente por la expresión facial, postura y otras claves no verbales. La comunicación no verbal se utiliza más que la verbal para enviar mensajes positivos y negativos a socios, cónyuges, familiares y amigos [...] La comunicación no verbal es en particular poderosa porque es vista como más creíble que los mensajes verbales. Las personas perciben que la comunicación no verbal es la expresión más espontánea de los pensamientos y sentimientos internos, es la expresión de “nuestro verdadero yo.” También es necesario destacar tres formas distintas del silencio en sociedad: 1. El silencio por indiferencia –el peor de los sentimientos humanos–, que es bastante frecuente en las empresas latinoamericanas, y en donde el silente no expresa nada verbalmente porque sencillamente o no le importa la empresa en general –salvo el día de pago, el aguinaldo y la repartición de utilidades–, o no le interesa el asunto que se está tratando, o no le conviene intervenir con palabras en el seno de un grupo limitado de personas o un colectivo laboral –eso, según el silente, “que lo hagan otros”–. Aquí parece que se cumplen las palabras de Confucio: “Si te llaman, acude; si no lo hacen, ocúltate”. 2. El silencio por temor a la propagación del asunto o tema, a la profundización en el asunto o tema, o a enfrentar la cruda realidad o a ser implicado. Muchos gobiernos, instituciones, organizaciones o individuos pretenden silenciar algunos conflictos, fraudes, violaciones, ideas, conceptos, etc. No obstante, dada la trascendencia de los medios masivos de comunicación: prensa, radio, televisión, Internet, etc., ciertos verdaderos y bochornosos escándalos y ciertos asuntos tabúes se difunden con una asombrosa rapidez a nivel internacional. En algunos casos, tristemente reconocidos en todo el orbe, debido a que no fueron analizados esos asuntos, por complicados que fueran, de manera pertinente, a su tiempo, en su momento inicial, el precio social y económico –la mordida para hacer callar a otros– que pagan los individuos silentes y las instituciones silentes es extremadamente mucho mayor que si hubieran hablado en el momento indicado. ¡Y aquí pagan todos, actores y cómplices! También sabemos que ese silencio se produce porque los infractores, violadores o criminales, de la misma manera que sus cómplices, han pretendido “verle la cara” a los demás, a la sociedad, a la comunidad, a la Humanidad, pensando que “podría ser chicle y pegaba”, dicho en el claro lenguaje popular. La práctica nos ha demostrado, y nos sigue demostrando, todo lo contrario. El pueblo siempre lo sabe todo, más tarde o más temprano, y puede tener reacciones muy diferentes, terribles en algunos casos, hasta las últimas consecuencias. En el mundo moderno, debido a las múltiples opciones informativas que tienen las culturas desarrollas, ya no funciona la estrategia del “lavado de cerebro” entre las masas cultivadas, que tenía el efecto de reducir la resistencia y hacer aceptar gradualmente el mensaje. Además, también se conoce el riesgo de estar repitiendo constantemente, como un martilleo, ciertos mensajes que no producen los resultados esperados, los cuales se transforman en el llamado “efecto boomerang”, cuando el mensaje se convierte en un cliché, cansa, y se buscan otras opciones. Esto explica la necesidad de introducir cambios en las empresas e instituciones, en las organizaciones. Este tipo de “silencio sepulcral” es bastante común en ciertos grupos religiosos, que callan muchos problemas y graves conflictos por temor, ejemplo de lo cual es el silencio en el delito por pederastia y violaciones sexuales de religiosos (Ruano, 2002b). Y 3. El silencio por timidez –la timidez se define como una falta de seguridad en uno mismo y en las relaciones con el prójimo, que, en general, tiene su origen en factores surgidos del interior de la persona, como un pobre autoconcepto y falta de confianza en sí mismo–. La timidez, en la mayoría de los casos, es una enfermedad, es patológica, por lo que trastorna la estabilidad sicológica e impide la relación normal con los demás. La timidez tiene una base genética. Las estadísticas revelan que la timidez es muy frecuente en muchos países: entre el 40 y el 48% de las personas de ciertos grupos se han calificado a sí mismas como tímidas. Aparte de su base genética, es más común la timidez en ciertas zonas en las que todavía en la educación de los niños, adolescentes y jóvenes se mantienen antiguos y desajustados modelos de educación, además de elevados niveles de tabúes lingüísticos y sociales ....

Y siempre caemos en la misma pregunta: ¿por qué no aclarar de una buena vez las cosas?, ¿por qué no exponer claramente ante la masa de creyentes y no creyentes, ante la sociedad, el estado verdadero de la situación de la sexualidad de grupos religiosos “reconocidamente” de alto riesgo y con conductas aberradas?, ¿por qué ese silencio cómplice del Vaticano en torno a la homosexualidad, la pederastia y los abusos sexuales de una buena cantidad de sus guías espirituales y funcionarios? Por qué no aplicar, ahora, por ejemplo, la misma ley que aplicó el papa Clemente XII contra los masones en el 1738. Clemente XII decía que los masones tenían solamente un barniz moral, que no eran morales, y por eso justamente emitió la bula del 28 de abril de 1738 en su contra:

Como los otros antimasones, el papa Clemente preguntaba: ¿por qué los francmasones necesitan el ocultamiento si están haciendo el bien y no el mal? Eran libertinos y sinvergüenzas, “porque sin duda alguna si tales personas no estuvieran haciendo el mal jamás odiarían tanto la luz”. Por lo tanto, el Papa prohibía a los católicos convertirse en francmasones bajo pena de excomunión.

¿Por qué no investigar a fondo esta “red de pederastas religiosos” a la manera de la Inquisición del siglo XVIII?

[La Inquisición] designó, en julio de 1733, una comisión cuya tarea era investigar la conducta de los [masones] [...] En España [como resultado de estas investigaciones de la Inquisición] se prohibió la francmasonería y la logia que había formado el duque Wharton [el inglés fundador de la Masonería en España] se desbandó.

[...] La logia francmasónica de Florencia [...] se disolvió apenas se emitió la bula papal [...]

¿Aplicarán la Iglesia, el Vaticano, las autoridades religiosas, a los curas pederastas y violadores las mismas sentencias y torturas que aplicaron en el siglo XVIII a los homosexuales, como se muestra en el siguiente grabado de la época?:

Esbirros de la Inquisición torturando a un detenido por homosexualidad
Grabado del siglo XVIII

¿Por qué no dejar en claro de una vez que el sexo, la sexualidad, también es un rasgo característico de los religiosos, del clero, de los curas...? Si no fuera así, por qué, entonces, cada día aumenta la lista de sacerdotes denunciados en todo el mundo por abusos sexuales y pedofilia, que son buscados por la justicia debido a delitos sexuales de todo tipo. Si no fuera así, por qué, entonces, en estos últimos tiempos es tan grande la lista de “obispos” y “cardenales” que han sido denunciados y que han tenido que dimitir –o están en proceso de dimisión– por causas de delitos sexuales y pedofilia. Al respecto pueden consultarse los casos hasta el año 2002:

http://www.pepe-rodriguez.com/Sexo_clero/Casos/Sexo_clero_Obispos_pedofilia_list.htm

Claro que también se podría aplicar a los curas pederastas, a los religiosos y religiosas pederastas, otras sanciones, como ésta de la castración química, que ya se empleaba en la época medieval para “ciertos casos”:

A diario, entre 6 y 7 ataques sexuales en la ciudad, dice

Propone el PRI castración química para violadores
Albergan penales más de 3 mil 117 reos por delitos sexuales
“El fármaco a base de hormonas ayudaría a reducir la libido”
Raúl Llanos y Gabriela Romero

La fracción parlamentaria del PRI en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF) propuso ayer reformas al Código Penal y a la Ley de Salud locales, para imponer la pena de “castración química” para los violadores, abusadores sexuales de menores, y pederastas.

En conferencia de prensa, Jorge Schiaffino y Armando Tonatiuh González Caze presentaron la iniciativa que luego llevaron a la tribuna de la ALDF, y fue remitida a comisiones unidas para su dictaminación.

De acuerdo con González Caze, la “castración química” consiste en inyectar a un sentenciado por los delitos mencionados un fármaco elaborado a base de hormonas sintéticas –como la Depo Provera–, que disminuye la intensidad y frecuencia del deseo sexual, evita la erección y la eyaculación. Incluso, comentaron con ironía al considerar que los “curas pederastas” bien podrían recurrir a este tratamiento.

El legislador priísta argumentó que en la actualidad se cometen de seis a siete violaciones en promedio al día, por lo que en los centros penitenciarios de esta capital se tienen 3 mil 117 reos acusados de delitos sexuales en sus diferentes modalidades, sobre todo violación calificada y simple.

Frente a ese panorama, el diputado local aseguró que “por el bienestar de nuestros niños, de nuestros jóvenes y de todas las mujeres de esta ciudad”, se promoverán estas modificaciones legales para que todo aquel que no respete la integridad física de esa población “sea tratado médicamente, para que pueda disminuir sus impulsos sexuales”.

González Caze detalló que, por ejemplo, la hormona Depo Provera tiene la función de bloquear la producción de testosterona en los testículos durante seis meses, al actuar directamente en la glándula hipófisis, localizada en la base del cerebro, y tiene una efectividad de 95 por ciento, dosis que al terminar el medio año debe repetirse para que no falle.

Al hacer un balance de este tratamiento, comentó que se ha adoptado en algunas partes del mundo, ya sea como pena o como tratamiento médico para violadores y pederastas, y citó el caso de Alemania, donde la castración química existe desde 1969, y se aplica a violadores mayores de 25 años.

Mencionó que en el caso de Estados Unidos, se aplica contra delincuentes sexuales en estados como Georgia, Oregón, Oklahoma, Wisconsin y Florida, y en este último punto se tiene, desde 1969, ya como obligatoria para los reos pederastas que alcanzan libertad condicional.

Y en México esto de la castración química a los violadores parece que le encantó al pueblo, a la gente, si tomamos en cuenta que en la encuesta Prodigy, a través de Internet, para considerar este asunto, que aparece cuestionado el día 20 de noviembre de 2007 en http://noticias.prodigy.msn.com/Encuesta.aspx , el 92% de los encuestados estaba a favor; sólo el 8% estuvo en contra. ¡Upssssss, que si seguimos así nos quedamos sin curitas violadores y sus “pastorales de escándalos”, como se comentó entre los diputados en México...!
Los religiosos y religiosas, cualquiera que sean éstos y éstas, incluyendo obviamente a los curas y a las monjas, ¡por supuesto!, no están por encima de la sexualidad humana. Si estuvieran por encima de la sexualidad, ¿no serían unos seres biológicamente anormales, atrofiados, dismorfóbicos, entre otras cosas...? Los religiosos, cualquiera que sean éstos, son seres sexuados y sexuales como cualquier otra persona: ¡ni más ni menos! Claro que una cosa es “la sexualidad”, y otra cosa es “la perversión sexual”: ¡todos estamos sexuados, todos somos seres sexuales; pero no todos somos perversos sexuales! ¿Qué es lo que hace a un religioso, a una religiosa, a un cura, a una monja, diferentes a las demás personas? Nada, absolutamente nada, salvo aquello que ellos mismos consideran e insisten en ubicar como “diferencia”, como “supuestos incluidos”, lo que en estos casos, generalmente, se llama “vocación especial”, “la elección”, “el llamado”... ¿Y acaso en las demás profesiones no existen la “vocación especial”, “la elección”, “el llamado”? ¡Claro que sí! ¿¡Ahhh, se hace referencia a una “vocación religiosa”, a una “vida consagrada”, a un “don especialísimo”, a “hacer el bien (?)”!...? Sí, ya sabemos lo que significa esto y cómo funciona (González González, 2006: 51-53; Martínez, 2005; Lugo, 2006; Martínez, 2007a; Martínez, 2007b; Martínez, 2008; Vallejo, 2007; Verbitsky, 2005...). En las religiones y entre los religiosos, como sucede en absolutamente todas las otras sociedades y profesiones, hay de todo: buenos y malos, muy buenos y muy malos..., ¡y todavía más...!
Los curas, por ejemplo, tienen sus hábitos sexuales, sus preferencias sexuales, como han mostrado ya varios especialistas e investigadores del tema de la sexualidad sacerdotal y religiosa en general (Sperry, 2004; Lugo, 2006), y entre ellos el investigador español Dr. Pepe Rodríguez : “Se observa, por tanto, que un 74% de ellos [de los sacerdotes] se relaciona sexualmente con adultos, mientras que el 26% restante lo hace con menores; y que domina la práctica heterosexual en el 65% de los casos, frente al 35% que tienen orientación homosexual.” Si los curas no tuvieran sus “ciertos hábitos sexuales” marcados, sus “ciertas preferencias sexuales” marcadas, entonces por qué existirán clínicas y hospitales especializados en “ciertos tratamientos médicos, siquiátricos, sicológicos, exclusivamente para curas” (Martínez, 2005; Martínez 2007b; Martínez, 2008); para curas con “ciertos problemas” que son denominados por la iglesia Católica, por los curas y sus “menestriles”, “achichincles”, “guatacas”, “tracatanes”, “sulacranes”, “barberos”, “siervos”, “alcahuetes”, “correveidiles”, etc., es decir su “gente de confianza”, como “problemas emocionales”, pero que tanto usted como yo sabemos perfectamente de qué se trata, y que nada de “problemas emocionales” o “la enfermedad”, sino de “problemas del clero rosa”, “problemas del INRA”:

  1. CLINICA PARA «OVEJAS NEGRAS»

Se llama Saint Luke, está en Silverspring, en el Estado de Maryland y, por fuera, parece una clínica terapéutica más. Pero sus pacientes son única y exclusivamente curas. Las ovejas negras de la clerecía: curas alcohólicos, drogadictos, homosexuales, curas que abusaron de niños, sedujeron a adolescentes y violaron a niños de la calle. Curas enfermos que buscan en centros como éstos su curación.

Terapia. Para salir de los infiernos a los que el propio Cristo condenó a los que «escandalicen a uno de estos pequeños», la clínica estadounidense ofrece una terapia basada en la Biblia, en Freud y en los fármacos. Más en concreto, durante más de tres años los pacientes realizan todo tipo de terapias teológicas, morales y espirituales. Mucha oración, recogimiento y silencio, por un lado. Pero también mucha terapia de grupo, visitas a los psiquiatras y a los psicoanalistas por el otro. Y todo ello aderezado con la ayuda de un fármaco, la Depo-Provera, que elimina el deseo sexual, reduce al hombre a la paz de los sentidos y conduce a una especie de castración física. Las terapias de Saint Luke y de otras clínicas parecidas parece que dan excelentes resultados. Según los encargados de la clínica estadounidense, «el nivel de éxito es total, del cien por cien, al menos por ahora. Ni uno solo de los pacientes ha vuelto a su vicio anterior». Además, todos regresan al trabajo pastoral al servicio de la Iglesia. Eso sí, en lugares en los que no tengan contacto con menores. De ahí que estos curas rehabilitados se dediquen, normalmente, a atender a enfermos de sida, ancianos o moribundos.

Congregación especializada. En 1947, el padre Gerald Fiztgerald funda en EEUU la Congregación de los Siervos Paráclitos, dedicada exclusivamente a atender e intentar curar a los curas alcohólicos, depresivos y pederastas. La clínica terapéutica de esta congregación se encuentra en Jemez Sprimngs (Nuevo México) y, hace años, tuvo problemas con las autoridades judiciales estadounidenses. ¿El motivo? Porque, tras una cura de seis o siete meses, el centro decía haber recuperado a los sacerdotes pedófilos y los reenviaba de nuevo a la actividad pastoral. En la actualidad, el centro ha mejorado sus terapias, se ha profesionalizado (cuenta con más de 30 psiquiatras) y ha ampliado el plazo de la recuperación de sus pacientes a tres años.

Italia. El país alpino cuenta con dos clínicas de rehabilitación de curas. La primera, el Instituto P. Mario Venturini se alza en el número 36 de la calle Dei Gardini de la ciudad de Trento. La segunda se encuentra en Santa Margherita Ligure, cerca de la frontera de Italia con Francia y está regida por la Asociación Fraternitá. El objetivo de ambas clínicas es la recuperación. Muchos curas la consiguen; otros abandonan el sacerdocio y otros, tras salir de los centros de rehabilitación, son destinados a trabajos de oficina o a residencias de ancianos.

España. En nuestro país, los sacerdotes que, tras reconocer su dependencia, no cuelgan la sotana, son tratados, de forma individual, por psiquiatras y psicólogos de la religión que suelen pertenecer a dos congregaciones religiosas: los jesuitas y los redentoristas. Los mejores especialistas españoles en el tratamiento de clérigos son el jesuita José Antonio García Monje y el redentorista Alfonso Ruiz Mateos. La propia Confederación española de religiosos cuenta, desde 1960, con un «centro médico psicológico» dirigido por el médico psiquiatra dominico Jesús Gallego.

En México existen, reconocidamente, 3 de estas famosas clínicas para atención a “curas con problemas emocionales” (Martínez, 2007b; Martínez, 2008), con “la enfermedad” o “problemas del INRA”:

En Tlaquepaque [municipio del estado de Jalisco, en México] se encuentra otro lugar que requiere la máxima atención del Cardenal [Juan Sandoval Íñiguez]. En el barrio de San Pedrito, la Casa Alberione, un bunker cercado, tiene fama entre los vecinos de “guarida de criminales”. Dirigida por el purpurado, se trata de una clínica para sacerdotes pederastas denominada “Centro de las Adicciones”, investigada por Interpol, pero jamás inspeccionada por la policía de Jalisco o las autoridades federales. A diferencia de su casa, que está ubicada en el centro de la ciudad, el centro, fue construido en un barrio popular donde aún existen calles sin asfalto. Entre la polvorienta atmósfera y las casas humildes destaca la fortaleza con varias entradas. Uno de sus frentes está cercado por barrotes y es fácil ver el interior compuesto de amplios jardines y lugares de reunión. Allí se hospedan durante tres o seis meses presbíteros de más de dieciséis países. El Cardenal suele acudir con regularidad. Celebra misas y supervisa el funcionamiento terapéutico del lugar. El refugio para los curas con “problemas de conducta”, que está ubicado en la calle Pemex número 3987 de la colonia Vista Hermosa, cuenta con instalaciones de cinco estrellas y personal especializado. Para el tratamiento de los abusadores sexuales el purpurado utilizó hasta el año 2000, los servicios del obispo Marcelino Hernández, psicólogo de profesión y creador del programa terapéutico multidisciplinario “Génesis” –aún vigente– que promete “curar” la pederastia. Esta aseveración es muy cuestionada por especialistas en el tema, quienes aseguran que la pederastia es una parafilia delictiva sin curación, que amerita la cárcel y un control médico estricto de por vida.

Acusado por la Red de Sobrevivientes de Abuso Sexual de Sacerdotes de ser protector de pederastas, el Cardenal [mexicano Juan Sandoval Íñiguez, arzobispo de la diócesis de Guadalajara, capital del estado de Jalisco] suele referirse a ese delito deleznable como una parte de la “fragilidad de todo ser humano” ....

[...] El Cardenal nunca ha denunciado a ningún sacerdote pederasta. Jamás ha enviado a la cárcel a un abusador sexual con sotana, a pesar de que célebres curas han pasado por la Casa Alberione dirigida bajo su mando compasivo y condescendiente. Entre los cientos de internados han estado [...] También ha pasado por la Casa Alberione el cura pederasta Nicolás Aguilar, acusado de violar a más de noventa niños en México y Estados Unidos. El cardenal Norberto Rivera fue acusado ante la Corte Superior de California de protegerlo, un caso que aún continúa en aquel tribunal estadounidense. Los sacerdotes pederastas de varios estados de la república van a dar a la famosa Casa Alberione [...]

¿Cuántos sacerdotes pederastas han pasado por la clínica dirigida por el cardenal Sandoval Íñiguez? Es uno de los secretos mejor guardados por su eminencia que se niega a exhibir los expedientes de tan ilustres internos. No hay cifras, ni estadísticas, tampoco nombres, ni listas de delincuentes sexuales. No hay denuncias, mucho menos prevención, ni alertas a los padres para que cuiden a sus hijos de los depredadores sexuales con sotana. Los curas que pasan por la Casa Alberione, al ser dados de alta por su eminencia, vuelven a ser colocados en otras capillas, todo para salvar el buen nombre de la Iglesia y para evadir la acción de la justicia. Poco le importa la integridad de los niños expuestos nuevamente a la sexualidad patológica de este tipo de sacerdotes. ¿Por qué el Cardenal no acepta ningún de los cientos de casos de pederastia clerical? Por la razón más antigua del mundo: dinero. Cuando el Cardenal reconozca el primer caso de uno de sus sacerdotes y lo denuncie a las autoridades policíacas tendrá que empezar a pagar la reparación del daño a las víctimas que claman justicia y verdad, algo que no está dispuesto a hacer. La Iglesia de Estados Unidos ha desembolsado más de dos mil millones de dólares en compensaciones a las más de cien mil víctimas de cinco mil sacerdotes. La Iglesia de México ni un solo centavo (Martínez, 2008:48-49).

Veamos el siguiente cuadro de los hábitos sexuales comunes entre los curas:

Las conductas desajustadas y lascivas de ciertos religiosos (Fazio, 2004; Deschner, 1993; Martínez, 2007a; Martínez, 2007b; Martínez, 2008; Verbitsky, 2005) y las complicidades y protecciones de autoridades, sociedades y grupos sociales en estos actos inmorales y corruptos han sido registradas en filmes, documentales, series televisivas o telenovelas, y textos religiosos, legislativos y literarios. Las primeras denuncias trascendentales y reconocidas de corrupción en contra de la iglesia Católica, en todo Occidente y tierras conquistadas, las hicieron los valdenses (Vallejo, 2007: 250; Wylie, 1860; Tourn, 2006; http://es.wikipedia.org/wiki/Valdenses), en el siglo XII; luego Martín Lutero, en el siglo XVI; de ahí que, por ejemplo, en el luteranismo no exista el celibato obligatorio. Otro ejemplo de denuncia: el cubano José Martí, una de las mentes más célebres de la historia de la Humanidad, periodista, escritor y político, ya en el siglo XIX denunciaba en este sentido los actos aberrantes y la doble moral. Su texto “Hombre de campo” ya pronosticaba la realidad que hoy nos sorprende (?) (Martí, 2000). Manuel Gamio, ese mexicano de genio creador, “El Primer Indigenista Moderno”, alertó en torno a los “ciertos desvíos” de algunos religiosos (Gamio, 1993: 124-132). El médico, antropólogo y etnohistoriador mexicano Gonzálo Aguirre Beltrán, destacadísima personalidad cultural y científica, también habla acerca de esto ya en 1946, en su libro La población negra de México (Aguirre, 1984: 257-258, 262-263). ¿Qué habría vivido y visto Tomás Garrido Canabal, gobernador de Tabasco entre 1921 y 1925, cuando estableció sus decretos acerca del celibato de los sacerdotes? Garrido Canabal, quién hizo florecer al estado de Tabasco bajo su mandato, en todos los sentidos (Álvarez, 1987, t. VI: 3242), puso en vigor una ley, del 6 de marzo de 1925, que obligaba a los sacerdotes de ese Estado a casarse para poder oficiar (Álvarez, 1987, t. VII: 4145), y así evitar una serie de “malos entendidos” y “actos torpes y deshonestos”, es decir impropios e inmorales.
Aparte de todo lo antes expuesto:

Si, además, el contexto en donde se desarrollan los abusos es una sociedad poco instruida en los derechos humanos, en la cual la cultura de la impunidad y la corrupción están fuertemente arraigadas por razones históricas, los resultados en términos de impacto social son trágicos, pues los grupos religiosos se convierten en espacios idóneos para explotar las creencias, cometer delitos y perpetuar las condiciones para se ve violen los derechos humanos generación tras generación (Erdely y otros, 2005: 46).

Y si, otra vez “además”, la Iglesia considera que no tiene que denunciar a los sacerdotes pederastas, a los sacerdotes violadores, a los sacerdotes abusadores sexuales, pues bien arreglados (?) estamos entonces. ¡Imagínese nada más un mundo en que la Iglesia decide algo de tamaña envergadura, tan repugnante y degradante, y se le acepta y punto!
Uno de los temas más controvertidos, comentados, debatidos y cuestionados en cuanto a las religiones y la personalidad y la conducta de los religiosos, la vida de los religiosos, la psicología de los religiosos, la “comunicación verbo-corporal” de los religiosos, es el celibato, establecido en el año 1139, y fuertemente criticado ya a partir del siglo XV. En la actualidad existen en todo el mundo más de 100 000 curas casados, 20 000 de los cuales viven en Estados Unidos, 10 000 en Italia y 6000 en España –. Si tomamos en cuenta que los sacerdotes católicos en todo el mundo son unos 400 000, y unos 100 000 están casados, entonces podemos considerar que aproximadamente un 25% ni respeta ni obedece las leyes del Vaticano y del Papa. Los problemas, de todo tipo, que acarrea el celibato en la Iglesia católica son viejos, y en nuestros días han llegado al clímax. Por eso es que se ha realizado la reunión extraordinaria del Papa con los cardenales de los dicasterios de la Curia Romana en noviembre de 2006. El asunto ha llegado a tal punto que no admitía más demora. ¿Y cuál ha sido el móvil o causa principal para esta reunión? Un cura africano de 76 años llamado Emmanuel Milingo, arzobispo emérito de Lusaka, Zambia, que fue excomulgado por haberse casado y por haber creado una asociación de sacerdotes casados. El cura Milingo, fuerte crítico de la protección que da la Iglesia católica a los curas homosexuales y pederastas, exige cambios urgentes y profundos en la Iglesia católica. Veamos algunos detalles.
Como filólogo, imagólogo, traductor e intérprete, es decir, un individuo que trata la comunicación, la información, las sociedades, sus hábitos, sus comportamientos, las tradiciones, a través de los textos escritos y hablados en una o en varias culturas, en uno o en varios idiomas o dialectos, y basado en algo tan concreto –pero no sencillo– como ¿qué dice realmente ahí?, ¿cuál es realmente el mensaje?, he visto y comprobado que el problema del celibato ha sido una constante preocupación –y admiración y duda– tanto en Europa como en Eurasia, y también en Asia y en África, y por supuesto en América..., y esto lo constaté especialmente en los más de 15 años de trabajo con el COMECON. Ahí, en esa inmensa organización internacional, con tantos países y culturas diferentes, con tantos idiomas, con tanta gente brillante y especialistas en las más diversas ramas del conocimiento humano, en cuestiones de religión y religiones, siempre se comentaban tres temas complejos:

  1. El celibato en la iglesia católica romana o iglesia católica latina –y no en la iglesia católica ortodoxa o iglesia católica griega.

  2. La falta de comunicación positiva y respetuosa, las rupturas, las controversias, los odios, los rencores, las persecuciones, las iras regionales y los autoritarismos entre cristianos romanos y cristianos ortodoxos, entre los católicos de Occidente y los católicos de Oriente, entre cristianos de Occidente y cristianos de Oriente. Y además, las distancias o alejamientos tremendos, en muchos sentidos, entre católicos romanos y protestantes en la misma Europa, a través de la historia y en la actualidad, en la Europa de la Comunidad Europea (Antaki, 1997).

  3. ¿Quiénes han perseguido y asesinado más a los católicos: los no católicos como por ejemplo los emperadores romanos de la época de la Europa anticristiana, de la época del cristianismo primitivo, de la época de la persecución de los católicos, o los mismos católicos en sus habituales –antes y también ahora, por supuesto– guerras fratricidas, como por ejemplo las que ha mantenido el Vaticano y los papas de la época de la Inquisición y hasta en la actualidad con los otros grupos también católicos o cristianos? ¿Por qué imaginar que “los contrarios” no se iban a traicionar, a delatar, a perseguir, a asesinar, a desmentir..., si “los iguales” lo han hecho y lo siguen haciendo abiertamente? ¿Es que acaso esa división entre los mismos cristianos, entre los mismos católicos, no ha creado las tragedias, los conflictos, las persecuciones, los odios, las desmentidas, los asesinatos... tan conocidos en la historia del Cristianismo y por los siglos de los siglos, como señalaran ya el filósofo griego Celso, del siglo II, en su obra Discurso verdadero o La palabra verdadera, y el exégeta alejandrino Orígenes en su obra Contra Celso? ¿En qué han cambiado las cosas hoy cuando existen en pleno siglo XXI –luego de siglos de Cristianismo y conflictos de todo tipo dentro de él– miles de sectas que se disputan “la verdad” en torno al Cristianismo, en torno al Catolicismo, que se disputan “la primacía”?:

A los comienzos, dice [Celso], [los cristianos] eran pocos y sólo tenían un sentir [tenían una sola doctrina, tenían una sola idea acerca del Cristianismo]; mas cuando se esparcieron en muchedumbre, se cortan y escinden [se dividen, se separan] a su vez, y cada uno quiere tener su propio partido [su propio territorio, su propia zona], que es lo que desde el principio deseaban [...] Mas cuando se esparcieron en muchedumbre, de nuevo se escindieron y separaron unos de otros, y cada uno quiere tener su propio partido". Y prosigue diciendo que, "divergiendo por razón de la muchedumbre, unos a otros se impugnan, y ya sólo una cosa les queda de común, si es que les queda: el nombre [...] unos se organizan de un modo y otros de otro [...]

¡Bonito panorama éste! ¿O usted cómo lo ve?

Había y hay, antes y ahora, en todo el mundo, una gran diferencia entre los “religiosos alfabetizados” o “creyentes preparados” y los “religiosos analfabetos” o “creyentes impreparados”, entre los “feligreses conscientes” y los “feligreses inconscientes”. Una cosa es profesar una religión sabiendo lo que se piensa y lo que se hace y otra cosa es profesar una religión sin conocer de qué se trata en realidad y actuar como acarreado espiritual, en situaciones de desesperación, como última alternativa. Las personas que profesan una religión sin conocer su verdadero sentido, la profesan como pueden profesar cualquier otra religión, o no profesar nada, cuestión de moda, de conveniencia, de beneficio, de necesidad... En estos casos, cualquier vientecillo rompe la rama. En América y en Europa es generalizada la idea –entre otras ideas– de que los cristianos, de que los católicos, de Latinoamérica pocas veces o nunca hemos leído la Biblia, y de que si la leemos, no la entendemos o no la entendemos de manera adecuada –creo que tal vez piensen lo mismo en otros lugares de Asia y África, debido a que ahí están las estadísticas acerca de la educación y la alfabetización en América, al alcance de todos. Si no podemos entender lo que se plantea en un periódico local, entonces cómo imaginar que podemos entender un texto tan complejo como la Biblia–. Y lo que sucede es que el analfabetismo y el analfabetismo funcional en América es pan de cada día. ¡No hablemos ya del analfabetismo teológico, inclusive entre individuos religiosos cristianos con preparación universitaria! ¡Tremendo el problema! ¡Qué impacto! ¡Qué realidad tan compleja y contradictoria! Tal vez sería necesario pensar un poco más detenidamente acerca de la necesidad de abrir cursos especializados, materias, seminarios, postgrados, de Teología y Filosofía de las Religiones, de Sociología de la Religión, en las universidades estatales de los países con alto índice de religiosos, de creyentes, de cristianos, de católicos. Obviamente, se supone que en caso de que estos cursos se abrieran para “la gran masa de la población”, entonces deberían estar muy bien dirigidos y enfocados, cuidadosamente dirigidos, deberían de estar a cargo de personas morales, comprometidas con el pensamiento científico y con el respeto a la historia y a la sociedad. Todos sabemos los grandes problemas del pensamiento en las ciencias sociales, en las humanidades (Ruano y Makoviétsky; 1984; Ruano, 2002), y justamente por esto creemos que las personas que deciden los destinos de los países, es decir concreta y principalmente el aparato gubernamental, los comunicadores, los periodistas, los intelectuales, los académicos, los docentes, deben tener un fundamento cultural teológico bien estructurado, multidisciplinario, multicultural, egalitario, que les permita tener una “visión acertada” del pensamiento y la conducta religiosos mundial y sobre todo nacional, especialmente de aquellas religiones, sectas y corrientes socioconfesionales que influyen más en la vida moderna. ¡Es admirable lo que sucede en estos casos! ¡Es admirable el desconocimiento que al respecto tiene la masa poblacional y los grupos directivos!
Por fortuna, pude aprender algo acerca de las religiones, y así entender la conducta socioconfesional de mi grupo y de otros grupos, de este grupo tan complejo al que llamamos “latinos”, al que orgullosamente pertenezco. Mi gran agradecimiento es para mi madre, que constantemente me decía que si ibas a leer algo que ya sabías que no ibas a entender, entonces que era mejor dejarlo y disfrutar tu tiempo pensando en “los marañones de la estancia”. Eso hizo que me esforzara en el plano cultural, debido a que con frecuencia yo pasaba horas pensando en esos “marañones”..., ¡y en otras cosas “mundanas” y “riquísimas”!, como buen caribeño, como buen latino. Y mis profesores, mis queridos y respetados maestros, de diferentes nacionalidades e idiomas, que tanto me ayudaron a ver la luz en un mundo tan oscuro y lleno de fanatismos. Nunca, pero nunca, olvidaré a la Dra. Bógasch, a la Dra. Jardines, a la Dra. Mülller, a la Dra. Cossío, al Dr. Groushínskii, al Dr. Repilado, al Dr. Berschin, al Dr. Zajarián, al Dr. Makoviétsky... Tampoco olvidaré a esos grandes maestros de la Humanidad..., como fue una de las grandes maestras de nosotros los mexicanos: la genial Doña Ikram Antaki, maestra de todos, maestra por siempre, maestra sublime... ¡Ésos sí eran maestros! ¡Qué deleite era escucharlos y leer sus textos! ¡Cuánto compromiso pedagógico! ¡Cuánto compromiso social! ¡Cuánto compromiso moral! ¡Cuánto compromiso con las generaciones futuras y el hombre nuevo! ¡Cuánto compromiso con la verdad! ¡Y cómo crecía la mente de uno, sin fronteras! ¡Y cómo se regocijaba el corazón de uno con aquellos conocimientos! También tengo mucho que agradecer en mi formación cultural a los cientos de asesores del CAME, de tantos países y culturas diversas, con los que trabajé. Tuve la oportunidad, gracias al destino, de vivir aquellos prolongados debates y discusiones por quince largos años, leer muchas publicaciones en idioma ruso, que eran desconocidas en español o en francés o en inglés o en alemán, y también de participar activamente en aquellas reuniones, como traductor, como imagólogo, como sociolingüista y como filólogo. Así, afortunadamente, conocí la otra cara de la vida de Occidente, la “otra cara de la cristiandad”, esa cara desconocida de la cristiandad llamada “ortodoxia”, en especial la ortodoxia griega y la ortodoxia rusa, un tema tan interesante, tan importante para la historia y la cultura de la humanidad, para la cultura de todo aquél que pretenda llamarse “occidental” o “civilizado”, de cualquier parte del mundo, de cualquier continente, un tema, por supuesto, prácticamente desconocido en América:

La ortodoxia. No estamos hablando de una secta, sino de una de las grandes divisiones que sufrió el cristianismo, junto con el catolicismo y al protestantismo. Estamos hablando de una Iglesia que cuenta con doscientos millones de cristianos y muchas subdivisiones. Existe la ortodoxia helénica, que se reúne alrededor del patriarcado de Constantinopla, las Iglesias de Grecia, de Chipre y Creta y que cuenta con doce millones de fieles. A ella sumamos la ortodoxia albanesa con 450 mil personas, en un país esencialmente musulmán. Además, la ortodoxia latina de Rumania con veinte millones de personas. Con la ortodoxia eslava que integra a los ortodoxos de Rusia, Ucrania, Bielorrusia, Bulgaria, Serbia, Macedonia, la República Checa, Eslovaquia, Polonia; así como la Iglesia de Finlandia que es un fragmento de la Iglesia rusa, estaríamos hablando de 160 millones en la antigua URSS. También la Iglesia autocéfala de Belgrado, que cuenta con poco menos de diez millones; la Iglesia de Macedonia con más de un millón; la de Bulgaria que cuenta de ocho a nueve millones, en la otrora Checoslovaquia y Polonia suman entre doscientas a quinientas mil personas. Además de los ortodoxos de Europa occidental, que juntos suman un millón de fieles. A estas se suman las comunidades ortodoxas en Canadá, Estados Unidos, Australia y, por supuesto, los ortodoxos de Levante.

Además de estas iglesias, se puede contar a la Iglesia armenia, la Iglesia de rito oriental (jacobita y copta), la Iglesia católica griega (uniate), etcétera. Los centros de la ortodoxia, también llamados pentarquía, son Estambul, Antioquía, Jerusalén y Alejandría, y dependen del patriarcado de Antioquía.

La ortodoxia se rige por el calendario juliano, establecido bajo Julio César y modificado bajo el reinado de Augusto, que está en desacuerdo con el de Roma. Sus puntos fuertes son las grandes teofanías: el bautismo de Cristo, la transfiguración, pentecostés y, especialmente, la Pascua. Su liturgia es rica y solemne (Antaki, 1997: 57-58).

Fue ahí donde conocí los abruptos caminos de la cristiandad europea, del catolicismo europeo, no solamente los conflictos entre católicos y protestantes, sino también los conflictos ancestrales y grotescos de Roma, del Vaticano, con Grecia y Rusia –o a la inversa, según se quiera ver y convenga–, ¡y hasta dónde puede afectar la diversidad lingüística, ya sea al nivel de los idiomas o al nivel de los dialectos, el entendimiento de los grupos religiosos! Para mí fue una gran ventaja en todo esto el dominio de la lengua rusa, la lengua más hablada en Europa por nativohablantes, que era la lengua de los debates, y el conocimiento del estilo literario, filosófico y socioconfesional del idioma ruso. Como todos sabemos, las traducciones y las interpretaciones, tanto al nivel de la lengua hablada como al nivel de la lengua escrita, tienen sus grandes problemas (Ortega, 1951; Vázquez-Ayora, 1977; Reyes, 1989: 130-144; Chernávina y Ruano, 1987a; Chernávina y Ruano, 1987b; Vega y Martín-Gaitero, 1997; Carbonell, 1999; Schleiermacher, 2000; Comitre y Martín, 2002; Gracia y Bugnot, 2005), y en este caso concreto, en cuestión de religiones, estos históricos y seculares problemas de traducción socioconfesional o traducción monacal (Foz, 2000; Bueno y Adrada, 2002; Bueno, 2004; Vian, 2005; Lozano, 2007) se relacionan, en especial, con las traducciones realizadas por los neófitos e inexpertos, por personas no ideales para realizar este tipo de traducción, sobre todo en las culturas con tradiciones orales y llenas de signos verbales y no verbales –corporales y no corporales– desconocidos o difíciles de interpretar, de mitos e imaginerías populares, con los textos escritos con errores tipográficos y ortográficos, con errores estilísticos, con la renovación de los contenidos espirituales de las cosas que se designan (Porzig, 1986: 354- 357), con los textos que no están dirigidos a la mayoría de la población, con los textos que no se comprenden bien, es decir que crean grandes dudas semánticas, con los textos que dejan malentendidos, interpretaciones polisemánticas e ideosincráticas, lagunas semánticas y “filtraciones” (Ellis y MacClintock, 1993: 60-62) de todo tipo, con la “retraducción de textos” (Zaro y Ruiz, 2007), cuestiones que, por lo general, la “humanidad cultivada” paga a un precio cultural y comunicativo muy caro, porque, finalmente, o no se entienden en lo absoluto esos textos, esos discursos, o no se entienden bien, no se entienden en su totalidad, sólo se entienden, en el mejor de los casos, de manera parcial, alteradamente, muy alteradamente (Schökel y Zurro, 1978; García Yebra, 1986; Vázquez-Ayora, 1977; Meyer, 2005: 43-44; Erdely y otros, 2005: 158, 176, 182; Antaki, 1997: 13-25; Todorov, 1999: 106-136; Ruano, 2004a; Tallet, 1985a, 1985b):

En las traducciones de la Biblia no se permite [o más bien no se debería permitir en la actualidad, en estas situaciones de globalización cultural y supuesto entendimiento internacionalizado] la intervención de los teólogos sino después de realizada la versión por un estilista de menores conocimientos en escrituras y teología, por la sencilla razón de que el teólogo [que con bastante frecuencia desconoce, al parecer y por lo que oímos y vemos frecuentemente, los complejos e intrincadísimos caminos de la filología, de la traductología, de la sociolingüística, de la sicolingüística, de la imagología, de la semiótica, etc.] que no tiene dificultad en compenetrarse en la sustancia dejaría muchas cosas en una completa nebulosidad para el lector medio lo que en América, de la misma manera que en muchos otros lugares, incluyendo a Europa, quiere decir individuos con “experiencias sociales” disfuncionales en cuestiones de lenguajes, verbales y corporales, con marcas de incultura, desajustes educativos, desajustes instruccionales, posibles rasgos de analfabetismo y analfabetismo funcional.

¿No deberá traducirse la Biblia, gran monumento literario, del mismo modo que los otros textos literarios? «Si la Biblia es literatura –pregunta Alonso Schökel–, ¿por qué la instancia literaria no ha de influir en su traducción?». Ni el carácter inspirado del original, ni la incompetencia de muchos traductores, ni los destinatarios de las traducciones bíblicas justifican, a su juicio, la baja calidad literaria de estas traducciones (García Yebra, 1986: 228).

El análisis de los fenómenos lingüísticos y extralingüísticos que atañen al término [a la palabra] y su proceso de formación en las diferentes hablas especializadas ha tomado en nuestros días gran importancia a nivel internacional. Esto queda claro si consideramos, entre otras cosas, la disímil situación en que se encuentran los vocabularios de la gran mayoría de las ciencias no ya al nivel de pueblos y lenguas diferentes, sino al nivel de un mismo país [como México y Brasil, por ejemplo], una misma rama del conocimiento [la teología, la religión, el cristianismo, el catolicismo, por ejemplo], una misma actividad científica [como la lingüística, la sociolingüística, la imagología, la textología, etc.]

Por otro lado, la preparación de especialistas que desempeñan funciones en todo el macromundo de la creación de textos científicos y técnicos es una cuestión que preocupa no sólo a las entidades internacionales reguladoras de esta actividad, sino también a nuestro país a través de los organismos editoriales y de información científica y técnica.

Es conocido por todos que la información que puede aportar un material determinado con frecuencia se ve “bloqueada”, “limitada”, por la no selección adecuada de la terminología pertinente. En nuestro caso abordaremos ciertas particularidades del tratamiento terminológico, lo que presenta interés tanto para los especialistas filólogos como para los redactores, correctores, traductores e intérpretes de ICT, catalogadores y especialistas en información computarizada.

Si bien los estudios terminológicos datan de principios del siglo XX, todo parece indicar que aún existen ciertas imprecisiones a la hora de considerar a esta rama lingüística y al mismo vocablo “término”. En el análisis de palabra y término la situación no se reduce a la simple definición de cada una de ellas, sino a que también en el proceso de su solución se entrelazan diversos aspectos sociales, prácticos y lingüísticos (Ruano, 1989: 21-23).

La ciencia que trata los problemas de la traducción es la teoría de la traducción. Esta es una de las ciencias más jóvenes de la lingüística. A nivel mundial crece constantemente la necesidad de establecer relaciones en determinadas esferas como la ciencia, la cultura, el comercio, etcétera. En la mayoría de los casos esta mutua comunicación se hace posible por medio de la traducción. Es precisamente por esto que en el último decenio ha aparecido un gran interés no solamente por las traducciones artísticas y poéticas, a las cuales se “han consagrado” los críticos literarios, sino también por las traducciones publicísticas, de la literatura científico-técnica y la traducción oral. Surge así la urgente necesidad de pasar de la búsqueda de diferentes procedimientos de traducción a la generalización de aquello que es propio de la traducción en general; darle una determinación a la misma esencia del proceso de traducción. La teoría de la traducción pasó a ser una disciplina lingüística que se apoya en las reglas de la lengua, propias de cualquier proceso de traducción. De esta forma comienzan a elaborarse las teorías particulares de la traducción, dedicadas a la especificidad de la traducción de géneros peculiares de la literatura [véase aquí lo que comento en Ruano, 2005]. En relación con esto se puede determinar el lugar de la teoría de la traducción en la serie de otras disciplinas lingüísticas [...] la teoría de la traducción es una parte de la lingüística comparada, ya que ella aparece con la relación entre las lenguas [...] Debido a que la traducción se realiza en las obras concretas del lenguaje, es decir, en los textos, entonces “la teoría lingüística de la traducción no es otra cosa que la lingüística comparada del texto”, es decir, el estudio comparado de la semántica de textos idénticos en diferentes lenguas.

La tarea de la teoría general de la traducción [...] se resume determinando el carácter y las condiciones de la formación de los equivalentes de traducción (Chernávina y Ruano, 1987a: 43-44) [...]

La traducción [...] no es una transmisión mecánica de todos los elementos del original, sino una selección consciente de variantes de las múltiples posibilidades. Haciendo una exposición de todos los elementos [...] no obtenemos nuestro objetivo y, a veces, para poder transmitir lo deseado, se tiene que prescindir de algunos elementos esenciales del original; precisamente aquí es donde radica la maestría de la traducción (Chernávina y Ruano, 1987a: 62).

La vida está llena de traiciones (Jeambar y Roucaute, 1997; Kundera, 1994; Martín, 2004), de locuras (Tuchman, 1989), de inhumanidades (Glover, 2001), de secretos, de misterios, de ocultismos, de simbolismos, de enigmas, de falsedades, de mentiras (Eco, 2000; Heylen, 2006; Saramago, 2004; Vallejo, 2007; Dussel, 2007), de espionajes y de “infiltraciones y filtraciones” (Ares, 2003a; Ares, 2003b; Baigent, Leigh y Lincoln, 2004; Brown, 2003; Brown, 2004; Burstein, 2005; Burstein, 2006; Prince y Picknett, 2004; Heylen, 2004; Rodríguez, 1997; Rodríguez, 1999; Starbird, 1993; Starbird, 2005a; Starbird, 2005b; Wasserman, 2002; Ridley, 2004; Bruce-Mitford, 1997; Serrano y Pascual, 2003; Fazio, 2004; Delgado, 2005; Paz, 2000; Dresser y Volpi, 2006; González González, 2006; Torá; Biblia, en especial Apocalipsis; evangelios apócrifos; El Corán; Popol Buj; códices prehispánicos; Profecías de Nostradamus; Masonería, Brujería, Espiritismo, Santería...): ¿cómo fueron realmente las siete maravillas del mundo y qué secretos y misterios guardan en todos los sentidos?; ¿cuál es, realmente, la cultura o civilización más antigua de América –Caral, en Perú. Véase: http://www.youtube.com/watch?v=REt5vZbaPdE&feature=related , http://www.youtube.com/watch?v=5PvSqh9AscA&feature=related , http://es.wikipedia.org/wiki/Civilizaci%C3%B3n_Caral , http://es.wikipedia.org/wiki/Caral_%28sitio_arqueol%C3%B3gico%29 , http://www.caralperu.gob.pe/ –?, ¿qué es, fue real o no, el Experimento Filadelfia o Proyecto Arcoiris?; ¿qué son y en qué consisten los proyectos e investigaciones forteanos?; ¿existe en realidad la combustión espontánea?; ¿qué es un oopart y cuáles son los objetos oopart?; ¿quiénes son realmente, qué hicieron y qué hacen realmente, el millonario árabe Osama bin Laden y el millonario panameño Manuel Antonio Noriega, dos personas altamente versadas y entrenadas militarmente, que en un principio eran cómplices de Estados Unidos y la CIA; pero que ahora son “traidores” perseguidos por sus protectores y entrenadores?; ¿en este rejuego entre el gobierno estadounidense y el árabe y el panameño quiénes son “los buenos” y quiénes son “los malos” de la película, quiénes son los traidores y quiénes son los traicionados, y según cuáles versiones de las historias?; ¿dónde está realmente Osama bin Laden, este multimillonario saudí de 49 años?; ¿qué es realmente, cómo funciona, cuáles son los objetivos y quiénes han dirigido o colaborado militar y tácticamente con la llamada, desde 1946, Escuela de las Américas o School of the Americas y recientemente, a partir de 2001, nombrado Instituto de Cooperación para la Seguridad Hemisférica o Western Hemisphere Institute for Security Cooperation?; ¿qué es lo que “vemos” realmente, en presencia de qué estamos realmente, cuando observamos una estructura arquitectónica, como por ejemplo la Capilla Rosslyn o “La Catedral de los Enigmas”, el Coliseo de Roma o Anfiteatro Flavio, las pirámides: egipcias o mexicanas..., un cuadro, como por ejemplo La Mona Lisa y La Última Cena, una escultura, como por ejemplo la de los dos caballeros templarios encima de un caballo, una bandera, un escudo, los protocolos, las etiquetas, las gastronomías, los rituales religiosos...?; ¿qué es y qué caracteriza, en realidad, a una organización secreta del tipo de una logia, un grupo de santería, una secta satánica o a la organización mexicana llamada el Yunque (Delgado, 2005), etc.?; ¿qué son esas “cosas” llamadas “sincretismo religioso”, ADN, herencia, Genómica, genoma, formación de la Tierra y la vida animal, vegetal y mineral?; ¿existió la Atlántida o Atlantis?; ¿hay vida extraterrestre, y si la hay, de qué tipo, y por qué se habla de la Conspiración del ocultamiento extraterrestre o UFO conspiracy theory?; ¿dónde estaban las minas del rey Salomón?; ¿dónde están los tesoros sagrados de los judíos?; ¿qué es y quiénes fueron los victimarios y las víctimas del holocausto –palabra que significa “todo quemado”– o shoah, esa persecución y exterminio de judíos y grupos minoritarios de Europa y África en la que desaparecieron, por una u otra causa, aproximadamente 22 millones de seres humanos, de “no puros” (?)?; ¿ha sido y es Suiza, realmente, un país neutral y sin ejércitos?; ¿qué influencias tuvieron Edward George Earle Lytton Bulwer-Lytton, Helena Blavatsky, la sociedad secreta servia Mano Negra y la Sociedad Vril en los líderes y los acontecimientos de los Primera Guerra Mundial y la Segunda Guerra Mundial, en el Nazismo?; ¿cuál es la verdadera y real historia de las relaciones entre China –9 596 960 km2, 1 313 973 713 de habitantes – y Tíbet –1 222 000 km2, 6 000 000 de habitantes –?; ¿qué mató realmente a Napoleón Bonaparte –¿cáncer o envenenado con arsénico?–, el hombre que ha dirigido los ejércitos más grandes conocidos hasta el momento?; ¿existió El Dorado?; ¿existe el “Pie Grande” o “Sasquatch” o “Big Foot”?; ¿cuál es el verdadero misterio del Triángulo de las Bermudas, Triángulo del Diablo o Limbo de los Perdidos?; ¿qué misterio guarda Nasca y cómo interpretan los grupos civilizados y los grupos incivilizados este monumento de líneas?; ¿cómo se preparan y qué características tienen los espías, los infiltrados, y cómo los detectan y cómo los expulsan de las organizaciones?; ¿qué papeles han desempeñado los espías e infiltrados en la historia y la suerte de la Humanidad, de los países, de las religiones, de los grupos humanos, de las organizaciones, de las empresas, de los ejércitos, de las investigaciones científicas y técnicas?; ¿cuál es la verdadera historia de las bombas atómicas que se lanzaron en Japón en 1945, en Hiroshima y Nagasaki?; ¿hasta dónde afecta al mundo o a los países en concreto, en situaciones de globalización o no, un conflicto con “dos o más caras” y cómo se puede interpretar?; ¿cuánto ganan, cuál es el salario de nuestros políticos, y cómo es que se hacen millonarios de la noche a la mañana y “aquí nunca pasa nada”?; ¿quiénes son los hombres y las mujeres más sexuales, más ardientes, del mundo?; ¿qué es, quiénes lo descubrieron y cómo funciona el Código Secreto de la Biblia o Código de la Torá?; ¿estigmas o fraudes?; ¿cómo estuvo eso de que el nuevo papa, Benedicto XVI, nacido con el nombre de Joseph Alois Ratzinger, fue nazi?, ¿cuál es la verdadera historia del Banco del Vaticano y para qué sirve “realmente” esta institución rodeada de fuertes escándalos internacionales y de graves y penosas acusaciones, como la de lavado de dinero, de suicidios y persecuciones de sus altos directivos?, ¿de dónde han salido y siguen saliendo las inmensas y cuantiosas sumas de dinero y bienes del Banco del Vaticano o Instituto per le Opere di Religione (IOR) o el Instituto para las Obras Religiosas?, ¿de dónde saca tanto dinero este Banco del Vaticano como para pagar las millonadas por demandas debido a violaciones sexuales, abusos sexuales y sodomización a menores de edad, causadas por los curas? (Wikipedia; Vallejo, 2007: 212-218; Blondiau y Gumpel, 2003; Pollard, 2007; Yallop, 2007; Montagud, 2006; Infante, 2004; Torres, 2004); ¿quién fue realmente Jesús o Cristo, qué hizo en los llamados “años silenciosos o perdidos”, es decir entre los 12 y los 30 años, en dónde estuvo en ese tiempo, qué cosas aprendió y en dónde las aprendió y quién o quiénes se las enseñó?; ¿estuvo Jesús en Inglaterra, en la Abadía de Glastonbury, y qué pasó ahí y qué nos habrían contado los libros que se quemaron en esa Abadía?; ¿cómo es posible que en estos tiempos de supuesta civilidad y globalización, el terrorismo religioso tenga, en todos los sentidos, tanto auge, incluyendo aquí los atentados mortales, las persecuciones, los secuestros, los crímenes, las torturas..., y en especial entre religiones que comparten una misma Biblia o unos mismos orígenes, como sucede con los judíos, los cristianos y los musulmanes, que expresan en la actualidad su odio a la máxima potencia (Juergensmeyer, 2001; Tariq, 2005; Burleigh, 2006; Kirsch, 2006)?
Todos estos “secretos”, “misterios”, “falsedades”, “locuras”, “ocultismos” y “mentiras” tienen gran impacto –generalmente negativo– en la vida y las creencias de los seres humanos, en especial en los grupos y los individuos con ciertas limitaciones culturales y ciertos tabúes. ¿Por qué? Porque a veces no se sabe dónde está la falsedad y cómo actúa:

La falsedad [es decir la mentira y el secreto], esa chapucera, siempre se cuela sin invitación a la fiesta de la ciencia [de las personas ilustradas, capacitadas, comprometidas, honestas, de buena voluntad...]. Como en un baile de máscaras, podemos estar bailando con ella, seguir sus pasos al compás de la música, caer en los encantos de su perfume sin saber que es nuestra enemiga. Hay falsedades maravillosas que alientan a la imaginación y embriagan el espíritu. Falsedades que mueven el músculo incontrolable del deseo indómito y nos llevan a navegar por océanos que siempre hemos soñado conquistar y de cuya belleza prometida hemos tenido noticias.

Las falsedades no son casas del horror; por el contrario, son doncellas muy atractivas, de allí su peligrosidad. Es muy fácil caer en sus embrujos y, no finjamos, con frecuencia alientan la vida. Imaginar, por ejemplo, una sociedad igualitaria, sin Estado, donde la producción de los bienes que requerimos es ya un asunto menor gracias a una producción armoniosamente organizada, un territorio en el cual los conflictos de clase se han desvanecido y todos podemos dedicar más tiempo a la creación, al arte, a la vida familiar, a lo que nos venga en gana, fue un ejercicio fascinante que cautivó a millones, a decenas de millones, durante un largo periodo. Todo ello a pesar de que no existía una sola referencia histórica en el pasado o un hecho presente que confirmaran que nos aproximábamos a tal paraíso. El problema de este baile de máscaras es que fácilmente caemos atrapados por una vana ilusión de pensar que puede haber cierto contenido de verdad en ellas. En el engaño está el problema, no en la imaginación (Reyes-Heroles, 2003: 66-67).

Y una de las grandes falsedades –que tantos problemas, tragedias, desastres, tristezas y dolores le ha traído y le sigue trayendo a la Humanidad– es la “fe falsa” o “falsa fe”, que también podría interpretarse como “fe irracional”, “fe confundida”, “fe descontrolada”, “fe ciega”, “fe dogmática”... ¿Hasta dónde puede llegar este tipo de fe? ¡Hasta las últimas consecuencias...! Una persona sin fe, es decir una persona que no tiene creencias, que no tiene confianza, en algo, en lo que sea, en cualquiera cosa, es un alma errante, es un individuo sin rumbo, sin brújula, que no sabe a dónde va... Pero un individuo con una falsa fe, con una fe irracional o dogmática, tampoco tiene brújula, salvo la brújula del extremismo, del fanatismo, y de la segregación: destruir a todo el que no sea como él; eliminar, liquidar, por el medio que sea, a todo el que no piense como él... ¿¡Ejemplos!?: recuerde la historia y mire a su alrededor, y no vaya muy lejos, haga sus análisis aquí, en América, en su país, en su región, en su colonia o reparto, en estos mismos años, y verá todo lo que salta a la vista, si es que realmente usted quiere “ver” y no es “ciego”.

Algunos secretos pueden ser develados; otros no, porque las fuentes que podrían revelarlos ya fueron exterminadas: la destrucción de libros en el mundo entero, a través de los siglos, ha sido el atentado más grande contra la historia y la evolución de la Humanidad. Dentro de las grandes tragedias de la desaparición de la historia escrita de la Humanidad están: la Biblioteca Real de Alejandría, la Biblioteca de Pérgamo, la Biblioteca de Constantinopla. Claro está que aquí no podemos dejar de mencionar la destrucción de los textos prehispánicos y de algunas otras destrucciones de todo tipo de material que no fuera del agrado o conveniencia del catolicismo europeo del tiempo de la Conquista de América. Claro está que en este sentido fue México el más ultrajado, y con México toda América y el mundo. En lo que respecta a la destrucción de materiales escritos no convenientes a la “fe” católica, ahí aparece en primer lugar el nombre del inquisidor español Tomás de Torquemada (1420-1498). En realidad, yo no tengo palabras para denominar a esta “persona” y las acciones que él realizó en su época. Yo, repito, no tengo palabras para expresarlas aquí, conste que sólo aquí; pero tal vez usted sí las tenga si conoce un poco su historia. Aquí nada más mencionaré que por algo la palabra “torquemada” ha permanecido en la historia como sinónimo de fanatismo y crueldad. También se destaca aquí el nombre de un hombre colérico, de un verdadero sociópata, cruel: Gian Pietro Caraffa, quien fuera el Papa Pablo IV: ¿Qué maldad no hizo este hombre indigno? ¿Qué libros no mandó a quemar este engendro? ¿Qué acto vil no cometió este criminal contra cualquier heterodoxo o judío y sus discursos hablados o escritos, contra los libros más avanzados del pensamiento de la época y de la historia de la religión judeo-cristiana? Todo lo malo imaginable y no imaginable se relaciona con el nombre de Pablo IV. Y, finalmente, mencionamos el Index Auctorum et Librorum Prohibitorum o Índice de autores y libros prohibidos o Index Expurgatorius, creado por la Iglesia Católica Romana en 1559 y que existió con carácter regulatorio hasta el año de 1966. Hasta algunos de los curas inquisidores y conquistadores se lamentaron por la brutal quemazón de los libros, códices, pinturas y textos en general prehispánicos, como es el caso de fray Diego Durán (Todorov, 1999:213, 220, 219):

Por eso Durán le reprocha a aquellos que, como Diego de Landa o Juan de Zumárraga, primer obispo de México, quemaron los libros antiguos, el haber dificultado todavía más el trabajo de evangelización. “Y sí erraron mucho los que, con buen celo, pero no con mucha prudencia, quemaron y destruyeron al principio todas las pinturas de antiguallas que tenían, pues nos dejaron tan sin luz, que delante de nuestros ojos idolatran y no los entendemos: en los ‘mitotes’, en los mercados, en los baños y en los cantares que cantan, lamentando sus dioses y sus señores antiguos, en las comidas y en los banquetes” (I, “Prólogo”) [...]

Es muy probable que Durán proviniese de una familia de judíos conversos [...]

[Y busca el origen de los indígenas de América a través de las raíces judías] Durán no aguanta mucho la tensión de la duda y, en la época en que escribe su libro de historia [Historia de las Indias de Nueva España e Islas de Tierra Firme], es decir 1580-1581, ya ha tomado una decisión: los aztecas no son sino una de las tribus perdidas de Israel. El primer capítulo de su historia se inicia con esta afirmación: “...podríamos ultimadamente afirmar ser naturalmente judíos y gente hebrea. Y creo no incurriría en capital error el que lo afirmase, si considerado su modo de vivir, sus ceremonias, sus ritos y supersticiones, sus agüeros e hipocresías, tan emparentadas y propias a las de los judíos, que en ninguna cosa difieren” (III, 1) [...]

Mucho le hubiera agradado [a Durán] encontrar pruebas del paso del evangelizar [es decir que el imaginaba que el predicador Santo Tomás habría podido estar en América] un poco más tangibles que esas analogías; a veces le parece que les sigue la pista, pero en el último momento se le van de entre las manos. Le hablan de una cruz grabada en la montaña; por desgracia ya no saben dónde se encuentra. También oye decir que los indios de cierta aldea habían tenido un libro escrito con caracteres que no comprendían; corre a buscarlo, pero sólo averigua que el libro fue quemado hace unos años. “Lo cual me dio pena, porque quizá nos diera satisfacción de nuestra duda, que podría ser el sagrado evangelio en lengua hebrea” (I, 1) [...]

Debido a que la vida está llena de secretos, por eso los lenguajes, cualquiera que sean éstos –animales o no, verbales o corporales...–, están llenos también de secretos, ya sea para unos o para otros, en unos tiempos o en otros:

En nuestro lenguaje diario hay un grupo de palabras prohibidas, secretas, sin contenido claro, y a cuya mágica ambigüedad confiamos la expresión de las brutales o sutiles de nuestras emociones y reacciones. Palabras malditas, que sólo pronunciamos en voz alta cuando no somos dueños de nosotros mismos. Confusamente reflejan nuestra intimidad: las explosiones de nuestra vitalidad las iluminan y las depresiones de nuestro ánimo las obscurecen. Lenguaje sagrado, como el de los niños, la poesía y las sectas. Cada letra y cada sílaba están animadas de una vida doble, al mismo tiempo luminosa y obscura, que nos revela y oculta. Palabras que no dicen nada y dicen todo ....

Una buena cantidad de los secretos de la vida de la Humanidad, se van develando poco a poco, gracias a la mundialización de las comunicaciones, gracias al progreso, gracias a la democracia, y gracias al esfuerzo de cientos y miles de hombres y mujeres, científicos y técnicos, que todos los días, de manera multidisciplinaria, van armando el gran rompecabezas de los silencios y de los acertijos. Otros secretos nunca se sabrán, porque se fueron, por múltiples razones y para siempre, con los hombres, los grupos y los pueblos que los crearon.
En este sentido, tenemos que recordar que los leguajes religiosos, especialmente de las religiones muy antiguas, han atravesado en la historia, en general, por las diferentes etapas de la creación y formación –y deformación (?)– de los lenguajes, lo que habitualmente se relaciona con la misma creación o aparición de un idioma en concreto, de un idioma en particular, y de sus dialectos, y también, además, con la creación del mismo lenguaje religioso, en un dialecto determinado, con toda una serie de particularidades sociales, léxicas, semánticas, sintácticas, morfológicas, lexicogésicas, estilísticas, metafóricas, tropológicas, traslaticias, figurativas, crípticas, secretas, etc. (Ruano, 2003a). Pero, por si esto fuera poco –algo ya de por sí extremadamente complejo en el ámbito sociolingüístico e imagológico–, los lenguajes religiosos, con el paso del tiempo y según la trascendencia y la difusión de éstos, se van sometiendo a las etapas de recreaciones, traducciones, interpretaciones o adaptaciones, todo lo cual puede tener un final más o menos feliz, en dependencia de la competencia lingüística y cultural de la persona o las personas que hagan esos trabajos de recreación y de las fuentes “mejores” o “peores”, desinformadas o informadas, actualizadas adecuadamente, que consulten en el transcurso de esas recreaciones:

El Nuevo Testamento, al que pertenece el Evangelio de Mateo con su Tu es Petrus, lo constituyen los veintisiete textos escritos en griego que el Tercer Concilio de Cartago del año 397 decidió que fueron inspirados por Dios. Los escogió dentro de un centenar de evangelios, hechos de apóstoles y apocalipsis y millares de epístolas o cartas provenientes del cristianismo que lo precedió. De los veintisiete textos canonizados, así como de toda esa literatura cristiana primitiva, en su mayoría también escrita en griego, no nos quedan copias anteriores al año 200. Los veintisiete textos que escogió el Tercer Concilio de Cartago son los siguientes: los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan o evangelios “canónicos” como se les designa para distinguirlos de los evangelios “apócrifos” que no se consideran inspirados por Dios; más los hechos de los apóstoles, el Apocalipsis y veintiuna epístolas o cartas de las cuales catorce se atribuyen a Pablo, tres a Juan, dos a Pedro, una a Judas y una a Jacobo [...] Tratan de [...] Cristo [...] [que] que habló en arameo, y sin embargo los veintisiete están escritos en griego. ¿No estarán traicionando de entrada a su personaje los venerables autores con el simple hecho de traducir su pensamiento a una lengua tan distinta como es el griego? El arameo es un idioma semítico y el griego es indoeuropeo. Los evangelios, es cierto, tienen aquí o allá unas cuantas palabras arameas, pero son de dar risa. Parecen toque de color local, como cuando las novelas gringas que pasan en México ponen señorita al referirse a una muchacha: “Give me, please, unos tacos, señorita, por favor” [...] A mí las citas arameas y hebreas en el texto griego de los evangelios se me hacen como moscas en la sopa. Cada quien es su idioma [...] Las palabras cambian en sus sonidos y en sus significados y se van transformando en otras y los idiomas en otros y muchas cosas que se pueden decir en el náhuatl de Nezahualcóyotl no se pueden decir en el griego de Platón y viceversa ....

Dios hizo muy mal en dejarnos su palabra sujeta a las incertidumbres humanas [...] La verdad es que no sabemos quiénes escribieron los evangelios, ni cuándo, ni dónde. Para empezar, los cuatro evangelios canónicos (y todos los apócrifos y todos los demás textos del Nuevo Testamento) son pseudoepigráficos, palabra con que designamos los escritos anónimos que se atribuyen a alguien. No sabemos quiénes son Mateo, Marcos, Lucas ni Juan. A lo mejor estos nombres designan grupos o escuelas cristianas y no individuos [...] Además, como no nos ha quedado el original de ningún evangelio ni ninguna de sus primeras copias, no podemos afirmar que tal evangelio fue escrito por un solo autor y no por una serie de autores que sucesivamente lo fueron modificando y aumentando, como se cree que ocurrió con todos los libros de la Biblia hebrea o Antiguo Testamento, que se consideran la obra de varias generaciones [...] [la Iglesia] no tiene forma de fijar los textos. Acabó adoptando la Vulgata o traducción al latín del Antiguo Testamento hebreo y del Nuevo Testamento griego que emprendió Jerónimo [...] en el año 382 y que terminó en el 405. En tiempos de Jerónimo el latín era una lengua viva. Para el siglo XVI de la Reforma protestante ya era una lengua muerta. Una de las causas de la Reforma fue justamente que Lutero tradujera la Vulgata al alemán, desafiando la prohibición de la [Iglesia] de traducirla a las lenguas vivas de la época. Pensaría la [Iglesia] que con eso protegería de los cambios la palabra de Dios, como cuando un río se congela. Sólo que un río congelado es un río muerto. Por lo demás hacía bien la [Iglesia] en limitar la lectura de las Sagradas Escrituras a sus lacayos o clérigos [...] No bien lo pudieron leer libremente los protestantes en los idiomas vernáculos y de inmediato empezaron a cuestionar sus contradicciones [...] Del cuestionamiento pasaron a la burla. Hoy los protestantes son los grandes especialistas en tomarle el pelo a la Biblia. Nosotros los católicos no, la respetamos mucho. Tanto que no sólo no la leemos sino que ¡ni la tocamos! [...]

Una vez que la [Iglesia] decidió el canon bien que mal congeló sus textos y aquí los tenemos, con sus incontables variantes que se arrastran desde su más lejano pasado, para que tratemos de descubrir qué fue en últimas lo que nos quiso decir Dios. El que quiera acceder al agua límpida de la palabra divina que aprenda primero hebreo bíblico y griego de la koiné, y una vez dominadas estas lenguas que pase a establecer el texto auténtico cotejando, de aperitivo, los más viejos papiros y pergaminos que con tanto amor he enumerado arriba, y de plato fuerte el medio millar de copias antiguas que les siguen [...]

Establecido que no sabemos quiénes escribieron los evangelios, pasemos a considerar el asunto de dónde fueron escritos. ¿En Roma? ¿En Alejandría? ¿En Antioquía? Lo único seguro es que no fueron escritos en Palestina, donde nació y por donde anduvo Cristo, pues sus autores no conocen su geografía, No son de ahí, jamás pusieron un pie en Tierra Santa ....

Quienes hemos trabajado con textos religiosos, con discursos religiosos, conocemos muy bien las grandes limitaciones informativas que existen en torno a estos tipos de discursos, hablados y escritos, y las severas limitaciones de expresión en estos ámbitos, los tabúes discursivos. Los lenguajes con limitaciones expresivas verbo-corporales son, sencillamente, lenguajes crípticos, ambiguos, dobles... Sólo la libertad de expresión puede permitirnos entender los discursos especializados, y, como todos sabemos, justamente la “libertad de expresión” está altamente condicionada en una buena parte del mundo de las religiones, especialmente al nivel de la Iglesia católica (Maza, 2006), que mayoritariamente rige, de una u otra manera, la vida espiritual de los pueblos latinoamericanos. Los lenguajes religiosos, hablados y escritos, en su paso por el tiempo y la geografía, se han sometido a “interpretaciones y traducciones” y también a “selecciones“ –por ejemplo, los evangelios “aceptados” y los “evangelios no aceptados”, los “apócrifos”, “los que amenazan la tradición” (Antaki, 1997: 27-56), los evangelios sinópticos o evangelios con afinidades, etc.–, a “compromisos”, debido a que, finalmente, los textos reciben “una versión” que se atiene a las “conveniencias particulares de un grupo”, independientemente de lo bueno (?) o malo (?) que haya resultado traductológicamente el texto de llegada. Las traducciones y las interpretaciones de los discursos, de los textos, religiosos, de la misma manera que las traducciones y las interpretaciones de los discursos, de los textos, artísticos, filosóficos e históricos, siempre han estado rodeadas por “las sombras de la traición” (Frost, 1992; Kundera, 1994). Además, las apariciones de nuevos textos religiosos antiguos, del tipo del “Evangelio de Judas”, un papiro de veintiséis páginas hallado en Egipto en 1978, cuya autenticidad se dio a conocer por los especialistas –no sacerdotes– al mundo en abril de 2006, ponen al descubierto muchas realidades de la antigüedad y echan por tierra muchos mitos, falsedades y mentiras que habitualmente se le han hecho creer a los devotos o creyentes y al mundo en general. Además, todos sabemos que en las bibliotecas estrictamente privadas del Cristianismo –ya sea al nivel de las instituciones como el Vaticano, las iglesias, los conventos, personas en particular, etc.– se guardan materiales con información histórica valiosísima –¿y comprometedora?– de todos los tiempos, relacionados con todos y cada uno de los sucesos y testimonios de la historia y la actualidad de la Humanidad, algunos de los cuales constituyen verdaderos escándalos (González González, 2006: 37-38). Así fue antes y así sigue siendo. Entre supuestas secrecías (?) y confidencialidades (?), según el aparato dirigente del catolicismo romano, una gran cantidad de materiales comprometedores nunca verán la luz, ¡por ahora! Refiriéndose al gran escándalo de la pederastia católica romana, se expone lo siguiente –que, sobre todo, nos hace recordar el término “pornocracia” o “gobierno romano de las cortesanas”, es decir el “total despapaye en el ejercicio religioso católico”, creado en el siglo XVI por el cardenal César Boronio:

Hasta el momento la diócesis [de Los Ángeles, en Estados Unidos de Norteamérica, un país metido hasta el cuello en este tipo de delito grave, sancionado por las leyes de los hombres y, supuestamente, por las leyes de Dios] ha mantenido como confidencial la mayor parte de los expedientes que involucran a sacerdotes pederastas. Estos archivos contienen cartas y quejas de los feligreses, reportes internos, informes policíacos, expedientes médicos y psicológicos, y memorandos que solicitan la transferencia de dichos sacerdotes a otras parroquias, a otras ciudades e incluso a otros países.

“Sabemos que muchos documentos nunca verán la luz del día –dijo Raymond Boucher, el abogado principal de las víctimas [de los curas pederastas]–. Por décadas muchos documentos estuvieron perdidos, fueron destruidos y otros fueron enviados al Vaticano”.

Los abogados del cardenal [Roger] Mahony [para considerar los alcances del involucramiento de este desprestigiado personaje en los escándalos de pederastia dentro de la Iglesia católica, véase, por ejemplo la enciclopedia Wikipedia, en http://en.wikipedia.org/wiki/Roger_Mahony ] dicen que no pueden dar a conocer los expedientes porque eso violaría el derecho a la privacidad de los sacerdotes.

Para las víctimas, en esos documentos está la verdad que no será ventilada ante la justicia. Lo dicen así porque el acuerdo económico entre los abogados de los demandantes y Mohoney evitó que se hicieran públicas las historias de abusos sexuales, la actuación de los sacerdotes pederastas y la complicidad de las autoridades de esas diócesis.

Sin embargo, muchas de las víctimas no callan: cuentan sus casos y señalan a los clérigos que abusaron de ellas [...]

Muchos de estos archivos “secretos” del mundo religioso católico, guardados celosamente por siglos, fueron tratados o generados en los períodos del Humanismo y el Renacimiento:

Entre los años de 1370 y 1420 se desarrolló el primer período humanista florentino, caracterizado por la ardiente rebusca de manuscritos antiguos y por el ansioso trabajo de investigación e interpretación. La figura más significativa de este período es Caluccio Salutati (1331-1406), canciller de la república florentina, que reunió 800 códices y fue autor de tratados mitológicos, filosóficos y políticos, del poema De fato et fortuna, así como de Epístolas públicas y privadas (325, repartidas en 16 libros). En torno a Caluccio se reunieron otros muchos colaboradores, todos ellos de gran talento (Prampolini, 1956, t. V: 85-86).

Hay que apuntar aquí que al estudio del latín vino a añadirse el del griego, enseñado por auténticos maestros de Bizancio. Entre los italianos más sobresalientes en el estudio de la Grecia clásica, cabe destacar a Manuel Crisolora (1355-1415), iniciador del helenismo en Italia.

Otros dos célebres humanistas italianos fueron: Leonardo Bruni de Arezzo (1396-1444) y Poggio Bracciolini de Terranova (1380-1459), quien fuera descubridor en sus largos viajes por Europa de obras de Quintiliano (Retórico romano. c. 30-c. 100), Valerio Flaco (Poeta épico latino. c. 45-c. 90), Silio Itálico (Poeta latino. c. 25-101), Lucrecio (Poeta latino. c. 98 a. C.-55 a. C.), Plauto (Poeta cómico latino. 254 a. C.-184 a. C.) y Petronio (Escritor latino. † 66 d. C.).

En la región del Adriático se distinguió Pedro Pablo Vergerio el Viejo (1370-1444), quien escribió el breve tratado en forma de carta intitulado De ingenuis moribus ac studiis, que recomienda los estudios liberales como medio único para la formación de la personalidad.

El Humanismo de Roma se orientó hacia los estudios arqueológicos y epigráficos, y alcanzó el máximo esplendor durante el pontificado de los dos papas humanistas: Nicolás V (1397-1455. Papa en 1447-1455) y Pío II (1405-1464. Papa en 1458-1464).

En Nápoles también floreció el Humanismo, gracias al impulso de Alfonso V el Magnánimo (1396-1458. Rey de Nápoles 1442-1458).

En Umbría se destacó Gioviano Pontano (Político y humanista italiano. Umbría 1426-Nápoles 1503), el más grande de los líricos latinos del s. XV, con una abundantísima obra en verso. Para él, el latín no era una lengua muerta, lo dominaba en absoluto y lo plasma y dirige hacia metas prefijadas; tal vez le era más familiar que el lenguaje materno, ya que de éste sólo se posee unas cuantas cartas apresuradas. La abundante prosa de Pontano está redactada en latín ágil y vivo; evidentemente no le pareció que hubiera otro instrumento para la expresión literaria. En este aspecto es Pontano el humanista perfecto.

Mientras en Roma y Nápoles las academias estimulaban los estudios arqueológicos y la literatura pura, Florencia se adornaba en la segunda mitad del s. XV con la Academia Platónica, fundada por Cosme de Médicis el Viejo (Florencia 1389-Careggi 1464), en la que pronto se reunieron hombres como Marcilio Ficino (1433-1499) y Cristóbal Landino (1424-1504). Más tarde, atrajo a Juan Pico de la Mirandola (1463-1494) y tuvo entre sus ilustres miembros a Lorenzo el Magnífico (1449-1492) y a Poliziano (1454-1494), los más grandes triunfadores del llamado Humanismo vulgar. Los poemas de Lorenzo de Médicis derivan del repertorio popular, mientras que las Estancias de Poliziano idealizaban la corte medicea con un arte extremadamente sutil. Por su parte, Pico de la Mirandola fue una prodigiosa inteligencia, ávida de sabiduría universal; conocía el latín, el griego, el árabe, el hebreo y el caldeo. Junto a Lorenzo de Médicis y a Poliziano merecen un lugar dos personalidades insignes, que, sin dedicarse exclusivamente a la literatura, escribieron con vigor de estilo y densidad de pensamiento: Jerónimo Savonarola (1452-1498) y Leonardo da Vinci (Anchiano, cerca de Vinci, corazón de la Toscana, muy cerca de Florencia, Italia, 15 de abril de 1452-Cloux, Francia, 2 de mayo de 1519) (Ruano, 1996b).

En siglos, ni los mismos científicos renombrados –que en algunos casos también son religiosos, teólogos y filólogos cristianos: del cristianismo romano, ortodoxo, protestante, o de la secta o tendencia que sea– han podido consultar estos “materiales secretos” que se supone son patrimonio de la Humanidad o, en última instancia, de “todos” los cristianos. ¿Cuándo sabremos qué es lo que realmente está en esas bibliotecas y de qué se trata...? ¡Tiempo al tiempo...!: “Aringarosa había oído hablar del lugar, del que se decía que contenía más de veinticinco mil volúmenes, entre los que se encontraban ediciones únicas de obras de Copérnico, Galileo, Kepler, Newton y Secchi” (Brown, 2003: 190). Aunque, considerando bien y en detalles la historia del catolicismo romano, creo que es mejor que la historia de este grupo religioso quede encerrada en un baúl con siete candados, es decir que nunca se sepa..., porque cuando nos enteramos de “ciertas cositas” que han hecho “ciertos lidercillos religiosos católicos” (Vallejo, 2007), sólo podremos exclamar con tristeza, con pena, con rabia, con indignación...: “¿¡Dios mío, pero en las manos de quiénes has puesto la suerte de tu iglesia!?”
¿Qué pasa cuando una religión, la que sea, se extiende en el tiempo y en la geografía? ¿Qué pasa cuando pueblos diferentes, de lenguas diferentes, creen en una misma religión, la que sea? En este caso, pasa todo, como ya saben las personas que leen y escriben, e inclusive los “analfabetos y analfabetos funcionales con iniciativa cultural y comunicativa”:

[Cuando se extienden las religiones a regiones diferentes aparece] un problema complejo, el de la propagación de la fe: una religión singular llega a un lugar lleno de voces: el judaísmo, los cultos iraníes, el paganismo. Se producen las mezclas, los préstamos, y luego surge el problema de los medios de comunicación. La extensión y la comprensión siempre han sido hermanas enemigas, ¿cómo conciliar las dos exigencias: la fidelidad doctrinal y la ampliación del campo misionero? Si la palabra sólo cuida su pureza, se encierra sobre una élite; si viaja, se sustrae a la autoridad fundadora. Y, como no llega a un desierto, sino a un cantón sobrepoblado, las voces se hacen múltiples. Además, los apóstoles se repartieron la tierra habitada en zonas de influencia. Tomás se fue con los partos, Juan se dirigió a Asia, Pedro a Roma, Andrés a Scytia, Felipe a Frigia. La ley se desarrolla, la persecución desata fenómenos de intolerancia, los primeros cristianos tienden a encerrase, algunos fabrican su evangelio: los apócrifos expresan este regionalismo espiritual. Son pequeños vinos locales. Lástima que la Iglesia sólo admite en su misa el Chateauneuf du Pape, apelación controlada (Antaki, 1997: 38).

¿Y qué pasa cuando una religión es impuesta a un grupo que ya tenía otra religión? ¿Qué pasa cuando una religión se traslada de un lugar a otro, se traslada a otro lugar en donde hay valores, creencias, usos y costumbres profundamente arraigados por siglos de tradición y extremo respeto? ¿Qué pasa cuando una religión se extiende y es impuesta “obligatoriamente” a un grupo, inclusive de sacerdotes católicos por ejemplo, que cree en otras cosas, en otros dioses, en otro valores, a un grupo que se desarrolla en unas ciertas circunstancias ecosistémicas, contextuales, socioculturales y socioeconómicas diferentes, etc.? Al principio hay confusión, desconocimiento, temor, incertidumbre, terror, pánico...; y ya que se impone esa religión, entonces aparece el sincretismo religioso, el mestizaje religioso, en mayor o menor medida, con unos y otros revestimientos verbales y no verbales: “creo en esto nuevo, acepto esto nuevo; pero también creo en aquello viejo y sigo aceptando aquello viejo”. Veamos un ejemplo en donde se pretende acabar con el sincretismo y ciertas prácticas religiosas, resultados de la unión de culturas y tradiciones religiosas diferentes en México, en el Estado de Puebla, concretamente en Tehuacán –del náhuatl "teo" = Dios, "hua" = posesivo, "can" = lugar, es decir que su significado es "lugar de dioses"–, cuando se le pidió al cardenal de México, Norberto Rivera Carrera, “acabar con el seminario” (Santiago, 2008:60):

[...] Poco antes, en una visita al seminario de Tehuacán el nuncio [Girolamo Prigione] supo que ahí se formaban curas en la Teología de la Liberación, y que dos de sus asesores eran enemigos de la ortodoxia: el filósofo argentino Enrique Dussel y el dominico Miguel Concha Malo.

Prigione no iba a ensuciar sus manos con una labor que alertaría a los medios. El delegado de la Santa Sede pidió a Rivera acabar con el seminario, una misión con la que el nuevo obispo podía justificar su salto jerárquico.

En principio Rivera prohibió los libros del peruano Gustavo Gutiérrez Merino y del brasileño Leonardo Boff, ideólogos de la Teología de la Liberación. Ambos –que se cuestionaban qué era ser cristiano en una región lacerada por la injusticia– habían sido condenados por Joseph Ratzinger, hoy Papa y en ese momento prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe [...]

A Rivera le sobraban razones para pulverizar el gran semillero sacerdotal del sur del país. Por ejemplo, los maestros se desviaban de la ortodoxia al honrar valores culturales purépechas, mixtecos, zapotecos, nahuatlacos, pueblos de donde venían muchos de los 105 seminaristas. «No faltó que un alumno colgara al “Che” en su cuarto junto a Cristo. Pero el detalle fue que se impartía filosofía marxista. Esa información llegó a Roma», dice el cura de Zapotitlán, Mario Ordiano, entonces profesor de Historia de la Iglesia.

En 1987 [Norberto] Rivera [Carrera] recibió un oficio basado en el decreto Optatam Totius sobre la formación sacerdotal. El Vaticano le ordenó disolver la dirección del seminario, que inducía una “formación doctrinal confusa”. Uno a uno, los maestros iban cayendo.

Los curas de la institución solían verse en la Sierra Negra para definir sus acciones de respuesta. Rivera irrumpió en una reunión que se realizó en el templo de Santa Ana Coapan en la Pascua de 1989.

–Se juntan a hablar mal del obispo y mis comunicados los meten al bóiler, les reclamó.

–Pero lo que usted está haciendo en el seminario es inhumano, se defendió el padre Anastasio Hidalgo, coordinador de Pastoral Social en la diócesis.

Rivera, sin alterarse, sacó de su maletín un papel que leyó al presbiterio: el seminario, aseguró, era un carnaval; los alumnos ingerían alcohol y salían de las instalaciones para irse de fiesta.

Pero había más. «Cuando nos dijo que en el seminario había homosexualidad –recuerda el sacerdote–, le respondí: “Obispo, si no lo prueba aquí, usted es un mentiroso.» Días más tarde, la diócesis entregó al cura Anastasio la carta de su cese, tras siete años en su cargo.

Abatido, el rector Jesús Mendoza decidió renunciar. Norberto ocupó su puesto. La protesta final de alumnos y maestros fue una jornada de oración en la Catedral de Tehuacán.

Luego el seminario se vació: los jóvenes debían volver a su tierra (Santiago, 2008:60).

Al principio de la imposición de una nueva religión hay desconfianzas, recelos, temores, terrores, pánicos...; pero en cuanto se comprueba que “los dioses”, que “el dios”, que “los demonios”, que “el diablo”, no actúan, que no pasa nada, que no hay castigo, entonces las cosas, las situaciones y los estados nuevos, se aceptan tal y como están, considerando que es mejor aceptar la religión impuesta por el “nuevo amo”, por el “nuevo dueño”, por el “nuevo señor o señora”, que tiene en sus manos el poder y las armas “que matan”. Pero entre ese principio de la imposición y ese final de la aceptación está la mitad, el medio, el “nepantla”, en donde ambas religiones son aceptadas, en donde ambas prácticas religiosas se alternan según las circunstancias y las conveniencias:

[Fray Diego] Durán cuenta cómo había descubierto que un indio perseveraba en sus prácticas paganas. “Y así, riñéndole el mal que había hecho, me respondió: –Padre, no te espantes, pues todavía estamos nepantla, y como entendiese lo que quería decir por aquel vocablo y metáfora, que quiere decir ‘estar en medio’, torné a insistir me dijese qué medio era aquel en que estaban. Me dijo que, como no estaban aún bien arraigados en la fe, que no me espantase; de manera que aún estaban neutros, que ni bien acudían a la una ley, ni a la otra, o por mejor decir, que creían en Dios y que juntamente acudían a sus costumbres antiguas y ritos del demonio” (II, 3) (Todorov, 1999:221).

Aquí la cuestión radica en que si los dioses viejos no actuaron a su debido tiempo, para evitar la imposición de nuevas religiones y nuevos dioses, y que así ellos fueron destronados, desplazados, marginados..., eso quiere decir que, al parecer, no son tan fuertes, tan poderosos, tan importantes, y, si se impuso el dios nuevo, si se impusieron los dioses nuevos, con demonios y diablos y angelitos asexuados y todo, por ejemplo, entonces es porque, al parecer, estos nuevos son más fuertes e importantes que los otros viejos. Esto por un lado, y, por otro lado, si el dios y los dioses viejos no actuaron, “el hombre” y “los ejércitos” que imponen la nueva religión sí pueden actuar, y torturar, y perseguir, y matar, por lo que es mejor “reflexionar” a tiempo que tener que lamentar. Así pasó en América con la imposición del Catolicismo:

Hernán Cortés decidió destruir las enormes figuras pétreas de los dioses aztecas como parte de la conquista espiritual de México y todos los aborígenes corrieron despavoridos creyendo que caería sobre ellos una maldición divina, una venganza sanguinaria de Huitzilopochtli por haber permitido ese atentado. Cuando las estatuas en forma de serpiente y otras tantas fueron despedazadas a marrazos en plena plaza pública y no aconteció nada ni se abrió el cielo ni se produjo un terremoto ni surgió una gran inundación ni una plaga mató a cientos de miles de indígenas y, en cambio, se instaló una cruz en lo alto de los templos sin mayores represalias divinas, entonces Cortés adquirió un respeto reverencial, el poder y la autoridad imprescindibles para intimidar y alcanzar así sus objetivos políticos y militares (Martín, 2006: 38).

En cuestión de religión y religiones, de credos, de creencias, así siempre ha sido, así sigue siendo, y así será.
Y finalmente, ya que un texto religioso ha recibido esa “versión última” de “contenido” y de “forma”, ya sea en el original –creadores– o en las versiones traductológicas –recreadores–, aparecen otros dos problemas: 1. las particularidades sociolingüísticas de los lectores o destinatarios finales y 2. los tipos de lecturas (Ruano, 2005). Y tanto en el primer caso como en el segundo, los problemas son inmensos, ¿o es que acaso existen grupos de individuos que se consideren los “fieles creadores”, los “fieles recreadores”, los “fieles traductores”, los “fieles intérpretes”, los “fieles lectores” y los “fieles conservadores” de la Biblia, de los textos religiosos en general? ¿Es que acaso existe algún grupo de individuos que se considera los herederos exclusivos y los bebedores absolutos del “manantial divino”? ¡Sorpresa...! Los lenguajes, cualquiera que sean éstos, siempre guardan muchos “secretos” (?), “secretos” generalmente para los grupos y personas analfabetos o poco instruidos, generalmente no vinculados de manera directa y actualizada con el desarrollo de la ciencia y la técnica, con marginación cultural y lingüística, con marginación científica y técnica, personas tabuizadas..., todo lo cual ha hecho y sigue haciendo mucho daño al desarrollo de la cultura, al desarrollo del pensamiento, al desarrollo de la ciencia, al análisis de la historia humana y al desarrollo de toda la Humanidad; pero para las personas instruidas, civilizadas, que pueden leer y leen, y que, claro está, quieren conocer “la real verdad” de las cosas, independientemente de la “fe” y de los “mitos”, ésos son “secretos a voces”, y desde hace mucho tiempo ya (Dussel, 2007). Que no se nos olvide que en cuestión de religión y religiones “los secretos” aumentan mucho más en aquellos grupos que “simulando” tener “una sola religión” es evidente, inclusive ante los ojos de los más ignorantes e indiferentes, que profesan “cultos alternativos” (Río, 1992; Río, 2006; Gil, 2008). ¡Y justamente ésta es una característica histórica en América!, debido, ante todo, a la presencia y mezcla de grupos étnicos y socioculturales diferentes: amerindios, europeos, asiáticos, africanos..., con religiones muy diferentes, con sincretismos religiosos varios –y, claro está, también sincretismos lingüísticos, gestuales, protocolares (Escalera, 2005)–, incluyendo al mismo sincretismo cristiano, católico –el Cristianismo aparece en Asia, en un contexto semítico, en Israel, con dioses asiáticos, semitas: Yahvé, Astoret o Asera, Adam, Lilit, Eva, Jesús, María...–, que se produce en el Catolicismo, al ser “interpretado” en “Europa”, en una cultura greco-latina, que ya desde finales del III milenio a.C. comenzó a ser semitizada a través de Jonia o Grecia asiática, a través de los jonios, que son un pueblo de origen griego, al ser interpretado ese cristianismo por católicos, ortodoxos, protestantes, variantes sectarias, cultos relacionados, cultos alternativos, cultos sincréticos... Es muy necesario recordar aquí que, por un lado, la Iglesia católica nunca ha sido ni homogénea ni monolítica, ni en Asia, ni en Europa, ni en África, ni en América, ni en Oceanía, ni en ningún lugar..., ni lo será nunca: si hay variedad de gente, entonces hay variedad de ecosistemas, variedad de lenguajes verbo-corporales, de pensamientos, de ideas, de criterios, de interpretaciones, de protocolos...; si hay revoluciones, conflictos, disturbios y mezclas interculturales, por las vías que sean y por los motivos que sean y en las condiciones que sean, entonces hay también revoluciones del pensamiento, revoluciones lingüísticas y revoluciones de la conducta...; y, por otro lado, una cosa es creer en un sólo dios, en una sola cosa, “SOLA COSA”, y eso, entonces, es monoteísmo. Queda más que claro que el Judaísmo y que el Islam son religiones monoteístas; ¿¡pero el Cristianismo, el Catolicismo, monoteísta con su concepto de Trinidad...!? ¡Por favor...! ¡Será triteísmo, será triteísta, será triteístas! Eso de que “monoteísmo” puede ser el creer en tres cosas que son una misma al mismo tiempo es un cuento tan grande como el de el lobo que se tragó viva a la abuelita de caperucita. O se cree en uno o se cree en dos o se cree en tres o se cree en muchos, y según sea el caso es “monoteísmo”, “”biteísmo o dualismo”, “triteísmo” y “politeísmo”... Lo demás es cuento, embuste, alteración, manipulación, imposición, chantaje, ignorancia, como se le quiera llamar, al gusto del consumidor..., ah y dicen que también puede ser fe..., ¡y allá el que se lo crea!, en fin que para los gustos se han hecho los colores... Esto puede no quedar claro para los que no quieren entender o para los que no pueden entender... Y ambos casos constituyen un gran problema de desarrollo social, de cultura, de civilidad, de evolución...: “Por cuanto a los cristianos [católicos] se refiere, no son monoteístas sino triteístas pues creen en la Santísima Trinidad” (Vallejo, 2007: 316). Las herencias culturales, las tradiciones, los idiomas, los mitos y mitoides de cada lugar, los estados del desarrollo sociocultural y socioeconómico, las políticas, los gobiernos, etc., “condicionan”, “revisten”, “alquimizan”, “enmascaran” las creencias, las religiones, los pensamientos socioconfesionales. Eso es viejo y ha pasado y pasa en todos los lugares del mundo; eso todo el mundo lo ha sabido siempre; siempre ha sido así, y así siempre será:

La alquimia, es decir la “creación” y la “recreación de cosas”, siempre ha estado presente en la historia del hombre.

¿Podemos asegurar que en la actualidad no hay alquimistas, “alquimistas modernos”, es decir gente que siempre anda inventando cosas, inventando hasta lo no inventable? Los temas que afectan la política y la religión, por ejemplo, parece que reafirman la presencia de muchos “alquimistas modernos”.

¿No hemos visto cómo anda la imagen de la gente en la calle, en las entrevistas, en la televisión, en los trabajos, en las religiones, en las escuelas..., en la política de América Latina, en el Derecho y la procuración de justicia en América Latina? Bueno, ésos son los “alquimistas modernos”... ¡Algunos “alquimistas modernos”, que se dedican a la “alquimia negra”, viven inventando, “pa’ ver si es chicle y pega”! Nada más que de sus búsquedas alquímicas con bastante frecuencia no sale ni oro ni plata, obviamente tampoco chicle, sino “cosas raras”...

Pero también está la alquimia buena, la “alquimia blanca”. Esoterismo, religión, astrología, magia, brujería, ocultismo, alquimia..., son temas que gustan mucho en América Latina, en especial entre los jóvenes y los niños. Es parte de nuestra herencia... ¿Acaso se puede ser un niño latino o un niño occidental o un niño de cualquier lugar del mundo sin los cuentos de magos, demonios, hadas, brujas, “merlines y morganas”, ogros, demonios, dragones, duendes, monstruos, fantasmas, gigantes, enanos y gnomos...? ¿Sin Nennius y Geoffrey de Monmouth –El Rey Arturo, y aquí los personajes de Merlín y Morgana–, Perrault, los Hermanos Grimm, Hans Christian Andersen, José Martí, Lewis Carrol, Jonathan Swift, Howard Pyle y ahora Joanne Kathleen Rowling y William Steig, se puede ser un niño “normal” en el mundo occidental? ¿Cómo ser un niño normal sin magia, sin hadas, sin fantasmas, sin gnomos, sin brujería y sin alquimia? ¿En este mundo tan complejo y diverso, tan lleno de conflictos de todo tipo, pero principalmente bélicos, saturado de frustraciones y esperanzas, qué ser humano “normal”, que niño “normal”, no ha tenido en su infancia, en su adolescencia, y en algunas culturas hasta en la juventud y en la vejez, su mundo de El laberinto del fauno? ¡Y todos esos libros como se venden! ¡Y todas estas películas como se ven: una y otra vez, una y otra vez..., y otra vez más, por si quedaron dudas, detalles...! Lees el libro..., ves la película..., aquel primer y viejo libro..., aquella primera y vieja película..., y luego las nuevas versiones literarias, las adaptaciones nuevas, los remakes con todos los adelantos de la cinematografía..., y lo haces de chico, pero después lo vuelves a hacer, ya de adulto, cuando aparecen los hijos, los pequeñitos de la familia... Y aparece aquí el gusto, y la nostalgia, y se mezclan los dos, y se sabe porque hasta puede aparecer por ahí una lágrima confundida, un suspiro delatador de los múltiples maravillosos recuerdos... ¡Qué triste debe ser que en la biblioteca de una casa no estén esos libros! ¡Qué triste debe ser que en la videoteca de un niño no estén esas películas! ¡Qué triste debe ser que los niños del mundo moderno no puedan leer esos libros y ver esas películas!

Bueno, veamos... Partamos de que la imaginación y la fantasía son rasgos muy adecuados y pertinentes del pensamiento científico superior. Creo que hoy, con todos los problemas de imagen que tienen nuestras sociedades, nuestros grupos, nuestras instituciones y organizaciones, nosotros mismos, el trabajo del consultor de imagen social, del consultor de imagen pública, del asesor de imagen, es algo así como el trabajo de un “consultor-alquimista”, es decir, el trabajo de un individuo capaz de transformar a un individuo u objeto o empresa u organización, desde su interior, en alguien o algo que valga oro, que se vea bien, que se vea bonito; y no solamente “que se vea”, sino que además “esté realmente bien”. Y en esta transformación todo puede pasar: oro, plata... El problema radica en que así como el “alquimista” buscaba, entre otras cosas, el “oro”, también buscaba la “plata”... Y sucede que en nuestro trabajo como consultores de imagen social, de imagen pública, de imagen física, de imagen institucional, de imagen política –y aquí tenemos que diferenciar entre “consultor de imagen” y “comecuandohay”–, con mucha frecuencia, luego de grandes esfuerzos, pues ni oro –crisopeya– ni plata –argiropeya– ...

¡Afortunadamente, para que no nos traumaticemos, esto de muchos términos para designar cosas semejantes y lo mismo, esta “confusión en el uso de palabras y muchas ideas en torno a algo, no solamente sucede en las ciencias sociales y humanísticas, en la Filología, en la Traductología, en la Comparatística, en la Imagología, en los estudios acerca de las religiones del mundo, en la Antropología, en la Etnología..., sino también en otras muchas ciencias, en muchas otras profesiones!

En la historia de la Humanidad la alquimia ha sido tratada de diversas formas, y enfocada y valorada de múltiples maneras. La alquimia, por supuesto, ha desempeñado un papel tan trascendental, tan decisivo, en la vida y el desarrollo de la Humanidad, que siempre fue considerada por la mayoría de los “pensantes” como una ciencia..., específicamente hasta más o menos el siglo XVIII, y a regañadientes, justamente por la persecución que tuvo esta práctica. Y también recuerda que la alquimia no solamente buscaba “oro” o “plata”, o metales preciosos. La alquimia, la “química-filosófica”, a través de un resultado llamado “piedra filosofal” o “elixir” también buscaba obtener “conocimientos y productos” milagrosos que ayudaran a curar las enfermedades y dolencias de los seres humanos, y en especial una medicina que lo curaba todo que se llamó “panacea universal”... Pero el “conocimiento”, el conocimiento de lo que fuera y en especial el “conocimiento científico”, y más concretamente el conocimiento masificado, al nivel del pueblo, de la gente común, no convenía en aquellos tiempos de las tinieblas, la época medieval, a ciertos grupos, porque, como dice el dicho, “enseña a pensar a los hombres y los harás libres...”: ¡malo! La alquimia buscaba la “creación de la vida humana”, algo así como lo que sucedió con Frankestein, ¡hasta se buscaba la “inmortalidad”!

La alquimia está directamente relacionada, de manera triste y cruel, con la Inquisición, ese largo –creada en 1184, al sur de Francia, y ¿ya terminó la Inquisición? ¿Sabemos realmente lo que significa “inquisición” y para qué fue creada, cómo funcionó?– y oscuro periodo de la historia de la Humanidad que tanto nos ha abochornado, bueno..., más bien que tanto ha abochornado a los “hombres de buena voluntad”. La alquimia está relacionada también con las “profesiones liberales” de los judíos en España, especialmente con la medicina y la farmacopea, es decir profesiones que tenían que desempeñar obligatoriamente los judíos en ciertas partes de Europa, en España, porque no podían tener tierras, porque se les prohibía tener tierras, y debido a estas profesiones liberales tenían que hacer experimentos, investigaciones, que eran vistos por los “supersticiosos” e “ignorantes” como brujería, magia o alquimia.

¿¡Qué la vida eterna es un cuento!? ¡Claro que no! Para los gustos se han hecho los colores. ¡Al parecer...! Unos mueren para llegar a un Paraíso y estar a todo dar... Otros quieren llegar al Paraíso, pero tendrán que hacer su escala en el Purgatorio –¡esa fila es grande y se amplía...!–... Otros hasta aceleran la muerte para “gozar” en el Paraíso, inclusive con “70 vírgenes”... Otros, de plano, como los criogenizados, no se quieren ir de aquí... ¿Por qué no se querrán ir?

Recordemos que hay personas que están hoy congeladas, en lugares especiales, esperando la “resurrección”, las “curas milagrosas” y su Paraíso pero terrenal...

¿Pero qué es la criogenia, criogénica o criónica? ¿Y ahora con los desarrollos de la Nanotecnología? ¿Y ahora con los desarrollos de la Ingeniería de Tejidos? Echemos una mirada, por ejemplo, al negocio de la empresa rusa Kriorus –www.kriorus.ru–, dedicada a congelar cerebros y cuerpos de personas que buscan la “inmortalidad. ¿No parece esto cosas de la alquimia? ¿Se imaginan? ¡Brujería...! Nada más consultemos www.alcor.org., y veremos cosas inconcebibles. ¿Conocemos a la compañía estadounidense ARCOR? ¡Biológicamente, la muerte es un “proceso”, no un “evento”! A eso se dedica esa compañía, y ahí está “congeladito”, por ejemplo, el beisbolista Ted Williams.

No podemos olvidar que hay muchas ciencias y ramas científicas que hoy buscan clonar, crear vida a través de células... ¿Por dónde andan algunas ciencias como la Ingeniería Genética y la Genómica? Por eso también la alquimia y en particular la piedra filosofal –que se decía estaba en el mango de la espada llamada Excalibur– se han asociado, desde La Edad Media, con el “Grial” o “Santo Grial”. Claro que todas estas cosas tienen mil interpretaciones, y de todos estos símbolos alquímicos podemos crear un verdadero “caldero de colores”... ¡Es normal el disentimiento en las ciencias que tratan estos problemas! Por otro lado, quiero que recuerden las ciencias o las protociencias que aparecen en los principios de la química, de la medicina, de la metalurgia, etc. ¿Que ha habido y hay alquimistas charlatanes? ¡Pero claro! ¿Y por qué no habría de haberlos si ésta es la Viña del Señor, si también ha habido y hay políticos charlatanes, funcionarios charlatanes, religiosos charlatanes, matemáticos charlatanes, historiadores charlatanes, economistas charlatanes, administradores charlatanes, filólogos charlatanes, imagólogos charlatanes, antropólogos charlatanes, artistas charlatanes, médicos charlatanes, siquiatras charlatanes, sicólogos charlatanes, sociólogos charlatanes, y hasta consultores de imagen charlatanes...? ¿Que la alquimia ha sido el origen, entre otros orígenes, de la creación de cuentos famosos, de historias famosas, de libros y películas geniales como Harry Potter y The Tales of Beedle the Bard o, en español, Los cuentos de Beedle el Bardo? ¡Claro! Pero estos maravillosos cuentos y películas de ciencia-ficción, de magia, salidos de la imaginería popular, de cerebros exclusivos, de mentes exclusivas, de la historia de la Humanidad, no son nada comparados con los relatos y espectáculos comediescos –históricos y actuales–, y de mal gusto, de muchos –generalmente los protagonistas de doble moral y hasta triple y cuádruple moral; basta leer, ver y oír las noticias, informarse– que critican y que se han opuesto a, por ejemplo, los libros y películas del tipo de Harry Potter. ¿Por qué será? ¿Qué habrá en esos libros y películas que “asusta” a unos cuantos? ¿Por qué no quieren que “ese” pasado de la historia aparezca ante los ojos de la Humanidad? ¿Qué verán de “malo” en ello? ¿No será que, entre otras cosas, esos “asustados” saben que ellos o muchos de ellos son las múltiples y vivas imágenes del malvado Lord Voldemort o, en francés, “Vol de Mort”, es decir “Vuelo de la Muerte”, unos “sangre sucia”?

Y así, dando saltos de un tema a otro, acortando por el tiempo y disfrutando de la divagación, ¿no fue en Gran Bretaña en donde nació la Masonería, que ha estado asociada, entre otras cosas, a historias y mitos que aterran a la Iglesia católica romana? Recordemos que la Masonería ha estado asociada a los Caballeros Templarios, y por lo mismo a ritos y conductas mágico-orgiástico-religiosas... El paso de nuestros “Lord Voldemort” por nuestros países deja mucho más que el paso de Lord Voldemort por la historia de Harry Potter y en Los cuentos de Beedle el Bardo. En nuestros países estos personajes encarnan la ignorancia, el atraso, la corrupción, los robos, el dolor, el hambre, los raptos, la muerte, las violaciones sexuales a menores, la pederastia... ¿Será por eso que no quieren ver “sus” películas nuestros actuales Lord Voldemort? ¿Qué habrá en la magia, en la brujería, en la alquimia, que los asusta? ¿Qué datos históricos se querrán borrar de la mente de la Humanidad? ¿Qué imágenes, signos y símbolos aparecen en libros y películas como Harry Potter –a la manera del libro y la película Código da Vinci, de Dan Brown– que han desatado críticas tan duras, desesperadas y absurdas por parte de ciertos grupos religiosos –que lo único que hacen, como siempre, es elevar las ventas de esos libros y la asistencia a las salas de cine para ver estas películas o las rentas de estos filmes: ¡eso es lo que se llama “todo un programa de marketing especializado gratuito”!, ¡prohíbe algo, y verás cómo actúa la gente!–? ¡Qué terrible esta cuestión de que unos vean moros con tranchetes en donde otros, la mayoría, la gente normal y corriente, los niños y jóvenes, sólo ven diversión, alegría, regocijo, fantasía, pasatiempo...! ¡Harry Potter, ese alquimista, mago y brujo, en cualquiera de sus versiones, tiene records de venta, de aceptación! ¡Y su autora..., multimillonaria!

La alquimia, por supuesto, ha desempeñado un papel tan trascendental, tan decisivo, en la vida y el desarrollo de la Humanidad, que fue considerada siempre una ciencia..., específicamente hasta más o menos el siglo XVIII, y a regañadientes, justamente por la persecución que tuvo esta práctica y sus practicantes. Fue gracias a la alquimia que aparecieron los sistemas de destilación, de sublimación –transformación directa de un sólido en vapor sin pasar por el estado líquido–. Gracias a la alquimia apareció el “alambique”, tan bueno para hacer vinos, rones, “chupes” –¡eso sí es hacer oro!–. El alambique, al parecer, fue descubierto por los griegos, pero lo describió, y algo así como que “lo patentó”, una judía, María la Judía, gracias a la cual utilizamos el “baño de María” o “baño María”. Ya aquí, en estos momentos, tenemos que hablar de la participación de las mujeres en la alquimia. Esta participación es más grande que lo que cualquiera pudiera pensar. Y no me refiero a las llamadas “brujas”: entre 1560 y 1760 en Europa se asesinaron a más de 100 mil mujeres, la mayoría de las cuales no era otra cosa que magníficas químicas, farmacólogas, médicos, alquimistas, inventoras, innovadoras... ¿Y quién lidereó estos asesinatos y persecuciones? ¡El “episodio” y los “autores” ya se conocen...! ¡Qué bueno que los “autores” no le pudieron echar mano a la polaca Marie Curie, dos veces Premio Nóbel! ¿Se imaginan...?, ¡la habrían quemado por alquimista, por bruja!

Es muy interesante analizar la vida de las mujeres alquimistas. Fueron muchas, cientos. Pero siempre hay alguien “más importante en todo”. Y aquí aparece la primer mujer alquimista de la historia, María la Judía, a la que se le conoce también como “La Eva de la Alquimia”. ¡Tremenda mujer! Y también qué bueno que nació en Alejandría, para el siglo II d.C., de Nuestra Era. ¡De lo que se salvó! De lo contrario, ¡también la habrían quemado por alquimista, por bruja!

Muchos frailes también fueron alquimistas; muchos de ellos lo fueron a escondidas, y gracias a sus trabajos se conocieron, entre otras muchas cosas, los alcoholes que ayudaban a extraer la “quintaesencia” de las plantas, ese quinto elemento que se suponía existía en todos los cuerpos, lo que se podía aplicar en múltiples fórmulas y para muchos efectos. Los alquimistas, perseguidos y relegados, aislados, sin autoridad científica, desaparecieron ya en el siglo XIX. ¡Pero aparecieron con mucho poder hoy, en nuestros días, y ahí están en las librerías y las salas cinematográficas con Harry Potter y otras cintas y programas infantiles, como Los Pitufos, esos seres azules que viven en las setas, perseguidos siempre por el brujo y alquimista Gargamel, y Asterix, con más de 50 años deleitándonos a todos, con sus variados personajes y aquí el druida, el sabio, el mago Panorámix! Cuando vemos estos comics, estos libros de muñequitos, estas películas, ¡y su aceptación en las grandes masas!, entonces podemos asegurar que la desaparición y muerte en la hoguera y las cárceles de tantos alquimistas han sido reivindicadas. ¿Será que reencarnaron esos “espíritus sedientos” en la joven escritora británica Joanne Kathleen Rowling, con tan sólo 40 años, y con tanto dinero y fama hasta en China, Japón y la India, y relaciones y tiempo por delante para seguir escribiendo acerca de magia y alquimia? ¡Es un alcance universal, algo casi nunca visto! ¿Y habrá más libros de alquimia y magia y brujería? ¿Y ahora sobre qué temas tratará esta autora y otros autores que ya “se inspiraron”? ¿Y ahora qué secretos saldrán a la luz? Bueno..., esperemos... ¡Somos cientos de millones, en el mundo entero, los que esperamos ávidos! (Ruano, 2004a).

Los pueblos siempre guardan muchos secretos, secretos de todo tipo. Los pueblos, a través de los “idiomas”, a través de los “lenguajes”, siempre guardan muchos secretos..., el tiempo pasa..., la gente no recuerda... Pero esos “secretos” se conocen a través de las investigaciones de muchas ciencias y de la literatura en general: filología, historia, lingüística, traductología, filosofía, antropología, etnología, lexicogenesia, etimología, semántica, semasiología, simbología, semiótica, folclore, folclife... (Ruano, 1993; Ruano, 2003a; Ruano, 2003b; Ruano, 2003c; Ruano 2004a; Ruano, 2004b):

«La Biblia no nos llegó impuesta desde el cielo.» [...]

–La Biblia es un producto del hombre [...] No de Dios. La Biblia no nos cayó de las nubes. Fue el hombre quien la creó para dejar constancia histórica de unos tiempos tumultuosos, y ha evolucionado a partir de innumerables traducciones, adiciones y revisiones. La historia no ha contado nunca con una versión definitiva del libro [...]

–[...] Para la elaboración del Nuevo Testamento se tuvieron en cuenta más de ochenta evangelios, pero sólo unos pocos acabaron incluyéndose, entre los que estaban los de Mateo, Marcos, Lucas y Juan.

–¿Y quién escogió cuáles debían incluirse? [...] Ya hemos llegado a la ironía básica del cristianismo. La Biblia, tal como la conocemos en nuestros días, fue supervisada por el emperador romano Constantino el Grande, que era pagano.

–Yo creía que Constantino era cristiano [...]

–Sólo un poquito [...] Fue pagano toda su vida y lo bautizaron en su lecho de muerte, cuando ya estaba demasiado débil como para oponerse. En tiempos de Constantino, la religión oficial de Roma era el culto al Sol, al Sol Invictus, el Sol invencible, y Constantino era el sumo sacerdote. Tres siglos después de la crucifixión de Jesús, sus seguidores se habían multiplicado de manera exponencial. Los cristianos y los paganos habían empezado a guerrear, y el conflicto llegó a tal extremo que amenazaba con partir el imperio en dos. Constantino decidió que había que hacer algo. En el año 325 decidió unificar Roma bajo una sola religión: el cristianismo [...]

–¿Y por qué tenía que escoger un emperador pagano el cristianismo como religión oficial? [...]

–Constantino era muy buen empresario. Veía que el cristianismo estaba en expansión y, simplemente, apostó por un caballo ganador. Los historiadores siguen maravillándose de su capacidad para convertir a la nueva religión a unos paganos adoradores del sol. Con la incorporación de símbolos paganos, fechas y rituales a la creciente tradición cristiana, creó una especie de religión híbrida que pudiera ser aceptada por las dos partes.

–Transformación mágica [...]. Los vestigios de la religión pagana en la simbología cristiana son innegables. Los discos solares de los egipcios se convirtieron en las coronillas de los santos católicos. Los pictogramas de Isis amamantando a su hijo Horus, concebidos de manera milagrosa, fueron el modelo de nuestras modernas imágenes de la Virgen María amamantando al niño Jesús. Y prácticamente todos los elementos del ritual católico, la mitra, el altar, la doxología [fórmula de alabanza en honro de la Santísima Trinidad] y la comunión, el acto de «comerse a Dios», se tomaron de ritos mistéricos de anteriores religiones paganas [...]

–Los simbologistas no acabarían nunca de estudiar la iconografía cristiana. Nada en el cristianismo es original. El dios precristiano Mitras, llamado «hijo de Dios y Luz del Mundo», nació el veinticinco de diciembre, fue enterrado en una tumba excavada en la roca y resucitó al tercer día. Por cierto, el veinticinco de diciembre también es el cumpleaños de Osiris, de Adonis y de Dionisos. Al recién nacido Krishna le regalaron oro, incienso y mirra. Hasta el semanal día del Señor de los cristianos es una idea que tomaron prestada de los paganos.

–¿Cómo es eso?

–Originalmente [...], los cristianos respetaban el sabath de los judíos, el sábado, pero Constantino lo modificó para que coincidiera con el día de veneración pagana al sol [...] Hasta nuestros días, la mayoría de feligreses acude a la iglesia los domingos sin saber que están allí para rendir su tributo semanal al dios pagano del sol [...]

–¿Y qué tiene que ver todo esto con el Grial?

–Mucho [...] Durante esa fusión de religiones, a Constantino le hacía falta fortalecer la nueva tradición cristiana, y ordenó la celebración del famoso concilio ecuménico de Nicea [...]

–Durante ese encuentro [...], se debatió y se votó sobre muchos aspectos del cristianismo, la fecha de la Pascua, y el papel de los obispos, la administración de los sacramentos y, por supuesto, la divinidad de Jesús.

–No lo entiendo. ¿Su divinidad?

–[...] hasta ese momento de la historia, Jesús era, para sus seguidores, un profeta mortal... un hombre grande y poderoso, pero un hombre, un ser mortal.

–¿No el Hijo de Dios?

–Exacto. El hecho de que Jesús pasara a considerarse «el Hijo de Dios» se propuso y se votó en el Concilio de Nicea.

–Un momento. ¿Me está diciendo que la divinidad de Jesús fue el resultado de una votación?

–Y de una votación muy ajustada, por cierto [...]. Con todo, establecer la divinidad de Cristo era fundamental para la posterior unificación del imperio y para el establecimiento de la nueva base del poder en el Vaticano. Al proclamar oficialmente a Jesús como Hijo de Dios, Constantino lo convirtió en una divinidad que existía más allá del alcance del mundo humano, en una entidad cuyo poder era incuestionable. Así no sólo se sofocaban posibles amenazas paganas al cristianismo, sino que ahora los seguidores de Cristo sólo podían redimirse a través de un canal sagrado bien establecido: la Iglesia católica apostólica y romana [...]

–En el fondo era todo una cuestión de poder [...] Que Cristo fuera el Mesías era fundamental para el funcionamiento de la Iglesia y el Estado. Son muchos los estudiosos convencidos de que la Iglesia primitiva usurpó literalmente a Jesús de sus seguidores, secuestrando Su verdadero mensaje, cubriéndolo con el manto impenetrable de la divinidad y usándolo para expandir su propio poder [...]

–Y supongo que los cristianos más recalcitrantes no habrán dejado de enviarle mensajes diarios de protesta.

–¿Por qué tendrían que hacerlo? [...] La gran mayoría de los cristianos con formación conoce la historia de su fe. Jesús fue sin duda un hombre muy grande y poderoso. Las maniobras políticas soterradas de Constantino no empequeñecen la grandeza de la vida de Cristo. Nadie dice que fuera un fraude ni niega que haya inspirado a millones de personas para que vivan una vida mejor. Lo único que decimos es que Constantino se aprovechó de la gran influencia e importancia de Jesús y que, al hacerlo, le dio forma al cristianismo, convirtiéndolo en lo que es hoy.

–Pero la cuestión es la siguiente [...] Como Constantino «subió de categoría» a Jesús cuatro siglos después de su muerte, ya existían miles de crónicas sobre Su vida en las que se le consideraba un hombre, un ser mortal. Para poder reescribir los libros de historia, Constantino sabía que tenía que dar un golpe de audacia. Y ese es el momento más trascendental de la historia de la Cristiandad [...] Constantino encargó y financió la redacción de una nueva Biblia que omitiera los evangelios en los que se hablara de los rasgos «humanos» de Cristo y que exagerara los que lo acercaban a la divinidad. Y los evangelios anteriores fueron prohibidos y quemados.

–Un inciso interesante [...] Todo el que prefería los evangelios prohibidos y rechazaba los de Constantino era tachado de hereje. La palabra «herético» con el sentido que conocemos hoy, viene de ese momento de la historia. En latín, hereticus significa «opción». Los que optaron por la historia original de Cristo fueron los primeros «herejes» que hubo en el mundo.

–Por suerte para los historiadores [...] algunos de los evangelios que Constantino pretendió erradicar se salvaron. Los manuscritos del Mar Muerto se encontraron en la década de 1950 en una cueva cercana a Qumrán, en el desierto de Judea. Y también están, claro está, los manuscritos coptos hallado en Nag Hammadi en 1945. Además de contar la verdadera historia del Grial, esos documentos hablan del ministerio de Cristo en términos muy humanos. Evidentemente, el Vaticano, fiel a su tradición oscurantista, intentó por todos los medios evitar la divulgación de esos textos. Y con razón. Porque con ellos se dejaban al descubierto maquinaciones y contradicciones y se confirmaba que la Biblia moderna había sido compilada y editada por hombres que tenían motivaciones políticas; proclamar la divinidad de un hombre, Jesucristo, y usar la influencia de Jesús para fortalecer su poder (Brown, 2003: 287-292).

Por otro lado, en cuestión de religiones, generalmente confiamos en las palabras y los actos de las personas, así que basta que alguien, o que un grupo, se comporte de una u otra manera, o hable de una u otra manera para que lo asociemos con una u otra religión o credo. Claro que esto es lo habitual, pero aquí también tenemos sorpresas, secretos, y en especial porque olvidamos a veces el poder de la traición humana, de la envidia humana, del odio humano. Hay grupos que se han comportado, y se siguen comportando, de una cierta manera no precisamente por cuestiones de “fe” o de “credo”, sino por temor, porque son perseguidos o por evitar cualquier tipo de conflicto, incluyendo la muerte, como ha sido el caso de muchos judíos, conversos o no, en el mundo entero, en América, en México... En cuestión de religiones encontramos casos extremos en búsqueda de la “verdadera identidad”, de las “verdaderas raíces”: de judíos a marranos o cristianos, “aparentemente”, y de cristianos a judíos otra vez, ¿aparentemente?..., como nos muestra, por ejemplo, el documental Ocho Candelas, de Sandro Halphen. En una rápida reflexión en torno a las religiones, y tomando en cuenta estos datos de individuos que no son aceptados ni “por unos” ni “por otros”, y las situaciones de religiones en contacto y sincretismo religioso, aquí entonces nos haríamos dos preguntas:

  1. ¿En qué creen, sinceramente, los que dicen que no creen?

  2. ¿En qué creen, sinceramente, los que dicen que creen?

La incomprensión lingüística –sociolingüística y sociocultural–, el no tomar en cuenta la condicionalidad histórica y social de los lenguajes, el desconocimiento de la lengua, de los dialectos, de las culturas, de los grupos de feligreses, de los discursos y textos que deciden la vida y la muerte de las religiones, la paz y los conflictos, ha tornado oscuro, a veces muy oscuro, el panorama de las religiones y las relaciones de los hombres; por eso en el cristianismo se han tomado medidas radicales que condicionaban la comunicación lingüística entre sacerdotes y feligreses (Erdely y otros, 2005: 150-151). Así, por ejemplo, ¿cómo entender que el papa Gregorio el Grande –o Gregorio el Magno–, que fue hasta nuncio en Constantinopla entre 579 y 586, no entendiera en sus tiempos el idioma griego (Baynes, 1949: 77; Meyer, 2005: 105)? ¡Y las cosas siguen igual en este siglo XXI! Entendemos que los europeos, en ciertas circunstancias, tradujeran mal, que interpretaran mal, los textos de las culturas indígenas americanas: era un encuentro inesperado, eran culturas muy alejadas en el tiempo y el espacio. ¡Pero qué tiempo hace ya que nosotros los latinoamericanos, los iberoamericanos, de lengua española, somos la inmensa mayoría en el cristianismo mundial, en el catolicismo mundial! ¡Hace siglos! Y ésta es la fecha, en lo que va del siglo XIX al siglo XXI, por lo menos, que no hay un papa que pueda establecer con nosotros los latinoamericanos un discurso claro y fluido en idioma español, en ninguno de sus dialectos, en ninguno de los dialectos del español de los cuatro continentes, ni en ninguno de los dialectos mayoritarios, por cantidad de hablantes, del español de América: México, Argentina, Venezuela..., ni en ninguno de los dialectos del español de América relevantes por su trascendencia cultural, literaria: México, Cuba, Chile, Argentina... ¿Cómo entender esta situación lingüística en el cristianismo con un idioma que, de por sí, es gloria de la literatura mundial? Y no me refiero solamente a Cervantes... ¿Dónde están los Lope de Vega, los Tirso, los Góngora, los Juan Ruiz de Alarcón, las Santa Teresa, las Sor Juana...? Y más recientemente, ¿dónde están las Gertrudis, las Gabriela, las Dulce María, las Elena, los Pablo, los Alejo, los Lezama, los Octavio, los Jorge Luís, los Carlos...? ¿Quién que no haya leído nuestra historia latinoamericana –que es decir alegrías (las pocas veces) y pesares (la mayoría de las veces)– a través de nuestros grandes de pura sangre latina, que no haya escuchado nuestras historias a través de nuestra lengua y nuestros dialectos, nos puede entender? ¡No todos los dolores son iguales! ¿Conocer a los demás a través de los traductores y los intérpretes en el ámbito de la religión? Ése es un compromiso muy grande... Yo, como traductor e intérprete por más de treinta años, sé que el dolor del alma y también la alegría del alma, no se pueden traducir, por lo menos con exactitud y ni de manera funcionalmente aproximada, ni en traducciones idiomáticas ni en traducciones dialectales... Si en nuestro propio terreno, en América, tenemos problemas para entendernos con una gran cantidad de nuestros guías espirituales, en nuestros propios dialectos... En realidad, a veces creemos que también muchos de nuestros mismos sacerdotes y guías espirituales de América, nativohablantes de lengua española, deben tomar cursos intensivos de “idioma español destinado al pueblo”, cursos intensivos de “cultura popular latinoamericana”, para ver si nos entendemos mejor. ¿No sería bueno ya tener un “gran jefe espiritual” de lengua española o portuguesa –considerando el caso de Brasil– en la silla de Pedro? Pero no solamente “yo” he vivido y oído y constatado “esto”. En este mundo civilizado y globalizado, con tantos adelantos científicos y técnicos, con Internet, “esto” no lo ha vivido o no lo ha oído o no lo ha constatado el que no quiere hacerlo, al que no le conviene tocar el tema o, también, el ignorante.
El tema del celibato en la Religión Católica Romana es tema diario en todos los medios de comunicación masiva: radio, televisión, prensa, cine, Internet... ¿Por qué? Bueno, principalmente porque ahora ya se conocen muchos datos y “secretos a voces” en torno al “celibato”; se ha relacionado al celibato, como desajuste de la conducta sexual humana, con problemas graves de abusos sexuales, de violación sexual, de corrupción y de pederastia:

¿Existe relación entre celibato, homosexualidad y pedofilia?

Es común entre los críticos de la Iglesia, pero también entre muchos expertos católicos, atribuirle al celibato obligatorio una gran responsabilidad en el incremento de abusos sexuales a menores que se dan entre el clero, mientras que la Iglesia lo niega absolutamente. Encontrar una respuesta a la pregunta que da título a este apartado es, sin duda, más complicado de lo que parece a primera vista [...]

Dicho lo anterior y habiendo comprobado que la mayoría de los delitos sexuales contra menores los cometen sacerdotes que no son pedófilos estrictamente hablando, sino personas «no enfermas» que dan rienda suelta a sus impulsos sexuales aprovechando su posición de poder y de la fragilidad de sus objetivos –y que no desdeñan o desdeñarían ninguna ocasión de poder mantener relaciones sexuales con adultos–, cabría ver aquí una cierta relación de causa–efecto entre varios elementos complementarios, a saber [...]

Respecto a los abusos sexuales contra menores –que no pedofilia–, el celibato puede verse como un elemento totalmente ajeno (así es en la mayoría del clero) o como causa impulsora, según sea el caso (Rodríguez, 2002: 67-68).

porque hay más educación e instrucción en la gente; porque hay variados medios de comunicación al acceso de todo el mundo: radio, televisión, cine, teléfono, Internet; porque hay libertad y democracia; porque hay investigadores, escritores y periodistas comprometidos “de verdad” con el pueblo, con los hombres y mujeres de buena voluntad y hasta con las “verdaderas leyes cristianas” y la “verdadera Iglesia cristiana”; porque ya, desde el siglo XX, se acabó –por lo menos en los países civilizados– la tradicional división a conveniencia del Derecho Civil y el Derecho Canónico: las infracciones de los ciudadanos deben ser sometidas, primeramente, a las leyes ciudadanas, a las leyes de esta organización mayúscula llamada Sociedad, a las leyes de los hombres, a las leyes de todos, a las leyes mayúsculas, y, después, las organizaciones minúsculas, si desean, al gusto del consumidor, someterán a “sus miembros” a sus leyes, si es que hay “tiempo” para ello; porque hoy los tradicionales mecanismos de manipulación de “ciertas instituciones” ya no funcionan, por lo menos no funcionan en los países civilizados y morales. “Ciertos acontecimientos” de estos días de febrero y de marzo de 2006 –y algunos inminentes– en América Latina así lo demuestran, y lo seguirán demostrando: ¡la “caja de Pandora”, en todos los sentidos, ya se abrió!:

El nacimiento del tercer milenio ha sido una de las épocas más terribles para la Iglesia Católica, puesto que muchos de sus miembros, sin importar su jerarquía o condición, se han visto envueltos en graves escándalos. Constantemente, los medios de comunicación han dado noticias acerca de los clérigos acusados por distintas prácticas sexuales ilícitas para las leyes civiles y canónicas. Algunos han sido acusados de pederastia, es decir, por haber abusado de menores de edad. De ninguna manera, éstos son los únicos clérigos que están en el ojo del huracán. Otros se han declarado públicamente homosexuales y abogan, sin el menor resquemor, porque el Vaticano no se oponga a que sigan ejerciendo el sacerdocio. Su orientación sexual, argumentan, no debe ser considerada como impedimento para continuar con el compromiso adquirido al momento de ordenarse, pues culpar a los ministros homosexuales por los pecados de unas cuantas personas con conductas patológicas, como es el caso de la paidofilia, sería como responsabilizar a todos los heterosexuales, entre los cientos de millones que existen, por cualquier agresión sexual a una chica adolescente (Erdely y otros, 2005: 131).

Para tratar el celibato masculino en la religión católica creemos necesario hacer algunas consideraciones. Partamos de que en el catolicismo –como también sucede en otras religiones– una buena cantidad de novicios, de novicias, de sacerdotes, de monjas, a través de la historia e incluso en la actualidad, han recurrido a múltiples prácticas antihumanas y sacrificiales para evitar el acto sexual, para evadir los instintos sexuales humanos, para aplacar los apetitos sexuales (Iturriaga, 2007).
Ahora ubiquémonos en el mapa del catolicismo mundial. Algunas cifras de 2005 establecen que los católicos en el mundo son 1.086 millones, distribuidos de la siguiente manera:

CONTINENTE CATÓLICOS % SOBRE EL TOTAL
MILLONES

América 540.828.000 49.8
Europa 280.188.000 25.8
África 143.352.000 13.2
Asia 112.944.000 10.4
Oceanía 8.688.000 0.8

A continuación consideremos qué es el catolicismo. El catolicismo es parte del cristianismo, religión monoteísta que reconoce a Jesucristo como su fundador y figura central. El cristianismo nace y se desarrolla en Asia, en el antiguo Israel, en Jerusalén, y en Belén con el nacimiento de Jesús. Posteriormente se expandió hacia Europa y el resto del mundo.
El cristianismo tiene múltiples variantes. Ahora intentaremos clasificar de manera rápida y funcional a los cristianos. Aclaro que esta es una clasificación funcional, debido a que las diferencias en el cristianismo están dadas a partir de muchas causas que marcan oposiciones seculares irreconciliables. Veamos una clasificación muy elemental del cristianismo en el mundo:

  1. Catolicismo, también llamado Cristianismo Occidental:

A. Catolicismo Apostólico Romano.
B. Catolicismo Oriental.
C. Iglesia Católica Antigua.

  1. Ortodoxia o Cristianismo Oriental:

A. Iglesia Ortodoxa Oriental:

• Iglesia Ortodoxa Griega.
• Iglesia Ortodoxa Rusa.
• Iglesia Asiria Oriental.

  1. Protestantismo:

A. Luteranos.
B. Anglicanos.
C. Metodistas.
D. Adventistas.
E. Pentecostales

  1. Iglesias Indígenas Africanas.
  2. Testigos de Jehová.
  3. Mormonismo, en especial la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
  4. Restauracionismo. Aquí aparecen, principalmente, los anabaptistas y bautistas.

En un atlas, el panorama religioso de Europa sería éste:

Lo que puede resumirse en cifras aproximadas de la siguiente manera:

Católicos: 292.236.000
Ortodoxos: 161.773.000
Protestantes: 117.201.000
Otras religiones cristianas: 23.110.500
Musulmanes: 32.056.000
Judíos: 2.534.000
Budistas: 1.517.000
Religiones Tradicionales: 1.232.000

Las diferencias entre las religiones del mundo son inmensas, y no solamente por la cantidad de acólitos o miembros. Las diferencias entre las religiones de Europa –de donde hemos heredado los latinoamericanos la religión católica– son también inmensas –tomando en cuenta que hoy prácticamente no hay una sola religión reconocida y trascendental del mundo que no esté expresada de una u otra manera en ese continente–. Y las diferencias entre los cristianos de Europa son también inmensas. Imaginemos entonces cómo serán las diferencias, en todos los sentidos, entre los cristianos de occidente, y concretamente entre los católicos de occidente, y los cristianos de oriente, concretamente los católicos de oriente. Imaginemos las diferencias del cristianismo europeo con el cristianismo de otros continentes, en especial en este caso con los católicos latinoamericanos, y en concreto en países como Haití, Brasil, México, Cuba... Por otro lado, no podemos olvidar las tradicionales, y hoy todavía habituales, contradicciones entre “lo escrito” y “lo interpretado”, entre lo que se ha escrito en las biblias y concilios religiosos y cómo lo interpretan los humanos y lo ponen en práctica. Y, por si fuera poco todo esto, ahí están, sin resolver, todo lo contrario, los añejos conflictos sectarios, las guerras fratricidas de los grupos religiosos: guerras y más guerras, muertos y más muertos, atentados y más atentados... ¡En la mayoría de los casos esto es, de veras, escandaloso y ofensivo para la mayoría de los creyentes! (Erdely y otros, 2005: 167-170).
Ya al nivel del catolicismo, las diferencias entre los católicos del mundo no solamente están relacionadas con las creencias, con el culto, con la liturgia, con la memoria cultural, con la dirección de la iglesia, con el magisterio religioso, con las etnias o razas... Y recodemos aquí que existen en América hasta países seudocatólicos, malllamados “católicos”, que son marcados en muchas estadísticas como muy católicos o como casi totalmente católicos, cuando, en realidad, las cifras de las religiones que se profesan en esos países dicen lo contrario, ya sean religiones que se profesan abiertamente o, como se dice en lenguaje llano y popular, “en lo oscurito”, como es el caso del llamado “Brasil católico” –¿pero quién es, real y sinceramente, “católico” en Brasil? ¿Cómo se produce el rito católico, el culto católico, la liturgia católica, en un país como Brasil, en donde todo puede pasar en este sentido? ¡Por favor! En Brasil sólo el 57% de los brasileños es católico o “supuestamente” católico; el 41% es protestante o “supuestamente” protestante, y “¿los demás?” profesan otras religiones; pero sabemos, como buenos caribeños, que esto no es cierto. En América Latina, como dice el dicho popular, “el que no tiene de congo, tiene de carabalí”, es decir que de una manera u otra “le tiramos” a las religiones africanas y amerindias– y del “México católico” –un país constitucionalmente y oficialmente laico, desde 1857, con muchos problemas en su historia y actualidad con la Iglesia católica, con el Catolicismo, con sus directivos y líderes (Camp, 1998; Carpizo y Andrade, 2001; Carpizo, 2004; Campo, 2005; Martín, 2006; Martínez, 2007a; Martínez, 2007b; Martínez, 2008; Vallejo, 2007), en donde la realidad religiosa de este país es muy diferente a la que habitualmente se cree, en especial al nivel de las masas populares y también al nivel de ciertas esferas socioeconómicas altas pero con comprobadas situaciones culturales difíciles o en desventaja–. En el mundo de las religiones siempre hay violencia, conflictos políticos, conflictos sectarios, económicos, sociales, étnicos, de sexo, conflictos de poder...:

Violencia y religión forman una pareja chocante, pero histórica y numéricamente establecida: amenazas divinas proferidas en el Antiguo Testamento en contra de los enemigos de Israel; guerras de religión en el curso de las cuales el Islam y el cristianismo han tratado de conquistar el mundo; bendición de los guerreros antes del combate; guerras civiles que estallan en nombre de la fe; implicaciones en el terrorismo y el asesinato; guerras europeas del siglo XVI; conflicto en Irlanda del Norte en este siglo; fatwa; violencia entre budistas e hindúes ....

Esto también está presente en el catolicismo, lo que sigue siendo un gran problema, después de tantos siglos de desacuerdos, guerras fratricidas y cismas. Los cristianos, los católicos, no conocen la armonía. Ni la conocieron antes ni la conocen ahora: cuestión de matices. Ni en la Biblia, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento, se conoce la armonía; al contrario: guerras, amenazas, desuniones, manipulaciones de todo tipo, violencias... Por eso “hay que evitar seguir alimentando esta visión edificadora de unas iglesias que no se han ahorrado ninguna violencia y que, más bien, la han catalizado” (Antaki, 2000: 195). Las diferencias y desuniones entre los católicos del mundo son “un abismo de violenta incomprensión” (Meyer, 2005: 15). Además, la historia del catolicismo, a nivel mundial, está cargada de “individuos indignos” que han ocupado los más diversos cargos religiosos (Testory, 1949; Erdely y otros, 2005: 115; Kennedy, 2001). La historia del catolicismo, por otro lado, está cargada de groseros anacronismos, de alteraciones de hechos, de atentados contra la misma comunidad católica y contra las demás comunidades religiosas, contra la laicidad, contra los grupos de científicos e intelectuales, contra la cultura, contra el arte, contra la literatura; inclusive es difícil concebir que en pleno siglo XIX la Iglesia Católica Romana se opusiera a la democracia, a la igualdad, a la libertad, a la razón y a la ciencia; que se opusiera a la vacunación, al alumbrado de las calles, a la enseñanza de las ciencias en los seminarios... (Antaki, 2000: 189-213; Vallejo, 2007). ¿Y ahora cómo andan las cosas? ¿Cómo piensa y reacciona la Iglesia Católica Romana ante la vida y la muerte de los seres humanos, ante los tantos y complejos problemas concretos de la Humanidad?: “La estructura jerárquica, casi feudal de la Iglesia católica, hace de ella una instancia potencial de represión; desde el momento en que un hombre, o un grupo de hombres, pretende tener la verdad e imponerla a los demás, los riesgos se vuelven considerables. El Concilio de Trento [1535-1563] proclamó la infalibilidad del Papa, incluso en materia científica” (Antaki, 2000: 199). ¿No llama la atención el porqué la ciencia florece más donde existe el Protestantismo o el Judaísmo? ¿No llama la atención el porqué las religiones orientales ganan tanto terreno, día a día, en Occidente, en nuestros países, entre los católicos del mundo? La explicación es muy sencilla: las religiones orientales evitan por todos los medios enfrentarse a la ciencia, al racionalismo. En algún momento de la historia “La religión cristiana atrajo la ciencia sobre su territorio, trató de controlarla, orientarla, seducirla y, al no lograrlo, la persiguió, combatió y condenó (Antaki, 2000: 197; Robles, 2000: 141-144).
Claro está que en las religiones, y en este caso concreto en la religión judeo-cristiana, se registran cientos de nombres de mujeres y hombres, que como servidores públicos de la fe, de las enseñanzas de Yahvé y de Jesús, se han destacado en el ejercicio del magisterio religioso y también en el ejercicio del magisterio de la verdad, del magisterio del civismo, del magisterio del respeto, del magisterio del honor, del magisterio científico, del magisterio cultural y del magisterio artístico. Esto deberían saberlo los niños ya a temprana edad; esto debería saberlo toda la ciudadanía; esto debería enseñarse y enseñarse bien en las escuelas:

De la misma manera que delante de los alumnos alabamos a los grandes de las Ciencias Sociales, a Jean Jacques Rousseau –precursor y tal vez fundador de las Ciencias Sociales–, a los grandes del pensamiento griego, latino, europeo o americanista, es nuestra obligación, como hombres sensatos y de cultura, como “profesores de ciencias sociales”, también hablar de las religiones, del pensamiento religioso, de las ideas religiosas a través de los tiempos, a un nivel global, mundial, y no partiendo de ideas caducas y enfoques obsoletos, de la mentira, sino partiendo de los análisis y resultados científicos multidisciplinarios de nuestros días; no partiendo de doctrinas grupales que sólo buscan condicionar y mantener por conveniencia en la ignorancia a las masas, sino de aquellos resultados que reporten los análisis y las investigaciones aplicadas de verdaderos científicos, de verdaderos investigadores, comprometidos con el desarrollo de la Humanidad. En este sentido, y en especial para aquellas culturas en donde se observa la presencia de grandes grupos con formación judeo-cristiana, es necesario hablar del Evangelio. Tratar de evadir la filosofía del Evangelio sería un error, impropio de un pedagogo comprometido con la labor educativa, con la formación de los hombres de buena voluntad con los que soñó y por los que murió José Martí, especialmente en países en donde la religión marca decisivamente el comportamiento de las personas, en donde prácticamente todo el mundo profesa una religión o una variante sectaria judeo-cristiana. Pero también sería un gran error, tal vez mayor que el primero, no aclararle a los alumnos de ciencias sociales la función real de las religiones a través de la historia; la relación de la religión con la política, de la Iglesia con el Estado, la situación no propiamente atea –pero sí indiferente– del Estado moderno; la función de las religiones y sus variantes sectarias en los períodos de crisis económicas, sociales, culturales y políticas, en cualquiera de sus formas, en especial las más dudosas, peligrosas e incomprensibles. Es un deber del docente de ciencias sociales, de la misma manera que analiza y critica cualquier forma de dictadura, de humillación, de segregación, también criticar y denunciar los manejos turbios de determinados grupos religiosos que, en un final de cuentas, sólo han tenido como objetivos principales crear profundos traumatismos en la sociedad (Ruano, 2002).

En materia de cultura religiosa, la ignorancia crasa debe ser rechazada. Tenemos que abordar con serenidad el fenómeno religioso. La noción de laicidad se ha edificado sobre una guerra de ideas con la que seguimos traumatizados: para algunos la laicidad significa el silencio. Hoy, tenemos que aprender la tolerancia recíproca. Tenemos que enseñar la historia de las religiones, mirar la Biblia, El Corán [el Popol Buj] y demás textos sacros, con los ojos de un humanista. Ésta es la mejor forma de escapar a los fanatismos y a las sectas. La enseñanza rigurosa debe ser neutral (Antaki, 1997: 24).

Son muchos los religiosos de la cultura judeo-cristiana a los que la Humanidad les venera y les estará eternamente agradecida, por una u otra razón, razones para unos buenas y para otros malas, cuestión de gusto, enfoque, cultura o “luz natural”. Entre las cientos de mujeres famosas de la historia de la religión judeo-cristiana están Lilith, Eva, La Reina de Saba, Ruth, Judith, Esther, Ana –la abuela materna de Jesús–, María –la madre de Jesús–, Magdalena, Teresa de Cepeda y Ahumada –Teresa de Jesús–, Sor Juana Inés de la Cruz, Juana de Arco, Teresa de Calcuta... (Segura, 1998). Entre los cientos de hombres famosos de la historia de la religión judeo-cristiana están Yahvé, Baal, Beelzebub, Adán, Caín, Abel, Moisés, Noé, Abraham, Salomón, Esdras, Nehemías, Jesús –que en la Biblia llega a ser nombrado con quince nombres diferentes y que en el Islam, entre los árabes, es conocido con el nombre de Isa, que nació entre el año 6 y el año 3 a.C. y que tuvo “hermanos” y “hermanas”, a los que quién sabe por qué la Iglesia llamó “primos”. Por lógicas cuestiones atmosféricas, Jesús no pudo haber nacido en diciembre, bilingüe: hablaba arameo y griego (Antaki, 1997)–, Pedro, Pablo, Judas, Caifás, Barrabás, el canónigo polaco Nicolás Copérnico; los hermanos Cirilo y Metodio, de origen greco-eslavo; el monje y naturalista austríaco Gregorio Mendel, el sacerdote y astrofísico belga Georges Henri Lemaître, el teólogo y filósofo escocés Juan Duns Scoto, el sacerdote y filósofo inglés Guillermo de Ockham; el sacerdote, filósofo, astrónomo y matemático italiano Giordano Bruno; el sacerdote, teólogo y reformador alemán Martín Lutero; el queridísimo, respetado, elegante, encantador, hermoso, lingüista, filólogo y padre de la investigación etnohistórica y social en América, el español Bernardino de Sahagún; el sacerdote, naturalista, maestro y célebre historiador mexicano Francisco Javier Clavijero; el sacerdote, teólogo, políglota y revolucionario mexicano, venerado Padre de la Patria, Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga Mondarte Villaseñor; el cura y generalísimo mexicano José María Morelos y Pavón, quien fuera, tal vez, la personalidad más fuerte de toda la insurgencia mexicana; el sacerdote cubano Felix Varela y Morales, quien supo combinar excelentemente el magisterio cristiano con el magisterio intelectual y educativo –Instrucciones sociales y morales para la juventud e Instrucciones morales y sociales para el uso de los niños–, además de ser uno de los más exquisitos escritores del siglo XIX en América. Repito, la Humanidad estará agradecida por los siglos de los siglos con estos verdaderos ejemplos de religiosos. ¿Cómo agradecer este legado que tanto ha servido a la Humanidad? Y los nombres de estas personalidades ilustres son muchos más, y los aportes a la Humanidad de tales personalidades son muchos más (Ruano, 1984; Ruano, 1987).
Tal vez un gran problema –entre los miles de problemas que tenemos– de nosotros los latinoamericanos católicos sea el pensar que el mundo de la cristiandad, que el catolicismo, empieza en Roma y termina en América –considerando que en Roma está la dirección, el aparato gubernamental, del catolicismo occidental–, o al revés, que el catolicismo empieza en América y termina en Roma –considerando que en América se concentra más de la mitad de los católicos de todo el mundo, especialmente en Brasil–. El catolicismo es algo más que esa noción espacial nuestra: el catolicismo y sus variantes, sus grupos, sus sectas, están en el mundo entero. Y en Europa, más allá de las fronteras de Roma hay otros países, como Grecia o Rusia, que han marcado y siguen marcando, de manera decisiva, la actualidad y el futuro del cristianismo, del catolicismo –según convenga la nominación–. ¿Y qué sabemos los latinoamericanos acerca de ellos? ¡Nada! Y en el mejor de los casos ¡algo! Y los latinoamericanos sabemos que en América Latina “algo” significa “nada”, y que “la nada” siempre nos marca en el desesperado camino hacia el desarrollo y la cultura. Los problemas del cristianismo en Europa no se reducen a la tan comentada controversia entre católicos y protestantes. Ahí en Europa hay una guerra fratricida religiosa que es peor aún: la guerra entre católicos y ortodoxos, la guerra de los “iconodulas” –los que veneran imágenes– y de los “iconoclastas” –los que destruyen los iconos o imágenes–, la guerra de los “antropocéntricos” y de los “teoantrópicos”, la guerra de los cristianos de ambos mundos (Meyer, 2005), una guerra, una división, que al parecer, tiene su fecha de inicio, 1054 d.C. y que aún no ha acabado, ni acabará, tal y como andan las cosas.
Las conocidas y marcadas diferencias en el catolicismo mundial las podemos entender en el ámbito de las culturas muy alejadas en el tiempo y el espacio; pero nos preocupa que en un mismo continente, como es el caso de Europa, en donde se encuentran las sedes de la dirección de las dos grandes corrientes del catolicismo mundial: Roma-Grecia, los conflictos religiosos católicos y las fronteras que marcan las diferencias religiosas del catolicismo hoy, se encuentren en la misma situación del siglo XVI. Llama la atención que las altas jerarquías religiosas de la cristiandad mundial no hayan logrado, a estas alturas de la historia de la Humanidad, acuerdos para unir esas dos partes separadas de la cristiandad: católicos y ortodoxos. Veamos las fronteras de la cristiandad en Europa para el siglo XVI (Meyer, 2005: 16):

Luego de recordar estas diferencias ancestrales dentro del cristianismo y del catolicismo europeos, pasaríamos a considerar las diferencias en el catolicismo romano entre “voto de celibato” y “voto de castidad”. Una cosa no es la otra “siempre” y en todas las culturas socioconfesionales, en todas las religiones. Se supone que una cosa, es decir el “celibato”, implicaría la otra, es decir la “castidad”, algo que sí sucedía en la religión prehispánica mexicana, como apunta Bernardino de Sahagún: “[...] los ministros de los ídolos tenían voto de vivir castamente, sin conocer a mujer carnalmente [...]” (1999:214), y que para evitar cualquier tipo de contacto sexual homosexual entre aquellos sacerdotes o ministros se les prohibía dormir juntos: “[...] los ministros de los ídolos no dormían dos juntos, cubiertos con una manta, sino dormían cada uno apartado del otro [...]” (1999:213). Pero en la cultura de la religión católica el “ejercicio diario” de algunos clérigos –y de algunas monjas, obviamente– demuestra todo lo contrario, aunque duerman separados y cada cual con su manta... Siempre se ha planteado la urgente necesidad (debido a los frecuentes y escandalosos actos de violaciones sexuales en la Iglesia Católica Romana, algo por lo que, entre otras cosas –las diferencias entre las “iglesias” católicas y las “iglesias” ortodoxas son muy grandes (Meyer, 2005)–, se diferencia a este grupo de otros religiosos, como los de la Iglesia Católica Ortodoxa y los Protestantes) de reconsiderar el celibato en la Iglesia Católica Romana, y los debates al respecto, que se realizan entre especialistas de muy diversas ramas del conocimiento y la conducta humanos al nivel internacional, siguen arrojando mucha información y sorpresas. Bueno, en algunos casos ya no son “sorpresas”, sino algo así como “sorpresas sorprendentes”.
Por otro lado, queda claro que la “sexualidad” y el “erotismo” –es decir todo aquello que se relaciona con el acto sexual físico y con todo lo que rodea a este acto, en todas sus formas, concepciones, ideas, maneras y estilos– son rasgos del animal humano, del ser humano, que han acompañado al hombre y a la mujer desde los primeros momentos de su aparición y evolución en la Tierra (Tullman, 1963; Leroi-Goughan, 1983; Nougier, 1968; Maringer, 1980; Obermaier, 1985), acerca de lo cual los primeros habitantes humanos han dejado “testimonio escrito” en todos los lugares del planeta, como muestran las siguientes imágenes realizadas por culturas prehistóricas :

África, Nigeria

África, Rodesia del Sur

África, Ti-n-Llalan, Fezzan

África, Ti-n-Llalan, Fezzan

Grecia

Italia

Italia

España

Noruega

Suecia

Rusia

Rusia. Mar Blanco.

India

Babilonia

Australia
¿¡Y los religiosos especializados en la “asesoría” y “guía” de las almas humanas no conocen el erotismo!? (Deschner, 1993). ¿¡Y los sacerdotes o curas o guías espirituales no son humanos!? ¿¡Y con tantos años de estudio en el sacerdocio los curas no se han dado cuenta de que algo como la sexualidad y el erotismo son, justamente, el centro de la conducta y la vida humanas entre los seres normales!? ¿Acaso son los curas individuos inmunes a esto que la evolución o que Dios nos ha dado para nuestros “remedios del cuerpo y del espíritu”? ¡Por algo el erotismo se ha reflejo en la Biblia, y de una manera tan bella, tan fina, tan elegante, tan romántica, tan humana! Quien no ha leído el Cantar de los cantares ignora la grandeza de esta obra poética, religiosa...., “¡y también erótica, coño!”
¡Los curas, los ministros de culto religioso, conocen muy bien lo que es sexualidad, lo que es erotismo y lo que representan y significan los actos y rituales eroticosexuales! Está bien documentado que una buena cantidad de sacerdotes, de clérigos, ha conocido perfectamente esos “ancestrales y mundanales misterios de la carne y del espíritu” (Ruano, 1996a; Le Goff, 1986; Deschner, 1993; Eco y Martini, 1997: 76):

En el siglo XIII aparece en Europa una trascendental literatura: la literatura goliárdica, la poesía goliárdica, una de las manifestaciones literarias más importantes de toda la Edad Media.

¿Qué significa goliardo? ¿Por qué se usó tanto esta palabra en la Edad Media? Durante todo el siglo XIII, en especial, se usó, entre otras, la voz goliardo para designar a los clérigos vagabundos, a los estudiantes pobres y apicarados que, al arrimo de las grandes universidades recién fundadas, vivían una existencia al margen de toda convención, a menudo cercana a la delincuencia y en un contexto de depravaciones y perversiones morales y sexuales. El tipo humano del goliardo era conocido desde muchos siglos atrás: el Concilio de Nicea –año 325– condenaba ya a los eclesiásticos que anduvieran errabundos "de ciudad en ciudad"; en el siglo VIII, un comentarista de la Regla Benedictina menciona a ciertos monjes que pasaban su vida en los caminos, alojándose cortas temporadas en los conventos que encontraban a su paso, fingiéndose peregrinos; muchos textos canónicos aluden a sacerdotes entregados a la vagancia e incluso resueltamente entregados a la “mala vida”. Desde fines del siglo XIII, la aparición de las universidades europeas y, paralelamente, el auge de las sociedades urbanas ofrecen nuevas metas al deambular de tales clérigos –en la acepción medieval de "cualquiera que se dedique al estudio"–. Y alrededor del año 1200 se populariza para ellos un nuevo calificativo: se les sabe amigos de la gula, golosos, gente de buen gaznate y excelente tragadera –geule, en francés– y por ello empieza a llamárseles guliarts o goliarts, palabra latinizada como goliardus y por asociación fonética con Goliat, el gigante filisteo de quien habla la Biblia y a quien desde fecha temprana se tomó por símbolo del diablo, de la maldad. Los goliardos componían poemas goliárdicos. Estos poemas se conservan en general en cancioneros colectivos, el más célebre de los cuales es Carmina Burana, un manuscrito descubierto en la abadía benedictina de Beuron –del que toma su nombre–, en Babiera, Alemania. Este texto fue redactado hacia el año 1230 y contiene una variada colección de obras líricas –algunas con neumas, signo de notación musical que se colocaba sobre las sílabas del texto, empleado en los libros litúrgicos de los ss. VIII a XII, bajo las líneas del texto– en latín y bajo alemán, que reúne cantos de amor, poemas satíricos, autos litúrgicos, canciones de taberna. Son obras anónimas que representan una parte del repertorio de los goliardos. La poesía goliardesca reúne multitud de experiencias literarias anteriores. La obra literaria goliardesca recoge los “sentimientos”, las “vivencias”, la “sensualidad”, el “erotismo” de la vida humana, de la vida mundana.

Las grandes universidades de la Europa del siglo XIII estaban llenas de estudiantes, en su mayoría jóvenes y pobres, que para ganarse el sustento ejercían oficios más o menos juglarescos, y manifestaban una evidente relajación moral. La poesía goliárdica siente predilección por tres temas: la crítica eclesiástica, el ambiente de las escuelas y la naturaleza y el amor. El goliardo canta el goce del amor sensual, exalta el placer del vino y del juego, satiriza con la máxima virulencia todos los órdenes de la vida eclesiástica, parece mofarse de todo, ser un desarraigado que vive al margen de toda convención social.

Como los goliardos –llamados en España “sopistas” y a veces “tunos”– eran “clérigos que llevaban una vida irregular”, “gente del demonio”, “individuos muy cultivados pero perversos” asociados a un inframundo de impudicia y lujuria de todo tipo, se tenía que buscar una excusa para explicar las conductas desatinadas de estos “hijos descarriados de la iglesia”, de estos curas lujuriosos y dados a la borrachera y la buena vida, y así se crearon las leyendas de que los “súcubos” o demonios femeninos –había demonios masculinos llamados “íncubos” que poseían a las mujeres– que se transformaban en mujeres extremadamente hermosas seducían a los goliardos. Entre los súcubos más famosos de la Edad Media estaban Lilit, Mancerinio, Bietka, Vasordie, Abrahel, Baltazo, Filotano, Florina... (Ruano, 1996: 3-5).

¡Intentar negar esto del conocimiento y la práctica de la sexualidad, y sus alcances, entre los ministros de culto religioso sólo pondría en evidencia los “secretos” de los actos sexuales prohibidos, tabuizados y perversos! Y queda claro también que las sociedades y los gobiernos están convencidos de los graves problemas que han acarreado y que acarrean en la actualidad tanto la “sexualidad reprimida” como la “perversión sexual” como los “sentimientos sexuales ocultos y lacerantes” de ciertos tipos de religiosos. Afortunadamente, para “fortalecer los instrumentos jurídicos que el Estado tiene para garantizar la protección permanente de la libertad y el normal desarrollo psicosexual”, se están tomando medidas tajantes para castigar el “comportamiento pervertido” de estos tipos de religiosos viciosos, muestra de lo cual es el análisis detallado que ha realizado el Gobierno de los Estados Unidos Mexicanos en marzo de 2006 en torno al artículo 266 bis del Código Penal Federal, y gracias a lo cual se castigará severamente las humillantes y depravadas conductas sexuales practicadas por “ministro de culto religioso o por quien se ostente como tal”.
Concretando el tema del celibato religioso en los marcos de la tradición y la religión judeo-cristianas, conviene aclarar que todo esto aparece de manera explícita en los textos sacros –no apócrifos y apócrifos, que para los efectos de la textología exegética y los estudios filológicos exegéticos ambas variantes son de tomar en consideración–, en la Biblia, un texto que, como saben, es de estudio obligatorio para los filólogos, y no por poco tiempo. En la filología antigua y en la filología moderna se han estudiado y se estudian los textos bíblicos, por una razón u otro, con un fin u otro. Hoy el estudio de los textos bíblicos por parte de la mayoría de los filólogo se realiza en la universidades con mucho menos tiempo que antes, pero hay que recordar que hoy los filólogos tenemos acceso “inmediato” a cientos y miles de reflexiones filológicas a través de Internet, por ejemplo, y de tiradas múltiples de ediciones periódicas y no periódicas, es decir revistas y libros, con diferentes enfoques, que aparecen en cientos de librerías y bibliotecas en miles de lenguas y dialectos, algo que era justamente una gran limitación en la antigüedad, y hace poco tiempo inclusive. Hoy, por ejemplo, mis conversaciones, análisis, comentarios y debates con mis colegas filólogos del mundo entero no los hago por “cartas” ni por “teléfono”, sino a través de conexiones que en segundos se producen por medio de Internet, y con cámara y micrófono, “veo” y “oigo y hablo”. En fin, que mi laptop japonesa está encendida los 365 días del año, las 24 horas del día, siempre lista para recibir y mandar cultura y conocimiento, es decir “alimento del alma”. ¡Viva la ciencia y la técnica que ayuda a los seres humanos en su civilización y desarrollo! ¡Viva la comunicación que ayuda a los seres humanos a salir del atraso y la ignorancia! Sabemos que cuando decodificamos, de manera hablada o escrita, un texto, podemos interpretar de varias formas lo que se ha expresado. Sabemos que las personas que están “comprometidas” con los textos, siempre buscarán y darán las interpretaciones que convengan a sus intereses. Y también sabemos cómo ve o debe ver y analizar un texto un “filólogo”. No me refiero a aquéllos que leen textos e inventan cosas, que por desconocimiento o incultura ven musarañas en la comunicación o deliberadamente mienten acerca de lo que aparece en un texto; me refiero a un “filólogo”. Los “buenos” filólogos, antiguos y modernos, no tienen esos “compromisos”, ¡afortunadamente!, porque en promedio no responden a compromisos e intereses particulares... El compromiso de los “buenos filólogos”, como hizo Francisco Petrarca –ese ilustre filólogo italiano, nacido en 1304 en Arezzo, padre del Humanismo y precursor del Renacimiento, y recordemos aquí los riesgos que corrían los ilustrados en aquellos tiempos de la Inquisición, por variados motivos. Recomendamos la lectura de una de sus obras, intitulada De contemptu mundi o Secretum –, es con la Humanidad. ¡El compromiso de los “buenos filólogos” es con la cultura popular, tan deteriorada en estos días, y el desarrollo de la cultura universal! Para el “buen filólogo ¡lo que dice ahí es lo que se dice!, ¡lo que ahí aparece es lo que ahí se dice y así se debe entender! ¿Te gustó? ¡Qué bueno! ¿¡Ahhh, no!? ¡Qué pena! ¡Cuánto lo siento! (Ruano, 1992a). Y justamente de esta manera expondré aquí, acerca del tema del celibato en la cultura judeo-cristiana, no lo que “yo” quiero dar a entender, sino lo que dice en la Biblia, en nuestras versiones bíblicas de cultura romance o latina, en una versión del idioma español o castellano, en el macrodialecto del español de América, para nosotros los latinoamericanos. He empleado para ejemplificar una versión que me parece muy buena, clara, sin “traducciones al gusto”, y que tengo a la mano, que es mía y que reviso, analizo, rayo, subrayo, anoto, acoto, comparo, con bastante frecuencia. Me refiero a la Sagrada Biblia. Traducción de la Vulgata Latina al español, con revisión y actualización del Equipo Editorial de Ediciones Monteverde, año 1998, Colombia, país que tiene el liderazgo en América en la creación de una Real Academia de la Lengua Española (1871) que respondiera a nuestras verdaderas necesidades comunicativas. Si es necesario, aporto algunos comentarios que usted puede considerar o no, ¡a su gusto! Veamos.
La literatura que trata el “celibato” es amplísima y controvertida (Erdely y otros, 2005: 101-129, 165; Crouzel, 1982; Kennedy, 2001; Iturriaga, 2007). La historia del porqué se impuso el celibato en el cristianismo también es larga, variada y polémica. Los sacrificios y tormentos de un célibe religioso están bien documentos (Iturriaga, 2007). La historia del celibato religioso se relaciona con exigencias de tipo político-económicas y con exigencias de tipo espirituales. Es una historia que tradicional y especialmente en el cristianismo, en el catolicismo, se ha relacionado con la protección de los bienes de la Iglesia, en el sentido de que tanto los bienes como las riquezas no fueran heredados por los descendientes de los curas, por los hijos de los curas (Erdely y otros, 2005: 103-107; 121-127, 132, 160, 165; Quaranta, 2000; Deschner, 2000). En la historia del judaísmo, como veremos más abajo en detalles, no había “problemas” en cuanto al matrimonio y las relaciones heterosexuales. Los primeros cristianos, los primeros católicos, tampoco tuvieron problemas en cuanto a los matrimonios, la sexualidad, la procreación y el disfrute de la sexualidad, el placer sexual. Los problemas en este sentido, al parecer, comenzaron con las doctrinas acerca del “pecado original” formuladas por el africano Aurelius Augustinus, conocido como Agustín de Hipona (África, Argelia, Tagaste, hoy Souk Ahras, 354-430). Todos sabemos que a través de la historia del cristianismo ha habido, y hay, sacerdotes casados, y no solamente en las iglesias en donde el matrimonio de los sacerdotes es aceptado, sino en la Iglesia Católica Romana. En todos los tiempos los sacerdotes cristianos han tenido una “figura física aceptable”, una “imagen pública aceptable”, lo que no quiere decir, claro está, una “reputación aceptable”. Sabemos que existen unos ciertos requerimientos en torno a la aceptación de unos tipos físicos y caracterológicos u otros para desempeñar determinadas funciones en la Iglesia Católica. Tal es el caso, por ejemplo, de la Guardia Suiza del Vaticano: entre 19 y 30 años, más de 1.74 cm. de altura, ser soltero, aunque no se especifica ser “blanco o caucásico”, queda claro que es raro ver a un suizo promedio negro o prieto... También en la Iglesia Católica Romana han existido esos requerimientos de aceptación para los aspirantes a clérigos: tener buena salud, no tener deformaciones corporales, no tener mutilaciones ni cicatrices deformadoras, no tener “enfermedades mentales” (?), tener un carácter pertinente para el puesto, una conducta adecuada, una buena imagen para acceder al estado eclesiástico y para que los feligreses pudieran así “disipar sus dudas y temores”, usar las ropas adecuadas a la orden religiosa, limpias... (Erdely y otros, 2005: 108, 144-148; Jedin, 1978: 299). Es decir, que de aquí se desprende que, de manera general, los curas tuvieran a través de los tiempos una imagen buena, aceptable, aseada, hasta de catrín, lechuguino o currutaco (Erdely y otros, 2005: 147), especialmente si comparamos esa “imagen de santo” de los sacerdotes con la imagen triste, pobre, famélica, enfermiza, que generalmente tenían los “hombres del pueblo” en el medieval, en la Colonia, y hasta inclusive hoy, y que fueran potencialmente atractivos a los ojos de las mujeres, en especial de las mujeres pueblerinas, las mujeres “desdichadas en el amor” –es decir las quedadas o patías–, las mujeres venidas a meno por su raza, las mujeres desgraciadas por sus desdichas físicas –es decir las feas–, las mujeres ignorantes, las mujeres indefensas, las mujeres desprotegidas, las mujeres pobres y sin futuros claros... También recordemos que era –y es en cierto sentido– bastante común que un dueño o funcionario de cierta zona en donde se ubicaba una iglesia, o hasta el mismo cura con cierto poder territorial, asignaba –o vendía derechos, lo que se llamó simonía– de manera nepótica, a un familiar o allegado laico, la dirección religiosa de la zona. Es de imaginar que ese “laico” convertido en “clérigo” por “obra y gracia del espíritu santo”, por “estas coincidencias de la vida”, iba a desempeñar su función sacerdotal pero a su vez iba a mantener una conducta mundana, dentro de la cual estaba la lujuria, el concubinato, la clerogamia, la relación sexual activa (Erdely y otros, 2005: 118-119; Filoramo y Menozzi, 1997; Kennedy, 2001), al estilo de un tal diácono llamado Nicolás, que con sus doctrinas y comportamientos dio lugar al “nicolaismo”. Era de esperar que los clérigos que ya conocían y practicaban el sexo y la vida marital, la vida en familia, no iban a aceptar leyes, principios y penitencias que iban en primera en contra de su bienestar, y en segunda en contra de la naturaleza humana. En determinadas circunstancias, la vida y la historia de los sacerdotes casados o que vivían en concubinato, con familia, con mujer e hijos, en la Iglesia Católica Romana es compleja, y en cierto sentido triste, tanto para los mismos sacerdotes como para sus esposas y sus descendientes. Aparte del riesgo personal que corrían estos religiosos de perder sus conocidos y tradicionales “derechos”, “privilegios” y “funciones”, de ser perseguidos, de ser encarcelados de por vida, de ser torturados, de recibir castigos feroces, etc., por no respetar el celibato, y de los desajustes sicológicos y biológicos que la imposición forzada del celibato les creaba (Drewermann, 1995: 346; Erdely y otros, 2005: 127-128, 159, 169; Kennedy, 2001), también corrían el riesgo de que fueran separados radical y dolorosamente de su familia (Erdely y otros, 2005: 122, 124, 165; Deschner, 2000: 112-113) –algo que no se producía con frecuencia debido a que los curas, a todos los niveles, no respetaban las leyes de la Iglesia en torno al celibato, la clerogamia y la cohabitación (Erdely y otros, 2005: 165). Hasta el mismo papa Adriano II (867-872), casado y con una hija, no respetaba estas leyes (Quaranta, 2000: 9-10)–, de que sus parejas o esposas –satanizadas y valoradas misogínicamente como “comida de Satanás”, “basura del paraíso”, “veneno del espíritu”, “espada del alma”, a las que “se les debía perseguir hasta exterminarlas totalmente” (Deschner, 2000: 114-116, 118-119; Erdely y otros, 2005: 125)– y sus hijos fueran abandonados, desprotegidos, humillados, castigados, reducidos a la mendicidad, vendidos como esclavos o utilizados como esclavos, a sepultarlos aparte de su padre –en esa época era un castigo terrible no poder ser sepultado con la familia, en el mismo lugar– por disposición de las leyes de la Iglesia Católica Romana (Jedin, 1978; Erdely y otros, 2005: 88, 113-114, 124; Juan, 2002; Deschner, 2000: 114-116). Por eso, claro que hubo sacerdotes que se opusieron abierta y valientemente a las leyes del celibato, a este “dogma pagano contra natura y contra sensum” (Erdely y otros, 2005: 159), como fue el caso de Ulrico de Imola, en el año 1059 (Erdely, 2005: 123-124; Quaranta, 2000: 19-20). Otros clérigos buscaron “alternativas” menos confrontadoras con las autoridades religiosas: se aprovecharon de la “confesión”, el “medio seguro de salvación”, la “tabla de salvación”, la “cura del alma”. Y fue así que en la confesión, en la solicitación en confesión, algo que se estableció ya con cierto carácter obligatorio a partir del s. XIII, los sacerdotes se aprovechaban de los penitentes, mujeres u hombres, sanos y enfermos (Erdely, 2005: 143, 204-208).
En esta vida todas las personas, cosas, objetos, fenómenos, procesos, actos y actividades del mundo circundante, “conocidos”, se clasifican, se etiquetan, se protocolarizan, en todos los sentidos habidos y por haber, según lo tiempos, las culturas, los folclores y las tradiciones; todos los grupos humanos y todas las personas son clasificados y etiquetados (Ruano, 2003a; Ruano y Rendón, 2006). Así siempre ha sido en el mundo animal, entre los primates, entre los humanos, y también así siempre es en la actualidad y así siempre será. Cada comunidad, cada grupo, cada persona, ocupa un lugar determinado en la sociedad, cualquiera que sea ésta. Las clasificaciones valoran, separan, agrupan y reagrupan, y distinguen y especifican. En esta humanidad cada sociedad, cada comunidad, cada grupo, cada individuo, cada objeto, cada acto, cada discurso, está clasificado, todo lo conocido aquí está clasificado, ya sea al nivel de clasificaciones universales o de clasificaciones regionales.
Así, también se ha clasificado a los nombres, a los sustantivos, en las diferentes culturas: unas clasifican en nombres masculinos y nombres femeninos; otras clasifican en nombres masculinos, nombres femeninos y nombres neutros –lo que ya he explicado más arriba–; también se ha clasificado a los pueblos y grupos humanos a partir de una supuesta sexualidad, de una supuesta potencia sexual, de una supuesta creatividad sexual, etc. A veces esas “suposiciones” (?) son muy reales y concretas: ¡la práctica y la fama lo dicen todo!; a veces no. Los latinos, hombres y mujeres, siempre hemos pensado que sexualmente somos los más atractivos, los más imaginativos, los más creativos, los más divertidos, los más arriesgados, los de “mejores atributos”...; que nuestra diversidad de ideas, métodos y formas en torno a la sexualidad, al galanteo, a la seducción y al mismo acto sexual, es, en su conjunto, un atributo exclusivo en el mundo de la sexualidad. Yo soy, orgullosamente, cubano, santiaguero, caribeño, medio blanco y medio negro –y negro por los “negros de Cuba” y negro por los “negros de España”, obviamente–, latino rellollo, y todo eso de los “atributos latinos” me lo creí hasta que comencé a investigar, hace ya unos veinte años, la sexualidad, las conductas sexuales, en los grupos religiosos, en los “curas solicitantes”, en los “religiosos peregrinos” y en los “goliardos” (Ruano, 1996). Los resultados obtenidos a través de “varias y muy experimentadas fuentes”, de todo tipo, me confirman que hay algunos grupos religiosos que nos dejaron atrás a los latinos, a los caribeños, a los medio blanco y medio negro, a los mulatos –en sus dos variantes más conocidas: “mulato adelantado” y “mulato atrasado”–, a los negros –en sus dos variantes más conocidas: “negro totí” o “negro mono” y “negro fino” o “negrito de salón” o “negro señorón” o “negrito alborotoso” –, a los “blancos adiestrados en ciertas artes profanas, mundanas, antisacras...”, a los que vamos directito pa’l infierno –¡pero a gustooooo!–; en fin, que hay grupos religiosos ¡que nos ganaron!, ¡que son “verdaderas fieras sexuales”! (Vallejo, 2007: 211), ¡que son verdaderas potencias expertas y creativas de la sexualidad, en especial de la sexualidad morbosa, dañina, malsana y “sacrosantamente pervertida”! (Erdely y otros, 2005; Alejandre, 1997; Galván, 1859; Medina, 1887; Medina, 1903; Levaggi, 1997; García-Molina, 1999; Vallejo, 2007). ¡Nada que ver! ¿¡Quién lo iba a decir!? ¿¡Quién lo iba a imaginar!? ¡Cuánta creatividad, imaginación e imaginería! ¡Qué capacidad!
Tomando en cuenta estas clasificaciones que hacen los pueblos, y más concretamente las clasificaciones de géneros que aparecen en la lengua, en la gramática, y a las que ya me referido: ¿quiénes son los célibes: masculinos, femeninos o neutros? Esto, obviamente, es necesario cuestionarlo para poder entender –o por lo menos intentarlo– a qué tipo de persona o género, partiendo de las clasificaciones funcionales ya conocidas en los idiomas, pertenece una persona célibe.
Las leyes del celibato, con todo y las amenazas hasta de muerte y el riguroso sistema de vigilancia y delación establecido por el Vaticano y la Inquisición, nunca fueron respetadas, y, debido a la ya conocidísima corrupción de antes y de ahora, se crearon multas y ventas de indulgencias que lo único que hicieron fue enriquecer desmesuradamente a la monarquía y a la altas autoridades religiosas (Deschner, 2000: 123; Chatre, 1870: 486-488), y acelerar la escisión del Cristiano en la Europa occidental, con el sacerdote agustino Martín Lutero al frente y sus 95 tesis contra las indulgencias. Es por eso que el año 1517 marca el movimiento de la Reforma.
“Celibato” y “castidad” están relacionados, como ideas afines, con “vida en pareja”, con “matrimonio”, con “amasiato”, con “concubinato”, y con “sexualidad”, con “acto sexual” –heterosexual, homosexual, bisexual; entre hombre y mujer, entre hombre y hombre, entre mujer y mujer–, con “procreación”, con “erotismo”, y con “neutralidad genérica”. El celibato, como ya sabemos, está marcado, expresado, de manera clara en la Biblia.
Con respecto a la relación familiar y sexual del hombre con la mujer se dice en la Biblia:

24 Por cuya causa dejará el hombre a su padre y a su madre, y estará unido a su mujer: y los dos vendrán a ser una sola carne (Génesis, Capítulo 2).

Y esta relación entre “hombre” y “mujer” es tan marcada en los textos católicos bíblicos, en “la relación de pareja”, que al respecto se plantea:

3 Y llegaron a él los fariseos para tentarlo, y le dijeron: ¿Es lícito a un hombre repudiar a su mujer por cualquier motivo? 4 Jesús en respuesta les dijo: ¿No habéis leído que aquel que al principio creó al linaje humano, creó un solo hombre y una sola mujer? y que se dijo: 5 Por lo tanto dejará el hombre a su padre y a su madre, y ha de unirse con su mujer, y serán dos en una sola carne. 6 Así que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, no lo desuna el hombre (Mateo, Capítulo 19).

En la Biblia se habla de hombres que no pueden tener relaciones sexuales “normales” –pero que pueden tener relaciones sexuales anales o “pedicación”, también orales o “felación” o “irrumación”, y también “húmming”, además de otros tipos de caricias sexuales–. Éstos son los “eunucos”, es decir, salvo las posibles variantes semánticas exclusivas del idioma griego, sus geolectos y sociolectos –y aquí hago las reflexiones que siempre me cuestiono en estos casos como filólogo–, se hace referencia al hombre que no usa o no puede usar sus genitales, particularmente porque estos genitales se atrofiaron en el feto, no nacieron con el niño, porque han sido cortados, porque han sido quitados, porque han sido extirpados:

12 Porque hay unos eunucos que nacieron tales del vientre de sus madres; hay eunucos que fueron castrados por los hombres; y eunucos hay que se castraron en cierta manera a sí mismos por amor del reino de los cielos con el voto de castidad. Aquel que pueda ser capaz de eso, séalo (Mateo, Capítulo 19).

Creo que es evidente que en la Biblia no se hace referencia a que los “hombres” puedan casarse a su gusto y conveniencia con la Iglesia, hacer el voto de castidad “con la Iglesia” y no con los demás, con la sociedad, con los humanos, de manera alternativa, según los “estados de la carne y las hormonas”, en especial en referencia a otros “hombres” y en especial a los “niños varones”. ¡O eres casto o no lo eres! Claro que otra opción muy fácil, que le quitaría a muchos clérigos grandes problemas de encima y ciertos compromisos morales, sería tomar voto de celibato, es decir no casarse con una mujer o con un hombre, estar soltero; pero no tomar voto de castidad, es decir poder fornicar con quien sea y como sea y a la hora que sea. Por lo menos para las personas que vemos cómo han salido a la luz, a través de todos los medios de comunicación: periódicos, revistas, radio, televisión, cine, Internet, etc., estos actos deshonestos, lujuriosos y perversos de violaciones a niños y niñas por sacerdotes, actos que se han cometido en todos los niveles socioculturales y socioeconómicos y al nivel de los cuatro continentes, el “celibato” en el catolicismo romano no es más que una teoría del absurdo. Partamos, de inicio, de que:

[...] en las fuentes primarias más antiguas del cristianismo no existe registro alguno de que Jesús de Nazaret haya instituido jamás el celibato sacerdotal. Por el contrario, existe suficiente evidencia de que los apóstoles del primer siglo estaban contra cualquier tipo de prohibición del matrimonio –incluyendo, sobre todo, el de los ministros– y de que el Nuevo Testamento, texto que la Iglesia Católica considera que contiene la voluntad revelada de Dios para su pueblo, anticipa que los obispos tengan esposa e hijos (Erdely y otros, 2005: 157).

Aquí recordamos las palabras de Erasmo de Rotterdam: “¡Qué daría porque los hombres se contentaran con dejar a Cristo reinar por medio de las normas del Evangelio, y que no buscasen más fortalecer su tiranía oscurantista por medio de decretos humanos!”
Aparte de las conocidas teorías acerca de que este tipo de celibato se debió, más que nada, a factores de tipo económico, es decir que los clérigos no tuvieran hijos, descendientes, a quienes dejarían en últimas consecuencias sus herencias –muchas de las cuales fueron y son incalculables–, también se habla acerca de que fue Pablo quien estableció tal condición para los sacerdotes y para las monjas, cosa que, por lo menos para el lector común de la Biblia, de cualquiera de las versiones de la Biblia y mucho más para un filólogo, es mentira, por cuanto, considerando los textos bíblicos de los que hoy disponemos, Pablo dice en 1 Corintios:

32 Ahora bien: yo deseo que viváis sin cuidados ni inquietudes. El que no tiene mujer anda únicamente solícito de las cosas del Señor, y en lo que ha de hacer para agradar a Dios. 33 Al contrario, el que tiene mujer anda afanado en las cosas del mundo, y en cómo ha de agradar a la mujer, y se halla dividido. 34 De la misma manera la mujer no casada, y una virgen, piensa en las cosas de Dios; para ser santa en cuerpo y alma. Mas la casada piensa en las del mundo, y en cómo ha de agradar al marido.

Y destaca el “carácter opcional del celibato” de la siguiente manera:

35 Por lo demás, yo digo esto para provecho vuestro: no para echaros un lazo y obligaros a la continencia, sino para exhortaros a lo más loable, y a lo que habilita para servir a Dios sin ningún embarazo.

Además, ¿por qué intentar “aferrarnos” a los “supuestos entendidos” de unas “ciertas versiones traductológicas e interpretativas” de la Biblia, y en este caso de un texto de Pablo, concretamente en el tan cuestionado versículo 16:13? Si a “aferrarnos” vamos, entonces también podríamos aferrarnos a los “clarísimos entendidos” –y no “supuestos entendidos”– de las versiones traductológicas de los textos bíblicos, de los versículos de la Biblia, que hablan acerca del matrimonio, de la relación de pareja, y de una manera clara y explícita, sin dudas, apegados totalmente a las enseñanzas de Jesús, y de su Padre Yahvé a través de él, y en este caso en los textos del Levítico, Capítulo 21, en donde se dice que los “sacerdotes”: “7 No contraerán matrimonio con mala mujer ni con vil ramera, ni con la repudiada de su marido; estando como están consagrados a su Dios [...] 13 Se casará con mujer virgen; 14 mas no con viuda, ni repudiada, ni deshonrada, ni ramera, sino con una doncella de su pueblo. 15 No mezclará la sangre de su linaje con gente plebeya [...]”; en los textos de Ezequiel, Capítulo 44, que registra que los sacerdotes: “22 [...] no se desposarán con viuda, ni con repudiada, sino con una virgen del linaje de la casa de Israel; pero podrán también desposarse con viuda, que lo fuere de otro sacerdote”. En los textos de Timoteo –en donde también interviene directamente Pablo–, que fue alumno de Pablo, que fue instruido y aleccionado por Pablo, se habla del “casamiento de los sacerdotes”. ¿O acaso no?: “2. Por consiguiente es preciso que un obispo sea irreprensible, que no se haya casado sino con una sola mujer, sobrio, prudente, grave, modesto, casto, amante de la hospitalidad, propio y capaz para enseñar” (1 Timoteo). Pero además, el mismo Pablo, que estaba preso en esos momentos, advierte a Timoteo que pueden aparecer “determinadas personas” que intenten prohibir el matrimonio. En el Capítulo 4 de 1 Timoteo dice lo siguiente:

Predice que algunos hombres pérfidos enseñarán varios errores; lo exhorta a la vigilancia pastoral, y a que ejercitándose en la piedad, sea, aunque joven, un perfecto modelo de los demás.

1 Pero el Espíritu Santo dice claramente, que en los venideros tiempos han de apostatar algunos de la fe, dando oídos a espíritus falaces, y a doctrinas diabólicas, 2 enseñadas por impostores llenos de hipocresía, que tendrán la conciencia cauterizada o ennegrecida de crímenes, 3 quienes prohibirán el matrimonio, y el uso de los manjares, que Dios creó para que los tomasen con hacimiento de gracias los fieles, y los que han conocido la verdad

En este caso de celibato y matrimonio al nivel de la religión judeo-cristiana, de la misma manera que acerca de muchas otras cosas que aparecen en el Nuevo Testamento, seguimos pensando que hay que tener mucho cuidado con las ideas, comentarios y recomendaciones que hacen “ciertos individuos con ciertas apariencias de autoridades religiosas”, es decir “falsos profetas”, que no expresan las verdaderas ideas de Jesús y sus apóstoles, que no expresan las verdaderas tradiciones de la religión judeo-cristiana, y para estar prevenidos sería bueno recordar lo que se dice en Colosenses:

Los fieles de Colosas se hallaban turbados por dos clases de seductores: los unos les enseñaban a mezclar con el Evangelio las ceremonias del Judaísmo; los otros a acercarse a Dios, mas no por Jesucristo como Mediador, sino por los ángeles, a los cuales daban ellos esta cualidad u oficio, según los principios de la filosofía platónica. San Pablo desde Roma, donde se hallaba preso, les escribe para desengañarlos de tales errores; y les da después excelentes reglas para su conducta.

Capítulo 2

Exhorta a los colosenses a que se guarden de los sofismas de los filósofos, de la superstición de los herejes, de los ritos del judaísmo, y de falsas visiones.

21 No comáis, se os dice, ni gustéis, ni toquéis esto o aquello. 22 No obstante que todas estas cosas, prescritas por ordenanzas y doctrinas humanas, son tales que se destruyen con el uso mismo que de ellas se hace. [23 Estas cosas no tienen más que una apariencia de sabiduría (o piedad); porque nacen de una falsa piedad, y de una humildad afectada que no cuida del cuerpo privándolo del sustento necesario].

También nos parece que, sin discusión alguna, a Dios Hijo, a Cristo, a Jesús, por lógica –y considerando las enseñanzas de su Padre, Yahvé, que creó a la mujer para el hombre –, le habría agradado en el pasado y le agradaría en la actualidad mucho más una “conducta lógica”, consecuente con esa “imagen y semejanza” y con el Evangelio; una conducta normal, honorable, de sus clérigos y no unas ciertas y humillantes “perversiones de la carne”, entre otras perversiones y desatinos, que así como hoy existen también en la antigüedad existieron, o de lo contrario no aparecerían dos libros: 1 Timoteo y 2 Timoteo, entre otros libros, dirigidos ex profeso a los “gravísimos cargos del ministerio episcopal” y a las “maneras de comportarse”.
Por otro lado, es muy probable que Pablo hubiera sido casado, o que hubiera tenido relaciones sexuales “con mujeres”, y hasta que hubiera tenido descendientes, dado su origen judío: el matrimonio y la procreación, la descendencia, son rasgos característicos del Judaísmo (Wight, 1981; Edersheim, 1990), en donde la edad promedio para el matrimonio en esa época era de entre 18 y 20 años. En la Biblia hebrea no se considera el celibato ni para hombres ni para mujeres como algo bueno, sino todo lo contrario. En el Antiguo Testamento, en la Biblia, en los textos originales en lengua hebrea sobre todo, aparece claramente expuesto, con sus palabras, lo relacionado con el sexo, la sexualidad, la pasión, el erotismo:

Una lectura cuidadosa de las Escrituras Hebreas en cualquier traducción seria, pone en relieve, en primer lugar, que las narrativas y el lenguaje que tienen que ver con el sexo, la pasión, y el cuerpo humano, son generalmente explícitos. La lectura del original en hebreo lo es todavía más, pues evita algunos eufemismos introducidos en varias traducciones contemporáneas.

Por ejemplo, en el célebre Cantar de los cantares, obra maestra de poesía semítica que combina romance y erotismo en un formato contemplativo mutuo de la belleza física humana en una relación heterosexual, en el original la descripción de pies a cabeza del cuerpo desnudo de la mujer incluye la palabra vulva con la mayor naturalidad. Y viceversa, la descripción que hace la contraparte femenina del cuerpo desnudo de su amado utiliza una metáfora explícita para describir sus genitales, pasando por las piernas bien torneadas, los labios entreabiertos... «y todo él (es) codiciable», cierra en 5:14. En otro pasaje, El Cantar de los cantares dice así con metáforas fácilmente comprensibles:

Yo dije: Subiré a la palmera, asiré sus ramas. Deja que tus pechos sean como racimos de vid, y el olor de tu boca como de manzanas (Cantares 7:8)

De la descripción franca en lenguaje poético elevado, el texto transita hacia el deseo sexual de manera franca y describe a lo largo del capítulo distintos encuentros físico-eróticos. El hecho de que un poema erótico tan explícito sea simultáneamente considerado parte del canon inspirado hebreo es significativo, aunque no es su erotismo lo que lo califica como inspirado –su fin es representar la relación pasional entre Israel y su Dios YHWH–, el erotismo gráfico tampoco lo desautoriza. Esto es una expresión de la cosmovisión semítica de la sexualidad y el cuerpo humano en la era postsalomónica. Hace 2900 años prevalecía una percepción mucho más naturalista y sana que en el represivo medioevo monacal, en el que textos como éstos fueron censurados para imponer los prejuicios del ascetismo que ganó ascendencia (Erdely y otros, 2005: 182-183).

Y si “El cantar de los cantares” no tiene un contenido erótico, entonces por qué se le prohibía a los judíos leer este pasaje bíblico hasta la mayoría de edad, es decir, los 13 años para esa cultura. Por otro lado, también en Jeremías (Capítulo 2, Versículos 23 y 24), en Ezequiel (Capítulo 16, Versículo 23, 24, 25, y 26; Capítulo 23, Versículo 3, 20 y 21) y en Proverbios (Capítulo 5, Versículo 19) se emplea un léxico sexual y unas metáforas sexuales dando a entender varias y “policrómicas” imágenes sexuales.
El caso del “supuesto” celibato de Jesús –porque sabemos que hay otras interpretaciones acerca de su vida sexual (Baigent y otros, 1996; Picknett, 2005)– se puede explicar, además, dada la vida azarosa que llevaba El Galileo: una vida en condiciones inciertas, en la semiclandestinidad, perseguido, asediado, con varios conatos de violencia, en peligro constante hasta de perder la vida, algo que con frecuencia él mismo le comunica, le advierte, a sus discípulos... ¿Así alguien se puede casar? ¿Así alguien se debe casar? ¿Así alguien puede establecer un hogar? ¡Claro que no! ¡Sería ilógico e irresponsable! (Erdely y otros, 2005: 177-179).
¿Acaso once de los apóstoles no eran casados? ¿No tenían esposas y familias? (Erdely y otros, 2005: 83). ¿Acaso Pedro, también, no era casado? (Erdely y otros, 2005: 104, 132):

El apóstol Pedro, arquetipo mítico del papado, era casado y de eso dan cuenta al menos cuatro pasajes del Nuevo Testamento. Con base en los mismos documentos, se puede afirmar que la Biblia jamás condena per se el disfrute sexual, ni mucho menos; tampoco demoniza el placer ni representa negativamente el cuerpo humano, derribando la fábula que considera a las relaciones sexuales como pecaminosas cuando su fin no es exclusivamente reproductivo (Erdely y otros, 2005: 157-158).

Revisemos esos cuatro pasajes bíblicos :

14 Habiendo después Jesús ido a casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con calentura (Mateo, Capítulo 8).

30 Se hallaba la suegra de Simón en cama con calentura, y le hablaron luego a ella (Marcos, Capítulo 1).

38 Y saliendo Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón. Se hallaba la suegra de Simón con una fuerte calentura; y le suplicaron por su alivio (Lucas, Capítulo 4).

5 ¿Por ventura no tenemos también facultad de llevar en los viajes alguna mujer hermana en Jesucristo, para que nos asista, como hacen los demás Apóstoles, y los hermanos o parientes del Señor, y el mismo Cefas o Pedro? (1 Corintios, Capítulo 9).

Suponiendo que Jesús hubiera decidido que el celibato y la castidad eran los estados ideales de los apóstoles y sacerdotes, de las monjas, de sus seguidores..., entonces por qué escogió justamente a ese pescador galileo llamado Pedro (Erdely y otros, 2005: 180), que estaba casado –que fue uno de los tres apóstoles que en la intimidad vieron la transfiguración de Jesús, que fue el apóstol “preferido”, el primer Papa, la cabeza de la Iglesia, a quien encarga Jesús la dirección, el liderazgo, del resto de su Iglesia, que era ese hombre privilegiado que ya había tenido comunicación con el Dios Padre; pero que también traiciona tres veces al Señor –:
17 Y Jesús respondiendo, le dijo: Bienaventurado eres, Simón hijo de Joná: porque no te ha revelado eso la carne y sangre u hombre alguno, sino mi Padre, que está en los cielos. 18 Y yo te digo que tú eres Pedro, y que sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas o poder del infierno no prevalecerán contra ella. 19 Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos. Y todo lo que atares sobre la tierra, será también atado en los cielos; y todo lo que desatares sobre la tierra, será también desatado en los cielos (Mateo, Capítulo 16).

¿No sería esto una paradoja, un contrasentido, un absurdo, una incongruencia, una controversia? Solamente a un disfuncional cultural –también a un loco o un tonto– se le ocurriría hoy –se supone que ya no estamos en el medieval– analizar tajante y exclusivamente las personalidades y las conductas de los judíos de Israel, la tradición de los judíos de Israel –y en la mayoría de los casos también de los judíos de fuera de Israel–, es decir también de Yahvé o Dios Padre o Jahbulon, de Jesús, de Pedro, de Pablo, de Judas, etc., etc., etc., fuera del contexto cultural tradicional de los judíos, según las diferentes etapas de su historia, en especial en enfoques y tratamientos traductológicos, es decir sin tomar en cuenta los grandes problemas de las traducciones a los que me he referido más arriba.

En la Biblia hebrea sólo una vez se le aconseja el celibato, la abstinencia sexual –y temporal y circunstancialmente– a una persona, al profeta Jeremías, quien corría muchos riesgos, en todos los sentidos, inclusive de ser robado, asesinado, traicionado o violado sexualmente por hombres o mujeres, por estar entre personas con corazones depravados. Justamente por eso Dios le aconseja y le previene con mucho cuidado, y le precisa:

10 Y cuando hayas anunciado a ese pueblo todas estas cosas, y ellos te digan: ¿Por qué ha pronunciado el Señor contra nosotros estos grandes males o calamidades? ¿Cuál es nuestra maldad? ¿Y qué pecado es el que nosotros hemos cometido contra el Señor Dios nuestro? 11 Tú le responderás: Porque vuestros padres me abandonaron, dice el Señor, y se fueron en pos de los dioses extraños, y les sirvieron y los adoraron, me abandonaron a mí, y no guardaron mi Ley. 12 Y todavía vosotros lo habéis hecho peor que vuestros padres; pues está visto cada uno sigue la corrupción de su corazón depravado, por no obedecerme a mí (Jeremías, Capítulo 16).

Por estas causas muy concretas Jeremías no debía tener ni relaciones ni descendientes en Judea –en otro lugar sí–. Justamente debido a los desórdenes y las inmoralidades que allí en Judea imperaban, que, como se pueden ver, eran terribles, es que Dios le dice a Jeremías:

1 Me habló después el Señor diciéndome: 2 No tomarás mujer, y no tendrás hijos ni hijas en este lugar o país de Judea. 3 Porque esto dice el Señor acerca de los hijos e hijas que nacerán en este lugar, y acerca de las madres que los parirán, y acerca de los padres que los engendrarán en este país: 4 Morirán de varias enfermedades, y no serán plañidos, ni enterrados, yacerán como estiércol sobre la superficie de la tierra, y serán consumidos por la espada y el hambre, y sus cadáveres serán pasto de las aves del cielo y de las bestias de la tierra. 5 Porque esto dice el Señor: No entrarás tú en la casa del convite mortuorio, ni vayas a dar el pésame, ni a consolar; porque yo, dice el Señor, he desterrado de este pueblo mi paz, mi misericordia y mis piedades. 6 Y morirán los grandes y los chicos en este país, no serán enterrados ni plañidos; ni habrá quien en señal de luto se haga sajaduras en su cuerpo, ni se corte de raíz el cabello. 7 Ni entre ellos habrá nadie que parta el pan, para consolar al que está llorando por su difunto; ni a los que lloran la pérdida de su padre y de su madre les darán alguna bebida para su consuelo. 8 Tampoco entrarás en casa en que hay banquete, para sentarte con ellos a comer y beber; 9 porque esto dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: Sábete que yo a vuestros ojos, y en vuestros días, desterraré de este lugar la voz del gozo y la voz de la alegría, la voz del esposo y la voz o cantares de la esposa (Jeremías, Capítulo 16).

Como sabemos, en todas las religiones “los dioses y los ángeles y las divinidades lo saben todo” –tomemos en cuenta, por ejemplo, la compleja e inmensa variedad religiosa de América Latina, en especial el caso de Brasil, México, Perú, Venezuela, Cuba y Haití, en donde aparecen religiones europeas, asiáticas, amerindias y africanas, además de los mestizajes religiosos, de los sincretismos religiosos (Ruano, 2003a)– y, si quieren, los dioses también “pueden prevenir las cosas, evitar las cosas”. Así, en la religión judeo-cristiana, Dios, que también lo sabe todo, previno a tiempo a Jeremías acerca de lo que le podía pasar en Judea. Recordemos que en Judea, en el antiguo Israel, existieron dos ciudades famosas por la corrupción, por la prostitución, por la homosexualidad. En esas ciudades, llamadas Sodoma y Gomorra, la práctica de la homosexualidad había llegado a tal punto que en cierto momento los ciudadanos de Sodoma, el pueblo completo, hasta querían violar a los ángeles enviados por Dios... ¡Ni los ángeles escapaban a los “gustos” de los sodomitas, de los sométicos!, así como sucede hoy, que ni los niños, esos angelitos del Señor y de la Humanidad, escapan de las garras de los religiosos prostitutos. Afortunadamente, aquellos ángeles salieron a tiempo de Sodoma. ¡De lo que se salvaron...! Desgraciadamente, la mayoría de nuestros angelitos, es decir los niños, en situación de riesgo no pueden escapar de las persecuciones sexuales de los “adultos enfermos”:
1 Entre tanto los dos ángeles [los ángeles enviados por Dios fueron tres; pero sólo dos se dirigieron a Sodoma (Génesis, Capítulo 18)] llegaron al caer de la tarde a Sodoma, y al tiempo que Lot estaba sentado a la puerta de la ciudad. El cual luego que los vio, se levantó, y les salió al encuentro: y los adoró inclinándose hacia el suelo. Y dijo: Os ruego, señores, que vengáis a la casa de vuestro ciervo, y os hospedéis en ella: lavaréis vuestros pies, y de madrugada proseguiréis vuestro viaje: ellos respondieron: No, pues nos quedaremos a descansar en la plaza. 3 A puras instancias en fin los obligó a que se encaminasen a su casa; y entrados que fueron en ella les dispuso un banquete, y coció panes sin levadura, y cenaron. 4 Pero antes que se fuesen a acostar, cercaron la casa los vecinos de la ciudad, todo el pueblo junto, desde el más muchacho hasta el más viejo. 5 Y llamando a Lot, le dijeron: ¿En dónde están aquellos hombres que al anochecer han entrado en tu casa?; sácalos acá afuera, para que los conozcamos. 6. Salió a ellos Lot, y cerrando tras sí la puerta, les dijo: 7. No queráis, os ruego, hermanos míos, no queráis cometer esta maldad. 8 Dos hijas tengo, que todavía son doncellas: éstas os las sacaré afuera, y haced de ellas lo que gustareis: con tal que no hagáis mal alguno a estos hombres, ya que se acogieron a la sombra de mi techo. 9 Mas ellos respondieron: Quita allá. Y aún añadieron: Viniste poco ha a vivir entre nosotros como extranjero: ¿y quieres ya gobernar? pues a ti te trataremos peor que a ellos. Y forcejeaban contra Lot con grandísima violencia; y ya estaban a punto de forzar la puerta. 10 Cuando he aquí que los huéspedes [los ángeles] alargaron la mano, y metieron a Lot dentro, y cerraron otra vez la puerta. 11 Y a los de afuera, del menor hasta el mayor hirieron de una especie de ceguera, que no pudieron atinar más con la puerta (Génesis, Capítulo 19).

Como podemos ver, hasta el pobre, sufrido, bueno y “justo” de Lot (2 San Pedro, Capítulo 2, Versículos 7-9) iba a ser violado sexualmente por el pueblo de Sodoma.
¡Qué capacidad de ese pueblo para desde el “Bereshit”, desde “El comienzo”, desde “El Inicio”, desde “Los Primeros Tiempos”, desde el “Génesis”, comportarse de esa manera tan aberrada y corrupta! Si consideramos los “gustos pederastas” de los violadores religiosos actuales, entonces podemos inferir, imaginar, que los ángeles que iban a ser violados en Sodoma eran: “rubios, güeritos, galleguitos (en Cuba, “gallego” significa ‘blanco’, ‘rubio’), bonitos, hermosos, agraciados, galanes, lechuguinos, con ciertas dotes...” Como sabemos, los religiosos pederastas, herederos de los sodomitas, tienen “sus exquisitos gustos”, no todos los niños y niñas son violados; generalmente los niños feos (?) no son violados, sólo los “escogidos”, como demuestran algunos testimonios y declaraciones de personas violadas, familiares de violados, autoridades nacionales e internacionales, escritores y periodistas que han investigado estos actos descompuestos. Pero, como se dice en Cuba, todo parece indicar que los pederastas y violadores “a falta de pan, casabe” (el “casabe” es como una tortilla de maíz, pero de yuca), es decir, que cuando no disponen una cosa, pues agarran la otra, como sucedió cuando los sodomitas, al no poder someter y violar a los ángeles, se dirigieron contra Lot. Lot, ese personaje bíblico tan importante, que vivió aproximadamente para el siglo XIX a.C., era, en esos momentos, un anciano (Génesis, Capítulo 19, Versículo 31). ¡Qué bueno, también, que Lot pudo escapar a tiempo! ¡Lo que le esperaba!
Volviendo a Pablo, también es probable que éste considerara que en esos “momentos concretos”, en los que expresó sus comentarios acerca del celibato opcional, en Efeso para aproximadamente el año 56 de Nuestra Era –me refiero a los comentarios de Pablo que expuse más arriba–, no era necesario tener familia, descendientes, casarse, debido a, según la creencia de aquellos tiempos, la “inminente” llegada de Dios. Y si el Señor iba a llegar de un momento a otro, ¿qué razón tendría formar una familia?, lo que puede ser considerado desde varios puntos de vista.
A todos los “no clérigos” y “ciegos devotos” –pero sí ciudadanos y religiosos respetuosos de las leyes, de nuestra religión, de las religiones, de nuestra familias y del prójimo– nos queda muy claro que todos estos decretos y leyes acerca del celibato en la Iglesia Católica Romana están rodeados de absurdos e incoherencias, algunas de las cuales han sido la implantación definitiva, por parte del papa Paulo III (1468-1549, papa entre los años 1534-1549), de los edictos disciplinarios de Letrán y del establecimiento definitorio por parte de él de que se le prohibiera en la Iglesia Católica Romana el ordenamiento a hombres casados. Como sabemos ya, Paulo III o Alessandro Farnese, quien restableció la Inquisición en 1542 y marcado por el nepotismo, llevó una vida “llena de alegres pasatiempos”, es decir disoluta, tuvo varios hijos “naturales” y sus riquezas y títulos eran incontables.
Creemos que sería bueno reflexionar cuidadosamente, de manera respetuosa –tanto las autoridades gubernamentales como las autoridades religiosas como las familias como las instituciones educativas– y con mucho cuidado acerca del tradicional celibato obligatorio impuesto en el medieval por la Iglesia Católica Romana. ¡No queda de otra! ¡Hay que buscar opciones para este terrible problema de la correlación celibato-instintos sexuales y su repercusión, que afecta a miles y miles de personas, en especial a los niños! Y así, al lograr soluciones prácticas y civilizadas, muchos niños y jóvenes se verían libres de las depredaciones sexuales de los sacerdotes contaminados, y los sacerdotes contaminados podrían llevar una vida menos convulsa, menos traumática, menos inmoral; no tendrían que vivir en el sobresalto de las depresiones socio-sicológicas generadas por sus delitos sexuales y en el sobresalto de la espera de la evidencia del delito que más tarde o más temprano llega, ¡claro que llega!, ¡no tendrían que vivir escondidos y huyendo por esos caminos del Señor!, ¡no tendrían que pagar sumas millonarias para “aplacar” muchedumbres enardecidas y tratar de evadir las leyes de los hombres!, ¡no tendrían que prohibir muchos libros en las bibliotecas de las instituciones religiosas y educativas que dirigen!, y podrían dedicarse con mayor devoción y piedad ardiente al ejercicio religioso, algo que sería muy meritorio no en las áreas urbanas rodeadas de dinero, lujo, bienestar y relaciones de todo tipo –incluyendo las “dudosas”–, sino en los pueblos presociales de África y en las selvas latinoamericanas. ¡Upsssss, problemas! Recordemos que estos delitos de perversión sexual generados por clérigos o líderes religiosos, de cualquier religión, son perseguidos y sancionados, tanto en los países civilizados como en las organizaciones religiosas no corruptas. Es más, en la Biblia aparecen señalados estos actos de perversión, y en algunos casos esos actos se sancionan con la muerte misma del violador o con la prohibición de entrada al Reino de Dios –¡qué suerte que ya sabemos que esos “violadores” no podrán entrar al Reino de Dios! ¿¡Se imaginan lo contrario!? ¡De poder entrar “ellos” al Reino de Dios, se harían patentes las palabras, otra vez, del cacique Hatuey!: “si ellos entran en el Paraíso, entonces yo no quiero estar ahí.” ¡Qué maravilloso es saber que allí, en el Reino de Dios, no estarán todos estos clérigos violadores, ya fueran los “meros-meros” dirigentes y líderes de congregaciones (¡es que allí en el Paraíso no se puede dar “mordidas”!) o los pobres clérigos descastados y humillados por su raza, por su color, por su nacionalidad, por su físico, por sus limitaciones culturales, protocolares, por sus rústicas etiquetas, porque “se les sale el cobre” y por el desconocimiento de los “idiomas de cultura y caché”–:

22 No cometas pecado de sodomía, porque es una abominación (Levítico, Capítulo 18).

13 El que pecare con varón como si éste fuera una hembra, los dos hicieron cosa nefanda: mueran sin remisión, caiga su sangre sobre ellos (Levítico, Capítulo 20).

27 Del mismo modo también los varones, desechado el uso natural de la hembra, se abrasaron en amores brutales de unos con otros, cometiendo torpezas nefandas varones con varones, y recibiendo en sí mismos la paga merecida de su obcecación (Romanos, Capítulo 1).

9 ¿No sabéis que los injustos no poseerán el reino de Dios? No queráis cegaros, hermanos míos: ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, 10 ni los afeminados, ni los sodomitas, ni los ladrones, ni los avarientos, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los que viven de rapiña han de poseer el reino de Dios (1 Corintios, Capítulo 6).

8 Ya sabemos (tan bien como ellos) que la Ley es buena, para el que usa bien de ella; 9 reconociendo que no se puso la Ley o sus penas para el justo, sino para los injustos, y para los desobedientes, para los impíos y pecadores, para los facinerosos y profanos, para los parricidas, y matricidas, para los homicidas, 10 para los fornicarios, para los sodomitas, para los que hurtan hombres, para los embusteros, y perjuros, y para cuantos son enemigos de la sana doctrina (Timoteo, Capítulo 1).

Con respecto al “erotismo” en los textos bíblicos, recomendamos leer: “Cantar de los cantares”, atribuido a Salomón, que aparece en el Antiguo Testamento o Escrituras Hebreas, una composición acerca de la cual existen muchas versiones y comentarios, pero todas coinciden en la elegancia poética y estilística.

Símbolos de marca sexual.

El sexo, la sexualidad y la fertilidad de los individuos no se marcan solamente por la presencia en el cuerpo humano de los genitales y sus estados: genitales masculinos, genitales femeninos, hermafroditismo –es decir la presencia en el cuerpo de los dos genitales: masculino y femenino–. El sexo, la sexualidad y la fertilidad también los marcan las palabras: hombre, mujer, hermafrodita; y los signos no verbales. Algunos de los signos que marcan el sexo humano, y sus significados en contexto, son conocidos; otros no, son crípticos, y están dondequiera: el arte, la pintura, la escultura, la arquitectura, el dibujo, la literatura..., como son, por ejemplo:

Luna.
Sol.
Concha de mar.
Copa.
Jarrón.
Piña.
Las representaciones del linga.
Las representaciones del yoni.
Cetro.
Arado.
Pistola.
Lanza.
Rosa.
Pentagrama: unión de lo masculino y lo femenino.

▼ Yoni. Mujer.

▲ Linga. Hombre.


Yin-yang: Concepto fundamental del Taoísmo. Los dos principios opuestos. La zona oscura es el yin, lo masculino; la zona clara es el yang, lo femenino.

Al nivel de la comunicación no verbal de tipo sígnica especializada (Ruano, 2002), también se marca el sexo, la sexualidad. Recordemos que un símbolo:

  1. Es un signo sin semejanza ni contigüidad, sino solamente con un vínculo convencional entre su significante y su denotado. Es la única clase de signos que se basa en una convención. Es una norma o ley que determina a su interpretante; designa a su objeto independientemente de su parecido o concordancia con él, pues depende de que el interpretante elija un medio para designar el objeto y lo utilice de manera convencional.

• Alegorías.
• Insignias.
• Marcas.
• Emblemas (Ruano, 2001).

De tal manera, observamos algunos símbolos que se refieren al sexo y que establecen las diferencias sexuales. Algunos de estos símbolos se parecen, pero pertenecen a otros lenguajes simbólicos o sígnicos. Veamos algunos de estos símbolos que se parecen a los símbolos sexuales:
Estos símbolos del círculo y la flecha son usados también en el “lenguaje de vagabundos”. Aquí, según esté la flecha a la derecha o a la izquierda, se quiere decir “alto”, “no sigas este camino en esta dirección”, “mejor busca otra ruta u otra dirección”, “este camino no es bueno”.


Este otro, con la flecha hacia la izquierda, significa “ayer”.

Éste, con la flecha hacia la derecha, significa “mañana”.

En lo tocante al significado de “sexo”, éstas son las variantes:

Este símbolo tiene muchas variantes significativas asociadas, según el área de tratamiento: arte, medicina, psicología, astrología, etc. Pero, principalmente, significa “masculino”, “hombre”.
Es un círculo con una flecha orientada hacia el noroeste, representa “lo masculino”. De manera “artística” representa al dios de la guerra Marte (de Roma) o Ares (de Grecia). Representa a un escudo y una lanza.
También se asocia con Adán (Tierra), que según la tradición judeo-cristiana fue el primer hombre.
Si vamos a considerar los colores asociados con este signo, pues entonces recordemos que Marte es un planeta “rojo”, y de ahí podemos valorar imágenes asociadas como “candente”, “agresivo”, “combatiente”, “caliente en el amor”. También lo asociamos a la “primavera”, debido a que en el mundo antiguo en esta época se hacían las guerras que generalmente se tenían que suspender en la época de invierno, por el frío, las inclemencias del tiempo, la nieve, las ventiscas, las mareas, el hambre. El metal que generalmente se asocia con este signo, a través de Marte, es el hierro.

Este símbolo, con la cruz hacia abajo, representa “lo femenino”, “la mujer”... Y también tiene muchas variantes significativas. Es un círculo pegado, unido, fusionado, con una cruz que está orientada hacia abajo. Se ha dicho, entre otras cosas, que representa a la diosa Venus (Roma) o Afrodita (Grecia) con un espejo en la mano, es decir mirándose en un espejo. Y cuando decimos “Venus”, estamos diciendo que es un planeta, y de aquí sus cientos de variantes significativas. Venus significa “la delicia femenina”, y todo lo que de ahí se desprende, en todos los sentidos, en el sentido que imaginamos y más, mucho más, infinitamente más, considerando las tremendas variantes comportamentales y sico-sociales de las mujeres, sus inteligencias múltiples, sus estrategias manipulativas, etc. También recordemos que el amor entre los griegos estaba muy bien clasificado, según fuera “agape” o amor incondicional, muy común en las relaciones entre guerreros y jefes-subordinados, dueños-esclavos; “filia” o amor entre los amigos; “eros” o amor sexual, amor de pareja hombre-mujer, mujer-mujer u hombre-hombre; y “storge” o amor familiar, de cariño, de afecto... Es más, en algunas lenguas no existe la palabra “amor”, de donde podemos imaginar los grandes problemas de traducción e interpretación. El metal que a veces se asocia con este signo, a través de Venus, es el cobre.
Este signo también se relaciona en la cultura judeo-cristiana con Eva, y aquí puede significar, además, “la primera”, “la creadora”, “algo mundano”, “algo terrenal”... ¡Los significados de “Eva” son cientos! ¡Y no pensemos que todos son “buenos”!


Aquí estamos en presencia de un símbolo que contiene los signos de “lo masculino” y “lo femenino”, para los grupos que manejan ambos sexos, y esto hace alusión también a Hermafrodita, que era hijo de Hermes o Mercurio con Venus o Afrodita, y ese niño tenía los dos sexos.

En este símbolo aparece la “luna creciente”, en la parte superior, que representa “lo masculino”, “el hombre”. La cruz, esa parte de abajo, identifica “lo femenino”, “la mujer”. Y el anillo o círculo representa “algo individual”, en donde la carga masculina y femenina está distribuida según las particularidades de la persona “en concreto”...

Con este triángulo invertido de color rosa se identificaba a los homosexuales en el nazismo, en los campos de concentración. Recordemos que los alemanes, en los campos de concentración nazis, poseían un sistema de marcado e identificación de prisioneros y sus diferentes delitos (?), que se basaba, entre otros sistemas, en los triángulos invertidos y sus colores, como se muestra a continuación:

  1. Amarillo ▼ para judíos.
  2. Rojo ▼ para prisioneros políticos.
  3. Verde ▼ para criminales comunes.
  4. Azul ▼ para emigrantes.
  5. Violeta ▼ para testigos de Jehová y cualquier Estudiante de la Biblia.
  6. Rosa ▼ para homosexuales.
  7. Negro ▼ para mujeres antisociales, prostitutas, lesbianas, vagos, maleantes, vagabundos, inadaptados, drogadictos, alcohólicos...
  8. Marrón ▼ para gitanos.

Finalmente, presentamos el signo o logotipo de la IFGE, es decir la International Foundation for Gender Education, y se relaciona con la “transexualidad”. Es un triángulo color lavanda con un anillo en el centro que representas las “variantes de sexo” que apuntan a los tres vértices o tres posibilidades de “lo sexual” o “identificación de lo sexual” [...]

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